Trump acelera su golpismo tras confirmación de la jueza Amy Coney Barrett a la Corte Suprema

28 octubre 2020

Una semana antes de las elecciones presidenciales de EE.UU., hay una creciente conspiración política encabezada por el presidente Trump para robarse las elecciones y mantenerse en el poder, independientemente del resultado de la votación.

Este esfuerzo alcanzó una nueva etapa el lunes por la noche con la juramentación de la nueva Jueza de la Corte Suprema, Amy Coney Barrett, a quien Trump nominó en un esfuerzo por asegurar una corte dominada por los republicanos que autorice sus acciones durante y después de la jornada electoral.

La instalación de Barrett, escenificada ante una Casa Blanca totalmente iluminada y transmitida por televisión por cable, fue el último de una serie de espectáculos fascistizantes destinados a comunicar la determinación de Trump de dominar la escena política estadounidense desafiando la voluntad del pueblo y el texto de la Constitución.

Nominada a la Corte Suprema, Amy Coney Barrett, se pronuncia durante su confirmación ante el comité judicial del Senado en Capitol Hill, Washington, 12 de octubre de 2020 (Demetrius Freeman/Washington Post vía AP, Pool)

El primero fue su discurso aceptando la nominación del Partido Republicano para un segundo mandato presidencial, montado en el césped de la Casa Blanca y usando la mansión ejecutiva como telón de fondo de un espectáculo partidista. Luego vino su regreso del centro médico Walter Reed después de su tratamiento para el coronavirus, con el aterrizaje del helicóptero y Trump subiendo las escaleras para saludar a sus partidarios desde el balcón de la Casa Blanca, una virtual puesta en escena del documental hitleriano Triunfo de la voluntad.

Anoche, Trump se apresuró a celebrar la toma de juramento de Barrett ante un público cuidadosamente seleccionado en el césped de la Casa Blanca solo horas después de que el Senado confirmara su nominación por un voto de 52-48. En un asunto claramente partidista, el juez más derechista del tribunal, Clarence Thomas, prestó el juramento del cargo. Thomas es también el último sobreviviente de la mayoría del tribunal que se robó las elecciones presidenciales de 2000 con la decisión de 5-4 en el caso Bush vs. Gore.

Los comentarios de Trump fueron un tributo escrito a la Constitución de los EE.UU. como “la última defensa de la libertad estadounidense”. Los verdaderos sentimientos de este aspirante a dictador se expresaron ese mismo día en Pensilvania, donde lanzó amenazas de represalias violentas contra el gobernador demócrata del estado si se atrevía a interferir en los esfuerzos de los partidarios fascistizantes de Trump para intimidar a los votantes.

Refiriéndose al demócrata Tom Wolf, Trump dijo: “El gobernador cuenta las papeletas, y lo estamos observando, gobernador, muy de cerca en Filadelfia. Muchas cosas malas suceden allí con el conteo de los votos. Lo estamos observando, gobernador Wolf, muy de cerca. Lo estamos observando”. Más tarde en su discurso, Trump se refirió a sus oponentes como “globalistas”, un sinónimo frecuente de “judíos” en el lenguaje fascista. Hablando como un jefe de la mafia sobre sus matones, dijo: “Tenemos gente muy agradable, no quieren hacer nada antes de las elecciones. Gente muy agradable, muy agradable”.

Trump le dijo a la multitud que está trabajando con la policía de todo el país para monitorear el conteo de votos: “Todo lo que podemos decir es que la policía está vigilando Nevada, está vigilando Filadelfia y Pensilvania porque tenían muchas cosas extrañas. Y estamos observando al gobernador demócrata que ha conseguido cerrar su estado, el gran estado de Carolina del Norte. Estamos viendo a Carolina del Norte, estamos viendo a Michigan”.

La multitud comenzó a gritar, “Enciérrenlo” al mencionarse el nombre del gobernador Wolf, haciendo eco de los cánticos contra Whitmer en el mitin de la semana pasada en Muskegon, Michigan. Han pasado menos de tres semanas desde que la policía federal y estatal detuvo a 13 pistoleros pro-Trump, que se encontraban en las últimas fases de preparación para secuestrar y asesinar a Whitmer, que ha tenido roces con Trump por la política de cierres en el estado contra el coronavirus.

El presidente está dando luz verde a todos los fascistas de Estados Unidos. Cuando los funcionarios estatales de Michigan, tras desmantelar el complot contra Whitmer, emitieron órdenes que prohibían portar armas abiertamente en los lugares de votación, las organizaciones estatales que representan a los jefes de policía y alguaciles anunciaron que no harían cumplir la orden.

Si Trump no puede utilizar la violencia y la intimidación para obtener una mayoría en las urnas --un esfuerzo que parece cada vez más improbable, ya que decenas de millones de personas están acudiendo a las votaciones anticipadas o a las votaciones por correo, que actualmente van 2 a 1 en su contra-- tratará de detener el recuento de las votaciones por correo en los estados disputados clave mediante demandas en las que la Corte Suprema de los Estados Unidos actuará como árbitro final.

Frente a este golpe de Estado político en desarrollo, el Partido Demócrata presenta una imagen de total pusilanimidad. Con solo una estrecha mayoría republicana de 53-47 en el Senado, los demócratas, sin embargo, afirmaron que no podían hacer nada para detener la rápida confirmación de Barrett, solo cinco semanas después de la muerte de la jueza Ruth Bader Ginsburg creó una vacante.

Estas afirmaciones son tan ridículas que apenas requieren una refutación. El Senado es bien conocido por sus innumerables procedimientos arcanos que permiten a una minoría determinada retrasar e incluso derrotar acciones si están dispuestos a luchar. Si las circunstancias se hubieran invertido, un presidente demócrata con una estrecha mayoría demócrata en el Senado no hubiera tenido ninguna posibilidad de aprobar una nominación a la Corte Suprema en la víspera de una elección presidencial. Los demócratas ni siquiera lo intentaron.

En lugar de exponer esta conspiración y advertirle al pueblo estadounidense, el Partido Demócrata elige encubrirla. El candidato presidencial demócrata Joe Biden no hizo referencia a la nominación de Barrett ni a la amenaza de un golpe de Estado durante su último debate con Trump. La senadora Kamala Harris, su compañera de fórmula, forma parte del Comité Judicial que examinó la candidatura de Barrett, pero no planteó la cuestión de las amenazas de Trump a la democracia. El líder de la minoría del Senado, Charles Schumer, ni siquiera se refirió al impacto en las elecciones de 2020 en su discurso final, oponiéndose a la confirmación de Barrett.

Si así es como el Partido Demócrata “lucha” contra un esfuerzo sin precedentes para afianzar una mayoría ultraderechista de la Corte Suprema, ¿cuál resistencia opondrá a las amenazas cada vez más abiertas de Trump de violencia y un desafío a la Constitución en las elecciones de 2020?

La dirección del Partido Demócrata es ciertamente consciente del plan golpista de Trump y está tomando medidas concretas en respuesta, pero éstas consisten enteramente en discusiones entre bastidores con los principales líderes del aparato militar y de inteligencia para pedirles su ayuda a fin de obligar a Trump a aceptar el resultado de las elecciones.

Esto se ve confirmado por la notable entrevista dada el lunes por la diputada Elissa Slotkin, exagente de la CIA y exoficial del Pentágono antes de que ganara un escaño en la Cámara de Representantes como parte de un grupo de demócratas de la CIA elegidos en 2018. Hablando con Politico, reveló que la campaña de Biden estaba discutiendo activamente qué hacer en caso de que Trump se negara a aceptar los resultados de las elecciones o a dejar el cargo. La propia Slotkin ha enviado cartas a los líderes civiles y militares del Pentágono buscando una profesión de neutralidad en cualquier crisis poselectoral.

Al mismo tiempo, Slotkin confirmó que, en Michigan, su estado natal, los funcionarios demócratas no tenían ni idea de si podían conseguir el apoyo de la policía para evitar que los pistoleros de las milicias de derecha intimidaran a los votantes. En respuesta a una pregunta en una conferencia telefónica de oficiales electorales, “¿Qué hacemos si alguien aparece llevando una AK-47 a las urnas? ¿A quién llamamos?”, la policía se mantuvo indiferente.

Estas declaraciones solo confirman las advertencias que el WSWS ha estado haciendo desde que Trump intentó por primera vez movilizar a los militares contra las protestas masivas por la violencia policial tras el asesinato policial de George Floyd el 25 de mayo en Minneapolis. Trump está tratando de construir un movimiento fascista en los Estados Unidos, esté dentro o fuera de la Casa Blanca el próximo 20 de enero. La defensa de los derechos democráticos no puede ser confiada al Partido Demócrata ni a cualquier otra institución o instrumento de la clase dominante capitalista en Estados Unidos. Debe ser asumida por la clase obrera a través de la construcción de un movimiento político de masas basado en un programa socialista.

(Publicado originalmente en inglés el 27 de octubre de 2020)

Patrick Martin

 

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