La pandemia de coronavirus y el capitalismo

La vacuna rusa intensifica la disputa global por ganancias y ventajas geopolíticas

por Barry Grey
14 agosto 2020

El anuncio de Vladimir Putin el martes de que Rusia aprobó oficialmente una vacuna para el COVID-19 ha intensificado la disputa global entre las potencias nacionales y los gigantes farmacéuticos para ser los primeros en producir y comercializar en masa una vacuna para el virus mortal.

También ha subrayado la subordinación perversa y destructiva de la ciencia y la tecnología médicas a los intereses financieros y geopolíticos de camarillas rivales de capitalistas con bases nacionales. El conflicto, particularmente entre las élites gobernantes en Estados Unidos por un lado y sus contrapartes en Rusia y China por el otro, para controlar la producción y distribución de una vacuna es un obstáculo inmenso para el desarrollo racional y eficiente de un medicamento para salvar vidas en medio de una catástrofe de salud pública internacional.

Putin declaró que el registro de su gobierno de una vacuna desarrollada por el Instituto Gamaleya de Epidemiología y Microbiología con sede en Moscú fue una “primicia mundial”. Llamó a la vacuna “Sputnik V” en honor al satélite soviético de 1957 que asombró a Occidente y provocó la “carrera espacial” de la Guerra Fría entre la URSS y Estados Unidos.

Vladimir Putin, centro (Crédito: en.kremlin.ru)

Dijo que la vacuna había pasado “todas las pruebas necesarias”, pero su gobierno no ha proporcionado ningún dato sobre la seguridad y eficacia del medicamento a la Organización Mundial de la Salud (OMS) ni a ninguna otra organización científica o médica internacional. Además, en una ruptura imprudente y peligrosa con los protocolos internacionales sobre investigación de vacunas, su Gobierno aprobó el fármaco antes de que siquiera comenzaran los ensayos clínicos de la fase tres, en los que participan miles de voluntarios. Esta fase de los ensayos en humanos se considera decisiva para determinar si una vacuna es segura y eficaz.

Hasta la fecha, solo ha habido dos meses de ensayos en humanos de la vacuna rusa, en los que participaron solo 76 personas. Y, sin embargo, Kirill Dmitriev, director ejecutivo del Fondo de Inversión Directa de Rusia, que está financiando el proyecto de la vacuna, dijo a los reporteros: “Las personas fuera de los ensayos clínicos tendrán acceso a la vacuna en agosto, y algunas, ya en gran escala, en octubre”. Añadió que Rusia había recibido solicitudes de más de mil millones de dosis de 20 países. El ministro de Salud de Rusia, Mikhail Murashko, dijo que el país pronto comenzaría una campaña masiva para distribuir la vacuna.

Esta prisa por producir una vacuna ignorando los protocolos de seguridad ha provocado duras críticas no solo de Estados Unidos y otras potencias occidentales, sino también de organismos científicos y comerciales dentro de Rusia. La Asociación de Organizaciones de Ensayos Clínicos con sede en Moscú publicó una carta abierta el lunes pidiendo al Ministerio de Salud que retrase el registro de la vacuna hasta que se hayan completado todos los ensayos clínicos.

“La aprobación acelerada no convertirá a Rusia en el líder en la carrera de vacunas”, decía la carta. “Simplemente expondrá a los consumidores de la vacuna a un peligro innecesario”.

En los EE. UU., Daniel Salmon, director del Instituto para la Seguridad de las Vacunas de la Universidad Johns Hopkins, dijo: “Creo que da mucho miedo. Es muy arriesgado”. El Dr. Anthony Fauci, el principal funcionario de enfermedades infecciosas de EE. UU., dejó en claro el martes que consideraba insegura la vacuna rusa.

Hay motivaciones políticas geopolíticas, comerciales y domésticas detrás de la prisa de Putin por producir una vacuna. Es claramente un intento de tomar la delantera frente a los competidores internacionales en el sorteo de vacunas, primeramente, contra los Estados Unidos. Washington ha estado llevando a cabo una campaña de fabricaciones para desacreditar el programa de vacunas de Rusia en previsión de un anuncio como el que se hizo el martes.

El mes pasado, el New York Times publicó una serie de artículos sensacionalistas, basados en una declaración conjunta de agencias de inteligencia estadounidenses, británicas y canadienses, con acusaciones completamente infundadas de que Moscú estaba pirateando la investigación estadounidense sobre vacunas. Si bien ese cargo se ha retirado en gran medida, la campaña de mentiras sobre la intromisión rusa en las elecciones estadounidenses ha continuado sin cesar. La semana pasada, el director de inteligencia nacional declaró, sin proporcionar ninguna evidencia, que Rusia estaba trabajando activamente por la reelección de Trump, mientras que Irán y China “preferían” una victoria de Biden en la contienda presidencial de noviembre.

Estos esfuerzos de propaganda, encabezados por el Times , alineado con el Partido Demócrata, son preparativos para prohibir la importación de cualquier vacuna desarrollada por Rusia o China, que muchos consideran que le llevan la ventaja a los EE. UU. en la producción de una vacuna, y para bloquear la distribución de dicha vacuna a aliados y Estados clientetelares de EE. UU. El mes pasado, Fauci testificó ante el Congreso y dijo que Estados Unidos probablemente prohibiría la distribución dentro de sus fronteras de cualquier vacuna desarrollada por Rusia o China.

El país que domina la distribución de la vacuna tendrá una inmensa influencia sobre aliados y enemigos por igual, quienes dependerán de la buena voluntad del país propietario de la vacuna para obtener suministros del medicamento.

En segundo lugar, hay incontables miles de millones en ganancias involucradas en ganar la carrera de las vacunas.

En tercer lugar, todos los Gobiernos capitalistas están en crisis y enfrentan una creciente oposición interna como resultado del impacto devastador de sus rescates sin precedentes de los ricos y sus políticas de “inmunidad colectiva”, resumidas en las campañas de regreso al trabajo y regreso a la escuela siendo implementadas universalmente. Putin y Trump tienen en común el intento de desviar la atención pública de la ineptitud criminal y el desprecio por la vida humana expresados en su respuesta a la pandemia promocionando avances en el desarrollo de una vacuna.

El anuncio prematuro de Putin de una vacuna tiene lugar en condiciones en que los contagios en Rusia se acercan rápidamente al millón y se han confirmado más de 15.000 muertes por el coronavirus. Sus índices de aprobación están cayendo, y las redes sociales rusas están desbordadas de denuncias contra el Gobierno, particularmente de trabajadores de la salud que denuncian las condiciones en hospitales y clínicas. Mientras tanto, su Gobierno ha publicado un presupuesto pidiendo recortes radicales en la salud.

Sin embargo, a pesar de toda la corrupción y criminalidad del régimen de Putin, son el Gobierno y la élite gobernante estadounidenses los que están a la vanguardia del sabotaje de cualquier coordinación global de la batalla contra la pandemia. Después de todo, fue Trump quien se retiró de la OMS, la calificó como un títere de China y trató de provocar una fiebre de guerra contra China, atribuyendo los más de cinco millones de contagios y más de 160.000 muertes en los EE. UU. al “virus de China”. En esto, se le une el Partido Demócrata, cuyo candidato presidencial, Joe Biden, ataca regularmente a Trump desde la derecha por ser “blando” con Beijing.

Trump, a través de su “Operación Warp Speed”, ha utilizado la pandemia para entregarles miles de millones de dólares en fondos de los contribuyentes a sus compinches corporativos en la industria farmacéutica. Apenas el lunes anunció un acuerdo de $1,5 mil millones con Moderna para proporcionar 100 millones de dosis de una eventual vacuna. Esto se suma a los $950 millones entregados previamente a la empresa para financiar el desarrollo y las pruebas del fármaco. En total, el Gobierno de los Estados Unidos ha entregado hasta la fecha más de $9 mil millones a cinco empresas que trabajan en vacunas.

Además, como señaló sciencemag.org el martes, la Administración de Alimentos y Medicamentos puede aprobar el uso de medicamentos antes de la finalización de los ensayos de eficacia a través de lo que se conoce como una “autorización de uso de emergencia”. La publicación señaló que “ha habido una creciente preocupación de que el presidente Donald Trump impulse esto con una vacuna para el COVID-19 para impulsar sus posibilidades de una reelección en noviembre”.

Los principales obstáculos para el desarrollo y la distribución masiva de una vacuna eficaz y segura contra el coronavirus para la población mundial son los intereses de clase de la oligarquía capitalista gobernante. La contención y erradicación del virus y el salvar vidas pasan a un segundo plano frente a la utilización de la pandemia para saquear los recursos económicos de la sociedad y reestructurar las relaciones de clase para empobrecer aún más a la clase trabajadora.

Como escribió anteriormente el World Socialist Web Site :

En una sociedad racional y humana, la cuestión del secretismo en el desarrollo de una vacuna vital, especialmente en medio de una mortal pandemia, ni siquiera aparecería nunca. Todas las cuestiones de ganancias personales o ventajas nacionales serían completamente subordinadas a un esfuerzo globalmente coordinado, utilizando las conquistas revolucionarias en la ciencia y la tecnología y el conocimiento de los expertos en cada país para contener y finalmente erradicar el virus y proveer la atención médica y el apoyo social necesarios para todos los impactados tanto física como económicamente

Esto, sin embargo, es imposible en el marco del capitalismo, el cual subordina todas las necesidades sociales al enriquecimiento de una élite parasitaria y la búsqueda de sus intereses geopolíticos depredadores. El marco capitalista de propiedad privada de los medios de producción y la producción con fines de lucro, junto con la división del mundo en Estados nacionales rivales, se erige como una barrera absoluta para la defensa de los derechos básicos, incluido el derecho a la vida.

La lucha contra la pandemia es inseparable de la lucha por la expropiación y el derrocamiento de la oligarquía capitalista por parte de la clase obrera internacional.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 13 de agosto de 2020.)

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