Resolución del Congreso del PSI (EE.UU.)

La pandemia global, la lucha de clases y las tareas del Partido Socialista por la Igualdad

8 agosto 2020

Esta resolución fue adoptada por unanimidad por los miembros del Partido Socialista por la Igualdad en los Estados Unidos en su Sexto Congreso Nacional, que se celebró en línea del 19 al 24 de julio de 2020.

1. La pandemia de COVID-19 es un acontecimiento desencadenante en la historia mundial que está acelerando la ya muy avanzada crisis económica, social y política del sistema capitalista mundial. Está creando condiciones para una intensificación inmensa de la lucha de clases a escala internacional. La clase trabajadora se confronta con una crisis para la cual no hay una solución progresista aparte de la lucha revolucionaria contra el capitalismo, que lleve a la conquista del poder estatal, el establecimiento del control democrático de la economía por parte de la clase trabajadora, el remplazo de la anarquía del mercado por la planificación científica, el fin del sistema del Estado nación, y la construcción de una sociedad socialista global dedicada a la igualdad, la eliminación de la pobreza y todas las formas de opresión y de discriminación, un aumento masivo del nivel de vida y el nivel de cultura social, y la protección del medio ambiente.

2. Al definir la pandemia como un “acontecimiento desencadenante”, el World Socialist Web Site la ha comparado con el asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria el 28 de junio de 1914, el cual inició una cadena de acontecimientos que culminaron en el estallido de la Primera Guerra Mundial. “Si no se hubiera producido el asesinato”, escribió el WSWS, “es dudoso que la guerra hubiera estallado en agosto. Pero tarde o temprano, quizás en el invierno de 1914 o el año siguiente, las contradicciones económicas y geopolíticas del capitalismo y del imperialismo europeo y global habrían llevado a una conflagración militar. El asesinato aceleró el proceso histórico, pero accionó condiciones socioeconómicas y políticas preexistentes y altamente inflamables”. [1]

3. Aunque las condiciones específicas que produjeron el coronavirus tienen un carácter accidental y contingente, la respuesta a la pandemia ha estado determinada por las condiciones preexistentes de la crisis capitalista y los intereses de la clase gobernante. La clase capitalista ha continuado e intensificado las mismas políticas sociales y relaciones económicas parasitarias que empleaba en el período anterior.

4. Cuando empezó la Primera Guerra Mundial, todos los beligerantes asumían que terminaría relativamente rápido. Sin embargo, el conflicto se prolongó y se prolongó, año tras año, porque las élites gobernantes capitalistas, que dictaban las políticas gubernamentales, consideraron que era un coste aceptable sacrificar la vida de millones de trabajadores para lograr sus intereses geoestratégicos en el conflicto. Hizo falta la intervención de la clase trabajadora —en la forma de la Revolución rusa de 1917 y una oleada de luchas revolucionarias por toda Europa— para acabar la carnicería a la fuerza. En la situación actual, los mayores obstáculos para implementar una respuesta efectiva a la pandemia son los intereses económicos y geoestratégicos de la clase capitalista, la cual se ha beneficiado con la crisis. Las bolsas de valores en EE.UU. y globales siguen subiendo —y ahora una vez más se acercan a niveles récord— al igual que el número de infecciones y muertes. El temerario regreso al trabajo a finales de mayo —antes de que se consiguiera controlar efectivamente la expansión del virus— fue dictado enteramente por la necesidad de la élite corporativa y financiera de reanudar la explotación ilimitada de la clase trabajadora para generar ganancias.

5. La situación es crítica. La pandemia está fuera de control. Para mediados de julio, había más de 13 millones de personas infectadas en todo el mundo. La cifra de muertos llega casi a los 700.000. Los casos nuevos están en máximos récord, y el virus se está acelerando rápidamente por toda América Latina, Oriente Próximo y el sur de Asia.

6. El epicentro de la pandemia está en los Estados Unidos. Se han infectado más de 4,5 millones de personas, o más de una de cada 100 personas del país. Los casos nuevos son más de 70.000 por día. Los hospitales de Florida, Texas y Arizona están a máxima capacidad o por encima de esta, y los enfermeros y enfermeras se están quedando sin equipo protector. Para fines del verano, la cifra oficial de muertos rondará entre 250.000 y 350.000 —más del doble de la suma de los muertos estadounidenses en combate en la Primera Guerra Mundial, la Guerra de Vietnam y la Guerra de Corea—.

7. Junto a la propagación de la pandemia, hay una crisis social creciente. A nivel global, Naciones Unidas estima que 265 millones de personas más están en riesgo de hambruna como resultado de la pandemia. La Organización Internacional del Trabajo anticipa una pérdida de ingresos para los trabajadores de hasta $3,4 billones. En los Estados Unidos, decenas de millones de personas siguen desempleadas, a pesar del fin de las medidas de confinamiento, y 100.000 pequeños negocios han echado el candado permanentemente.

8. La respuesta desastrosamente inepta, desorganizada e inhumana de los Estados Unidos a la pandemia ha expuesto no solo la incompetencia y el carácter criminal de la Administración de Trump, sino también la bancarrota política y moral del capitalismo estadounidense y su élite gobernante, cuya fisionomía social ha sido moldeada por el crecimiento más extremo y verdaderamente criminal de “todo un sistema de estafas y engaños por medio de la promoción corporativa, la emisión de acciones y especulación bursátil”. [2] Sobre esta base, y a una escala que hasta a Marx le habría costado imaginar que fuera posible, la clase gobernante ha llevado a cabo, a lo largo de los últimos 40 años, una política de redistribución de la riqueza desde la clase trabajadora hacia los ricos.

9. La inflación masiva del mercado bursátil mediante la especulación y la financiarización ha producido niveles inauditos de desigualdad social —una situación en la que tres individuos poseen más riqueza que la mitad de abajo de la población—.

10. “¿Cuánto tiempo tomará controlar la pandemia?”. Miles de millones de personas se hacen esta pregunta. La respuesta común es que la pandemia continuará hasta que se desarrolle una vacuna efectiva. Esta respuesta fatalista se basa en el supuesto de que la crisis del COVID-19 es casi exclusivamente un problema médico. Lo que deja por fuera son las dimensiones sociales y políticas de la lucha contra la pandemia. De la misma manera en que se necesitó el levantamiento de la clase trabajadora para poner fin a la Primera Guerra Mundial, la intervención con consciencia de clase de la clase trabajadora, en lucha contra el capitalismo, es necesaria para crear las condiciones para una respuesta social efectiva a la enfermedad. Incluso si se desarrollare una vacuna en el futuro cercano y brindare una inmunidad a largo plazo, lo cual no está garantizado, su distribución estará sujeta al afán de lucro de las empresas y los conflictos geoestratégicos entre las principales potencias capitalistas. Es más, la contención de la pandemia no hará concluir la crisis social y económica. Como pasó en el período posterior a la Primera Guerra Mundial, la pandemia dejará profundas cicatrices y tendrá consecuencias de larga duración. No se volverá a las condiciones, que ya eran malas, que existían antes del brote. La crisis económica, social y política se desarrollará sobre la base de condiciones creadas por la pandemia. El alcance y la intensidad de la lucha de clases aumentarán, no disminuirán.

11. Al justificar su reapertura temeraria de la economía, los medios de comunicación capitalistas proclamaban: “La cura [el cierre] no tiene que ser peor que la enfermedad”. En realidad, la pandemia es un síntoma. La enfermedad es el capitalismo. El tratamiento necesario es la lucha de clases internacional. La cura es el socialismo.

12. Para entender la situación actual y diseñar un rumbo para el futuro, hay que repasar cómo se desarrolló la crisis en el país que se ha vuelto el centro global de la pandemia, los Estados Unidos.

Diciembre de 2019 - 27 de marzo de 2020: el comienzo de la pandemia, la supresión de la información y el rescate de la élite corporativo-financiera

13. La primera etapa empezó con el brote inicial del virus en China, en diciembre de 2019, y su transmisión internacional por Europa y en América del Norte, y duró hasta el 27 de marzo de 2020, cuando el presidente Donald Trump firmó la así llamada Ley CARES. Fue durante estos meses críticos que la Administración de Trump y los dirigentes del Congreso de los dos partidos capitalistas —siguiendo las instrucciones de la élite corporativo-financiera— tomaron las decisiones socialmente catastróficas priorizaron el rescate de los bancos, las grandes corporaciones y los poderosos inversores de Wall Street, por encima de impedir la propagación de la pandemia y salvar vidas.

14. Para principios de enero de 2020, los experimentados epidemiólogos de la Organización Mundial de la Salud y los Centros para el Control de Enfermedades se dieron cuenta de que el coronavirus tenía el potencial de convertirse en un desastre sanitario global importante. Las anteriores experiencias con los brotes de gripe porcina y de ébola habían brindado a la comunidad médica datos que dejaban pocas dudas sobre las consecuencias de una pandemia. Ya en 2005, la especialista en pandemias Laurie Garrett advirtió, en un artículo publicado en Foreign Affairs, sobre los peligros planteados por la gripe aviar H5N1:

Si el virus, el cual está evolucionando implacablemente, se vuelve capaz de transmitirse de humano a humano, si adquiere un potencial de contagio típico de las gripes humanas, y mantiene su extraordinaria virulencia, la humanidad bien podría enfrentarse a una pandemia como ninguna de las que ya vivió antes. [3]

Garrett brindó una escalofriante descripción de las consecuencias en Estados Unidos e internacionalmente de una pandemia viral transmisible de humano a humano. Estados Unidos, escribió, “podría llegar a los 16 millones de muertos y costes económicos inimaginables”. [4] Continuó Garrett:

Todo el mundo experimentaría niveles parecidos de estragos por el virus, y aquellas zonas azotadas por el VIH y hogar de millones de individuos comprometidos desde el punto de vista inmunitario podrían tener cifras de muertes todavía mayores. Como respuesta, algunos países podrían imponer cuarentenas inútiles y altamente disruptivas, o cerrar las fronteras y los aeropuertos, quizás durante meses. Tales cierres alterarían el comercio, los viajes, y la productividad. Sin dudas, las bolsas mundiales se tambalearían y tal vez caerían de manera precipitada. [5]

15. Claramente, el Gobierno de los Estados Unidos y sus agencias de recolección de inteligencia entendieron para los primeros días de 2020 —y, con toda probabilidad, para la segunda mitad de diciembre— que el mundo estaba en mismísimo borde de un desastre sanitario. Cualquiera que haya sido el momento exacto en que EE.UU. obtuvo la información, las noticias del peligro empezaron a filtrarse en la prensa mundial durante enero. El World Socialist Web Site brindó su primera declaración detallada sobre el coronavirus el 24 de enero de 2020. Apenas cuatro días después, el WSWS explicó:

Aunque los Gobiernos del mundo, particularmente el de los Estados Unidos, han hecho planes meticulosos para una guerra a gran escala durante el pasado cuarto de siglo, no se dedicaron ni recursos ni previsión semejantes a combatir la racha de epidemias que han plagado el planeta a lo largo del mismo período. [6]

16. A pesar del peligro sanitario extremo planteado por la propagación de la pandemia, la clase gobernante se ha concentrado casi exclusivamente en el impacto económico de la pandemia, es decir, en cómo la enfermedad impactaría la bolsa y la riqueza personal del uno a cinco por ciento más rico de la sociedad. La oligarquía capitalista temía, antes que nada, que la admisión pública y sin ambages del peligro llevaría a un pánico financiero y, como consecuencia, los mercados “se tambalearían y tal vez caerían de manera precipitada”.

17. Sus preocupaciones no carecían de fundamento. El Banco de la Reserva Federal estadounidense había respondido al desplome financiero histórico de 2008-2009 inundando los bancos y firmas inversoras de Wall Street con cientos de miles de millones de dólares. La propia crisis de 2008-2009 fue resultado de una decadencia prolongada del capitalismo, que encontró su expresión más dañina en el proceso conocido como financiarización, es decir, la separación cada vez mayor de la acumulación de riqueza por parte de la élite corporativo-financiera respecto al proceso de producción. Este rescate financiero sin precedentes, conocido como “expansión cuantitativa”, le había ofrecido a la élite corporativo-financiera préstamos con intereses ultra bajos —“dinero gratis”— que fueron usados para orquestar “recompras” de acciones que inflaron el valor de las acciones y otros instrumentos especulativos.

18. Incluso antes de que golpeara la pandemia, se estaba volviendo cada vez más claro que la economía estadounidense y la mundial se posaban encima de una montaña de deuda (capital ficticio), cuyo volumen excedía con creces la capacidad productiva y generadora de ganancias en la economía real. La difusión de la pandemia amenazó con un cierre económico que cortaría el flujo de ingresos requeridos para satisfacer niveles masivos de deuda. Como explicó el Banco de Pagos Internacionales en un informe emitido en abril de 2020:

El impacto del COVID-19 está ejerciendo una presión enorme en los fondos de efectivo de las empresas. Las declaraciones financieras corporativas de 2019 sugieren que el 50% de las empresas no tienen suficiente efectivo para cubrir los costes totales del pago de intereses de sus deudas a lo largo del año siguiente. [7]

19. El informe continuó:

Ninguna otra recesión en tiempos modernos ha golpeado tan duramente al sector corporativo como el impacto del COVID-19. Las empresas se están enfrentando ahora a grandes declives sin precedentes en ingresos mientras se imponen confinamientos a escala nacional para salvaguardar la salud pública. La capacidad de las empresas para aguantar estas circunstancias excepcionales determinará si la recesión del COVID-19 deja una cicatriz duradera en la actividad económica mediante quiebras generalizadas de empresas. [8]

20. En esta situación, los intereses financieros de la élite corporativo-financiera eran incompatibles con todas las medidas de salud pública que restringían la afluencia de ingresos y eran hostiles a estas. Aunque se venía preparando un rescate corporativo-financiero masivo tras bastidores, entre enero y marzo, la Administración de Trump afirmó repetidamente que la pandemia desaparecería milagrosamente, con un impacto menor en las vidas. El Gobierno federal y los estatales, dirigidos por demócratas y republicanos, se negaron a tomar cualquier medida para detener la producción no esencial.

21. El 28 de febrero, el CICI publicó una declaración que exigió una “respuesta de emergencia coordinada globalmente” a la pandemia. Con el número de casos acercándose a los 100.000 (en comparación con los más de 12 millones de hoy), el CICI advirtió, “el peligro no se puede exagerar”. La declaración exigió la movilización internacional de los científicos para desarrollar contramedidas para contener, curar y en definitiva erradicar el virus; una asignación masiva de recursos a la sanidad y los tratamientos; y la redistribución de la riqueza para apoyar a todos los afectados por el virus. [9]

22. El WSWS definió el quietismo deliberado de los Gobiernos como “negligencia maligna”. [10] La actitud de indiferencia por parte de los gobiernos respecto al virus estaba condicionada por preocupaciones sobre su impacto en los mercados. La clase gobernante era bien consciente de que las consecuencias económicas para los negocios requerirían un rescate que excedía con mucho lo que se dio tras la crisis de 2008.

23. En vez de tomar medidas para parar el virus y salvar vidas, la clase gobernante usó los meses de febrero y marzo para preparar e implementar un rescate de Wall Street de varios billones de dólares. La escala de la intervención dio fe de lo desesperado de la situación económica. Entre el 19 de febrero y el 23 de marzo, al volverse imposible seguir escondiéndole al público el peligro presentado por la pandemia, el índice bursátil S&P 500 perdió un tercio de su valor.

24. En oposición a la política de la clase gobernante de “negligencia maligna”, la clase trabajadora empezó a actuar para protegerse contra la pandemia. En Instacart, Amazon y Whole Foods, los trabajadores organizaron paros y acciones de protesta. Los trabajadores de la industria automotriz de Estados Unidos y Canadá llevaron a cabo una serie de paros espontáneos, que coincidieron con una oleada de huelgas y protestas en Europa. Los artículos publicados en el WSWS y las declaraciones del PSI, incluyendo la declaración del 14 de marzo, “¡Cierren la industria automotriz para detener la propagación del coronavirus!”, fueron leídos y compartidos por decenas de miles de trabajadores. Bajo una presión creciente de la clase trabajadora y con las leyes del rescate todavía en preparación, los Gobiernos a nivel federal, estatal y local se vieron obligados a aceptar parar la economía.

25. A finales de marzo, el Congreso aprobó, en una votación casi unánime, la Ley CARES, que daba cientos de miles de millones a las corporaciones y aprobaba el rescate multibillonario en dólares de Wall Street por la Reserva Federal (Fed) estadounidense. En cuestión de semanas, el balance de la Fed creció de $4 billones a más de $7 billones, al comprar activos y deuda a los bancos y grandes corporaciones.

26. La promulgación de la Ley CARES puso fin a la primera etapa de la crisis. En una carta fechada el 28 de marzo, dirigida a Nick Beams, un destacado miembro del Partido Socialista por la Igualdad de Australia, el presidente nacional del PSI de los EE.UU., David North, evaluó los acontecimientos de los tres primeros meses de 2020 en el contexto de la crisis histórica del sistema capitalista.

No sorprende que los medios burgueses hayan atribuido la caída impactante de los mercados globales enteramente a la pandemia. Pero esto no basta. Antes de que el coronavirus empezara a extenderse, estaba claro que el aumento descontrolado del valor de las acciones había asumido un carácter maligno, alimentado por la disponibilidad ilimitada de financiación por expansión cuantitativa y la supresión sin antecedentes históricos de los tipos de interés por parte de la Fed y los bancos centrales de Europa. Incluso surgió el fenómeno de los tipos de interés negativos. La montaña de capital ficticio hizo posible las innumerables triquiñuelas que empleó la clase dirigente para empujar las acciones aún más hacia arriba (tales como las recompras de acciones) y enriquecerse.

El rasgo más llamativo de la liquidación del mercado de las últimas tres semanas (a pesar del “rebote del gato muerto” de tres días) fue su velocidad asombrosa. Se recortaron varios billones del valor de las acciones en cuestión de días —más rápido que cualquier otro declive en la historia moderna. La velocidad del colapso fue determinada por el carácter irreal de la levitación mágica anterior del valor de las acciones. Esto es lo que llevó inmediatamente a las exigencias histéricas del rescate de varios billones de dólares. La aprobación del rescate —con unas pocas migajas para contener una explosión social por unos pocos meses— es la continuación, a una escala nueva y todavía más gigantesca, de la creación de capital ficticio, es decir, hacer aparecer valor independientemente de la producción como por arte de magia. La burguesía sabe muy bien que esta gigantesca estafa piramidal económica no puede durar. Y, por este motivo, la pandemia se vuelve un problema real. Una cosa es expandir niveles de deuda cuando tiene lugar la producción. Es algo bien diferente hacerlo cuando la producción está inmovilizada en todo el planeta. No se puede esconder la discrepancia entre la expansión de la deuda y el declive masivo en la producción de valor mediante el proceso laboral (en todas las formas en las que se manifiesta). Y esto suscita las exigencias de Trump y los oligarcas capitalistas de una rápida reanudación del trabajo. “La cura de la pandemia no puede ser peor que la enfermedad”.

Nos estamos acercando a una etapa crítica de la crisis histórica del capitalismo. Ante la bancarrota como resultado del colapso desencadenado por la pandemia, la clase gobernante está exigiendo que su Estado le ponga a su disposición billones de dólares para contener la quiebra. Al mismo tiempo, se está preparando para emplear al mismo Estado para lanzar, no bien complete los preparativos políticos y logísticos necesarios, un ataque despiadado a la clase trabajadora.

Veintisiete de marzo - 31 de mayo de 2020: la campaña del regreso al trabajo y las protestas contra la violencia policial

27. Los acontecimientos confirmaron rápidamente este análisis. Una vez que se implementó el rescate, el foco de la clase gobernante se dirigió al imperativo de reanudar plenamente la producción económica, para obligar a la clase trabajadora a pagar el rescate y financiar los asombrosos niveles de capital ficticio generados por la Reserva Federal.

28. El New York Times, la principal voz mediática de los poderosos intereses corporativos y financieros afiliados con el Partido Demócrata, inició y dio legitimidad política a la campaña para poner fin al confinamiento y emprender un rápido regreso al trabajo. El 22 de marzo, cuando se acercaba la aprobación de la Ley CARES por el Congreso, Thomas Friedman escribió una columna titulada “Un plan para que Estados Unidos vuelva a trabajar”. Friedman afirmó que los Estados Unidos se había “topado” con un confinamiento. Dando la señal para una masiva campaña de propaganda contra el confinamiento, Friedman escribió:

Pero mientras tantos de nuestros negocios cierran y empiezan a despedir a millones de personas, algunos expertos empiezan a preguntarse: “¡Espera un poco! ¿Qué diablos nos estamos haciendo a nosotros mismos? ¿a nuestra economía? ¿a la siguiente generación? Incluso por un momentito, ¿es peor esta cura que la enfermedad?”.

29. Refiriéndose sarcásticamente al “consejo de epidemiólogos serios” como “pensamiento de grupo”, Friedman empezó a promocionar un programa de inmunidad colectiva, solo “recluyendo a aquellos de entre nosotros que sean los que más probablemente mueran o sufran a largo plazo por la exposición a la infección por coronavirus... mientras se trata esencialmente al resto de la sociedad como siempre la hemos tratado con amenazas familiares como la gripe”. Promoviendo irresponsablemente sinsentidos anticientíficos, Friedman minimizó el peligro de la pandemia, declarando, “como con la gripe, la gran mayoría lo superará en días, un pequeño número requerirá hospitalización y un muy pequeño porcentaje de los más vulnerables trágicamente morirá”. Desde que Friedman escribió esas palabras, el “muy pequeño porcentaje” de los fatalmente infectados asciende a más de 130.000 muertes en los Estados Unidos.

30. En todos los medios de comunicación se hizo eco de la línea del “liberal” New York Times. El Wall Street Journal declaró: “La gente que reclama que la economía permanezca cerrada hasta que haya una vacuna, una terapia milagrosa o pruebas diarias para todo el mundo en el país parece pensar que el Gobierno puede remplazar la economía privada... el virus estará con nosotros durante mucho tiempo a no ser que haya una vacuna, así que tendremos que aprender a vivir con él y tener una economía en funcionamiento”. [11]

31. La reapertura forzosa de la economía coincidió con el ataque, y fue justificada por este, de la Administración de Trump a la Organización Mundial de la Salud (OMS), los Centros para el Control de Enfermedades (CDC, sigla en inglés) y a la propia ciencia sobre la pandemia. La promoción ampulosa e ignorante de Trump de medicamentos no testeados, como la hidroxicloriquina y el remdesivir, fue llevada a niveles atemorizantes cuando sugirió, el 24 de abril, que la gente se inyectara lejía y se insertara luces ultravioletas en el cuerpo. Su declaración de que si no se hicieran pruebas no se encontrarían casos, es coherente con la política de la inmunidad de grupo, con la actitud subyacente del “déjelo seguir su curso”. Las advertencias de los epidemiólogos, virólogos y personal médico sobre las terribles consecuencias de levantar prematuramente las restricciones fueron desestimadas y ridiculizadas. Nada impediría que los trabajadores fueran encaminados de nuevo a las fábricas, escuelas y lugares de trabajo.

32. La presión constante para la reapertura de la economía, la pasmosa ausencia de equipo esencial o una estrategia médica coherente, la pura incompetencia de las acciones del Gobierno, y la indiferencia brutal de las principales corporaciones respecto a la salud y seguridad de sus plantillas, se tradujo rápidamente en una explosión de infecciones y muertes. Respecto a las medidas económicas implementadas por el Gobierno, el desempleo subió a niveles inauditos desde la Gran Depresión de los '30. Millones de trabajadores se han vuelto dependientes de los bancos de alimentos. Cientos de miles de pequeños negocios se quedaron sin la asistencia financiera que se les había prometido.

33. Pero para los ricos, la pandemia fue una bendición financiera. La aprobación de la Ley CARES inició la recuperación más dramática y rápida del valor de las acciones en la historia. Entre marzo y mayo, los principales índices bursátiles subieron un 30 por ciento. Discutiendo el abismo que hay entre Wall Street y la economía real, el Economist explicó, con una franqueza descarada:

Buena parte del mejor estado de ánimo se debe a que la Fed, que ha actuado más dramáticamente que otros bancos centrales, compró activos a una escala no anticipada. Está comprometida a comprar todavía más deuda corporativa, incluso bonos “basura” de alto rendimiento. El mercado para nuevas emisiones de bonos corporativos, que se estancó en febrero, ha vuelto a abrir de manera espectacular. Las compañías han emitido bonos por $560 mil millones durante las seis últimas semanas, el doble del nivel normal. Hasta empresas de cruceros encallados han podido juntar dinero, aunque a un alto precio. Se ha prevenido una cascada de quiebras de grandes empresas. El banco central, en efecto, ha sostenido el flujo de efectivo de Estados Unidos SA. La bolsa pilló el mensaje y subió. [12]

34. A lo largo de marzo y abril, en muchos artículos y declaraciones, el World Socialist Web Site y el Partido Socialista por la Igualdad advirtieron repetidamente sobre el resultado catastrófico de la campaña de regreso al trabajo de la clase dirigente. El 24 de marzo, respondiendo a la columna de Friedman, llamó la política de la élite gobernante una forma de “eutanasia socialmente aprobada... Ante la mayor crisis del capitalismo estadounidense, la clase dirigente no solo está demostrando ser parasitaria, sino además homicida”. [13] El 11 de abril, el PSI emitió una declaración en la que decía que “el objetivo de la Administración de Trump y la clase gobernante estadounidense en su conjunto es ‘normalizar’ la pandemia, es decir, aclimatar a la población al hecho de que grandes cantidades de personas morirán durante el período venidero...”. Se tratará la muerte de trabajadores como “un coste de hacer negocios, y los que sucumban a la enfermedad serán remplazados por otros”. [14]

35. El 18 de abril, el WSWS llamó la atención sobre los comentarios del New York Times y de la prensa internacional que argumentaban contra la preocupación excesiva por la protección de la vida humana. Un comentario en el Neue Zurcher Zeitung suizo dijo que las medidas para detener la pandemia implicaban elegir el “suicidio económico para impedir que personas de la tercera edad mueran unos años antes”, mientras que otro en el Der Spiegel alemán argumentó que parar la pandemia violaba el principio de que la “vida es inconcebible sin la muerte”. “Estos son argumentos”, observó el WSWS, “con los que el dirigente nazi Adolf Hitler, de cuyo suicidio en un búnker berlinés se cumplen 75 años este mes, habría estado totalmente de acuerdo”. [15]

36. La respuesta de la clase gobernante a la pandemia produjo un crecimiento significativo de las tensiones sociales y la lucha de clases. El desencadenante del estallido de las manifestaciones de masas fue una serie de casos de violencia policial. El 13 de marzo, la policía mató a Breonna Taylor en Louisville, Kentucky, después de meterse en su casa mientras ella estaba durmiendo. A principios de mayo se publicaron imágenes obtenidas con la cámara de a bordo del asesinato de Ahmaud Arbery el 25 de febrero en Brunswick, Georgia, por un antiguo policía e investigador público y su hijo. Luego, el 25 de mayo, el Día de los Caídos, cuatro policías participaron en el asesinato brutal de George Floyd en Minneapolis, Minnesota, una espantosa escena que fue filmada por teléfonos móviles y que fue vista por millones de personas.

37. El asesinato de Floyd desató manifestaciones multirraciales y multiétnicas en todas las grandes ciudades de los EE.UU., incluso en el tradicionalmente conservador extremo sur, y en países de todos los continentes. Después de décadas de suprimir las protestas sociales y la lucha de clases, con la complicidad activa de los sindicatos, la ira y el resentimiento estallaron abiertamente. Aunque las protestas fueron desencadenadas por la violencia policial, sus causas subyacentes eran la furia por el descenso prolongado y severo de los niveles de vida, los aplastantes niveles de deuda impuestos a los jóvenes y lo sombrío de sus perspectivas para el futuro, la desigualdad social omnipresente y sus consecuencias, la limitación de los derechos democráticos, y la imposibilidad de efectuar cambios y mejoras significativas en las condiciones sociales dentro del marco de las estructuras políticas existentes del sistema bipartidista.

38. El Partido Socialista por la Igualdad recibió de buena manera y apoyó estas protestas. El 30 de mayo, el PSI explicó, “Estas manifestaciones —que están sucediendo en medio de la pandemia a pesar del serio peligro implicado— son una muestra poderosa e inspiradora de un compromiso profundamente arraigado con la defensa de los derechos democráticos, el odio a la policía fascistizante y la Administración de Trump, y un profundo compromiso con la unidad de todos los sectores de la clase trabajadora”. [16] Estas manifestaciones justificaron el análisis del PSI de que una alternativa progresista genuina a la Administración de Trump solo podría surgir sobre la base de un movimiento de masas desde abajo, y no mediante un golpe palaciego, instigado desde arriba por el Partido Demócrata, en alianza con sectores del ejército y las agencias de inteligencia disgustados por el manejo de Trump de las relaciones con Rusia y China. En una declaración publicada en 2017, el WSWS predijo:

Las luchas de masas están en la agenda en los Estados Unidos. Las protestas, manifestaciones y huelgas tenderán a adquirir un carácter nacional general. La conclusión política que se desprende de este análisis es que las luchas de la clase trabajadora contra Trump y todo lo que él representa plantearán de manera cada vez más urgente la necesidad de un movimiento de masas político, independiente de los republicanos y los demócratas, opuesto a ellos, contra el sistema capitalista y su Estado. [17]

39. La Administración de Trump es directamente responsable del asesinato de Floyd y de la represión policial a los manifestantes. En octubre pasado, Trump lanzó una diatriba contra los socialistas y la “izquierda radical” en Minneapolis, apoyado por policías que ondeaban banderas que decían “La policía vota a Trump”. Trump ha alentado repetidamente la violencia policial como parte de sus esfuerzos por desarrollar una base de apoyo derechista, de tipo fascista, para las políticas de la oligarquía financiera. En las semanas anteriores al asesinato de Floyd, Trump promocionaba manifestaciones derechistas para “liberar” Minnesota, Michigan, Virginia y otros Estados de cualquier restricción que tuviera por objetivo contener la propagación de la pandemia de coronavirus.

40. Sin embargo, la violencia policial —que se cobra la vida de más de 1.000 trabajadores y jóvenes de todas las razas cada año— es en el fondo un producto del régimen de clase. La epidemia de asesinatos policiales persistió bajo Obama y tiene lugar en Estados y ciudades de todo el país, controlados por republicanos o, como en Minneapolis, por los demócratas. Bajo condiciones de un malestar social creciente, la policía, cada vez más integrada con el ejército, será utilizada como fuerza de represión violenta.

41. Por lo tanto, concluyó el PSI, solo es posible oponerse a la violencia policial mediante la movilización de la clase trabajadora contra la clase gobernante y su Estado. “La lucha contra la brutalidad policial debe fusionarse con el movimiento creciente de la clase trabajadora contra las condiciones de trabajo inseguras, el desempleo masivo, la desigualdad social y la pobreza masiva. Es una lucha contra el sistema capitalista y por el socialismo”. [18]

42. Al explicar la importancia histórica de las protestas contra la violencia policial, el PSI prestó particular atención al carácter internacional de las manifestaciones como reflejo del impacto de la globalización económica y las transformaciones revolucionarias en las formas de comunicación, cuyas consecuencias revolucionarias el CICI señalaba ya en 1988. En una declaración publicada el 15 de junio, el PSI escribió:

Estos procesos interrelacionados han intensificado las contradicciones esenciales entre el sistema osificado de los Estados nacionales y la realidad de una economía global. Más aún, el proceso de globalización ha creado la base para un movimiento unificado, internacional, de la clase trabajadora contra el capitalismo. La posibilidad de la unidad global de la clase trabajadora no es una visión utópica. Su realización concreta surge de las condiciones existentes de la producción capitalista global... [19]

Primero de junio - julio de 2020: el golpe de Estado de Trump y las políticas raciales del Partido Demócrata

43. La respuesta de la Administración de Trump fue intentar escenificar un golpe de Estado presidencial, derrocando la Constitución y desplegando al ejército por todo el país. El primero de junio, Trump celebró una conferencia de prensa en el Rose Garden de la Casa Blanca, en la que declaró su intención de invocar la Ley de Insurrección de 1807 para tildar la oposición a la violencia policial de “terrorismo nacional”. Mientras la policía federal lanzaba un feroz ataque a los ciudadanos implicados en protestas pacíficas fuera de la Casa Blanca, Trump declaró que era el presidente de la “ley y el orden”. Si las ciudades y los Estados no tomaban medidas que la Casa Blanca juzgara lo suficientemente agresivas, Trump dijo, “yo enviaré al ejército estadounidense y les resolveré rápido el problema”.

44. Las medidas de Trump para anular la Constitución tuvieron lugar mientras la Casa Blanca estaba imponiendo agresivamente la campaña del regreso al trabajo. Floyd fue asesinado el Día de los Caídos, una fecha promocionada como un punto clave para la reapertura de la economía. Trump declaró, en una llamada con los gobernadores antes del discurso en el Rose Garden: “Es un movimiento. Si ustedes no lo controlan, se pondrá cada vez peor”. Es decir, lo que empezó como protestas contra la violencia policial podría convertirse rápidamente en un movimiento más amplio de la clase trabajadora contra el capitalismo.

45. Los demócratas cedieron toda la oposición a los complots de Trump a las cúpulas militares y los generales retirados, que estaban preocupados de que tal acción pudiera encaminar muy rápidamente al país hacia una guerra civil. Ningún alto dirigente demócrata emitió una declaración significativa exponiendo las consecuencias de largo alcance para los derechos democráticos.

46. Joe Biden, el presunto candidato demócrata a la Presidencia, respondió elogiando a los “cuatro jefes del Estado mayor [por] salir y arrancarle la piel a Trump”. Si Trump se negare a renunciar al cargo en caso de ser derrotado en las elecciones de 2020, Biden dijo, “les prometo, estoy absolutamente convencido de que [el ejército] lo sacará escoltado de la Casa Blanca en un —a toda prisa”. Como escribió el WSWS:

Como los comentarios de Biden dejan claro, los demócratas consideran al ejército el árbitro final de la política de los Estados Unidos. Ni el Congreso ni el Partido Demócrata movieron un dedo contra esta declaración presidencial de régimen autoritario. Fue solo a causa de la oposición de la cúpula del Pentágono, que percibían que tal acción militar estaba mal preparada y que no era necesaria todavía, que Trump dio marcha atrás. [20]

47. El Partido Socialista por la Igualdad fue el único que alertó a la clase trabajadora de los peligros de las medidas de Trump. En “¡Un llamado a la clase obrera! ¡Detengan el golpe de Estado de Trump!”, publicado el 4 de junio, el PSI escribió:

El objetivo de la conspiración en la Casa Blanca es la clase trabajadora. La oligarquía corporativo-financiera está aterrada de que el estallido de manifestaciones de masas contra la violencia policial se cruce con la inmensa ira social entre los trabajadores por la desigualdad social, que se ha intensificado enormemente como resultado de la respuesta de la clase gobernante a la pandemia de coronavirus y la criminal campaña de regreso al trabajo.

Nada podría ser más peligroso que pensar que la crisis ha pasado. En cambio, acaba de empezar. La clase trabajadora debe intervenir en esta crisis sin precedentes como una fuerza social y política independiente. Debe oponerse a la conspiración en la Casa Blanca con los métodos de la lucha de clases y la revolución socialista. [21]

48. Estas advertencias fueron confirmadas en julio por el despliegue de fuerzas federales paramilitares en Portland por parte de la Administración de Trump, con amenazas de más despliegues en otras ciudades, en una violación descarada de la Constitución y la Carta de Derechos. Agentes no identificados con uniforme militar, que actuaban bajo el Departamento de Seguridad Nacional, apresaron a manifestantes desarmados y los metieron en coches sin marcar para ser transferidos a ubicaciones desconocidas.

49. En respuesta a este ataque sin precedentes, los alcaldes de Chicago, Washington DC, Atlanta y Kansas City firmaron conjuntamente una carta que redactó el alcalde de Portland, en la que declaraban: “Desplegar unilateralmente estas fuerzas de tipo paramilitar en nuestras ciudades es totalmente incoherente con nuestro sistema de democracia y nuestros valores más básicos”. En una entrevista con el comentarista fascistizante de Fox News, Sean Hannity, el 23 de julio, Trump advirtió, “Iremos a todas las ciudades, a cualquier ciudad. Estamos dispuestos. Pondremos a 50.000 ó 60.000 personas que de verdad sepan lo que están haciendo. Y son fuertes. Son duros. Y podríamos resolver estos problemas muy rápido”.

50. Las implicaciones dictatoriales del recurso de Trump a la fuerza armada contra la oposición política quedan explicitadas en sus amenazas públicas de quedarse en el cargo sin importar el resultado de las elecciones venideras.

51. No solo Trump quedó desconcertado por las protestas de masas. Los sectores de la clase capitalista y la clase media acomodada alineados con el Partido Demócrata, siempre extremadamente sensibles ante cualquier señal de militancia obrera e influencia socialista, intervinieron para secuestrar las manifestaciones y darles un rumbo erróneo según criterios explícitamente raciales. Oponiéndose a esta tendencia reaccionaria el PSI advirtió:

El objetivo de los sectarios raciales es desviar la atención de la policía como instrumento del Estado capitalista y guardián de primera línea del régimen de clase. Es más, los esfuerzos por imponer una narrativa racial a las manifestaciones se contradicen con su carácter evidentemente multirracial, multiétnico y multinacional. [22]

52. Decidido a desorientar el movimiento de protesta y suprimir el crecimiento de la lucha de clases, el New York Times intensificó su campaña —que había iniciado en agosto de 2019 con el lanzamiento del Proyecto 1619— para desacreditar la Revolución estadounidense, la guerra civil y a sus principales dirigentes. Lo que empezó como una exigencia legítima por quitar las estatuas de los dirigentes de la Confederación se volvió la ocasión para dañar y quitar estatuas que conmemoran la vida de Washington, Jefferson, Lincoln, Grant e incluso un destacado abolicionista.

53. Oponiéndose a la campaña de derribar estatuas de los dirigentes de la Revolución estadounidense y de la guerra civil, el WSWS explicó que, mientras Trump dirige sus llamamientos a los elementos más políticamente desorientados de la sociedad estadounidense, de una manera que tiene por objetivo incitar los antagonismos raciales, el Partido Demócrata

emplea otra variante de política comunalista, evaluando y explicando todos los problemas y conflictos sociales en términos de raza. Cualquiera que sea el tema particular —la pobreza, la brutalidad policial, el desempleo, los bajos salarios, las muertes causadas por la pandemia— se lo define casi exclusivamente en términos raciales. En este mundo fantasioso racializado, los “blancos” están dotados con un “privilegio” innato que los exime de cualquier dificultad.

Esta distorsión grotesca de la realidad de nuestros días requiere una distorsión no menos grotesca del pasado. Para que los Estados Unidos de hoy sean presentados como una tierra de guerra racial constante, hay que crear una narrativa histórica en los mismos términos. En lugar de la lucha de clases, toda la historia de los Estados Unidos es presentada como la historia de un conflicto racial perpetuo. [23]

54. El racismo existe y es promocionado particularmente entre las capas reaccionarias que componen los departamentos de policía. Es, como cualquier forma de intolerancia y discriminación, fomentada como una herramienta de la clase dirigente. Sin embargo, Estados Unidos no está dividido en un “EE.UU. blanco” y un “EE.UU. negro” que tienen intereses distintos, ni todos los “blancos” se benefician de la violencia policial y la opresión, como afirman quienes promocionan las políticas raciales.

55. A pesar de los esfuerzos por hacer de la raza el eje central de la política estadounidense —un esfuerzo que está vinculado estrechamente con la exigencia reaccionaria de sectores de la burguesía y clase media-alta afroamericanas de “reparaciones”— la abrumadora realidad social de los Estados Unidos es la desigualdad económica, que tiene sus raíces en la división de la sociedad basada en clases. Un examen reciente de la distribución de la riqueza por los reconocidos economistas Thomas Piketty, Emmanuel Saez y Gabriel Zucman encontró

una aguda divergencia en el crecimiento experimentado por el 50% de abajo respecto al resto de la economía. Los ingresos medios antes de impuestos del 50% de abajo de los adultos se han estancado en aproximadamente $16.000 por adulto (en dólares constantes de 2014, usando el deflactor de ingresos nacional) desde 1980, mientras que los ingresos medios por adulto han crecido un 60% a $64.500 en 2014. Como resultado, la parte de los ingresos que pertenece al 50% de abajo ha colapsado desde cerca del 20% en 1980 al 12% en 2014. Mientras tanto, los ingresos promedio antes de impuestos del 1% de arriba de los adultos subieron desde $420.000 a cerca de $1,3 millones, y su porción de ingresos aumentó de cerca del 12% a principios de los '80 al 20% en 2014. Los dos grupos esencialmente se han intercambiado la parte de ingresos, con ocho puntos de los ingresos nacionales transferidos del 50% de abajo hacia el 1% de arriba. La parte de ingresos del 1% de arriba es ahora casi dos veces más grande que el 50% de abajo, un grupo que es por definición 50 veces más numeroso. En 1980, el 1% de arriba de los adultos ganaba en promedio 27 veces más que el 50% de abajo de los adultos antes de impuestos, mientras que ganan 81 veces más hoy.

Seis meses de pandemia: resultados y perspectivas

56. Seis meses después de que se detectara por primera vez el virus del COVID-19, este se está propagando por todo Estados Unidos. La especulación al principio sobre los peligros potenciales de una segunda oleada de la pandemia en otoño dio paso a la comprensión de que la primera ola nunca fue controlada y todavía está causando estragos por todo el país. Hasta los medios de comunicación se han vuelto más precavidos y parcos en su uso de frases genéricas, oídas tan a menudo en abril y mayo, tales como “destellos de esperanza”, “a la vuelta de la esquina” y “la luz al final del túnel”. La estimación oficial de fallecimientos más reciente es que 225.000 estadounidenses morirán de la enfermedad para noviembre —una cifra que más probablemente se quede corta de la real—.

57. A pesar de que la oligarquía gobernante subordinó todas las consideraciones de salud pública a proteger a los inversores de Wall Street, la situación económica está volviéndose cada vez más desesperada. El aumento espectacular de la bolsa de valores, desde la aprobación de la Ley CARES en marzo, ha sido un fenómeno especulativo sin relación alguna con una recuperación de la economía real. Pero en los círculos financieros se hace oír la preocupación de que la impresión de dinero digital de la Reserva Federal no puede durar para siempre, y que sus pasos son cada vez menos efectivos. El Financial Times recientemente advirtió de “los límites del poder de la Fed”:

Las acciones notables de esta primavera sin duda dieron un sacudón positivo a la economía. Pero será extremadamente difícil que la Fed envíe un impacto similar pronto al sentimiento de nuevo; ahora estamos en el territorio de acciones paulatinas. Y la Fed no puede tapar los agujeros cada vez más grandes en las hojas de balance de las compañías insolventes, remplazar la demanda perdida de los consumidores o revertir todos los recortes de empleo. Incluso el apoyo fiscal probablemente solo pueda postergar, no eliminar, el dolor.

Para entender esto, consideren las aerolíneas. Esta primavera, las empresas de transportes estadounidenses recibieron apoyo fiscal y a cambio se comprometieron a no recortar la plantilla hasta el primero de octubre. Pero en las dos últimas semanas, Delta anunció 17.000 jubilaciones anticipadas y United dio de baja no remunerada al 45 por ciento de sus empleados estadounidenses.

58. La primera mitad del año ha estado dominada por la respuesta de la clase gobernante a la pandemia. La respuesta de la clase trabajadora saldrá al primer plano en la segunda mitad. Las consecuencias desastrosas de las políticas de la clase dirigente han dado un increíble varapalo a la legitimidad del sistema capitalista. La respuesta corporativa al colapso económico —despidos masivos, recortes salariales, exigencias de más recortes de gasto para Medicare, Medicaid, la Seguridad Social y otros programas sociales vitales ya infrafinanciados— se encontrará con la resistencia creciente de la clase trabajadora. Crecerá la oposición a trabajar en condiciones inseguras y a la reapertura de escuelas que faciliten la diseminación del virus del COVID-19. Habrá oposición a los desahucios y los procedimientos de ejecución hipotecaria. Por lo tanto, el Partido Socialista por la Igualdad prevé un inmenso crecimiento de las luchas obreras, las cuales, mediante la intervención del partido, asumirán en términos políticos un carácter con consciencia de clase y anticapitalista.

El imperialismo y el peligro de la guerra

59. La clase gobernante estadounidense reconoce la amenaza mortal que plantea el crecimiento de la militancia social y la consciencia política dentro de la clase trabajadora. Como ya hemos explicado, está preparada para emplear cualquier medio que considere necesario para contrarrestar el peligro a su gobierno: desde el uso de políticas raciales para dividir a la clase trabajadora, la intensificación de las medidas de Estado policial para suprimir la oposición progresista y, sobre todo, la socialista, y, finalmente, el repudio a las normas constitucionales y el recurso abierto a la dictadura.

60. Pero estas tácticas a nivel nacional procederán conjuntamente con una enorme escalada del militarismo imperialista. Como en todos los otros ámbitos de las medidas económicas, sociales y políticas, la pandemia está acelerando los preparativos del imperialismo estadounidense para la guerra. Al comienzo temprano de 2020, antes del brote de la pandemia en los Estados Unidos, el World Socialist Web Site llamó la atención con urgencia a las implicaciones del asesinato por parte de la Administración de Trump del teniente general iraní Qasem Soleimani el 2 de enero de 2020:

Aunque el 2020 no ha hecho más que empezar, el asesinato del teniente general Qasem Soleimani, ordenado por el presidente Donald Trump, amenaza con provocar una guerra total entre los Estados Unidos e Irán, con consecuencias incalculables. La implicación de un presidente estadounidense en otro asesinato selectivo más, seguida por un alarde sediento de sangre, da fe del avanzado estado del desquiciamiento de toda la élite gobernante.

61. A pesar de la decisión táctica de seguir postergando ataques militares contra Irán, advirtió el WSWS: “Nada de lo que ha pasado en los dos últimos días ha cambiado los objetivos militares de los Estados Unidos. Los mismos imperativos geopolíticos que produjeron la crisis de esta semana producirán otras nuevas”.

62. A lo largo de la pandemia, las políticas belicosas de los Estados Unidos no han dado tregua. En mayo, la Administración de Trump apoyó una intentona golpista fracasada en Venezuela realizada por mercenarios dirigidos por los EE.UU.. El secretario de Estado de los Estados Unidos Mike Pompeo ha mantenido una densa agenda de viajes, exigiendo el apoyo para las amenazas estadounidenses contra Rusia y su principal rival geopolítico, China. La Administración de Trump ha intentado generar hostilidad al hablar repetidamente del “virus de Wuhan”, y hasta llegó a afirmar, sin ninguna prueba, que China se propuso infectar al público estadounidense. Esta afirmación aberrante ha sido apoyada por el Washington Post y destacados comentaristas de los medios como Fareed Zakharia. Insuperable en su belicosidad, el New York Times inventó la noticia de que Rusia les había pagado a combatientes talibanes para que mataran a soldados estadounidenses en Afganistán.

63. En última instancia, los preparativos bélicos del imperialismo estadounidense son impulsados por sus esfuerzos, en la medida en que se confronta con un desafío creciente por parte de China, para mantener su posición como la potencia hegemónica mundial. La erosión prolongada de su dominio económico obliga a los Estados Unidos a apoyarse cada vez más en su poderío militar. Esta tendencia la ha acentuado el impacto económico y político de la pandemia de COVID-19. La decisión a principios de julio de enviar dos grupos ataque con portaaviones al mar de China Meridional da fe de la temeridad que prevalece dentro de las más altas esferas del Gobierno estadounidense.

64. No hay que subestimar el peligro de una guerra. Hay muchos ejemplos en el siglo veinte de un régimen sumido en crisis —el de Hitler es el caso más conocido— que recurre a la guerra como solución a lo que percibe ser una crisis desesperada dentro de las fronteras de su propio país. En particular, los ataques beligerantes de la Administración de Trump sobre China son impulsados en buena medida por su necesidad de dirigir las enormes tensiones sociales dentro de los Estados Unidos hacia afuera contra un enemigo externo.

65. La crisis que se acelera del capitalismo mundial no solo está alimentando el impulso bélico de EE.UU. contra China y Rusia. También está intensificando los conflictos entre los EE.UU. y las principales potencias imperialistas de Europa, particularmente Alemania. Al mismo tiempo, las interminables guerras imperialistas y operaciones de cambio de régimen en Oriente Próximo y América Latina han creado una crisis de refugiados sin precedentes, que ha desplazado de manera forzosa a más del uno por ciento de la humanidad —casi 80 millones de personas—. La pandemia está teniendo un impacto particularmente catastrófico en estas poblaciones migrantes.

66. No hay otra respuesta a este peligro más que el desarrollo de un poderoso movimiento contra la guerra de la clase trabajadora estadounidense y mundial.

Las tareas del Partido Socialista por la Igualdad

67. El trabajo del partido es guiado por la sólida convicción de que la clase trabajadora es la fuerza revolucionaria básica y dirigente de la sociedad, y de que la clase trabajadora estadounidense, a pesar de los inmensos retos con los que se confronta, en el bastión más poderoso del imperialismo mundial, estará a la altura de sus tareas históricas.

68. Ha pasado un cuarto de siglo desde la fundación del Partido Socialista por la Igualdad en junio de 1995. Antes, los estadounidenses afines al Comité Internacional de la Cuarta Internacional habían existido como la Workers League (que había sido fundada en 1966). La transición de liga a partido fue una respuesta a la descomposición, en los '80 y a principios de los '90, de todos los viejos partidos de masas y sindicatos nacionalistas y dominados por burocracias. La táctica anterior de plantear demandas a las viejas organizaciones —con la expectativa de que el crecimiento del partido revolucionario asuma la forma de una radicalización dentro del marco de estas organizaciones— quedó obsoleta por los procesos y acontecimientos objetivos.

69. Sacando las conclusiones políticas necesarias de la situación alterada, David North motivó la transición de la Workers League hacia el Partido Socialista por la Igualdad:

Si se le dará una dirección a la clase trabajadora, se la tiene que dar nuestro partido. Si es que un nuevo camino ha de abrirse para las masas obreras, tendrá que ser abierto por nuestra organización. El problema de liderazgo no se puede resolver en base a una táctica astuta. No podemos resolver la crisis de la dirección obrera “demandando” que otros le den esa dirección. Si ha de haber un nuevo partido, entonces nosotros tenemos que construirlo.

70. Como resultado de esta iniciativa, que fue implementada por todas las secciones del Comité Internacional, la Cuarta Internacional ha sido capaz de expandir ampliamente su influencia política en la clase trabajadora. El lanzamiento del World Socialist Web Site en febrero de 1998, que surgió de la transformación de las ligas en partidos, ha sido un factor crucial en establecer el papel del CICI como el representante de autoridad del socialismo. Durante el pasado cuarto de siglo, el papel reaccionario de las agencias pequeñoburguesas del imperialismo como Syriza en Grecia, Podemos en España y el partido La Izquierda en Alemania, para nombrar solo algunos, ha quedado totalmente expuesto. La campaña presidencial abortada de Bernie Sanders —en la que la Organización Socialista Internacional (ISO, sigla en inglés) y otras innumerables tendencias de clase media se disolvieron— solo se diferenció de estas otras organizaciones en la magnitud propia de EE.UU. de su necedad pragmática y bancarrota programática. El Comité Internacional puede reafirmar las palabras que escribió Trotsky en el programa fundacional de la Cuarta Internacional: “Fuera de estos cuadros [los del CICI] no existe una sola corriente revolucionaria en este planeta que realmente merezca ese nombre”.

71. El Partido Socialista por la Igualdad tiene que responder actuando a las implicaciones revolucionarias de la crisis actual. La oposición a las políticas de la clase gobernante va en aumento. Aunque la pandemia se descontrole, la Administración de Trump, con el apoyo del Partido Demócrata, está exigiendo la reapertura de las escuelas en el otoño, poniendo en peligro la vida de cientos de miles de docentes y estudiantes. Las prestaciones federales por desempleo serán eliminadas o reducidas para finales de este mes, mientras los oligarcas financieros buscan usar la crisis social que enfrentan millones de personas como una forma de chantaje económico.

72. En noviembre de 2019, poco antes del estallido de la pandemia, el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS, sigla en inglés), un grupo de presión de alto nivel, hizo la siguiente valoración de la situación mundial:

Los movimientos de protesta de masas están estremeciendo la política en todo el planeta... Los manifestantes están frustrados por la corrupción y desigualdad económica percibidas. Siendo a menudo jóvenes urbanos y furiosos, los manifestantes no son una oposición organizada que propone poner su partido o su ideología en el lugar de los existentes sino apenas un movimiento sin dirección que pide ser escuchado. En algunos casos, las demandas de los manifestantes son claras; lo más a menudo son confusas. Por todas partes los agraviados quieren cambios en sistemas que perciben anticuados, rotos o no receptivos. [28]

73. El 3 de enero, antes de que hubiera alguna noticia de la expansión del coronavirus fuera de China, el Partido Socialista por la Igualdad publicó una declaración en la que definió la década del 2020 como una “década de la revolución socialista”. Señalando a las manifestaciones de masas y huelgas en México, Puerto Rico, Ecuador, Colombia, Chile, Francia, España, Argelia, Reino Unido, Líbano, Hong Kong, Irak, Irán, Sudán, Kenia, Sudáfrica, India y muchos otros países, el PSI escribió que “las condiciones objetivas para la revolución socialista surgen de la crisis global”. [29]

74. Como con todos los elementos de la crisis capitalista, la pandemia está acelerando enormemente el crecimiento de la oposición social en la clase trabajadora. Por más grande que sea la crisis, no lleva automáticamente al socialismo. Escribiendo en 1935, otro período de conflictos sociales explosivos, en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, Trotsky explicó que “el marxismo, la única teoría científica de la revolución proletaria, no tiene nada que ver con la esperanza fatalista de una crisis 'final'. El marxismo es, en su misma esencia, un conjunto de directivas para la acción revolucionaria. El marxismo no subestima la voluntad y la valentía, sino más bien las ayuda a encontrar el camino correcto”. Continuaba:

No hay crisis que pueda ser, por sí misma, fatal para el capitalismo. Las oscilaciones del ciclo económico solo crean una situación en la que será más fácil, o más difícil, que el proletariado derroque el capitalismo. La transición desde una sociedad burguesa a una sociedad socialista presupone la actividad de personas vivas que son los hacedores de su propia historia. No hacen la historia por accidente, ni según su capricho, sino bajo la influencia de causas determinadas objetivamente. Sin embargo, sus propias acciones —su iniciativa, audacia, devoción, y de la misma manera su estupidez o cobardía— son los eslabones necesarios de la cadena del desarrollo histórico. [30]

75. Criticando el fatalismo burocrático de los estalinistas, Trotsky añadió, “ninguna situación revolucionaria cae del cielo. Ocurre en la lucha de clases. El partido de la clase trabajadora es el factor político más importante en el desarrollo de una situación revolucionaria”.

76. El trabajo del Partido Socialista por la Igualdad durante la segunda mitad de 2020 se desarrollará bajo las condiciones de una crisis política que se intensifica. La campaña presidencial venidera dará más pruebas de la bancarrota política de los dos principales partidos capitalistas, que son los sirvientes de la oligarquía corporativo-financiera. Por amargas que sean sus diferencias tácticas, los demócratas y los republicanos están comprometidos por igual con la defensa del sistema capitalista. Más allá de cuál partido gane las elecciones —y ello requiere la presunción discutible de que se celebrarán elecciones del todo—, las tendencias se reflejaron de manera tan nociva durante la Administración de Trump persistirán e irán a peor. Es innegable que Trump es un gánster de tinte fascista. Pero él no se coló como serpiente en un Jardín del Edén estadounidense. Trump no es más que la personificación individual de la clase gobernante más parasitaria, despiadada y reaccionaria del mundo. Las políticas de su Administración son menos una ruptura que una continuación, bajo condiciones de intensa crisis, de las de Reagan (1981-1989), Bush padre (1989-1993), Clinton (1993-2001), Bush hijo (2001-2009) y Obama (2009-2017).

77. El Partido Demócrata y sus agentes pseudoizquierdistas buscan presentar las elecciones en términos existenciales, advirtiendo de la catástrofe que le espera al país si Trump es reelegido. Pero la catástrofe ya ha golpeado, y continuará si Joseph Biden es elegido presidente. El ataque a la clase trabajadora continuará. Respecto a la política exterior, los demócratas han dejado claro que tienen la intención de intensificar la confrontación con Rusia y China.

78. La campaña presidencial del Partido Socialista por la Igualdad no se basa en cálculos electorales, sino en la lógica de la lucha de clases. Los candidatos del PSI, Joseph Kishore y Norissa Santa-Cruz, utilizarán la campaña para alentar la militancia independiente de la clase trabajadora, elevar su consciencia política y su comprensión de la perspectiva socialista, y preparar a los trabajadores y los jóvenes para las luchas que se avecinan, más allá de cuál partido capitalista gane las elecciones. Por encima de todo, el PSI utilizará la campaña para explicarles a los trabajadores estadounidenses que forman parte de una clase internacional, y que la lucha contra el capitalismo en los Estados Unidos solo puede tener éxito en la medida en que sea librada en base a una estrategia internacional, opuesta a toda forma de nacionalismo.

79. El tamaño y el alcance geográfico de las manifestaciones de masas de 2019 demuestran el crecimiento de una clase trabajadora internacional e integrada globalmente, que abarca actualmente a 3 mil millones de personas. Los últimos 30 años han visto un alejamiento masivo del trabajo agrícola, al migrar cientos de millones de campesinos y granjeros a las ciudades y unirse a las filas de la clase trabajadora. En 2007, por primera vez en la historia mundial, la mayor parte de la humanidad vivía en zonas urbanas. La clase trabajadora está cada vez más interconectada por la tecnología —más de dos mil millones de personas tuvieron acceso al internet por primera vez entre 2014 y 2019—.

80. Dentro del marco de esta estrategia internacionalista, el foco central de la actividad del partido debe estar en intervenir sistemáticamente en la lucha de clases y ganar para el partido a los trabajadores y los jóvenes más políticamente conscientes. El partido debe tener en cuenta las palabras de Trotsky: “¿Cuáles son las tareas? La tarea estratégica consiste en ayudar a las masas en adaptar política y psicológicamente su mentalidad a la situación objetiva, en superar las tradiciones de prejuicios de los trabajadores estadounidenses, y en adaptarla a la situación objetiva de la crisis social de todo el sistema”. [31]

81. Trotsky escribió en el programa fundacional de la Cuarta Internacional: “La tarea estratégica de la Cuarta Internacional no reside en reformar el capitalismo sino en su derrocamiento. Su objetivo político es la conquista del poder por parte del proletariado con el propósito de expropiar a la burguesía. Sin embargo, el logro de esta tarea estratégica es impensable sin la atención más considerada a todas las cuestiones de tácticas, hasta las pequeñas y parciales. Todos los sectores del proletariado, todas sus capas, ocupaciones y grupos deberían ser atraídos al movimiento revolucionario. La época actual no se distingue por liberar al partido revolucionario del trabajo cotidiano sino porque permite que este trabajo se lleve a cabo de manera indisoluble con las tareas reales de la revolución”.

82. Al llevar a cabo este trabajo, el PSI plantea, como aconsejaba Trotsky, demandas de transición —es decir, demandas e iniciativas que conectan los asuntos y las necesidades que surgen de una situación concreta con la estrategia de la revolución socialista—. En relación con la pandemia de coronavirus, el PSI exige y lucha por poner fin a la campaña criminal y temeraria del regreso al trabajo; la anulación del rescate a las corporaciones y a Wall Street; un programa de emergencia que dé seguridad económica a todos los despedidos y que expanda ampliamente la infraestructura sanitaria; la expropiación de la riqueza de la élite corporativa y financiera para atender la crisis social urgente con la que se confrontan decenas de millones de personas; y el establecimiento de la propiedad y control obreros y democráticos de los principales bancos y corporaciones.

83. Todas estas demandas arrancan de la base de que la respuesta a la pandemia debe basarse en lo que necesitan los trabajadores y la sociedad en su totalidad, no en lo que el sistema capitalista y los oligarcas financieros están dispuestos a dar. Llevan inexorablemente a la siguiente conclusión definitiva: la necesidad de establecer el poder obrero y abolir el capitalismo.

84. De esta perspectiva se desprenden tareas específicas:

a. La intensificación de la lucha del partido por desarrollar una red de comités de base que vinculen a cada fábrica, oficina y lugar de trabajo. Estos comités, controlados democráticamente por los propios trabajadores, deberían formular, implementar y supervisar las medidas que sean necesarias para salvaguardar la salud y la vida de los trabajadores, sus familias, y la comunidad en general. Hay que conectar esto con la lucha por desarrollar una dirección socialista en la clase trabajadora y el reclutamiento de trabajadores en el partido.

b. La continuación de la defensa del contenido progresista de las dos Revoluciones estadounidenses por parte del partido, lo que está indisolublemente ligado a la lucha contra las políticas raciales y comunales del Partido Demócrata y sus agencias pseudoizquierdistas de clase media. La afirmación de que Estados Unidos se encuentra desgarrado por antagonismos raciales, y que hay que culpar a los trabajadores blancos de las condiciones de los trabajadores negros, es falsa y políticamente reaccionaria. El PSI se opone a la demanda de reparaciones, que es una política pequeñoburguesa que tiene por objeto dividir a los trabajadores y fomentar las ambiciones capitalistas de un sector privilegiado de la burguesía y la clase media-alta afroamericanos, que aspira a un mayor acceso a la riqueza monopolizada por el uno por ciento más rico.

c. Una campaña amplia y activa para construir los Jóvenes y Estudiantes Internacionales por la Igualdad Social (JEIIS o IYSSE en inglés) en las universidades y colegios y entre los jóvenes obreros. En particular, el IYSSE debe organizar y dirigir la oposición entre los jóvenes, en alianza con los educadores y toda la clase trabajadora, contra la campaña por reabrir las escuelas bajo condiciones inseguras.

d. El PSI y el IYSSE deben librar una campaña sin cuartel en defensa de todos los trabajadores inmigrantes que siguen sometidos a la persecución constante del ICE [Servicio de Inmigración y Control de Aduanas; sigla en inglés]. El partido y su organización juvenil piden el fin de la separación de familias y que se brinde alojamiento decente y apoyo financiero a los solicitantes de asilo y refugiados. Hay que darles a los inmigrantes todas las oportunidades para disfrutar de una vida productiva y segura en los Estados Unidos con plenos derechos de ciudadanía.

e. El PSI debe intensificar su campaña contra la guerra y el militarismo que amenazan con desencadenar una Tercera Guerra Mundial. Todas las facciones de la clase gobernante están comprometidas con los intereses geoestratégicos del imperialismo estadounidense. La lucha contra la guerra debe basarse en la clase trabajadora; debe ser anticapitalista y socialista; debe ser independiente de todos los partidos políticos y organizaciones que defienden el sistema capitalista y debe ser hostil a ellos; y, sobre todo, debe ser internacional, que una y movilice el vasto potencial de la clase trabajadora en una lucha global unificada para poner fin al capitalismo y a sus divisiones de Estados nación, y establecer el socialismo mundial.

f. La lucha contra la opresión estatal y la guerra está indisolublemente ligada a la lucha contra la censura en internet y la defensa del derecho de los periodistas a exponer los crímenes del Estado. El PSI y el IYSSE deben seguir haciendo campaña por la liberación incondicional de Julian Assange, por el fin de la persecución de Chelsea Manning, y contra la censura del WSWS y otros sitios web e individuos izquierdistas, contra la guerra y socialistas por parte de los gigantes tecnológicos como Google y Facebook.

85. El impacto político y la efectividad de las iniciativas y campañas del PSI dependen del reclutamiento de obreros hacia el partido. Las políticas revolucionarias no se desarrollan en algún tipo de ámbito lejano, etéreo y suprahumano. Hasta las condiciones objetivas más favorables deben tener una respuesta de los trabajadores políticamente conscientes, que han sido educados por el partido. El establecimiento de comités de base por la seguridad en varias plantas automotrices en Detroit, Toledo y otras partes del país ha demostrado el papel vital que desempeña el partido en el desarrollo de la clase trabajadora como fuerza política y socialmente consciente.

86. El partido debe explicar pacientemente a los trabajadores y jóvenes la naturaleza de la crisis y la estrategia de la lucha por el socialismo. Pero la necesidad de explicar pacientemente no debe volverse una justificación para la contemplación pasiva. No hay que desperdiciar las oportunidades de traducir la comprensión política en acciones prácticas. El objetivo del partido es dirigir a los trabajadores en lucha.

87. Todo el trabajo del PSI será llevado a cabo en la más estrecha colaboración con el Comité Internacional de la Cuarta Internacional. No existe una solución nacional a la pandemia global, tal como no hay solución nacional a ninguno de los grandes problemas que enfrenta la clase trabajadora —la desigualdad, la explotación, la guerra, la degradación medioambiental—. La construcción de un movimiento socialista de masas en la clase trabajadora estadounidense tiene que estar conectado con la movilización de los miles de millones de trabajadores de todo el mundo, la fuerza social masiva que puede acabar finalmente con la barbarie capitalista y trazar un nuevo camino hacia adelante para la humanidad.

88. En su Escuela de Verano hace un año, el Partido Socialista por la Igualdad, basado en un repaso al desarrollo del movimiento trotskista y la situación objetiva, concluyó que el CICI había entrado en una nueva etapa histórica. El presidente nacional del PSI, David North, definió esta etapa como una “que será testigo de un vasto crecimiento del CICI como el Partido Mundial de la Revolución Socialista”:

Los procesos objetivos de la globalización económica, identificados por el Comité Internacional hace más de 30 años, han experimentado otro desarrollo colosal. Combinados con el surgimiento de nuevas tecnologías que han revolucionado las comunicaciones, estos procesos han internacionalizado la lucha de clases a un grado que habría sido difícil de imaginar incluso hace 25 años. La lucha revolucionaria de la clase trabajadora se desarrollará como un movimiento mundial interconectado y unificado. El Comité Internacional de la Cuarta Internacional será construido como la dirección política consciente de este proceso socioeconómico objetivo. A la política capitalista de la guerra imperialista, opondrá la estrategia clasista de la revolución socialista mundial. Esta es una tarea histórica esencial de la nueva etapa de la historia de la Cuarta Internacional. [33]

89. Para desarrollar estas inmensas responsabilidades políticas, el partido y sus cuadros tienen que arraigarse firmemente en las experiencias históricas del movimiento marxista. La inmensa historia encarnada en el CICI tiene que ser llevada dentro del movimiento en desarrollo de la clase trabajadora. La intersección de la radicalización objetiva de la clase trabajadora y la práctica del partido creará las condiciones para la victoria de la clase trabajadora, la abolición del capitalismo, y la transformación socialista de la economía mundial.

Notas

[1] “La pandemia de COVID-19: un evento desencadenante en la historia mundial , por David North, World Socialist Web Site, 5 de mayo de 2020.

[2] El Capital, por Karl Marx, Volumen III (Londres: 1974), pág. 438.

[3] “The Next Pandemic?”, en Foreign Affairs, Vol. 84, No. 4 (julio-agosto 2005), págs. 3-4.

[4] Ibid, pág. 4.

[5] Ibid.

[6] “The Wuhan coronavirus outbreak and the global threat of infectious diseases”, por Bryan Dyne, World Socialist Web Site, 28 de enero de 2020.

[7] “Covid-19 and corporate sector liquidity”, by Ryan Banerjee, Anamaria Illes, Enisse Kharroubi y José-Maria Serena, BIS Bulletin, No. 10, 28 de abril de 2020, pág. 1.

[8] Ibid.

[9] “Una respuesta de emergencia global y coordinada a la pandemia del coronavirus!”, por el Comité internacional de la Cuarta Internacional, World Socialist Web Site, 29 de febrero de 2020.

[10] “La respuesta de la élite gobernante a la pandemia del coronavirus: negligencia maligna”, por Alex Lantier y Andre Damon, World Socialist Web Site, 16 de marzo de 2020.

[11] “The Economic Lockdown Catastrophe”, por la Junta Editorial del Wall Street Journal, 8 de mayo de 2020.

[12] “The Market v the Real Economy”, Economist, 7 de mayo de 2020.

[13] “El mensaje de las grandes empresas sobre la pandemia del coronavirus: salven ganancias, no vidas”, por Andre Damon, World Socialist Web Site, 24 de marzo de 2020.

[14] “La campaña de Trump para reabrir empresas apeligra cientos de miles de vidas”, por el Partido Socialista por la Igualdad (EE.UU.), World Socialist Web Site, 13 de abril de 2020.

[15] “La pandemia, las ganancias y la justificación capitalista del sufrimiento y la muerte”, por David North, World Socialist Web Site, 20 de abril de 2020.

[16] “Cientos de miles de manifestaciones multirraciales contra la violencia policial en una muestra poderosa de unidad de la clase obrera”, por el Partido Socialista por la Igualdad (EE.UU.), World Socialist Web Site, 1 de junio de 2020.

[17] “Un golpe palaciego o la lucha de clases: La crisis política en Washington y la estrategia de la clase obrera”, World Socialist Web Site, 13 de junio de 2017.

[18] “Cientos de miles de manifestaciones multirraciales contra la violencia policial en una muestra poderosa de unidad de la clase obrera”, por el Partido Socialista por la Igualdad (EE.UU.), World Socialist Web Site, 1 de junio de 2020.

[19] “Las protestas contra los asesinatos policiales: el camino a seguir”, por el Partido Socialista por la Igualdad (EE.UU.), World Socialist Web Site, 16 de junio de 2020.

[20] “Führer en potencia Trump intensifica conspiración de golpe de Estado”, por Patrick Martin, World Socialist Web Site, 13 de junio de 2020.

[21] “¡Un llamado a la clase obrera! ¡Detengan el golpe de Estado de Trump!”, por el Partido Socialista por la Igualdad (EE.UU.), World Socialist Web Site, 4 de junio de 2020.

[22] “Las protestas contra los asesinatos policiales: el camino a seguir”, por el Partido Socialista por la Igualdad (EE.UU.), World Socialist Web Site, 16 de junio de 2020.

[23] “La política comunalista racial y el segundo asesinato de Abraham Lincoln”, por Niles Niemuth y David North, World Socialist Web Site, 26 de junio de 2020.

[24] “The US is having a bank-shaped recovery”, por Gillian Tett, Financial Times.

[25] “La década de la revolución socialista inicia”, por David North y Joseph Kishore, World Socialist Web Site, 4 de enero de 2020.

[26] “Trump espera momento oportuno, pero preparativos de guerra con Irán continúan”, por Bill Van Auken y David North, World Socialist Web Site, 9 de enero de 2020.

[27] The Workers League and the Founding of the Socialist Equality, informe de David North del 25 de junio de 1995 (Detroit: 1996), pág. 30.

[28] “The Age of Leaderless Revolution”, por Samuel Brannen, 1 de noviembre de 2019.

[29] “La década de la revolución socialista inicia”, por David North y Joseph Kishore, World Socialist Web Site, 4 de enero de 2020.

[30] Leon Trotsky, “Once Again Whither France”, (28 de marzo de 1935), en Whither France, New Park Publications (1974), pág. 42.

[31] Trotsky, “Discussions with Trotsky before the Transitional Program: A summary of transitional demands” (23 de marzo de 1938), en The Transitional Program for Socialist Revolution, Pathfinder (2019), pág. 132.

[32] Trotsky, “The Death Agony of Capitalism and the Tasks of the Fourth International (The Transitional Program)”, septiembre de 1938.

[33] “The Political Origins and Consequences of the 1982–1986 Split in the International Committee of the Fourth International”, Escuela de Verano del PSI, 21 de julio de 2019.

(Publicado originalmente en inglés el primero de agosto de 2020)