Ascienden las muertes por COVID-19 en planta de GM y maquilas de México

por Andrea Lobo
31 julio 2020

La reapertura de las plantas manufactureras y otros centros laborales en México encabezada por el Gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador ha resultado en un aumento devastador de la pandemia del COVID-19 en las fábricas automotrices y maquilas que suministran la altamente interconectada economía norteamericana.

En junio, las exportaciones aumentaron 76 por ciento, mientras los casos confirmados de COVID-19 en México saltaron de 90.000 a 230.000. Esta semana, los casos cruzaron los 400.000 y las muertes superaron las 45.000. Solo EE.UU., Brasil y Reino Unido han registrado más muertes.

Se reconoce ampliamente que estas cifras se quedan cortas de los contagios y muertes reales, debido a la falta de pruebas. Por ejemplo, datos de la revista The Economist basados en muertes en exceso hasta el 6 de julio indican que no se ha reportado 78 por ciento de las muertes vinculadas a la pandemia del COVID-19 en la Ciudad de México.

En el Complejo de General Motors en Silao, donde los trabajadores ensamblan las camionetas más lucrativas de la empresa, el grupo de base Generando Movimiento le reportó al Boletín de los Trabajadores Automotores del WSWS que falleció el sétimo trabajador por COVID-19 en la planta. La empresa y el sindicato han negado que haya habido muertes.

Trabajadores de la planta Río Bravo de Lear Corporation en el bus y dentro de la planta a fines de julio, Ciudad Juárez, México (Facebook)

Los trabajadores que viven en la colonia de la última víctima descubrieron su muerte cuando la enterraron el sábado. “Dicen sus familiares que se contagió de COVID ahí en GM. De hecho, ya toda su familia está contagiada”, escribió un trabajador. “Se llamaba Rocío y estaba apenas en el West Hall”, el área de entrenamiento y pruebas para los nuevos trabajadores.

Lamentando su muerte, varios compañeros de trabajo denunciaron a la empresa por poner “la producción por encima de todo”. Generando Movimiento explicó que la planta está operando al 100 por ciento, a pesar de que el estado de Guanajuato, donde se sitúa la planta, este en alerta “roja” por el COVID-19. Ostensiblemente, esto significa que las empresas automotrices solo pueden operar al 30 por ciento. “Para compensar por los trabajadores vulnerables [que no están trabajando por su condición], otros están siendo forzados a trabajar tiempos extra”, señaló el grupo.

Por todo EE.UU., GM ha tenido dificultades con el alto ausentismo de trabajadores opuestos a exponerse al virus. En las plantas de Flint, Michigan, y Fort Wayne, Indiana —donde producen los mismos modelos Silverado y Sierra que en Silao— GM aumentó la producción a tres turnos el mes pasado y añadió turnos los sábados “para aumentar la producción de sus sumamente lucrativas camionetas”, indicó el Detroit News.

Reconociendo la importancia de una lucha conjunta contra la temeraria campaña para expandir la producción en todo Norteamérica, el grupo Generando Movimiento en Silao añadió, “Nos oponemos a lo que dice el UAW [sindicato United Auto Workers] de tener que mantener las plantas en Estados Unidos abiertas, poniendo la producción por encima de la seguridad de los trabajadores”. Esto se refiere a la reciente declaración del presidente del local 598 del UAW en Flint, Eric Welter, afirmando que los trabajadores necesitan “seguir”, añadiendo, “Si la gente quiere nuestro producto y no entregamos el producto, esa es nuestra seguridad laboral”.

Cuando se comenzó a propagar la pandemia en las fábricas y otros lugares de trabajo, la industria automotriz norteamericana fue cerrada solo por una ola de huelgas salvajes en EE.UU. y Canadá que comenzó a mediados de marzo y se expandió a principios de abril a las maquilas mexicanas. Estas acciones independientes de los trabajadores, contra la resistencia de las empresas, los Gobiernos y los sindicatos, salvaron incontables vidas.

Sin embargo, poco después de que reabriera la industria automotriz en EE.UU. y Canadá, el Gobierno de López Obrador se doblegó ante las demandas de la Administración de Trump y declaró la producción de carros, autopartes y otros suministros clave para las corporaciones estadounidenses como “esenciales”. Esto ha causado amplios brotes en las plantas mexicanas que las empresas y sus sindicatos sobornados están encubriendo.

En Matamoros, en la frontera con Brownsville, Texas, una trabajadora de la maquila de Schumex Schumacher, la cual produce cargadores de baterías para la empresa estadounidense, le reportaron al Autoworker Newsletter de una segunda muerte por COVID-19. “Los contagios van en aumento. Aparte del delegado [sindical], una compañera más falleció a causa del COVID. En otras empresas de Matamoros se reportan muertes y contagios masivos”.

La planta Schumex solo cerró en abril cuando los trabajadores realizaron una huelga salvaje. No obstante, la producción reinició casi inmediatamente para “voluntarios” ofreciendo un bono. “Varios de los contagiados han sido compañeros que trabajaron durante la etapa más crítica de la cuarentena”, explicó la trabajadora. “Tenemos gel antibacterial por toda la planta, sanitizante al entrar y salir, pero los cubrebocas que nos dan son de pésima calidad; al personal de salud de la planta y de staff se les proporcionó cubrebocas N95 y caretas. Los obreros somos reemplazables”.

En la planta de autopartes Tridonex Cardone en Matamoros, los trabajadores llevaron a cabo varias huelgas salvajes en el último mes para oponerse al encubrimiento de brotes de COVID-19 por parte de la gerencia, la cual ha despedido a docenas de trabajadores militantes. La semana pasada, los obreros reportaron tres nuevas muertes por COVID-19 en sus redes sociales, llevando el total a al menos cinco.

“Hasta el momento la maquiladora sigue en su totalidad funcionalidad, solo cerraron el área de taller”, escribió un trabajador,” escribió un trabajador en Facebook. Una trabajadora añadió: “Qué lástima. Me tocó conocer a dos excelentes personas y compañeros. La verdad me da coraje como esa empresa está como si nada y solo se preocupa por la producción”.

En Ciudad Juárez, que limita con El Paso, Texas, los trabajadores de la maquila Río Bravo de Lear Corporation, donde fabrican fundas para los asientos de auto, reportaron que no se están aplicando las medidas de distanciamiento social ni en la planta ni en el transporte al trabajo. Antes de que la planta cerrara temporalmente a fines de marzo, un brote de COVID-19 resultó en al menos 20 muertes.

Las autoridades sanitarias están ayudando a encubrir las muertes de los trabajadores. La semana pasada, la Secretaría de Salud del estado de Chihuahua, donde se encuentra Ciudad Juárez, afirmó que las muertes de COVID-19 en las maquilas del estado habían aumentado de 17 a 25 desde la reapertura federal el 1 de junio. Sin embargo, periodistas investigativos de La Verdad documentaron al menos 27 muertes para mediados de mayo en solo dos maquiladoras, incluyendo Río Bravo.

Las empresas también han tenido la libertad de despedir a los trabajadores que protesten la falta de medidas de salud. En Ciudad Juárez, al menos diez trabajadores en la empresa fabricante de refrigeradores Electrolux, con sede en Suecia, denunciaron a la corporación por despedirlos y ponerlos en listas negras tras protestar el 7 de abril. La planta cerró temporalmente en respuesta al malestar obrero, pero solo después de que dos trabajadores fallecieran por COVID-19.

Un trabajador despedido de Electrolux le dijo a Mexico Webcast: “Nosotros pedimos seguridad sanitaria, porque no había condiciones [para laborar]. Nadie traía cubrebocas, no había gel antibacterial. Es más, no había la sana distancia, todos los compañeros salían en grupo y viajaban en los camiones sin ni una medida de seguridad”.

Laurie Ann Ziménez-Fyvie, una destacada investigadora de microbiología en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), le advirtió a Forbes México el martes sobre un escenario “catastrófico” si la reapertura económica y la falta de pruebas continúan en octubre, ya que marca el inicio de la temporada de influenza que acabará hasta marzo de 2021. Como resultado, “la ocupación hospitalaria se verá altamente comprometida y la cifra de decesos se elevaría radicalmente”.

“El gobierno no tenía que poner a sus ciudadanos a elegir entre salir a trabajar para comer o contagiarse de Covid… La gente necesita tener los apoyos y las medidas de seguridad suficientes: información para cuidarse bien, insumos y apoyo económico”, concluyó Ziménez-Fyvie.

(Publicado originalmente en inglés el 30 de julio de 2020)

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