El lema de Alemania para la presidencia del Consejo Europeo: militarismo y guerra

por Johannes Stern
7 julio 2020

Alemania asumió la presidencia rotativa de la Unión Europea durante seis meses a partir del 1 de julio. Esto va acompañado de una agresiva campaña de militarismo y de una política alemana-europea de gran potencia más independiente. Significativamente, el lema oficial del Gobierno alemán para la presidencia del Consejo Europeo es “Gemeinsam. Europa wieder stark machen” (“Juntos. Haciendo a Europa fuerte de nuevo”) —la contraparte de Berlín de “Hacer a EE.UU. grande de nuevo” de Trump—.

Las declaraciones de los principales políticos de todos los partidos en el Bundestag (parlamento federal) y los comentarios de los principales medios de comunicación burgueses subrayan que el imperialismo alemán no es en absoluto inferior al imperialismo estadounidense en cuanto a agresividad y belicismo. Por el contrario, seis años después de que el Gobierno alemán anunciara el fin de la restricción militar en la Conferencia de Seguridad de Múnich de 2014, los objetivos políticos y la retórica de la clase dominante recuerdan cada vez más a la egolatría alemana de la primera mitad del siglo XX.

En una entrevista con DPA, el ministro de Asuntos Exteriores Heiko Maas (Partido Socialdemócrata, SPD) formuló las preocupaciones centrales de la presidencia alemana del Consejo Europeo. Además de resolver los “asuntos financieros”, es decir, los nuevos ataques a la clase obrera, y el exitoso manejo del b rexit, dijo: “Europa debe lograr posicionarse como una entidad en la competencia mundial de grandes potencias entre los EE.UU., China y Rusia, que se está volviendo cada vez más impredecible”. Uno “solo tendría una oportunidad de afirmarse en este ambiente si lo hacemos juntos como europeos”. De lo contrario, uno se convertiría en “el juguete de los demás”.

El ministro de Asuntos Exteriores alemán Heiko Maas (derecha) y su homólogo de Croacia, Gordan Grlic Radman (izquierda) frente a la Puerta de Brandenburgo en Berlín, el 1 de julio de 2020 [Fotografía: AP Photo/Michael Sohn]

Esto es inconfundible. “El destino de Alemania: llevar a Europa a liderar el mundo” fue el título de un artículo de 2014 en una página web oficial del Ministerio Federal de Asuntos Exteriores. Ahora, estos planes deben ser llevados adelante. “Uno de los varios objetivos”, continuó Maas, era un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU, en el que Berlín también ha ocupado la presidencia desde el 1 de julio, la cual dura un mes.

Debido a la “incapacidad general para actuar” en “las crisis actuales como la de Siria y el coronavirus”, dijo, “la necesidad de reforma es más urgente que nunca”. Sin embargo, “el progreso no puede hacerse en pequeños pasos”, añadió.

En la búsqueda de estos intereses, el ministro de Exteriores alemán sobre todo identifica a los EE.UU. como el oponente. Dijo que estaban trabajando para asegurar que las relaciones transatlánticas “tengan un futuro”. Pero tal y como están ahora, ya no satisfacen las demandas de ambas partes”. Esto no cambiaría después de las elecciones presidenciales de EE.UU. en noviembre, sin importar el resultado. “Cualquiera que piense que con un presidente del Partido Demócrata todo volverá a ser como antes en la asociación transatlántica subestima los cambios estructurales”, dijo.

En una columna como invitado en el Tagesspiegel, el predecesor de Maas, Sigmar Gabriel, también hizo un llamamiento a Bruselas y Berlín para que se organicen de forma más independiente de Washington. “Europa —así como Alemania— debe dejar de mirar a los EE.UU. como un conejo a una serpiente”, escribe Gabriel. “Debemos definir nuestros propios intereses y aclarar cuáles medios políticos, económicos o incluso militares queremos utilizar para mantener y desarrollar nuestra idea de vivir juntos en un continente unido”. Los tiempos en los que, “para decirlo sin rodeos, nuestros intereses podrían proyectarse en los portaaviones de EE.UU. han terminado”.

Setenta y cinco años después del final de la Segunda Guerra Mundial, las relaciones transatlánticas están a punto de convertirse en una hostilidad abierta. En el comité económico del Bundestag, el excanciller alemán Gerhard Schröder (SPD) abogó el miércoles por contramedidas en respuesta a la amenaza de sanciones de EE.UU. contra la finalización del gasoducto Nord Stream 2 entre Alemania y Rusia. Fue apoyado por varios miembros del Bundestag. Anteriormente, el anuncio de la administración de Trump sobre la retirada de 9.500 soldados estadounidenses de Alemania ya había desencadenado una feroz crítica y una campaña militarista en la política y los medios de comunicación.

Los planes del Gobierno alemán de utilizar su presidencia del Consejo Europeo para una ofensiva sistemática de política exterior son compartidos por todos los partidos del Bundestag, sobre todo los nominalmente de izquierda. “La UE debe ser capaz de hacer política global”, dice el nuevo borrador del programa básico del Partido Verde. Sobre todo, es necesario “fortalecer la política exterior y de seguridad común de la UE y así ser más capaz de actuar”.

El partido La Izquierda también sueña con una política de poder mundial germano-europea. “Los EE.UU. tendrán que acostumbrarse al hecho de que los Estados pequeños y medianos de Europa se convertirán en un factor político global a través de la UE”, amenaza su portavoz de política exterior Gregor Gysi en una reciente entrevista con el Frankfurter Rundschau. Washington “entonces tendría que tomar en serio a Europa” y “entonces no puede dictarnos cómo debemos comportarnos con China. Eso también sería lo nuevo del futuro orden mundial. Europa actuaría de forma más independiente, y Washington tendría que aceptarlo”.

Los medios de comunicación exigen que los planes de gran potencia y de militarización de gran alcance finalmente se lleven a cabo. En un editorial de Von Klaus-Dieter Frankenberger titulado “Alemania debe querer liderar”, el Frankfurter Allgemeine Zeitung (FAZ), por ejemplo, advierte que Alemania ya no debe ser simplemente “el motor, moderador y constructor de puentes” en Europa, sino que debe mostrar finalmente “liderazgo”. La “llamada de atención” de la canciller Angela Merkel de que “los europeos deben tomar su destino en sus propias manos” ya tenía “tres años”. Y Europa aún no había avanzado mucho en “adquirir el lenguaje del poder”.

Esta agresiva campaña subraya por qué todos los partidos del Bundestag promueven a la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) y por qué han defendido a profesores de extrema derecha y militaristas como Jörg Baberowski (“Hitler no fue cruel”) y Herfried Münkler (Alemania debe desempeñar el “papel de 'disciplinador' en Europa”) contra todas las críticas de los últimos años. Como han declarado el Sozialistische Gleichheitspartei (Partido Socialista por la Igualdad, SGP) y su organización juvenil y estudiantil, la Juventud y Estudiantes Internacionales por la Igualdad Social (IYSSE), la trivialización de los crímenes nazis y el llamamiento a una Europa alemana están directamente relacionados con el retorno del militarismo alemán.

El comentario de Frankenberger en el FAZ da una impresión de los acontecimientos a los que las élites alemanas están reaccionando con sus llamamientos cada vez más agresivos y nerviosos a favor del liderazgo alemán en Europa y en el mundo. “No son solo las consecuencias de la pandemia de coronavirus” las que están dando “un nuevo impulso a la unificación europea en general”, escribe. Los “ahora porosos fundamentos políticos y sociales” de los EE.UU. “socavarían el reclamo de los Estados Unidos sobre el orden mundial”. Alemania debe ahora “hacer todo lo que esté a su alcance para que la UE recupere su fuerza económica, y de tal manera que las fuerzas centrífugas no se hagan más fuertes”. “La cohesión” era “uno de los productos más importantes que la UE puede utilizar en la lucha de las grandes potencias”.

La clase dirigente alemana sabe que está sentada en un polvorín social y político. La pandemia de coronavirus no sólo ha exacerbado los crecientes conflictos entre las potencias imperialistas, sino que sobre todo ha puesto al descubierto la bancarrota económica, social, política, cultural y moral de todo el sistema capitalista.

Los Gobiernos de todo el mundo están aprovechando la crisis como una oportunidad para imponer saqueos masivos y ataques sociales planificados desde hace tiempo y para transferir una vez más billones de dólares a los bolsillos de los bancos, las grandes empresas y los superricos. La prematura política de “vuelta al trabajo”, que tiene por objeto exprimir una vez más sumas gigantescas de la clase obrera, pone en peligro la salud y la vida de millones de personas más. COVID-19 ya ha infectado a más de 10,8 millones de personas en todo el mundo y ha matado a más de 520.000.

Se está desarrollando una resistencia entre los trabajadores y los jóvenes de todo el mundo contra esta catástrofe y la respuesta criminal de la clase dirigente. En Estados Unidos, los trabajadores se están organizando en comités de acción independientes para luchar contra las condiciones de trabajo inseguras que les imponen la dirección y los sindicatos.

En Alemania, los trabajadores de Amazon se declararon en huelga a principios de esta semana, y también existe un fermento en la industria automotriz, la aviación y el comercio minorista, donde hay despidos masivos pendientes en todas partes. El mes pasado, cientos de miles de personas se manifestaron en Alemania durante las protestas masivas en todo el mundo tras el asesinato de George Floyd. Estas no solo mostraron el odio generalizado contra la policía, sino también la oposición a toda política oficial.

El SGP rechaza la política de militarismo, el fortalecimiento de los poderes del Estado y los recortes sociales y lucha por armar la creciente oposición de los trabajadores y la juventud con un programa socialista. Junto con nuestros partidos hermanos del Comité Internacional de la Cuarta Internacional, luchamos por la acción internacional de la clase obrera contra la pandemia COVID-19 y la construcción de un movimiento internacional de la clase obrera y la juventud contra el capitalismo, el imperialismo y la guerra.

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(Artículo publicado originalmente en inglés el 4 de julio de 2020)