Introducción a ‘La Cuarta Internacional y la perspectiva de la revolución socialista mundial: 1986-1995’

por Joseph Kishore
23 junio 2020

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Este libro consiste en conferencias presentadas en la escuela de verano del Partido Socialista por la Igualdad (EE.UU.) celebradas entre el 21 y el 28 de julio de 2019. Las charlas examinan el desarrollo de la perspectiva y el programa del Comité Internacional de la Cuarta Internacional (CICI o CI) tras la escisión con el Partido Revolucionario de los Trabajadores británico (WRP, Workers Revolutionary Party) en febrero de 1986. El apéndice del volumen incluye varios documentos y resoluciones críticos citados en las conferencias.

La escisión con el WRP se sitúa entre los acontecimientos más significativos en la historia de la Cuarta Internacional. Estaba en juego la supervivencia del movimiento trotskista y la continuidad de su programa internacionalista revolucionario.

La conferencia de apertura en este volumen, pronunciada por David North, el director nacional del Partido Socialista por la Igualdad de EE.UU. (PSI), coloca la escisión y las tareas actuales del CICI en el contexto de la historia del trotskismo, retrocediendo hasta la formación de la Oposición de Izquierda en la Unión Soviética en 1923. North identifica cuatro etapas diferentes en la historia del movimiento trotskista.

La primera fase, desde 1923 hasta la fundación de la Cuarta Internacional en 1938, abarca la lucha dirigida por Trotsky contra las traiciones y crímenes del régimen contrarrevolucionario dirigido por Stalin. Estos quince años fueron marcados por la Depresión mundial, el ascenso al poder del fascismo en Alemania, el estallido de la guerra civil en España, el terror asesino de Stalin contra lo que quedaba del bolchevismo en la Unión Soviética, y el acercamiento de la segunda guerra imperialista mundial. Trotsky, que estaba viviendo como un exiliado perseguido en “el planeta sin visado”, defendió y desarrolló, en oposición constante a la teoría estalinista antimarxista del “socialismo en un solo país”, la teoría de la revolución permanente como el fundamento estratégico de la Cuarta Internacional.

La segunda fase, entre 1938 y 1953, abarcó la Segunda Guerra Mundial, el asesinato de Trotsky, los primeros años de la reestabilización de postguerra del capitalismo y el comienzo de la Guerra Fría. Estos quince años fueron marcados por divisiones crecientes dentro de la Cuarta Internacional, que tendían a centrarse en disputas sobre la definición de Trotsky de la Unión Soviética como un “Estado obrero degenerado” y, tras la Segunda Guerra Mundial, sobre el papel revolucionario independiente de la Cuarta Internacional en un mundo dominado políticamente por el conflicto de la Guerra Fría entre el imperialismo estadounidense y el régimen estalinista en la Unión Soviética.

A finales de los '40, una tendencia dirigida por Michel Pablo y su estrecho colaborador, Ernest Mandel, desarrollaron una posición política que les asignaba a la burocracia soviética y a los partidos estalinistas un papel revolucionario. En oposición al llamamiento de Trotsky a la revolución política contra el régimen estalinista, Pablo y Mandel contemplaban un proceso de autorreforma burocrática. No solo eso, las organizaciones estalinistas revigorizadas se verían, bajo la presión de la clase trabajadora, obligadas a llevar a cabo el derrocamiento revolucionario del capitalismo. El resultado de esas revoluciones dirigidas burocráticamente sería el establecimiento de Estados obreros “deformados” que abrirían paso, después de una época de varios siglos, al socialismo genuino. En esta perspectiva estrafalaria, la Cuarta Internacional no tenía ningún papel independiente que desempeñar.

Consecuentemente, Pablo y Mandel insistieron en que sectores existentes de la Cuarta Internacional se disolvieran en los partidos estalinistas de masas. Mientras desarrollaban esta orientación esencialmente derrotista, Pablo y Mandel adoptaron una orientación oportunista similar ante el régimen maoísta en China y los muchos movimientos nacionalistas burgueses que habían conseguido un seguimiento de masas tras la Segunda Guerra Mundial.

Fuera de la Cuarta Internacional, había escrito Trotsky en 1938, “no existe una sola corriente revolucionaria en este planeta que de verdad se merezca ese nombre”. La Cuarta Internacional, continuaba, “libra una batalla sin compromiso contra todos los grupos políticos atados a los faldones de la burguesía”. [León Trotsky, The Death Agony of Capitalism and the Tasks of the Fourth International, The Transitional Program [La agonía de muerte del capitalismo y las tareas de la IV Internacional, el Programa de Transición] (Nueva York: Labor Publications, 1981), p. 42]

Para principios de los '50, Pablo había rechazado la oposición revolucionaria de Trotsky a las agencias políticas de la burguesía. “Lo que nos diferencia a nosotros todavía más del pasado [es decir, de Trotsky]”, escribió, “lo que constituye la calidad de nuestro movimiento hoy y la medida más seria de nuestras futuras victorias, es nuestra capacidad creciente de entender, de apreciar el movimiento de masas tal como existe —a menudo confuso, a menudo bajo direcciones traicioneras, oportunistas, centristas, burocráticas e incluso burguesas y pequeñoburguesas— y nuestros esfuerzos por encontrar nuestro lugar en este movimiento con el objetivo de elevarlo desde sus niveles actuales a unos superiores”. [Citado en David North, The Heritage We Defend: A Contribution to the History of the Fourth International (Oak Park: Mehring Books, 2018), págs. 192–93]

Para 1953, se había vuelto claro que la perspectiva y práctica liquidacionista de Pablo y Mandel amenazaban a la Cuarta Internacional con la destrucción. James P. Cannon, el fundador del movimiento trotskista en los Estados Unidos y todavía el dirigente central del Partido Socialista de los Trabajadores (SWP, Socialist Workers Party), publicó una Carta Abierta en la que les pedía a las organizaciones trotskistas que rompieran irrevocablemente con Pablo, Mandel y quienes los apoyaban. Cannon y otros firmantes de la Carta Abierta, que incluían a Gerry Healy, el líder del movimiento trotskista en Gran Bretaña, formaron el Comité Internacional de la Cuarta Internacional. Esta escisión histórica puso fin a la segunda etapa de la historia de la Cuarta Internacional.

La tercera etapa se extendió por más de tres décadas, desde la publicación de la Carta Abierta en 1953 hasta la ruptura del Comité Internacional con el WRP en 1985-86. El rasgo dominante de este período de treinta y dos años fue la lucha prolongada del movimiento trotskista contra la influencia continuada del pablismo que era la expresión política de la presión ideológica, política y organizativa ejercida por el imperialismo y el estalinismo sobre la Cuarta Internacional.

El pablismo era una forma de antimarxismo que, en última instancia reflejaba la perspectiva de las grandes burocracias obreras (estalinista y socialdemócrata) y una miríada de formas de políticas pequeñoburguesas radicales, y se adaptaba a ellas. Las condiciones específicas y peculiares del boom económico que siguió a la Segunda Guerra Mundial —la aparente consolidación de los regímenes estalinistas, los niveles de vida mejorados de los trabajadores en América del Norte y en Europa Occidental, el ascenso al poder del régimen maoísta en China y numerosos regímenes y movimientos nacionales burgueses, que a menudo declamaban frases que sonaban a marxistas, y el estallido del radicalismo estudiantil en los '60— crearon un entorno políticamente hostil para la Cuarta Internacional. El movimiento pablista, que se orientaba a la pequeñoburguesía, hizo todo lo que pudo —con el apoyo tanto abierto como encubierto de los estalinistas y agencias estatales del imperialismo— por aislar políticamente a los trotskistas ortodoxos de la Cuarta Internacional.

La influencia del revisionismo pablista se manifestó no solo en la forma de la presión organizativa externa sobre el Comité Internacional. Precisamente a causa de la base social objetiva del pablismo y la relación de fuerzas desfavorable, las concepciones políticas semejantes a las de los pablistas tendieron a encontrar público en sectores de la dirigencia y los cuadros del Comité Internacional. El SWP, al afirmar que el ascenso de Castro al poder demostraba que una revolución socialista era posible bajo la dirección de guerrillas pequeñoburguesas, rompió con el Comité Internacional en 1963 y formó el Secretariado Unido con los pablistas. La oposición a la traición del SWP al trotskismo fue dirigida por la sección británica y la francesa del Comité Internacional, que rechazaban la reunificación con los pablistas. La lucha de principios del CICI, en la que Gerry Healy desempeñó el papel central, llevó a la formación de la Workers League (Liga Obrera) en los Estados Unidos (1966) y la Liga Comunista Revolucionaria en Sri Lanka (1968), predecesoras de los Partidos Socialistas por la Igualdad.

El rechazo a la reunificación no significó un ajuste de cuentas final con el pablismo. Para 1966, los trotskistas franceses de la Organisation Communiste Internationaliste (OCI) del Comité Internacional estaban defendiendo una “reconstrucción” de la Cuarta Internacional, que, en términos políticos prácticos, estaba dirigida hacia una alineación con el Partido Socialista francés dirigido por François Mitterand. La orientación de la OCI hacia la socialdemocracia francesa y su desarrollo de relaciones totalmente oportunistas con varias tendencias pablistas y pequeñoburguesas en América Latina llevaron a una escisión con el Comité Internacional en 1972. A pesar de sus críticas políticas a la OCI, la Liga Obrera Socialista en Gran Bretaña (SLL, Socialist Labour League) empezó a demostrar tendencias comparables en los '70. Esta orientación se hizo cada vez más pronunciada después de la conversión de la SLL en el WRP en noviembre de 1973.

Dentro del Comité Internacional, emergió una oposición política a las políticas nacionalistas de la SLL/WRP. En 1971, Keerthi Balasuriya y la dirigencia de la sección srilanquesa del CICI, la Liga Comunista Revolucionaria, expresaron su oposición al apoyo de la SLL a la invasión de Paquistán Oriental por parte de la India. Estas críticas, sin embargo, fueron suprimidas por la dirección de la SLL, que no permitió su circulación para la discusión dentro del Comité Internacional.

La lucha política contra la política nacionalista del WRP

David North, el secretario nacional de la Workers League entre 1982 y 1985, desarrolló una crítica más sostenida y abarcadora de la divergencia política del WRP del trotskismo y las concepciones teóricas empleadas para justificarla.

En sus críticas iniciales de la línea política del WRP, North llamó la atención sobre la retirada del WRP de los principios fundamentales del trotskismo. En “A Contribution to a Critique of G. Healy’s ‘Studies in Dialectical Materialism’”, escrito en octubre y noviembre de 1982, North expuso la distorsión idealista del marxismo por parte de Healy y su relación con la retirada del WRP de la teoría de Trotsky de la revolución permanente. Citando la adaptación del WRP a regímenes nacionalistas burgueses, North escribió:

El trabajo del CI en Medio Oriente, que nunca ha sido guiado por una perspectiva clara de construir el Comité Internacional en esa región del mundo, ahora ha degenerado en una serie de adaptaciones pragmáticas a cambios en los vientos políticos. La defensa marxista de los movimientos de liberación nacional y la lucha contra el imperialismo ha sido interpretada de una manera oportunista de apoyo acrítico a los varios regímenes nacionalistas burgueses...

Durante los seis años en los cuales el CI ha llevado a cabo trabajo en el Medio Oriente, no ha habido ni una sola declaración en la que se hayan analizado las relaciones de clase en esa zona del mundo. Para todo fin y propósito, la Teoría de la Revolución Permanente [de Trotsky] ha sido tratada como inaplicable a las circunstancias actuales. [David North, “Political Summary of Critique of G. Healy’s ‘Studies’”, (Fourth International, vol. 13 no. 2, otoño de 1986), pág. 23]

En enero-febrero de 1984, North presentó un análisis cabal de la adaptación del WRP a posiciones asociadas históricamente con el pablismo.

En una carta del 23 de enero de 1984 al secretario general del WRP Michael Banda, North escribió que el CI, bajo la dirección del WRP, “ha estado trabajando durante un tiempo sin una perspectiva clara y políticamente unificada para guiar su práctica. En vez de una perspectiva para la construcción de secciones del Comité Internacional en cada país, el foco central del trabajo del CI durante varios años ha sido el desarrollo de alianzas con varios regímenes nacionalistas burgueses y movimientos de liberación. El contenido de estas alianzas ha reflejado cada vez menos cualquier orientación clara hacia el desarrollo de nuestras propias fuerzas como centrales para la lucha por establecer el papel dirigente del proletariado en la lucha antiimperialista en los países semicoloniales”. [Carta de David North a Mike Banda, ( Fourth International, vol. 13 no. 2, otoño de 1986), pág. 35]

En un informe político al Comité Internacional de la Cuarta Internacional el 11 de febrero de 1984, North declaraba: “El desarrollo del CI ha procedido mediante la lucha contra el revisionismo. ... Precisamente porque el revisionismo tiene raíces materiales en el desarrollo real de la lucha de clases de la cual nosotros mismos formamos parte, porque refleja la presión de fuerzas de clase exteriores en la clase trabajadora y su vanguardia revolucionaria, nuestra respuesta al revisionismo encuentra su más alta expresión en el análisis de nuestro propio desarrollo político”.

North continuaba:

Por esta razón sentimos que ha llegado el momento de examinar todo el desarrollo del CI durante la década pasada. Somos fuertemente de la opinión de que nos hemos estado alejando firmemente de las posiciones por las que luchamos tenazmente durante más de 20 años después de la escisión original con Pablo. En una carta al camarada Banda, escrita el 23 de enero de 1984, sugerí que había llegado la hora de hacer un balance de toda la experiencia del CI en relación con los movimientos de liberación nacional. Siento que es necesario tal balance porque no ha habido verdaderamente ningún examen objetivo de nuestra experiencia —como Partido Mundial— con los varios regímenes burgueses nacionalistas y movimientos de liberación con los cuales hemos establecido relaciones. Sentimos que el historial es tal que merece una seria crítica, para defender la continuidad del CI y formar a los cuadros en cada una de las secciones. [David North, “Political report to the International Committee of the Fourth International”, 11 de febrero de 1984, (Fourth International, vol. 13 no. 2, otoño de 1986), pág. 42]

La dirigencia del WRP se negó a entablar una discusión de estas diferencias, respondiendo a la crítica política de la Workers League amenazando con una escisión. A poco más de un año, sin embargo, el WRP estaba sepultado en una crisis organizativa que era el resultado de esta retirada política a lo largo de la década anterior de los principios del trotskismo. La crisis culminó en la suspensión del WRP como miembro del Comité Internacional el 16 de diciembre de 1985. El CICI le ofreció al WRP restaurarle los derechos como miembro en base a su aceptación explícita de los cimientos programáticos de la Cuarta Internacional. El WRP rechazó esta condición y repudió su compromiso a aceptar la autoridad política del Comité Internacional. El 8 de febrero de 1986, la dirigencia del WRP completó su ruptura con el Comité Internacional llamando a la policía para que no dejara entrar a los miembros que apoyaban al CICI —que abarcaba a una cantidad sustancial de los miembros de la organización— en la sala donde el WRP estaba celebrando su congreso. A apenas unos pocos años de su ruptura, el WRP había dejado de existir.

La escisión de 1985-86 con el WRP llevó a su conclusión a la tercera fase de la historia de la Cuarta Internacional. Después de más de tres décadas de intensa lucha política, los trotskistas ortodoxos habían infligido una derrota política decisiva a los pablistas y habían recuperado el pleno control político y organizativo de la Cuarta Internacional.

La cuarta fase en la historia del movimiento trotskista: La reformación y el desarrollo de la perspectiva marxista internacional

Las charlas de este volumen abordan principalmente la cuarta fase de la historia del movimiento trotskista, que empezó en 1986. Tras la escisión, el CICI se confrontó con todo un conjunto de problemas complejos bajo condiciones de una situación política mundial que cambiaba rápidamente. Estos incluían la crisis cada vez más profunda y la disolución final de la Unión Soviética y de los regímenes estalinistas de Europa del Este, la aceleración de la restauración de relaciones capitalistas en China que siguieron a la masacre de la Plaza de Tiananmen en 1989, la evolución derechista de los regímenes nacionalistas burgueses y la proliferación de movimientos separatistas alineados con el imperialismo, la plena integración de los sindicatos en los aparatos de gestión empresarial y el Estado, y la erupción del imperialismo estadounidense y la guerra interminable que empezó con la primera invasión a Irak en 1990-1991.

Encarar estos desafíos requería el restablecimiento y el desarrollo de una perspectiva marxista internacional. El fundamento político para esta perspectiva surgió a lo largo de la escisión con el WRP.

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La primera tarea del CICI tras la escisión fue determinar sistemáticamente las causas y la importancia de la propia escisión. Esto se hizo en la declaración de mayo de 1986 del CICI, escrita por North y Keerthi Balasuriya, Cómo el WRP traicionó al trotskismo: 1973-1985, [Fourth International, vol. 13 no. 1, verano de 1986, disponible en español] Como respuesta al ataque abierto del Secretario General del WRP Michael Banda a toda la historia del movimiento trotskista, el CICI respondió con la publicación de La herencia que defendemos: Una contribución a la historia de la Cuarta Internacional, por David North.

Esto fue seguido por un examen teórico de los procesos objetivos que subyacían a la degeneración del WRP, que era parte de una profunda crisis que se apoderaba de todas las organizaciones y partidos basados en el nacionalismo.

El principal desafío con el que se confrontaba el Comité Internacional tras la escisión con el WRP fue renovar el trabajo de la Cuarta Internacional sobre perspectiva política. El Comité Internacional estaba condicionado por la experiencia histórica del movimiento trotskista a examinar las condiciones socioeconómicas objetivas que subyacían a la crisis política que había llevado a la escisión de 1985-86. Desde su fundación en 1923, el movimiento trotskista había demostrado una sensibilidad aguda hacia los grandes cambios en la situación mundial. Conflictos significativos dentro de su dirigencia y sus bases tendían a aparecer como respuesta a o en anticipación de puntos de inflexión críticos en la política mundial. Como pronto quedaría claro, la lucha dentro del Comité Internacional que se desarrolló entre 1982 y 1986 anticipó los cambios explosivos en la política mundial entre 1989 y 1991.

La urgencia de un trabajo teórico renovado fue acentuada por el hecho de que años de declive y adaptación política por el WRP habían sido expresados de manera más aguda en su abandono del trabajo sostenido en perspectivas internacionales. Aunque declamaba demagógicamente “la naturaleza invicta de la clase trabajadora” —una frase vacía que convenientemente ignoraba las derrotas que sufría la clase trabajadora en el mundo real— el WRP prestaba cada vez menos atención a cambios críticos en la estructura de la economía capitalista mundial y su impacto en la geopolítica imperialista y la lucha de clases internacional. No se hizo ningún intento por analizar las motivaciones objetivas que subyacían a la ofensiva capitalista global contra la clase trabajadora que empezó a mediados de los '70, ni por explicar por qué las organizaciones obreras de masas y los sindicatos existentes eran incapaces de organizar una resistencia efectiva a esta ofensiva.

El Comité Internacional inició el desarrollo de una nueva perspectiva mundial en julio de 1987. En un informe dado en la escuela de verano de la Workers League el primero de septiembre de 1987, North llamó la atención sobre la incapacidad del WRP de fijarse en “las nuevas formas económicas asumidas por el crecimiento de las fuerzas productivas dentro de la época imperialista; es decir, la internacionalización de la producción a una escala sin parangón en la historia y el surgimiento de una producción verdaderamente global, en la cual la fabricación de una sola mercancía es el resultado de la producción transnacional integrada”. [Fourth International, vol. 15 no. 1, enero-marzo de 1988, pág. 69]

North hacía hincapié en que el proceso de la globalización era la fuente objetiva de la crisis universal de las organizaciones obreras existentes. Afirmó:

Los sindicatos no están equipados para hacer frente a esta nueva situación. No pueden defender a la clase trabajadora en la medida en que realizan la lucha de clases exclusivamente en suelo nacional. De hecho, el desarrollo de las organizaciones transnacionales requiere la organización internacional de la clase trabajadora. Los trabajadores estadounidenses, japoneses, coreanos o alemanes encuentran cada vez más que es imposible realizar luchas aisladas a nivel nacional. Y de la misma manera en la que la burguesía busca organizar la producción a escala mundial, la clase trabajadora se verá obligada a organizar sus propias luchas a escala mundial, y por lo tanto a crear formas de organización nuevas y más avanzadas. [Ibid, pág. 73]

“La crisis capitalista mundial y las tareas de la Cuarta Internacional”, adoptado por el Séptimo Pleno del CICI en julio de 1988, examina la importancia revolucionaria de los cambios en el proceso de producción capitalista asociados con las corporaciones transnacionales y la globalización, que socavaban la viabilidad de todas las organizaciones sociales y políticas integradas en el sistema del Estado nación. La resolución, que se incluye en este volumen, dice:

Desde hace mucho tiempo es una proposición elemental del marxismo que la lucha de clases en nacional solo respecto a la forma, pero que es, en su esencia, una lucha internacional. Sin embargo, dados los nuevos rasgos del desarrollo capitalista, hasta la forma de la lucha de clases debe asumir un carácter internacional. ... Así, la movilidad internacional sin precedentes del capital ha hecho obsoletos y reaccionarios los programas nacionalistas para el movimiento obrero de diferentes países. [“The World Capitalist Crisis and the Tasks of the Fourth International”, (Fourth International, vol. 15 nos. 3–4, julio-diciembre de 1988), pág. 4]

La resolución continúa:

El carácter global de la producción capitalista ha agudizado tremendamente los antagonismos económicos y políticos entre las principales potencias imperialistas, y una vez más ha puesto en primer plano la contradicción irreconciliable entre el desarrollo objetivo de la economía mundial y la forma del Estado nación en la que está históricamente arraigado todo el sistema de la propiedad capitalista. Precisamente el carácter internacional del proletariado, una clase que no le debe su lealtad a ninguna “patria” capitalista, la hace la única fuerza social que puede liberar a la civilización de los grilletes del sistema del Estado nación que la estrangulan.

Por estas razones fundamentales, ninguna lucha contra la clase gobernante de ningún país puede producir avances duraderos para la clase trabajadora, mucho menos preparar su emancipación final, a no ser que se base en una estrategia internacional con el objetivo de la movilización mundial del proletariado contra el sistema capitalista. Esta unificación necesaria de la clase trabajadora solo se puede lograr mediante la construcción de un genuino partido internacional proletario, es decir, revolucionario. Solo existe un partido tal, producto de décadas de lucha ideológica y política constante. Es la Cuarta Internacional, fundada por León Trotsky en 1938, y dirigida hoy por el Comité Internacional. [Ibid.]

El renacimiento del trotskismo y la década de la revolución socialista mundial

La perspectiva mundial del CICI estableció el fundamento teórico y político para su análisis de una respuesta a los levantamientos cruciales de la década siguiente. En la charla de apertura de la escuela de verano de 2019, North comentó que el trabajo del CI durante el período que siguió a la escisión con el WRP fue un logro monumental para el movimiento marxista.

La derrota decisiva y la expulsión del oportunismo pablista creó las condiciones para un desarrollo teórico, político y organizativo inmenso del Comité Internacional de la Cuarta Internacional. El trabajo de clarificación teórica y política hecho posible por la expulsión de los oportunistas nacionalistas significó nada menos que un renacimiento del trotskismo.

Las charlas incluidas en este volumen brindan un avance de las discusiones dentro del Comité Internacional tras la escisión. Haciendo uso de documentos internos del partido, incluyendo transcripciones de discusiones y correspondencia, las charlas muestran cómo se desarrolla la perspectiva y el programa político en un partido marxista-trotskista. Las charlas se concentran en los temas más complejos con los que se confrontó el Comité Internacional. El movimiento trotskista mundial se vio obligado a analizar y definir su actitud hacia los sindicatos, hacia los movimientos nacionalistas burgueses y la “demanda” de la autodeterminación, hacia las tan cacareadas políticas de la perestroika y la glasnost iniciadas por Mijaíl Gorbachov después de asumir como secretario general del Partido Comunista soviético en 1985, y hacia los acontecimientos explosivos de la China postmaoísta. En cada caso, no había respuestas prefabricadas para los problemas planteados por la situación objetiva rápidamente cambiante.

El movimiento trotskista es intensamente consciente de la experiencia histórica de la cual surgió, y que dio forma a su evolución política. Sin embargo, su respeto por la historia no consiste en rebuscar en el pasado para encontrar un antecedente que se pueda citar. Trotsky se opuso duramente a este tipo de ortodoxia formalista. “El arma de la investigación marxista”, escribió, “debe afilarse y aplicarse constantemente. En esto precisamente consiste la tradición, y no en usar como sustituto una referencia formal o una cita accidental”. [“The New Course”, en The Challenge of the Left Opposition (1923–25), (Nueva York: Pathfinder Press, 2017), pág. 123]

El lector debe tener en cuenta que las discusiones dentro del Comité Internacional se desarrollaban en “tiempo real”. En la charla “El CICI y la crisis del estalinismo”, el camarada Barry Grey rastrea el análisis del CICI del desarrollo de la Unión Soviética entre 1986 y 1992. Cita un importante documento publicado por el CICI en 1987, “Qué está pasando en la URSS”. Ese documento advertía de que las “reformas” de Gorbachov llevarían, si no lo alteraba un movimiento revolucionario de la clase trabajadora, a la disolución de la Unión Soviética. A los cinco años, este análisis fue justificado por los acontecimientos. Este volumen incluye ese registro de la respuesta a la disolución de la URSS.

El trabajo de perspectivas no estaba limitado a cuestiones de economía y política. La charla del camarada David Walsh examina la atención que el Comité Internacional prestó al desafío de renovar y desarrollar una consciencia socialista dentro de la clase trabajadora. La atención dada a este tema surgió del concepto del CICI de “cultura socialista”, que Walsh definió como “todo lo que ha sido organizado, construido, escrito, asimilado y logrado con el fin consciente de asistir a los trabajadores a captar su posición objetiva en la sociedad capitalista y su papel colectivo como fuerza de la revolución socialista, y para transformarse de mero material de explotación en los hacedores de la historia y liberadores de la humanidad”.

El trabajo teórico repasado en este volumen hizo posible el desarrollo del Comité Internacional de la Cuarta Internacional durante la cuarta fase de la historia del movimiento trotskista, que abarcó un período de tres décadas, de 1986 a 2019. En la charla de apertura, North resumía los logros de este período:

El trabajo preparatorio crítico de sacar a los pablistas, reconstruir el partido mundial sobre bases internacionalistas, elaborar la estrategia internacional del CICI, defender la herencia histórica de la Cuarta Internacional, convertir las ligas del Comité Internacional en partidos, y establecer el World Socialist Web Site fueron los principales logros de la cuarta fase. Estos logros hicieron posible una vasta expansión de la influencia política del Comité Internacional y un crecimiento significativo de su número de miembros. Esta etapa está concluida.

Así, ha empezado la quinta etapa de la historia de la Cuarta Internacional. North explicaba:

Los procesos objetivos de la globalización económica, identificados por el Comité Internacional hace más de treinta años, han sufrido un colosal desarrollo adicional. Combinado con el surgimiento de nuevas tecnologías que han revolucionado las comunicaciones, estos procesos han internacionalizado la lucha de clases hasta un grado que hubiera sido difícil imaginar incluso hace veinticinco años. La lucha revolucionaria de la clase trabajadora se desarrollará como un movimiento mundial interconectado y unificado. El Comité Internacional de la Cuarta Internacional será construido como la dirigencia política consciente de este proceso socioeconómico objetivo. Contrapondrá a las políticas capitalistas de la guerra imperialista la estrategia basada en la clase de la revolución socialista mundial. Esta es la tarea histórica esencial de la nueva fase de la historia de la Cuarta Internacional.

A principios de 2020, repasando la importancia de las protestas de masas y manifestaciones que estallaron en todo el mundo a lo largo del año anterior, el World Socialist Web Site escribió, en “La década de la revolución socialista inicia“ que “La llegada del Año Nuevo da inicio a una década de intensificación de la lucha de clases y la revolución socialista mundial”.

En el futuro, cuando los historiadores cultos escriban sobre los levantamientos del siglo veintiuno, enumerarán todas las señales “obvias” a inicios de la década de 2020 de la tormenta revolucionaria que pronto recorrería el globo. Los investigadores, con amplios hechos, documentos, gráficos, publicaciones en línea y redes sociales y otras formas valiosas de información digitalizada a su disposición, describirán la década de 2010 como un periodo caracterizado por una crisis económica, social y política irresoluble del sistema capitalista mundial. [World Socialist Web Site, 3 enero 2020, disponible en: [https://www.wsws.org/es/articles/2020/01/04/pers-j04.html]

No habría de pasar mucho tiempo para que se confirmara este pronóstico. La primera mitad de 2020 se había caracterizado por la crisis que se profundizaba del sistema capitalista global desatada por la pandemia del coronavirus.

El World Socialist Web Site ha caracterizado la pandemia como un “acontecimiento desencadenante”. La respuesta de la clase gobernante a la pandemia, en los Estados Unidos y en todo el mundo, estuvo condicionada por toda la evolución del capitalismo en el período anterior. La oligarquía corporativa y financiera ha usado la pandemia para continuar e intensificar las políticas parasitarias que había estado empleando durante las décadas anteriores para contrarrestar la crisis sistémica del capitalismo.

Los epidemiólogos y los científicos han estado advirtiendo del peligro de una pandemia durante más de dos décadas. La destrucción de la infraestructura de la atención social y sanitaria, y el crecimiento masivo de la desigualdad social han dejado a las masas de trabajadores vulnerables a los impactos sanitarios y económicos de la pandemia.

Las élites gobernantes, dirigidas por la administración Trump en los Estados Unidos, utilizó la pandemia para darle billones de dólares a Wall Street en un rescate de las corporaciones e instituciones financieras que excede con mucho lo que se hizo tras el desplome económico de 2008-09. La riqueza de los multimillonarios crece, y las bolsas están alcanzando nuevos máximos, incluso mientras decenas de millones de personas se han quedado sin trabajo y sin esperanza de volver a su empleo.

Los esfuerzos de las élites gobernantes en los Estados Unidos y a nivel mundial para diseñar un “regreso al trabajo” bajo condiciones inseguras producirá agitaciones sociales. La oposición de los trabajadores y de los jóvenes a la indiferencia y el desdén de la clase gobernante hacia su vida se está intersectando con la oposición creciente a la desigualdad, la guerra, la degradación medioambiental, y el sistema de la ganancia capitalista.

La pandemia está encendiendo una nueva etapa de la lucha de clases. El manantial de ira social en los Estados Unidos y en todo el mundo encontró su expresión inicial tras el asesinato policial el 25 de mayo de George Floyd en Minneapolis, Minnesota. Las manifestaciones masivas multirraciales y multiétnicas en todas las grandes ciudades estadounidenses y en todos los continentes han sido motivadas por la oposición a la violencia policial. Sin embargo, bajo este estallido social hay una indignación creciente por la desigualdad, la explotación, y el sistema capitalista.

El trabajo teórico y político repasado en este volumen demostrará ser de una inmensa importancia en la educación de la nueva generación de socialistas revolucionarios que están uniéndose a las filas del Comité Internacional de la Cuarta Internacional.

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[17 agosto 2019]

(Artículo publicado originalmente en inglés el 19 de junio de 2020)