Anticapitalistas abandona el Gobierno de Podemos y el Partido Socialista Obrero Español

por Alejandro López y Alex Lantier
22 junio 2020

Anticapitalistas, una tendencia política pequeñoburguesa que colaboró en la fundación de Podemos en 2014, anunció el mes pasado que abandonaría el Gobierno español del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y Unidas Podemos.

Esto tiene lugar bajo un contexto caracterizado por el auge de oposición contra el Gobierno de coalición del PSOE-Unidas Podemos y el impacto desastroso de sus políticas de austeridad y de regreso al trabajo durante la pandemia del COVID-19. El papel de Podemos marca otra dura experiencia de la clase trabajadora con los partidos apodados “populistas de izquierda” tras la traición del Gobierno del partido de la austeridad, Syriza (Coalición de la Izquierda Radical), en Grecia.

Anticapitalistas votó salir del Gobierno este invierno tras la huelga general contra el recorte en las pensiones en el País Vasco y las protestas de los agricultores, “chalecos amarillos” en zonas rurales.

En su comunicado del 14 de mayo, Anticapitalistas anunció que abandonaba Podemos después de que un 89 por ciento de sus miembros votara a favor de esta medida. Además, afirmó que Anticapitalistas apostaría “por construir un movimiento anticapitalista abierto a todo tipo de luchas y experiencias [que] nos permite mirar al futuro de forma abierta”.

Hay que advertir del modo más enérgico sobre el papel reaccionario que desempeñarán Anticapitalistas y sus partidos aliados “populistas de izquierda” como los Socialistas Demócratas de EE.UU. (DSA, sigla en inglés), Francia Insumisa (LFI, sigla en francés) y el partido alemán La Izquierda, en las luchas obreras venideras. Un sofocante hedor a cinismo político rodea las maniobras de Anticapitalistas.

Anticapitalistas no ha salido de Podemos porque se oponga a ninguna de sus políticas: su orden de forzar a los trabajadores a volver a sus puestos de trabajo en medio de la pandemia, sus políticas de austeridad, sus vínculos con los servicios de inteligencia y los cuerpos de seguridad del Estado o seguir manteniendo encerrados a los presos políticos independentistas catalanes. De hecho, en su comunicado alaba el marco del Gobierno del PSOE y Podemos, al decir: “Desde luego, apoyaremos todas las conquistas que se produzcan en este marco y combatiremos juntos a la extrema derecha”, añadiendo que “no hay duda de que nos encontraremos en muchas luchas comunes con la gente de Podemos”.

Aunque la formación Anticapitalistas se proclame, como indica su nombre, “anticapitalista”, en realidad no tiene nada que ver con eso. Ha salido de Podemos como un agente a sueldo del Estado capitalista español para espiar, intervenir y sofocar la creciente oposición a Podemos y al Gobierno en las redes sociales, protestas callejeras y huelgas. Mientras se avecinan luchas de clase explosivas en todo el mundo en medio de la negligencia maligna de la élite gobernante respecto a la población durante la pandemia de COVID-19, es urgente la construcción de un liderazgo político de la clase trabajadora que se oponga irreconciliablemente a grupos pequeñoburgueses proimperialistas como Anticapitalistas.

La salida de Anticapitalistas de Podemos es una operación estatal debatida desde hace mucho y cuidadosamente escenificada. En febrero, Anticapitalistas anunciaba que no presentaría candidatos en el organismo directivo clave del partido, la Tercera Asamblea Ciudadana de Podemos, organizada el 21 de marzo. El gesto se interpretó como una señal que anunciaba una ruptura con Podemos. Poco después, la dirigente de Anticapitalistas, Teresa Rodríguez, y el secretario general de Podemos y vicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias, publicaron un video conjunto.

En el vídeo, Rodríguez, usando un lenguaje feminista, anunció que Anticapitalistas se iría de Podemos pero permanecería políticamente cercano a este: “En la política como en la vida hay formas de separarse que son violentas, patriarcales, y formas civilizadas, empáticas y respetuosas, incluso cariñosas, que son las más sanas y también se pueden construir y son posibles en política. Este es el mensaje que queríamos enviar hoy”.

Iglesias respondió elogiando a Rodríguez por dar un “ejemplo de cómo hacer las cosas bien”, reiterando que “este adiós es un hasta luego”.

Durante los meses siguientes, Podemos permitió que las subvenciones estatales destinadas a sus representantes municipales, autonómicos, nacionales y europeos afluyeran hacia Anticapitalistas. De hecho, varios miembros de Anticapitalistas en Podemos como el diputado en el Parlamento Europeo, Miguel Urbán, y el alcalde de Cádiz, José María González, siguen en sus cargos.

La propia Rodríguez dirige Anticapitalistas y Adelante Andalucía, una coalición electoral en Andalucía que incluye Podemos Andalucía, los estalinistas de Izquierda Unida, Los Verdes-Convocatoria por Andalucía, y los partidos nacionalistas de Izquierda Andalucista y Primavera Andaluza. A Rodríguez se le ha permitido conservar el control de la organización incluso después de que Anticapitalistas técnicamente anunciara su salida de Podemos, y todas estas organizaciones siguen trabajando codo con codo en la plataforma electoral. Gracias a esto, Anticapitalistas sigue recibiendo un subsidio anual de 1,7 millones de euros para financiar sus operaciones.

Anticapitalistas seguirá trabajando en muchos de estos frentes electorales con Podemos a nivel municipal y autonómico y seguirá siendo financiado por ellos.

Intentando dar un barniz “izquierdista” a esta operación política, Anticapitalistas presenta su salida de Podemos como parte de una lucha antifascista. En la revista online de su organización, Viento Sur, Rodríguez dijo lo siguiente: “Poner todos los huevos en el cesto del cogobierno es dejarle el espacio de la impugnación y de la reivindicación a las derechas. Eso es un drama. En otros países europeos, la cara oscura de los gobiernos de coalición con la socialdemocracia ha sido el crecimiento de la extrema derecha. Cuando dejamos a la extrema derecha el espacio de la impugnación y de la indignación ante el fracaso de las políticas socialdemócratas estamos metiendo la pata, porque a ellos les hacemos crecer y achicamos nuestro espacio”.

La afirmación de Anticapitalistas de abanderar la lucha contra la extrema derecha es una trampa cuyo objetivo es convencer a jóvenes y trabajadores de izquierda, desilusionados con Podemos, de que tienen el deber de apoyar la agenda de Anticapitalistas.

De hecho, Anticapitalistas insistió en bloquear un movimiento independiente de la clase trabajadora y atarla al PSOE, incluso cuando éste había aplicado políticas ultraderechistas cuando estuvo en el Gobierno. El comentario de Rodríguez de que Podemos le deja la oposición a la ultraderecha sólo pone de relieve que Anticapitalistas no sirvió, ni sirve, como una fuerza de oposición. Esto ratifica las advertencias que hizo el Comité Internacional de la Cuarta Internacional (CICI) sobre tales grupos pseudoizquierdistas.

La relación real de los partidos “populistas de izquierda” con la extrema derecha quedó patente de una forma muy clara en Grecia. Después de ganar las elecciones de 2015, el aliado griego de Podemos, Syriza, formó su coalición de Gobierno con un partido ultraderechista, los Griegos Independientes (ANEL). El eurodiputado de Anticapitalistas, Miguel Urbán, elogiaría al Gobierno griego como “el primer gobierno que puede considerarse digno en Europa desde la crisis, el único que está defendiendo los intereses del pueblo... Por eso tenemos que defenderlo como si fuera el nuestro”.

Poco después de que Urbán hiciera esta declaración en junio de 2015, Syriza impuso el paquete de medidas de austeridad más severo que las impuestas por cualquier otro Gobierno en la historia moderna y llevó a cabo la política antirrefugiados más draconiana de Europa, al mismo tiempo que le vendía armas a la monarquía saudí para su guerra genocida en Yemen. El año pasado, un electorado frustrado y empobrecido echó a Syriza del Gobierno.

El llamar agentes políticos del Estado a tendencias como Anticapitalistas no es una exageración, sino una advertencia totalmente justificada. Cuando Rodríguez le dé informes “cariñosos” a Podemos sobre los trabajadores y jóvenes implicados en luchas obreras, le estará hablando a un partido cuyo líder, el vicepresidente Pablo Iglesias, ocupa un asiento en el organismo rector del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), establecido por el dictador fascista Francisco Franco en 1972 para reprimir a la oposición de izquierdas.

Otros miembros destacados de Podemos son exjueces y exfuncionarios de la policía y el antiguo jefe del Estado Mayor de la Defensa, general Julio Rodríguez, quien dirigió la participación de España en la sangrienta guerra de la OTAN en Libia que dejó 30.000 muertos. El blanco de las “luchas comunes” que Anticapitalistas organizará junto a Podemos no es la aristocracia financiera, sino la clase trabajadora.

La teoría de los “ partidos amplios de izquierda ” de los anticapitalistas y la fundación de Podemos

La evolución de Anticapitalistas, y la de Podemos desde su fundación en 2014, no es el resultado de un error táctico. Su integración en el aparato estatal policial es el resultado necesario de su reaccionaria orientación de clase, que refleja los intereses materiales de las capas más pudientes del mundo académico y sindical, que encuentra su expresión teórica en su concepción de la construcción de un movimiento político. Rechazando una perspectiva históricamente fundamentada, internacionalista y marxista, buscan alianzas sin principios para maniobrar dentro del marco de la política nacional. Son orgánicamente incapaces de avanzar una oposición de principios a las políticas derechistas —incluyendo medidas de austeridad que han devastado los sistemas de alerta y atención sanitaria en medio de una pandemia mortal—.

Su concepción fue formulada a través de llamamientos a construir “partidos amplios de izquierda” planteados por Anticapitalistas y sus afiliados a nivel internacional. Su afiliado francés, el Nuevo Partido Anticapitalista (NPA), quizás dio la declaración más clara de esta perspectiva y su rechazo al trotskismo. En 2009, declaró:

El NPA no reclama ninguna relación específica con el trotskismo, sino la continuidad con aquellos que, a lo largo de los dos últimos siglos, se han enfrentado al sistema hasta el final. El NPA es un partido pluralista y democrático. …[Han participado] camaradas de varios componentes del movimiento social, de la izquierda antiglobalización, del ecologismo político, de camaradas del PS [el Partido Socialista, un partido de gobierno burgués] y el PCF [el Partido Comunista Francés, su principal socio de coalición], del movimiento anarquista, de la izquierda revolucionaria. Sin volverse anodino, el NPA lo tiene todo que ganar al abrirse aún más.

Es decir, el NPA se alió con partidos estalinistas que apoyaron la disolución de la Unión Soviética y la restauración del capitalismo, y partidos burgueses con antecedentes de austeridad y guerra durante décadas.

Anticapitalistas y Podemos siguieron esta orientación casi al pie de la letra. Solo hay que traducir los nombres de los partidos del francés al español. Aunque François Sabado del NPA enfatizó que un partido de la “izquierda amplia” “no se reduce a la unidad de los revolucionarios”, quizás la declaración más clara de la naturaleza de esos partidos vino del afiliado danés del NPA, la Alianza Rojo-Verde (RGA).

En un ensayo sobre los partidos anticapitalistas “amplios de izquierda” publicado en 2010, el destacado miembro de la RGA, Bertil Videt, escribió: “Los partidos políticos son, por supuesto, dianas móviles, que cuesta capturar y categorizar... No tenemos ninguna garantía de que un partido anticapitalista no se vea tentado por el gusto del poder y renuncie a sus principales principios, como hizo el partido italiano Refundación Comunista, que apoyó la intervención militar de Italia en Afganistán y las bases estadounidenses en Italia”.

Tal organización política, que declara estar dispuesta a traicionar públicamente sus “principales principios” es un fraude reaccionario que se hace pasar por “izquierdista” mientras se orienta hacia el imperialismo. Esta evaluación fue justificada por la trayectoria de Syriza y el apoyo del NPA a las guerras imperialistas en Libia y en Siria.

Al final, uno de los “principales principios” que estos partidos traicionaron fue el antifascismo que Rodríguez ahora plantea como la razón principal para que Anticapitalistas abandone Podemos. A principios de 2014, antes de que Podemos se fundara, el NPA apoyó el golpe respaldado por la CIA en Ucrania dirigido por la milicia fascista Sector de Derechas, afirmando que construiría “el sector izquierdista del Sector de Derechas”.

Sobre estos cimientos políticos absolutamente podridos, un combinado de activistas de clase media, politólogos y burócratas sindicales fundaron Podemos.

Podemos se fundó en 2014 como una trampa política para los jóvenes que protestaban contra las políticas de austeridad de la Unión Europea (UE) después del estallido de las luchas obreras revolucionarias en Egipto en 2011. Imitando a los cientos de miles de trabajadores y jóvenes que ocuparon la plaza Tahrir en El Cairo, miles de jóvenes ocuparon plazas en Madrid, Barcelona y ciudades de toda España. El movimiento 15M, o de los indignados, se lanzó con protestas en la Puerta del Sol de Madrid el 15 de mayo de 2011, convocadas por asociaciones como Democracia Real Ya y Juventud sin Futuro, que trabajaron estrechamente con Anticapitalistas, que por entonces se llamaba Izquierda Anticapitalista (IA).

Con una retórica posmoderna que repudiaba a la clase trabajadora, IA señaló su apoyo a realizar alianzas sin principios para promocionarse dentro de las capas más pequeñoburguesas del movimiento 15M y ganarse el apoyo necesario para su iniciativa de un “partido amplio de la izquierda”, Podemos.

Fuentes de IA comentaron a eldiario. es que Podemos “no es tanto una iniciativa de IA, como de una parte de su dirección que, tras unos sondeos con él, miembros de la Fundación Ceps y algunos integrantes de Juventud sin Futuro, se pone en marcha”. El Centro de Estudios Políticos y Sociales (CEPS) era un centro donde profesores estalinistas como Pablo Iglesias recibían cheques abultados de los Gobiernos nacionalistas burgueses de Venezuela y Ecuador por servicios de asesoramiento.

La preocupación central de IA al fundar Podemos era la oposición creciente de los trabajadores al PSOE, así como a su aliado, los estalinistas de Izquierda Unida (IU), por sus antecedentes de austeridad y guerra. En un boletín interno de principios de enero de 2014, semanas antes de la fundación de Podemos, IA resaltaba que el factor clave en la fundación de Podemos era “La presencia de una serie de personalidades con proyección mediática como cara pública del proyecto [que luego fue Pablo Iglesias], lo cual nos abre la opción de conectar con sectores de la población de izquierdas insatisfechos con las organizaciones tradicionales”.

El documento se lamentaba “del giro a la derecha de IU, que cada vez parece más destinado a preparar un Gobierno 'de izquierdas' con el PSOE”.

Los argumentos de IA eran un fraude político. Se quejaba de que IU hiciera alianzas con el PSOE de la patronal, a la vez que trabajaba por atar a los jóvenes y a los trabajadores a la socialdemocracia y al imperialismo. Esta fue la única perspectiva política que Podemos defendió en serio desde su fundación, como el WSWS advirtió en su momento. El proyecto Podemos de Anticapitalistas, escribió el WSWS, tenía por objetivo “impedir una rebelión de la clase trabajadora contra los partidos socialdemócratas y la burocracia sindical y canalizar el descontento hacia formaciones supuestamente radicales, pero procapitalistas”.

En Pablo Iglesias, Anticapitalistas encontró un líder para su operación —un profesor estalinista y escritorzuelo mediático que no disimulaba su desdén por la clase trabajadora—. Se trataba de primer nombre con Santiago Carrillo, antiguo dirigente estalinista del Partido Comunista de España (PCE). En 2012, escribió un obituario benévolo para Carrillo —quien, durante la guerra civil española de 1936-1939, fue cómplice del secuestro y asesinato por parte de los estalinistas de trotskistas y de Andreu Nin, el dirigente del centrista Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM), y luego colaboró en la redacción de la Constitución española de 1978 con las autoridades franquistas.

La conclusión del obituario de Iglesias para este carnicero de la revolución española fue: “A pesar de todo, Santiago era uno de los nuestros. Hasta siempre”.

En 2013, justo antes de que se fundara Podemos, Iglesias escribió un artículo en Público desestimando el papel revolucionario de la clase trabajadora. “Durante mucho tiempo, en Europa, la clase obrera representó una enorme masa de población asalariada”, y añadió que durante esta época “representaba el sujeto de avance hacia el progreso… pero el trabajo ha cambiado”.

Ahora, afirmaba, “los que hoy están en la base de la estructura económica son irreductibles a una sola unidad simbólica”, y “sólo la miopía de cierta izquierda puede insistir en agruparles a todos bajo la etiqueta de obreros...”.

Los lazos de Iglesias y Anticapitalistas con importantes estadistas españoles y su hostilidad hacia la clase trabajadora les condicionó a desempeñar un papel reaccionario en la crisis que estalló después de que fundaran su partido.

En diciembre de 2015 colapsó el bipartidismo entre el PSOE y el derechista Partido Popular (PP), que había dominado la política electoral española desde el final del régimen franquista. Las elecciones de 2015 dejaron un escenario parlamentario sin mayoría, dividido entre el PP, PSOE, Podemos y el partido derechista Ciudadanos. En medio de sucesivas elecciones no concluyentes en junio de 2016, abril de 2019 y noviembre de 2019, las discusiones dentro de Podemos se centraron obsesivamente en cómo elaborar una coalición gubernamental con el PSOE.

Anticapitalistas, Podemos y la legit imación de la política de corte fascista

Aunque Teresa Rodríguez presente la salida de Anticapitalistas de Podemos como una iniciativa para combatir a la extrema derecha, su salida, cuidadosamente escenificada, sirve un propósito muy diferente. Estas medidas han sido coreografiadas para impedir que la ira social creciente dentro de la clase trabajadora contra las políticas de corte fascista estalle contra Podemos y el propio Anticapitalistas. Aunque Anticapitalistas promueva ilusiones en que Podemos se pueda “revitalizar” mediante su integración en “movilizaciones sociales”, Podemos, de hecho, se ha adaptado a las políticas de Estado policial de la burguesía española y europea, y las apoya.

En 2017, en medio de un conflicto creciente entre Madrid y las autoridades catalanas en Barcelona sobre cómo implementar las drásticas políticas de austeridad de la UE, la burguesía española intentó abordar la crisis política causada por el colapso de su anterior sistema bipartidista. Aprovechando el referéndum sobre la independencia de Cataluña de 2017, intentó desplazar el marco de la política burguesa hacia la derecha para relegitimar abiertamente al franquismo y establecer un régimen de Estado policial.

Antes del referéndum, el Gobierno en minoría del PP que había surgido de las elecciones de junio de 2016, movilizó a miles de policías a Cataluña, y arrestó a cargos catalanes, cerró cientos de páginas web, incautó millones de posters y octavillas, cerró imprentas y prohibió manifestaciones. El día del referéndum, el PSOE respaldó abiertamente al PP mientras enviaba a la violenta policía antidisturbios contra votantes pacíficos. Más de 1.000 personas resultaron heridas, incluyendo mujeres de edad avanzada, quienes fueron brutalmente agredidas por la Guardia Civil.

El PSOE apoyó la embestida violenta en Cataluña, mientras la clase gobernante española trabajaba frenéticamente por legitimar el Estado policial y las políticas de corte fascista. Una docena de políticos independentistas catalanes fueron encarcelados como presos políticos con cargos inventados de rebelión y sedición. El partido franquista Vox, anteriormente una fuerza insignificante, recibió una cobertura mediática sin precedentes mientras la burguesía azuzaba la histeria anticatalana y el nacionalismo español. Se hicieron preparativos, y se discutió públicamente en los medios, la movilización de tropas blindadas de infantería españolas para atacar Barcelona.

Ni Podemos ni su facción Anticapitalistas reaccionaron ni se opusieron a esta ofensiva de corte fascista desencadenada por el PP. Lo que hicieron fue redoblar la presión a favor de una alianza con el PSOE de la patronal, mientras éste apoyaba la ofensiva policial del PP en Cataluña. Apelando a Pedro Sánchez, líder del Partido Socialista, Iglesias dijo: “Necesitamos que el PSOE encuentre su propio camino lejos del carril reaccionario y autoritario del Partido Popular. Compañero Sánchez, no caigas en la trampa de un frente con el Partido Popular”.

En 2018, en medio de una creciente oposición popular al PP y a sus políticas de mano dura en Cataluña, Podemos organizó una maniobra parlamentaria que desbancó al PP y lo reemplazó por un Gobierno en minoría del PSOE. Anticapitalistas bendijo la maniobra, admitiendo que, aunque el PSOE no era “una alternativa real”, estaría más sometido a una “fuerte presión en las instituciones y las calles” a través de Podemos.

Apoyado por Podemos, el Gobierno en minoría del PSOE continuó el presupuesto de austeridad del PP, inyectó miles de millones de euros al ejército, aplicó duros ataques contra los inmigrantes y continuó con la campaña anticatalana de corte fascista. Dejó que Vox se uniera al Ministerio Público para enjuiciar a los políticos catalanes bajo cargos inventados de rebelión violenta por organizar el referéndum pacífico de 2017. En junio, el Tribunal Supremo emitió un fallo extraordinario honrando a “don Francisco Franco”, declarando que su golpe fascista de 1936 que desencadenó la guerra civil española lo había convertido el gobernante “legítimo” de España a partir de su declaración del primero de octubre de 1936.

A lo largo de todo este período, las iniciativas de Anticapitalistas no iban dirigidas a organizar la oposición a la trayectoria fascista de la clase gobernante, sino a salvaguardar los intereses estratégicos esenciales del capital financiero español y europeo. Estas iniciativas no solo involucraron aplicar medidas de austeridad contra la clase trabajadora, sino sobre todo evitar desenmascararse como una tendencia reaccionaria que apoya tendencias ultraderechistas, y que esto pudiera provocar intentos de lanzar una alternativa política que se opusiera a Anticapitalistas y a Podemos desde la izquierda.

Cuando los partidos nacionalistas catalanes amenazaron a principios de 2019 con oponerse a los presupuestos, el Gobierno del PSOE convocó nuevas elecciones en un intento desesperado, aunque fallido, por apuntalar su apoyo. Tras las elecciones de abril de 2019, que produjeron otro parlamento sin mayoría absoluta, estalló un duro debate en la clase dirigente española sobre cómo formar un Gobierno. El PSOE estaba decidido a defender una condena draconiana después de la farsa judicial contra los presos independentistas catalanes, en octubre de 2019, alineándose a las voces pro mano dura y fascistoides como Vox.

Aunque algunas facciones dentro de Podemos defendían entrar directamente en el Gobierno con el PSOE durante el verano, Anticapitalistas finalmente ganó el debate. Pidió precaución, y aconsejó a Podemos aguardar antes de entrar inmediatamente en un Gobierno dirigido por el PSOE. Estaba dispuesto a apoyar la adaptación por parte de Podemos al PSOE y a Vox, pero insistía en que Anticapitalistas no podía ser visto haciéndolo.

Este argumento lo hizo de manera explícita Jaime Pastor, un destacado miembro de Anticapitalistas, después de que Podemos rompiera las negociaciones de gobierno con el PSOE y convocara las elecciones de 2019. En Viento Sur, explicó por qué se oponía a la participación de Podemos en un gobierno con el PSOE antes de que acabara el 2019: “difícilmente cabía pensar que Unidas Podemos hubiera podido desarrollar políticas de izquierda desde el gobierno y, en cambio, con su silencio habría tenido que asumir la complicidad con políticas de derecha en lo económico-social y represivas en relación a Cataluña”.

Pastor no se oponía a entrar en un Gobierno dirigido por el PSOE y convertirse en cómplices de políticas derechistas, que es, de hecho, lo que Anticapitalistas procedió a hacer al final. En cambio, insistía en que Anticapitalistas y Podemos solo debían hacerlo hasta después de nuevas elecciones, y después de que el PSOE hubiera reprimido las protestas masivas que, a buen seguro, estallarían en Cataluña contra el encarcelamiento de los presos políticos catalanes. Esto evitaría asociar abiertamente a Anticapitalistas con la represión de tipo fascista en Cataluña del PSOE, esperando con ello poder controlar la oposición a su izquierda. Anticapitalistas solo debía unirse hasta entonces a las políticas de austeridad, militarismo y ataques a los derechos democráticos, como la “ley mordaza digital” de censura.

Como dijo Pastor, esto “permite emplazar a la dirección del PSOE a aceptar el compromiso público de unos puntos mínimos de acuerdo que permitan votar a favor de la investidura de Pedro Sánchez y, a la vez, garantiza la independencia política para desarrollar una firme oposición desde el parlamento y la movilización popular con el fin de poder desmarcarse, desbordar y/o confrontar con ese partido, el régimen y la UE austeritaria siempre que sea necesario”.

No había, por supuesto, ningún rastro de “independencia política” ni de “firme oposición” en las políticas aplicadas por Anticapitalistas. Apenas los nacionalistas catalanes fueron encarcelados bajo cargos inventados y terminaron las protestas de masas que esto provocó, Anticapitalistas se unió al nuevo Gobierno el 12 de noviembre de 2019 de forma entusiasta. Días después del acuerdo entre el PSOE y Podemos, en una entrevista concedida a Europa Press, el portavoz de Anticapitalistas, Raúl Camargo, dijo que Anticapitalistas “estaría vigilante” y juzgaría al Gobierno “por sus acciones”.

Pocos meses después, Anticapitalistas decidió dejar el Gobierno mientras la lucha de clases internacional se extendía a España. A nivel internacional, estallaron huelgas en la industria automotriz de Estados Unidos y México, contra los recortes a las pensiones en Francia bajo el presidente francés Emmanuel Macron y contra las leyes antimusulmanas en la India. En España, una huelga general en el País Vasco paralizó la región bajo el lema “Trabajos, vidas y pensiones dignas”, la cual fue seguida por la movilización de los agricultores en protesta por la gestión del Gobierno del PSOE-Podemos en la cuestión agraria.

Siempre temiendo desenmascararse, Anticapitalistas pronto anunció que dejaría el Gobierno. Intentó inventarse un motivo para hacerlo, criticando de manera absurda a Podemos por no oponerse al Gobierno del cual forma parte: “Nuestra propuesta de pactar la investidura con el PSOE [en el poder] y pasar a la oposición para seguir luchando por construir un proyecto que articulase una mayoría constituyente ha quedado descartada por el Podemos actualmente existente”. Anunció que celebraría un debate interno sobre su pertenencia a Podemos y al mismo tiempo iba a “tratar de impulsar un nuevo ciclo de luchas que evite el vaciamiento de la calle”.

Anticapitalistas estaba listo para irse cuando la pandemia de COVID-19 le trastocó los planes. La votación favorable a la salida tuvo lugar el 28 de marzo, pero no fue hasta el 14 de mayo cuando se anunció su partida. Según su comunicado, “Hemos decidido esperar hasta hoy para hacerlo público: prestar atención a la pandemia del COVID-19 que golpea con fuerza al país y que afecta fundamentalmente a los sectores más vulnerables de las clases populares ha sido nuestra prioridad”.

La principal prioridad del Gobierno español no ha sido, sin embargo, ocuparse de los enfermos. Todo lo contrario. Mientras el Gobierno de coalición del PSOE-Podemos y otros Gobiernos a nivel internacional estaban implementando recortes que han colapsado los sistemas de atención sanitaria, y han trabajado codo a codo con los sindicatos para obligar a millones de trabajadores a volver al trabajo sin equipos de protección básicos y medidas de seguridad sanitaria, su gran preocupación fue el rescate de los bancos y las grandes empresas.

Desde principios de mayo, el Gobierno del PSOE y Podemos ha levantado las medidas de confinamiento, consciente de que esto provocará nuevos brotes que se cobrarán miles de vidas. Los hospitales colapsados y los sistemas de salud sin fondos a causa de la austeridad, incluidas las medidas que impuso Podemos, han llenado las salas de urgencias con víctimas del COVID-19, provocando que desde principios de marzo haya 48.000 muertes más que en años anteriores, según el Instituto Nacional de Estadística.

¿Por qué esperó siete semanas Anticapitalistas para irse del Gobierno? No ha dado ninguna explicación clara. Es, sin embargo, bastante evidente que, si se hubiera ido del Gobierno durante la primera etapa de la pandemia, denunciando a Podemos y sus antecedentes, ello hubiera sido visto como una declaración de oposición al Gobierno y a su desastroso papel durante la pandemia. Esto no era parte del plan de la escisión “cariñosa” con Podemos. Y así, una vez que esperó lo suficiente tras el comienzo de la pandemia, se escabulló.

Cuando Anticapitalistas considere que es el momento oportuno, empezará a hacerse pasar, de manera absolutamente falsa, por una fuerza de “oposición” al Gobierno del que se acaba de ir.

¿A dónde va Anticapitalistas?

La pandemia de COVID-19 ya ha provocado la mayor destrucción de empleos y el mayor colapso económico desde la Gran Depresión de los años 30. Cientos de millones de personas en todo el mundo han perdido sus puestos de trabajo. A la vez, se están preparando recortes sociales masivos mientras los Gobiernos y bancos centrales les entregan billones de dólares y euros a los bancos y las grandes empresas. Según el banco central español, el país debería implementar medidas de austeridad brutales en los próximos 10 años, de cerca de €60 mil millones, o €6 mil millones cada año, y este era el pronóstico de antes del estallido de la pandemia y sus efectos económicos.

Sobre la pandemia, Camargo ha señalado en una entrevista en eldiario. es que, igual que antes, Anticapitalistas promoverá alianzas amplias con todo tipo de organizaciones reaccionarias burguesas o pequeñoburguesas: “Lo fundamental para nosotros es que se conforme un bloque social muy amplio ante lo que va a venir, ante lo que tenemos por delante. [...] Esto va a ser salvaje. En ese contexto, lo más importante va a ser la articulación de un bloque social plural para responder a las agresiones que sin duda va a haber”.

Las políticas implementadas por el Gobierno del PSOE y Podemos mientras Anticapitalistas formaba parte demuestran las medidas represivas que Anticapitalistas está dispuesto a apoyar contra los trabajadores. El Gobierno del PSOE y Podemos respondió a las protestas de los acereros de Sidenor de Basauri y a las huelgas de los repartidores de Glovo contra las condiciones laborales inseguras enviando a la policía antidisturbios. También prohibió protestas y aglomeraciones, argumentando cínicamente que las consideraciones sanitarias tenían que prevalecer por encima del derecho a la manifestación, mientras enviaba a millones de trabajadores a sus puestos de trabajo en medio de la pandemia. Gracias a su ley “mordaza digital”, la policía y la Guardia Civil están intensificando su vigilancia en las redes sociales y están llevando a cabo una censura electrónica masiva.

Camargo señaló en su entrevista que Anticapitalistas no se opone a estos precedentes. Al preguntarle claramente si cree que Iglesias traicionó los “fundamentos originales de Podemos”, Camargo respondió de manera evasiva: “No usaría esas palabras. Pensamos que el Podemos actual no es el Podemos original”.

Los antecedentes de Anticapitalistas, Podemos y su Gobierno brindan pruebas irrefutables de la hostilidad de los partidos “populistas de izquierda” a la clase trabajadora. Hace tiempo que se terminó la época según la cual estas organizaciones usaban sus vínculos con los partidos estalinistas para hacer creer de algún modo, aunque falsamente, su conexión con la Revolución de Octubre o el marxismo. Resulta cada vez más evidente que su traición ilimitada va ligada a su defensa del Estado capitalista, es decir, a su oposición de clase al marxismo.

Sus teóricos de hoy repudian explícitamente la lucha revolucionaria de la clase trabajadora por el socialismo. En su ensayo Por un populismo de izquierda publicado en 2018, la escritora postmoderna y socia de Syriza y Podemos, Chantal Mouffe, declaró: “Lo que se necesita urgentemente es una estrategia populista de izquierdas con el objetivo de la construcción de un 'pueblo', que combine la variedad de resistencias democráticas contra la posdemocracia para establecer una formación hegemónica más democrática... Yo afirmo que ello no requiere una ruptura 'revolucionaria' con el régimen democrático liberal”.

De hecho, la pandemia, las guerras imperialistas, la represión policial y los niveles obscenos de desigualdad social producidos por la austeridad de la UE son prueba de la bancarrota y falta de humanidad del sistema capitalista. También prueban irrefutablemente que la perspectiva nacionalista planteada por Anticapitalistas es un callejón sin salida para la clase trabajadora. Tales organizaciones, totalmente orientadas a entrar en Gobiernos burgueses nacionales, no tienen nada que decir bajo condiciones en las que cada gran problema —el control de la industria globalizada y los mercados financieros, pandemias, guerras, desigualdad social, o el cambio climático— se presenta como un problema global.

El hecho de que estos partidos adopten hoy la etiqueta de “populistas de izquierdas” solo subraya que su anterior afirmación de ser “postmarxistas” no representó un intento de continuar las tradiciones marxistas de la lucha revolucionaria por parte de la clase trabajadora, sino más bien su rechazo.

La oposición del Comité Internacional de la Cuarta Internacional (CICI) a Anticapitalistas, basada en una lucha por el internacionalismo proletario y la independencia política de la clase trabajadora, no es una disputa táctica ni de facciones. Más bien, representa una oposición de principios de una organización trotskista que defiende el legado histórico del marxismo y que busca dar una dirección revolucionaria a la clase trabajadora internacional, contra los defensores reaccionarios pequeñoburgueses del capitalismo. El CICI es el partido que hay que construir en España y en todos los países del mundo para dotar a la clase trabajadora de las armas necesarias para luchar con éxito contra las organizaciones reaccionarias “populistas de izquierda”.

El CICI no solo se opone de manera irreconciliable a Anticapitalistas, sino también a las otras tendencias populistas pequeñoburguesas que no encontraron la manera de unirse a Podemos y que ahora están viendo la oportunidad de forjar una alianza con Anticapitalistas y desactivar la oposición al Gobierno.

La salida de Anticapitalistas de Podemos ha expuesto a grupos como la morenista Corriente Revolucionaria de Trabajadores y Trabajadoras, una organización hermana del Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS) de Argentina. El mismo día que Anticapitalistas publicó su comunicado, la CRT publicó una declaración titulada “Carta a la Izquierda Revolucionaria del Estado Español: Avancemos en dar pasos hacia un partido unificado de la izquierda revolucionaria, la clase trabajadora, las mujeres y la juventud”.

CRT aplaudió a Anticapitalistas, especulando de manera absurda que su salida significaba su ruptura con el capitalismo. Apeló a ellos para formar un “polo” revolucionario que agrupe a Anticapitalistas, la CRT y organizaciones nacionalistas vascas y catalanas. La CRT afirmó que “un polo revolucionario como el que proponemos construir, permitiría también emplazar a estas otras organizaciones a la izquierda del neorreformismo, como a los compañeros y compañeras de Anticapitalistas, para que rompan definitivamente con las ilusiones en la gestión del Estado capitalista y en el proyecto de reeditar proyectos de unidad con sectores del reformismo de izquierda”.

Esto es absurdo. Anticapitalistas no busca desarrollar un programa izquierdista, ni implementar reformas para mejorar los niveles de vida de los trabajadores. Es un partido del gobierno capitalista que ha trabajado para recortar los niveles de vida de los trabajadores, librar guerras, atacar derechos democráticos y contener la oposición obrera a la agenda de corte fascista de la burguesía. Si Anticapitalistas se une o no a una coalición de partidos que incluya a charlatanes miserables como la CRT, seguirá siendo un fogueado defensor del capitalismo. De hecho, la referencia de la CRT a Anticapitalistas como “compañeros” subraya que la propia CRT es un ala apenas disfrazada de Podemos y del Estado capitalista.

La cuestión decisiva de los trabajadores y la juventud en España y del mundo que buscan luchar contra los efectos de la pandemia de COVID-19, la austeridad social, la guerra y la represión militar y policial es asegurar su independencia política de estas fuerzas de la clase media. Confundiendo y desmoralizando a los trabajadores con una perspectiva nacionalista impotente, y pasándoles información a cargos como Iglesias que está directamente ligado a los círculos de los servicios de inteligencia y de la policía, trabajan por estrangular y desmoralizar a los trabajadores y a los jóvenes.

Los antecedentes reaccionarios de Anticapitalistas subrayan que la cuestión estratégica decisiva hoy es construir el CICI como la dirección revolucionaria de la clase trabajadora. Esto requiere construir secciones del CICI en España y en el mundo, basadas en las colosales experiencias políticas encarnadas en su historia para librar una lucha sin cuartel contra grupos como Anticapitalistas.

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(Publicado originalmente en inglés el 11 de junio de 2020)