Setenta y cinco años después del final de la Segunda Guerra Mundial

Ideólogos derechistas en Alemania exigen el sacrificio de vidas humanas en la pandemia de coronavirus

por Christoph Vandreier
12 mayo 2020

A lo largo de los años, Alemania ha emergido como promotora, más que como un peligro, del orden mundial de los derechos humanos y el derecho internacional, afirmó el presidente alemán Frank-Walter Steinmeier en su discurso conmemorativo del 75º aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial. Según el jefe de Estado, la democracia alemana ha madurado a través de “décadas de lucha con nuestro pasado”.

Estas son frases trilladas que pretenden ocultar exactamente lo opuesto. Tres cuartos de siglo después del final de la guerra más brutal de la historia del mundo, tras la guerra de aniquilación y el Holocausto, la élite dominante alemana ha vuelto a las políticas autoritarias y, en última instancia, fascistas, para aplicar su programa de militarismo y de flagrante desigualdad social. Con estos fines, los crímenes de los nazis también están siendo trivializados.

Estas tendencias se están acelerando debido a la crisis del coronavirus. La élite dominante, con su política de reapertura de la economía, está aceptando la muerte de cientos de miles de personas como un precio que vale la pena pagar para proteger la riqueza de los súper ricos y fortalecer la posición del imperialismo alemán contra sus rivales internacionales. Mientras que cientos de miles de millones de euros fluyen hacia las cuentas de los principales bancos, se supone que no hay suficiente dinero ni siquiera para las medidas de seguridad más básicas.

Esta despiadada política de la clase dominante es irreconciliable con los derechos democráticos básicos y las normas fundamentales de la humanidad. Por lo tanto, cada vez más explícitamente las ideologías de extrema derecha y fascistas, que se basan directamente en el lenguaje del militarismo y los nazis, se están empleando para justificarla.

En los Estados Unidos, uno de los asesores más importantes de Trump, el exgobernador Chris Christie, ha pedido a la gente que “sacrifique” sus vidas por el “modo de vida americano”, como hicieron durante las dos guerras mundiales. Imágenes similares están siendo conjuradas en los medios de comunicación de habla alemana para justificar el morir por los superricos.

Ya el 17 de abril, el empresario suizo Georges Bindschedler declaró en el Neue Zürcher Zeitung (NZZ) que, a la luz de la “aceptación arbitraria de la destrucción de la economía”, hay que preguntarse, como dijo Federico el Grande a sus soldados en la batalla de Kolin, “¿quieres vivir para siempre?”.

Esta fue la exclamación de Federico el Grande cuando sus soldados se retiraron ante el enemigo en una situación desesperada. Se convirtió en sinónimo de la realización de una guerra despiadada y brutal. La adaptación más conocida es el libro y la película del mismo nombre, “ Perros, ¿quieren vivir para siempre ?” que cuenta la historia de la batalla de Stalingrado durante la Segunda Guerra Mundial.

Hoy en día, el empresario utiliza el eslogan militarista, que fue llevado al extremo por los nazis, para justificar su apoyo a la campaña de vuelta al trabajo que se está llevando a cabo en la práctica por los gobiernos de todo el mundo. Al igual que la conducción de los desertores de vuelta al frente, los trabajadores deben ser enviados de vuelta al trabajo para que puedan arriesgar sus vidas por los beneficios de Bindschedler y los de su ralea.

El filósofo Bernhard Gill fue aún más directo al establecer una conexión con la ideología inhumana de los nazis. En un artículo para Der Spiegel, expresó su oposición a la limitación de la propagación de las infecciones. Afirmó que las víctimas de la pandemia murieron debido a su fragilidad y vejez. En su opinión, esta “muerte es un proceso natural, que es doloroso para los individuos involucrados, pero visto desde la distancia crea espacio para una nueva vida”.

Gill es consciente de que su teoría de la selección natural tiene características sociales. Por ejemplo, los investigadores británicos descubrieron que los residentes de las regiones más pobres tenían el doble de probabilidades de morir de coronavirus que las personas que vivían en barrios ricos. Otro estudio reveló que el COVID-19 redujo la esperanza de vida media de los hombres en 13 años, y la de las mujeres en 11 años. Por lo tanto, no se puede hablar de que la razón principal sea la fragilidad debido a la vejez.

En el análisis final, Gill se preocupa por proporcionar una justificación pseudobiológica para las muertes masivas causadas por las condiciones sociales. No hay nada que diferencie esta posición del “principio aristocrático de la naturaleza” de Adolf Hitler, que según el Führer de los nazis se resumía en que los fuertes prevalecían sobre los débiles. La justificación de Gill de las muertes de personas con condiciones preexistentes o de ancianos sigue la misma lógica.

El socialdemócrata Konrad Heiden declaró en su biografía de Hitler que con esa afirmación “Hitler básicamente dijo todo lo que tenía que decir”. En Mein Kampf, Hitler contrapuso este principio aristocrático de la naturaleza a la “masa de números y su peso muerto”, es decir, los principios de democracia e igualdad.

Esto se está planteando de nuevo. El profesor germano-americano Hans-Ulrich Gummbrecht denunció en un artículo publicado en el NZZ el 24 de marzo el “principio de igualdad”, es decir, la protección igualitaria de toda la vida humana. Este principio es, en cualquier caso, bastante joven, afirmó, y añadió: “Hasta mediados del siglo XX, la decisión consciente de sacrificar una gran parte de la población masculina joven por motivos de poder y honor fue uno de los principios que generó consenso durante situaciones excepcionales de guerras nacionales”.

Aunque el profesor dijo que se puede considerar que los desarrollos posteriores representan el progreso humano, señaló que no se deben cerrar los ojos ante los inconvenientes. Por ejemplo, hay que preguntarse si la protección de la vida no está poniendo en duda “la supervivencia de la humanidad o al menos el futuro de la generación joven”.

Gummbrecht también está siguiendo la ideología militarista y fascista resumida por Heinrich Lersch en 1916 en medio de la Primera Guerra Mundial, cuando escribió en el poema “Despedida de un Soldado”, “Alemania debe vivir, aunque nosotros tengamos que morir”. El eslogan fue adoptado prominentemente por las autoridades del Kaiser y por los nazis, a quienes Lersch se unió más tarde.

El resurgimiento de tales posiciones no es un asunto trivial. El segundo personaje más importante del Estado alemán, el presidente del Parlamento Federal, Wolfgang Schäuble, adoptó esta línea de argumentación inhumana e incluso atacó el principio de la dignidad humana contenido en la Ley Fundamental. Esto no incluye el derecho a la vida, insistió Schäuble. No es cierto que "todo debe quedar en segundo puesto" para la protección de la vida.

Pero si las personas gravemente enfermas no reciben un respirador artificial que les salve la vida, con lo que mueren asfixiadas para proteger los beneficios de las empresas, entonces el artículo I de la Ley Fundamental, que se adoptó a raíz de los horribles crímenes de los nazis contra la humanidad, no vale el papel en el que está escrito.

La demanda fascista de Schäuble de sacrificar vidas para los ricos fue asumida por los representantes de todos los partidos en el parlamento. El líder del Partido Democrático Libre(FDP) Christian Lindner, el jefe de la extrema derecha de la Alternativa para Alemania (AfD) Alexander Gaulland, y dos miembros destacados del Partido Verde, Robert Habeck y Katrin Göring-Eckardt, todos elogiaron a Schäuble por sus comentarios.

El renacimiento de la ideología fascista va de la mano con la campaña integral para trivializar y disculpar los crímenes de los nazis. Ya en febrero de 2014, el profesor de historia de Europa del Este Jörg Baberowski defendió al apologista nazi Ernst Nolte. A modo de justificación, añadió: “Hitler no fue vicioso”. Comparó el Holocausto con los tiroteos de la Guerra Civil Rusa, declarando: “Esencialmente fue lo mismo: matanzas masivas a escala industrial”.

Esta repugnante falsificación de la historia, que apareció en Der Spiegel, la revista de noticias de mayor circulación en Alemania, permaneció sin ser criticada por un solo profesor o historiador durante tres años. El Partido Socialista por la Igualdad (Sozialistische Gleichheitspartei, SGP) y su organización juvenil, los Jóvenes y Estudiantes Internacionales por la Igualdad Social (JEIIS), fueron duramente atacados porque se opusieron a las falsificaciones de Baberowski. Los representantes de todos los partidos en el parlamento y el gobierno alemán apoyaron al profesor.

El profesor de la Universidad Humboldt, Herfried Münkler, también recibió aplausos de la clase política cuando negó que Alemania tuviera objetivos imperialistas durante la Primera Guerra Mundial e instó a Berlín a convertirse en “el disciplinador de Europa”.

El historiador militar Sünke Neitzel, que fue el único invitado de estudio de la ZDF en su programa oficial después del discurso de Steinmeier, culpó a la Unión Soviética en el 75º aniversario de la invasión de la Alemania nazi por ser corresponsable de la guerra de aniquilación. En su estrategia de exterminio, la Wehrmacht tomó al Ejército Rojo como modelo, afirmó Neitzel. Cuando las células terroristas de extrema derecha fueron descubiertas en el ejército un año después, Neitzel llamó abiertamente al ejército a basarse más en las tradiciones de la Wehrmacht de Hitler.

Steinmeier ha jugado un papel crítico en el renacimiento del militarismo y el fascismo alemán. En la Conferencia de Seguridad de Munich en 2014, el ministro de Asuntos Exteriores instó a Alemania a “comprometerse con la política exterior y de seguridad antes, de manera más decisiva y más sustancial”. Se quejó de la “cultura de la moderación” y declaró: “Alemania es demasiado grande para comentar la política mundial desde la barrera”.

Desde entonces, ha trabajado repetidamente con las fuerzas de la extrema derecha en la política interna y externa para lograr este objetivo. En febrero de 2014, dio la bienvenida a la embajada alemana en Kiev a Oleg Tyagnibok, el líder del partido fascista Svoboda, que había desempeñado un papel importante en el golpe de Estado de Ucrania respaldado por Berlín. En noviembre de 2017, invitó a los codirectores de la AfD, Alexander Gaulland y Alice Weidel, a una reunión en el Palacio Bellevue, la residencia oficial del presidente. Como resultado, el gobierno de la gran coalición adoptó las políticas de la extrema derecha e integró políticamente a la AfD en los procesos de toma de decisiones.

Las políticas de militarismo y desigualdad social, que ahora se intensifican por la pandemia del coronavirus, y el resurgimiento de la ideología fascista, confirman las advertencias del SGP de que la trivialización de los crímenes de los nazis forma parte de la preparación de la élite dominante para nuevos crímenes de dimensiones históricas.

Después de que Baberowski describiera a Hitler como "no vicioso" en febrero de 2014, el JEIIS escribió: “Los esfuerzos para justificar una narrativa históricamente falsa coinciden con un punto de inflexión crítico en la historia alemana. Están estrechamente ligados a las declaraciones del presidente Joachim Gauck y del ministro de Relaciones Exteriores Frank-Walter Steinmeier de que es hora de poner fin a las décadas de restricción militar de Alemania. El renacimiento del militarismo alemán requiere una nueva interpretación de la historia que minimice los crímenes de la era nazi”.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 11 de mayo de 2020)