El alto costo de la atención médica y la inexistencia de una baja remunerada deja a los trabajadores estadounidenses vulnerables al brote de coronavirus

por Jerry White
6 marzo 2020

Con el reconocimiento de funcionarios de que las dos personas que murieron la semana pasada estaban infectadas por el coronavirus COVID-19, el número oficial de muertes en los Estados Unidos ha llegado a nueve, con todas las muertes en el suburbio Kirkland de Seattle, Washington. Ahora hay más de 115 casos conocidos de coronavirus en al menos una docena de Estados de los EEUU. A escala mundial, el número de casos conocidos se acerca a 100.000 con al menos 3.000 muertes.

La administración Trump, principalmente preocupada por el impacto en el mercado de valores, ha tratado de minimizar la gravedad de la amenaza a la salud pública. Sin embargo, es evidente que la sociedad estadounidense no está preparada y está mal equipada para manejar la propagación del virus.

Como con cualquier otra crisis, ya sea provocada por huracanes, tornados u otros desastres naturales, o el colapso financiero global de 2008, es la clase trabajadora la que más se verá afectada por el coronavirus. La falta de una red de seguridad social básica en los EEUU, los altos niveles de pobreza y la proliferación de empleos mal pagados y precarios se han combinado con el crecimiento de la población sin seguro o con seguro insuficiente y la incapacidad de los trabajadores para solicitar la baja, incluso cuando están enfermos, creando la tormenta perfecta.

Maestros de Detroit protestan mediante baja médica en 2016 para exigir mejores condiciones escolares

En los lugares de trabajo, los supervisores han dado a los trabajadores pocas instrucciones, si es que las han dado, y está claro que no hay planes establecidos. Si las escuelas estuvieran cerradas, como el cierre de un mes en Japón, los trabajadores no tendrían idea de quién cuidaría a sus hijos o cómo se lo permitirían pagar. Con poco o nada de bajas remuneradas, los trabajadores no tienen idea de dónde vendrían sus ingresos si les tocara ausentarse del trabajo con permiso. Decenas de miles de trabajadores de líneas aéreas podrían enfrentarse a despidos debido a viajes reducidos junto con trabajadores de fabricación si los componentes de la cadena de suministro global se agotan.

Los trabajadores automotores que hablaron con el World Socialist Web Site en Detroit expresaron preocupación particular acerca del peligro. La pandemia comenzó en Wuhan, un importante centro de fabricación, conocido como la "Ciudad del Motor" de China.

"La gerencia no nos ha dado ninguna instrucción sobre el coronavirus", dijo al WSWS Michael, un joven trabajador de Fiat Chrysler en la planta de ensamblaje de Sterling Heights, en los suburbios de Detroit. "El último aviso de la compañía que recibimos fue sobre la construcción de carreteras, pero eso fue solo para que no llegáramos tarde al trabajo.

"Si el coronavirus llegara a esta planta, afectaría a todos. Se supone que debemos lavarnos las manos, pero los baños de la planta están sucios y siempre estamos luchando solo por conseguir jabón para el dispensador", dijo.

"Si este virus entrara en la planta, todos se enfermarían", dijo Anthony, un joven trabajador de Fiat Chrysler en la planta de Jefferson en Detroit, "Nadie puede pedir baja médica cuando está enfermo. Es una locura. Un trabajador de comida rápida contrae el virus y viene a trabajar, y tenemos cero posibilidades de no contraerlo.

"Los desinfectantes para manos son buenos, pero no pueden resolver el problema. Es como llevar cajas de agua a Flint cuando el problema subyacente es que el agua está llena de plomo. Hay tantos estadounidenses sin seguro que las personas ni siquiera van al médico para averiguar qué tienen porque cuesta demasiado. Hubo una broma circulando en las redes sociales, que decía que si quieres saber si tienes tos de coronavirus, tose sobre un rico y mira lo que le dice su médico".

Después de décadas de desindustrialización y reducción de salarios ayudados e incitados por los sindicatos, unos 220.000 residentes de Detroit, o uno de cada tres residentes de la ciudad, y la mitad de los niños de la ciudad viven por debajo del umbral oficial de pobreza del gobierno. En Michigan, aproximadamente 535.000 residentes no tenían seguro en 2018, un aumento de 25.000. Muchos más tienen seguro insuficiente, es decir, están cubiertos por planes de seguro patrocinados por el empleador, pero no pueden pagar las primas, deducibles, copagos y otros costos extra.

Los gastos extra para atención sanitaria han estado aumentando constantemente incluso cuando los salarios se estancaron (Fuente: Fundación Familia Kaiser)

Una encuesta de 2019 realizada por Los Angeles Times y la Fundación Familia Kaiser descubrió que el 40 por ciento de los estadounidenses con cobertura de salud patrocinada por el empleador todavía tenían dificultades para pagar el plan de salud o el tratamiento. Los deducibles promedios para la cobertura individual patrocinada por el empleador se triplicaron de $584 en 2006 a $1.655 en 2019, según otro estudio Kaiser.

¿Cuántos residentes abandonarían un viaje al médico, donde se podría contraer el virus, porque no podían pagarlo?

Mientras que los funcionarios del gobierno dicen que la mejor manera de prevenir la propagación de la infección es lavarse bien las manos, el año pasado los funcionarios de agua de Detroit desconectaron a 23.500 residentes porque no podían pagar la factura. Hasta el 15 de enero, 9.500 de ellos siguen sin agua, según los registros de la ciudad.

La semana pasada, la gobernadora demócrata de Michigan, Gretchen Whitmer, rechazó una apelación de la Unión Estadounidense de Libertades Civiles y los grupos cívicos de Detroit de que use poderes de emergencia para detener los cortes de agua debido a la amenaza a la salud pública.

El lunes, Nikolai Vitti, el superintendente del Distrito Comunitario de las Escuelas Públicas de Detroit, envió un correo electrónico superficial a los maestros y al personal de apoyo tratando de calmar las preocupaciones y los temores sobre el posible impacto en el distrito escolar de 50.000 estudiantes. "Los funcionarios de salud pública continúan advirtiendo de que el riesgo para el público sigue siendo bajo", escribe Vitti, antes de instruir a los trabajadores y sus familias a "practicar buenos hábitos de higiene", incluyendo "lavarse las manos durante al menos 20 segundos" y "quedarse en casa cuando están enfermos".

Un maestro de Detroit comentó: "El problema con que se les diga a los maestros y estudiantes que se laven las manos es que muchas escuelas no tienen jabón. Esto es ampliamente sabido y fue una de las razones de las enfermedades de los maestros en 2016. La falta de suministros aún no se ha resuelto.

"No sabemos cuáles de nuestras familias tienen o no agua. Entonces, tenemos que anticipar que muchos de los estudiantes van a la escuela sin lavarse porque se les cortó el agua. En la escuela, insistimos en que se laven las manos, pero el agua está envenenada con plomo. Entonces, independientemente de las ventajas que obtengan al deshacerse de los gérmenes y los virus, ahora tenemos que preocuparnos de que su piel absorba el plomo a través de la piel, especialmente si tienen abrasiones o cortes.

"Los padres frecuentemente trabajan en dos o tres empleos y no tienen tiempo pagado por enfermedad u otro tiempo libre remunerado y, a menudo, envían a sus hijos a la escuela enfermos. No todas las escuelas tienen enfermeras escolares. Incluso para aquellos que sí las tienen, si las enfermeras examinan al niño en busca de fiebre u otra enfermedad, no se garantiza que los padres puedan salir del trabajo para ir a recogerlos. Si hay una escuela con 500–1.000 estudiantes y tienes un estudiante infectado con el coronavirus, tiene el potencial de propagarse a todos los estudiantes y sus familias, y crecer exponencialmente. Esto es especialmente cierto en una ciudad empobrecida como Detroit, donde ir a un centro de atención de urgencia o sala de emergencias de un hospital no es asequible ni de fácil acceso".

En un artículo del 29 de febrero titulado, "Si el coronavirus barre Estados Unidos, culpe a nuestra brutal cultura del trabajo y la salud", señaló el columnista de negocios de Los Angeles Times Michael Hiltzik cuando el virus de la gripe H1N1 golpeó a los EEUU en 2009, se estima que 26 millones de residentes se infectaron durante sus meses pico. De estos, se estima que 8 millones continuaron yendo a trabajar mientras estaban enfermos. "Para el siguiente febrero, las autoridades de la salud pública estimaron que esos transportistas infectaron a unos 7 millones de compañeros de trabajo", escribió el Times, y agregó: "El problema era especialmente grave en el sector privado, donde la baja remunerada por enfermedad era relativamente rara".

El fenómeno de trabajar estando enfermo es tan común que las empresas estadounidenses tienen un término para ello, "presentismo". La principal preocupación expresada por la administración corporativa es cómo las enfermedades u otras dolencias físicas socavan la productividad del lugar de trabajo.

Un estudio de la Universidad Estatal de Pensilvania citado por el Times concluyó: "El presentismo —ir a trabajar estando enfermo— entre empleados del sector privado sin días de baja por enfermedad remunerados puede haber extendido la duración del brote [de la gripe de 2009]".

Una cuarta parte de los trabajadores estadounidenses no tiene derecho a baja por enfermedad remunerada, según la Oficina de Estadísticas Laborales. Solo el 58 por ciento de los trabajadores de servicios, menos de la mitad de los que están en el 25 por ciento más bajo del rango de ingresos, y solo tres de cada 10 de los que están en el 10 por ciento más bajo de los asalariados tienen tiempo pagado por enfermedad, señala el Times .

A diferencia de otros países, donde muchos trabajadores reciben tiempo pagado por enfermedad, en los Estados Unidos, el tiempo de ausencia por enfermedad a menudo no se paga. En Gran Bretaña, "los trabajadores tienen derecho a un pago por enfermedad de al menos $120 por semana durante hasta siete meses, a expensas de su empleador. En Francia, el gobierno y los empleadores en conjunto cubren el 90% del salario de un trabajador por hasta 30 días de ausencia por enfermedad, 67% después de eso", señala el Times .

"En China, el epicentro del brote actual, los trabajadores tienen garantizado del 60% al 100% de su salario por hasta seis meses, dependiendo de su antigüedad, y del 40% al 60% por hasta seis años después de eso. Esas normas liberales pueden haber aliviado el dolor de los trabajadores cuando las autoridades impusieron cuarentenas estrictas en la provincia de Wuhan, donde se cree que se originó el virus".

La emergencia del coronavirus ha revelado el carácter completamente irracional del sistema capitalista, que subordina todos los aspectos de la vida a la búsqueda incesante de ganancias por parte de las corporaciones gigantes e impide que la sociedad disponga sus recursos científicos, tecnológicos y humanos en todo el mundo para combatir esta amenaza a la salud pública. Esto subraya la necesidad de la reorganización socialista de la sociedad, basada en la necesidad humana, no en la ganancia.

"Las grandes farmacéuticas protegerán sus ganancias por cualquier medio necesario", declaró un veterano trabajador de Fiat Chrysler en Detroit. "Todos los países deberían unirse para abordar esto. Necesitamos una asistencia sanitaria mundial".

(Publicado originalmente en inglés el 4 de marzo del 2020)