Las elecciones en Irán muestran un creciente distanciamiento del régimen burgués-clerical

por Jordan Shilton
25 febrero 2020

Los resultados preliminares de las elecciones parlamentarias en Irán muestran una victoria de la facción "principalista" del régimen burgués-clerical, que defiende una posición más beligerante hacia la campaña del imperialismo estadounidense de "máxima presión" a Irán. Una muy baja concurrencia a las urnas en Teherán y otras grandes ciudades puso de relieve la crisis que se profundiza del régimen. Esta es impulsada por un lado por las sanciones económicas de Washington y las amenazas militares, y por otro lado por tensiones de clase crecientes arraigadas en la creciente desigualdad que hay en Irán.

La facción principalista o de línea dura del establishment gobernante defiende desechar el Acuerdo Nuclear de 2015 con los Estados Unidos y las potencias imperialistas europeas, y desarrollar lazos más estrechos con Rusia y China. Ayer, sus candidatos parecía que iban a sacar cerca de 200 de los 290 escaños parlamentarios. Mientras tanto, la facción "reformadora" dirigida por el presidente Hassan Rouhani, que presionó por el acuerdo con Washington y las potencias imperialistas europeas, consiguió apenas 17 escaños, bajando de los cerca de 150 de la última legislatura.

Aunque la votación sin dudas fue un reflejo distorsionado de la ira popular por el fracaso del acuerdo de 2015 en traer empleos y mejoras sociales como Rouhani había prometido, la derrota de los reformadores también reflejó que los órganos de supervisión electoral vetaban a muchos de sus candidatos. El poderoso Consejo Guardián, sobre el cual domina el Líder Supremo Ayatolá Alí Jamenei, prohibió a cerca de la mitad de los 14.000 candidatos que pidieron presentarse. A 92 diputados del parlamento saliente, casi un tercio del total, también se les prohibió presentarse.

El rasgo más importante de las elecciones fue el colapso de la concurrencia general a las urnas. Reflejando la desilusión creciente con todo el régimen, la participación cayó en picado del 62 por ciento en 2016 a apenas el 42,6 por ciento el viernes. En Teherán la participación fue todavía menor, entre el 20 y el 25 por ciento.

Las autoridades iraníes hicieron todo lo posible por estimular la participación. Jamenei declaró el voto un deber religioso, y las horas de apertura para los centros de votación fueron prolongadas dos veces, para un total de seis horas.

El régimen también intentó desviar la atención de la desigualdad social creciente, la causa fundamental del crecimiento de la oposición política, achacando la baja participación a factores externos. Jamenei denunció una campaña antiiraní en la prensa occidental por difundir "propaganda negativa" sobre el coronavirus, que dijo que disuadía a la gente de ir a votar. El virus ha matado a ocho personas en Irán, donde se reportaron 43 casos.

Sin embargo, un voluntario en las elecciones por los candidatos principalistas en la ciudad de Isfahan le dijo tajantemente al Financial Times: "Es difícil hacer que una persona que no se puede permitir un pedazo de pan para la cena de su familia vaya a votar, mucho menos que vote por nuestro candidato favorito".

Un vecino de Teherán comentó sobre la incapacidad de cualquier facción del régimen de brindar alivio a las sanciones devastadoras dirigidas por EEUU. "¿Por qué deberíamos esperar el resultado?", dijo ese vecino al Guardian. "Es una conclusión ineludible y ha sido fijada de antemano. Pueden hacer lo que quieran, y nosotros simplemente tenemos que ir tirando para ganarnos la vida. Tenemos ante nosotros más años de sanciones".

Estallaron conflictos implacables dentro de la facción principalista en el período previo a las elecciones. No fue capaz de presentar una lista electoral unida, ya que fuerzas alrededor del expresidente Mahmoud Ahmadinejad se confrontaron a quienes apoyan al presidente del parlamento saliente, Ali Larijani, particularmente por la posición de clérigos islámicos. La facción de Ahmadinejad, que quiere debilitar el papel dominante de los clérigos, parece haber salido fortalecida de la votación. Catorce de los más cercanos simpatizantes de Ahmadinejad, incluso su antiguo gobernador del banco central, consiguieron escaños en el parlamento.

Las elecciones constituyeron, en primer lugar, una derrota de la estrategia de los reformadores —aprobada por Jamenei y tolerada por los principalistas— de lograr un acuerdo directamente con las potencias imperialistas. Esta estrategia ha sido hecha trizas por el repudio de EEUU del acuerdo nuclear en 2018, seguido por la negativa de las potencias europeas a defenderlo. La reimposición de sanciones económicas por parte de la administración Trump ha recortado las exportaciones de petróleo de Irán, la principal fuente de ingresos de Teherán, a casi cero.

Teherán se enfrenta a un fortalecimiento militar estadounidense sistemático en todo Medio Oriente, que tiene por objetivo consolidar la hegemonía regional del imperialismo estadounidense construyendo una alianza anti-Irán que incluye a Arabia Saudita, Israel, y los países del Golfo Pérsico gobernados por jeques. Estas acciones agresivas que se ceban con Irán tocaron su máximo en enero, cuando Trump ordenó el asesinato ilegal con dron del comandante del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Iraní (IRGC), el general Qasem Soleimani, en Bagdad.

Sobre todo, las elecciones dieron una expresión distorsionada del conflicto de clase creciente entre los trabajadores y la clase capitalista iraní. Las sanciones occidentales han devastado las condiciones sociales, disparando la inflación y las tasas de pobreza. Un informe del año pasado por la oficina de investigaciones del parlamento iraní pronosticó que hasta 57 millones de personas, de la población iraní de 80 millones de habitantes, viviría en la pobreza para el mes siguiente.

Esta polarización social dramática es el producto no solo de las sanciones impuestas por los EEUU, sino también de las medidas de la élite gobernante iraní por revertir las concesiones sociales hechas a la clase trabajadora tras la Revolución Iraní de 1979. A lo largo de los cuatro últimos años, esto ha incluido severa austeridad y aumentos de precios de las mercancías básicas. Escasez de agua, provisiones prohibitivas, y alto desempleo son quejas comunes, especialmente entre los jóvenes y los trabajadores.

Huelgas y protestas entre docentes y otros sectores de los trabajadores han estado continuando desde diciembre de 2017 y enero de 2018, cuando protestas de masas contra salarios impagos, provisiones y otras necesidades básicas caras, y el paro, barrieron Irán.

Esto fue parte de un recrudecimiento global más amplio de la lucha de clases, con huelgas y protestas a nivel internacional incluso contra regímenes respaldados por Irán en Irak y el Líbano el año pasado. Un aumento del 300 por ciento del precio de la gasolina en noviembre pasado provocó protestas por todo Irán, que fueron reprimidas de manera sangrienta. Según Amnistía Internacional, el régimen mató a más de 300 personas en una semana de represalias violentas, durante las cuales el Estado interrumpió el acceso a internet.

Más oposición al régimen estalló después de que el IRGC derribara por error un avión de pasajeros ucraniano en el punto álgido de la crisis de guerra por el asesinato de Soleimani por parte de los EEUU en enero. El derribo del avión, que mató a todas las 176 personas a bordo, y las negaciones de responsabilidad por parte de las autoridades iraníes desencadenaron protestas furiosas, principalmente entre estudiantes y profesionales de clase media.

Mientras múltiples guerras imperialistas desgarran el Medio Oriente, las elecciones preparan el escenario para una mayor escalada en los conflictos con Washington y las potencias europeas, que han dejado claro que no se detendrán ante nada por cortar los vínculos cada vez mayores con Rusia y China.

El domingo, Rouhani lanzó una declaración en la que insistía en que el acuerdo nuclear todavía podía ser "una buena base para renovar la confianza entre nosotros ... La Unión Europea se espera que plante cara a las acciones ilegales de Estados Unidos". Sin embargo, las potencias europeas se han negado a ello. A pesar de decir defender el acuerdo nuclear después de que Trump se retirara de él, París, Berlín y Londres se han negado a dar cualquier paso práctico para asegurar el acceso de Irán a los mercados mundiales; las compañías europeas abandonaron a Irán para eludir represalias de Estados Unidos.

Después de tomar el control del parlamento, los principalistas también esperan hacerse con la presidencia en agosto de 2021. Rouhani, que está muy debilitado, dependerá de la aprobación de los principalistas para nombrar ministros. Algunas noticias especulaban con que a lo largo de lo que queda de la presidencia de Rouhani, los principalistas culparán a los reformadores de todos los problemas sociales y políticos de Irán para fortalecer su puja por la presidencia.

Según crece esta despiadada lucha intestina de facciones dentro de la burguesía iraní, un vasto movimiento se está gestando en la clase trabajadora iraní y mundial. La tarea clave con la que se enfrentan los trabajadores iraníes es orientarse hacia este movimiento creciente, rechazar las facciones principalista y reformista del régimen iraní, y unificar sus luchas con las de sus hermanos y hermanas de clase en todo Oriente Medio y el mundo contra la guerra imperialista, basados en una lucha por el socialismo.

(Publicado originalmente en inglés el 24 de febrero de 2020)