La conferencia libia y el nuevo reparto de África

20 enero 2020

Una importante conferencia internacional sobre Libia se celebrará en Berlín el domingo. Invitados por la canciller alemana Angela Merkel, jefes de Estado y altos funcionarios de las principales potencias imperialistas de Europa y EE. UU. se reunirán para definir el futuro del país rico en recursos naturales y, en última instancia, de todo el continente. También habrá representantes de Rusia, China y los poderes regionales más importantes, incluyendo Egipto, Argelia y Turquía, junto con líderes de las facciones opositoras de la guerra civil en Libia, el primer ministro Fayez al-Sarraj y el general Khalifa Haftar, junto a representantes de la Unión Africana.

Tanto en su forma como sede, la reunión recuerda a la infame Conferencia del Congo, también celebrada en Berlín, entre el 15 de noviembre de 1884 y el 26 de febrero de 1885, con la invitación del canciller alemán Bismarck. Su resultado fue la “Acta general de la Conferencia en Berlín” adoptada por los representantes de EE. UU., el Imperio Otomano, las potencias europeas y Rusia. Este acuerdo aceleró la división de África en colonias y al final intensificó las tensiones entre las potencias europeas, culminando en la matanza masiva de la Primera Guerra Mundial que inició en agosto de 1914.

Incluso antes de la Conferencia del Congo, el reparto de África ya estaba plenamente en marcha. Francia ocupó Túnez en 1881 y Guinea en 1884. En 1882, las tropas británicas invadieron Egipto, que era parte oficialmente del Imperio Otomano. Italia sometió partes de Eritrea en 1870 y 1882. En abril de 1884, el Reich alemán anexó África del Sudoeste Alemana (Namibia hoy), siguiendo a Togo y Camerún en julio del mismo año.

Con la Conferencia del Congo, la subyugación colonial de África, acompañada por un nivel previamente desconocido de barbarie imperialista, tomó ímpetu. En pocos años, las potencias europeas se repartieron prácticamente todo el continente. El Congo quedó en manos de Bélgica, la mayor parte del Sahara y el Sahel de Francia, Berlín tomó África del Este Alemana (Tanzania, Burundi, Ruanda y parte de Mozambique hoy) y Reino Unido conquistó Sudán, aplastando finalmente la rebelión mahdista de 1899. Esto fue seguido por la subyugación de Sudáfrica por parte de Reino Unido en la segunda guerra Boer (1899-1902), la división de Marruecos por parte de Francia y España y la conquista italiana de Libia en 1912.

Como a fines del siglo diecinueve e inicios del veinte, las principales potencias persiguieron sus intereses imperialistas predatorios bajo la apariencia de “diplomacia” y “paz”. Hoy día, actúan de forma incluso más flagrante para los mismos objetivos.

En un comentario sobre la conferencia de Libia, el diario Tagesspiegel declara con bastante franqueza: “La importancia estratégica de Libia es la razón por la cual tantos hoy quieren involucrarse ahí, a pesar de que no es atractivo invertir soldados o mercenarios y miles de millones en una guerra civil con un resultado incierto. Libia tiene petróleo. Quién controle Libia controlará actualmente la ruta migratoria más importante hacia Europa y, por ende, se convierte en un socio indispensable de la Unión Europea”.

El autor, Cristoph von Marschall, cuyos ancestros aristócratas fueron estadistas de alto rango durante el Reich alemán, expresa abiertamente las tradiciones a las cual Berlín está regresando. “Alemania necesita ahora la perspectiva fresca de Otto von Bismarck sobre el realpolitik. Y exige sus habilidades diplomáticas como un ‘negociador honesto’”. Pero, “el papel del negociador honesto no significa que tenga que ser altruista y que no pueda representar sus propios intereses. Alemania tiene estos: estabilidad en Libia, reducir la presión sobre Europa de la migración descontrolada”.

Antes, como ahora, el “negociador honesto” es realmente un forajido imperialista que busca su “lugar bajo el sol”. A pesar de que el Gobierno alemán no participó en el bombardeo de la OTAN en Libia de 2011, se ha involucrado mucho más agresivamente en África desde su giro en política exterior de 2013-2014. Ahora, Alemania participa con mil soldados en la ocupación de Mali encabezada por Francia, mantiene un campamento militar en el país vecino de Níger y avanza sus objetivos imperialistas por todo el continente con cada vez más agresividad.

En marzo pasado, Berlín actualizó su “Guía política sobre África”, adoptada inicialmente en mayo de 2014. Esta modificación incluye “la importancia creciente de África para Alemania y Europa”, que se debe, entre otras cosas, a la economía cada vez más dinámica del continente y sus “recursos naturales abundantes”. Consecuentemente, el Gobierno llama a fortalecer “el compromiso alemán en políticas públicas, de seguridad y desarrollo en África de una forma dirigida” para actuar “temprano, rápido, decidida y substancialmente” y para “desplegar todo el espectro de sus recursos disponibles a través de departamentos”.

Las otras potencias imperialistas están persiguiendo objetivos similares y también han aumentado sus intervenciones militares y políticas en el continente en años recientes. Francia ha expandido masivamente su participación en la zona del Sahel, mientras que EE. UU. también está intensificando su intervención en África, especialmente para reducir la influencia de Rusia y China. Nueve años después del bombardeo de la OTAN contra Libia, que redujo a escombros la infraestructura del país, dejó miles de ciudadanos muertos y heridos e instigó el asesinato del coronel Gadafi a manos de una turba, el país está nuevamente en el centro de las intrigas imperialistas. Pero las apuestas son incluso mayores ahora, con todos los participantes de la guerra pasada enfrentados unos contra otros en disputa por el botín.

El año pasado, Francia, en alianza con Rusia, Egipto y los Emiratos Árabes Unidos apoyó a Haftar, si bien no oficialmente, mientras que Italia y Qatar trabajaron estrechamente con el Gobierno de transición que cuenta con reconocimiento internacional (GNA) de al-Sarraj. Turquía comenzó a enviar soldados a Trípoli el 5 de enero de este año para fortalecer el GNA contra la ofensiva militar de Haftar. La decisión fue criticada tanto por los aliados abiertos del general como por Trump y el Gobierno alemán.

Berlín, en particular, está intentando utilizar sus contactos con ambas facciones opositoras de la guerra civil libia para unir a los beligerantes y aumentar su propia influencia.

Hay muchas indicaciones de que, entre bastidores, Berlín y la Unión Europea están preparando una intervención militar comprensiva. El viernes, el comisionado de Relaciones Exteriores de la UE, Josep Borrell, no descartó una intervención militar en Libia. “Es crucial que afirmemos nuestros intereses con más fuerza y, de ser necesario, de manera robusta”, comentó en una entrevista con Der Spiegel. “Si hay un cese al fuego en Libia, la UE tendrá que estar preparada para ayudar a implementar y monitorearlo, posiblemente también con soldados, por ejemplo, como parte de la misión de la UE”.

Borrell no dejó duda alguna de que tal operación militar podría extenderse a otras partes grandes de África del Norte y que respaldaría más agresivamente los intereses europeos contra Rusia, China y EE. UU. “La situación en el Sahel no está mejorando, sino lo contrario. El año pasado, 1.500 soldados fueron asesinados en la lucha contra terroristas solo en Mali, Burkina Faso y Níger”. Toda la región es un “polvorín”, afirmó.

Pero Europa tiene “muchas oportunidades para ejercer poder. Solo tenemos que quererlo. No estoy hablando sobre poder militar, al menos no solamente. El Año Nuevo apenas comienza y casi parece que solo hay crisis en todas partes. Así que tenemos que saber cuáles son nuestros objetivos. Y necesitamos estar listos, de ser necesario, para defender estos objetivos incluso si son contrarios a los de nuestros aliados”.

Este recrudecimiento de conflictos, junto con los gestos amenazadores en vísperas de la conferencia, confirma el análisis de Lenin en su obra clásica El imperialismo: “…la única base concebible bajo el capitalismo para repartir esferas de influencia, intereses, colonias, etcétera es un cálculo de la fuerza de los participantes, su fuerza general económica, financiera, militar, etcétera. Y la fuerza de estos participantes en la división no cambia a grados iguales, ya que el desarrollo uniforme de distintas iniciativas, consorcios, ramas de industria o países es imposible bajo el capitalismo”.

Por ende, las alianzas entre las potencias imperialistas, según Lenin, “sin importar la forma que tomen, de una coalición imperialista contra la otra, o de una alianza general de todas las potencias imperialistas, inevitablemente no son nada más que una ‘tregua’ en periodos entre guerras. Las alianzas pacíficas preparan el terreno para las guerras y a su vez son engendradas por las guerras; una condiciona a la otra, produciendo formas alternativas de luchas pacíficas y no pacíficas sobre una y la misma base de conexiones y relaciones imperialistas dentro de la economía mundial y la política mundial”.

Como con el asesinato del general Qasem Soleimani de Teherán, en violación del derecho internacional, y los preparativos de guerra estadounidenses contra Irán, los trabajadores y jóvenes deben entender que la conferencia libia constituye una advertencia. La profunda crisis del sistema capitalista está empujando a las grandes potencias cada vez más dentro del abismo de las guerras y la barbarie imperialistas. La preparación de nuevas guerras neocoloniales de agresión en África y Oriente Próximo, que presentan el peligro de una Tercera Guerra Mundial, solo puede prevenirse por medio de la movilización de la clase obrera internacional con base en un programa socialista y revolucionario.

(Publicado originalmente en inglés el 18 de enero de 2020)

Johannes Stern