¿Quién decidió que EE. UU. debería lanzar una “guerra caliente” contra Rusia?

25 noviembre 2019

Hay un dicho atribuido al banquero J.P Morgan: “Un hombre siempre tiene dos razones para lo que hace —una buena y la real—”.

El 26 de septiembre, el congresista Adam Schiff revisó el contenido de la queja de un “denunciante” que desató la investigación de juicio político contra el presidente Donald Trump. “Parece una clásica depuración del crimen organizado”, dijo Schiff.

Imitando a Trump en su conversación con el presidente Volodímir Zelensky, exigió Schiff, “Quiero que inventen trapos sucios de mi oponente político, entienden. Muchos”.

El presidente ucraniano Volodímir Zelenski (centro) visita la región de Donetsk al este de Ucrania, una zona golpeada por la guerra [crédito: Oficina de Prensa Presidencial Ucraniana via AP]

Si la “presunta depuración de crimen organizado” de Trump era la razón “buena” para el juicio político, la razón “real” emergió durante las dos semanas de audiencias legislativas públicas. Las audiencias le han quitado el velo a una masiva conspiración estadounidenses para gastar miles de millones de dólares para derrocar el Gobierno electo democráticamente de Ucrania en 2014 e instigar una guerra civil que ha cobrado miles de vidas.

La campaña de juicio político es en sí el esfuerzo de los intentos de sectores de las agencias de inteligencia y elementos dentro del Departamento de Estado para escalar el conflicto de Washington con Rusia, cuyas consecuencias catastróficas son potencialmente mundiales.

El jueves, el congresista demócrata, Eric Swalwell, mostró una foto del presidente ucraniano Zelenski con un chaleco antibalas en el “frente de batalla” de la guerra civil en el este de Ucrania. Les preguntó a los testigos del Departamento de Estado, “¿por qué es tan importante que nuestros impuestos tan difícilmente ganados le ayuden al presidente Zelenski y a los hombres parados junto a él a combatir Rusia en esta guerra caliente?”.

David Holmes, un asesor político en la Embajada de EE. UU. en Kiev, respondió:

Este no es el momento para alejarnos de nuestra relación con Ucrania, sino de reforzarla. Mientras estamos aquí sentados, los ucranianos están combatiendo una guerra caliente en suelo ucraniano contra una agresión rusa.

Luego en su testimonio la semana pasada, la exembajadora a Ucrania, Marie Yovanóvich, recordó que cuando era embajadora:

Fui a la línea del frente aproximadamente 10 veces durante una guerra caliente … a veces literalmente ya que escuchábamos el impacto de la artillería, y para ver cómo nuestros dólares de asistencia estaban siento utilizados.

Añadió:

Ucrania, con su enorme territorio y gran población, tiene el potencial para ser una importante… fuerza multiplicadora por el lado de seguridad… Y ahora Ucrania es un campo de batalla para la competición de grandes potencias con una guerra caliente por el control de territorio y una guerra híbrida por control de la dirección ucraniana.

Explicó que la “Revolución Maidan” financiada por EE. UU. y encabezada por fascistas de 2014, que ella y otros oficiales del Departamento de Estado llamaron absurdamente la “Revolución de la dignidad” fue parte de este conflicto. “Es por eso por lo que lanzaron la Revolución de la dignidad en 2014, exigiendo ser parte de Europa”, declaró.

El diplomático George Kent mencionó el mismo tema en su testimonio el miércoles pasado, indicando:

La Revolución popular de la dignidad en Ucrania en 2014 obligó a una dirección corrupta y prorrusa a huir de Moscú. Después de eso, Rusia invadió Ucrania, ocupando el siete por ciento de su territorio, el tamaño equivalente de Texas para Estados Unidos…

Desde entonces, más de 13.000 ucranianos han muerto en suelo ucraniano defendiendo su integridad territorial y soberanía de la agresión rusa. El apoyo estadounidense en la propia guerra de facto ucraniana de independencia ha sido crítico en esto.

Kent comparó subsecuentemente el papel de Estados Unidos en la guerra civil ucraniana al de España y Francia durante la Guerra de Independencia de EE. UU., cuando ambos países oficialmente declararon formalmente la guerra a Reino Unido en 1778 y 1779.

Si la analogía de Kent fuera cierta, entonces Estados Unidos está en una guerra no declarada con Rusia.

Pero, ¿cuándo fue discutida esta guerra con el pueblo estadounidense? ¿Hubo algún voto en el Congreso para autorizarla? ¿Alguien cree que si se le planteara al público estadounidense, “quisieras gastar miles de millones de dólares para ayudarle a Ucrania luchar una guerra con Rusia”, el porcentaje a favor sería más que minúsculo? Por supuesto, esa pregunta nunca se hizo.

Pero, en las audiencias del Congreso esta semana, los oficiales gubernamentales declararon que cualquier cuestionamiento de esta ayuda es prácticamente una traición. En su testimonio el jueves, la exoficial del Consejo de Seguridad Nacional, Fiona Hill, acusó a cualquiera que ponga en tela de juicio que “Ucrania es un socio valioso” de EE. UU. de avanzar los “intereses rusos”.

“Cuando estamos consumidos por rencores partidistas, no podemos combatir estas fuerzas externas”, dijo, amenazando al “presidente o cualquiera [que] impida o menoscabe la seguridad nacional de Estados Unidos”.

En 2017, Hill escribió una publicación de blog para el Brookings Institution llamando a Trump un “bolchevique”, haciendo eco de las declaraciones hechas hace más de 60 años por el líder de la John Birch Society, Robert W. Welch, quien declaró que el presidente Eisenhower era un “comunista”.

Detrás de estas acusaciones descabelladas de los demócratas de que Trump está funcionando como un “activo ruso”, hay un contenido muy real. La extremadamente peligrosa marcha de facciones del Estado hacia una confrontación militar entre Estados Unidos y Rusia, cuyos arsenales nucleares combinados son capaces de destruir a la humanidad varias veces.

En junio de 2017, pocos meses después de que Trump tomó el poder, el World Socialist Web Site caracterizó la lucha cada vez más profunda dentro del Estado así:

Las diferencias [de los demócratas] con el Gobierno de Trump están centradas principalmente en cuestiones de política exterior… Están decididos a prevenir que Trump debilite la política antirrusa desarrollada bajo Obama y que la campaña de Hillary Clinton estaba dedicada a expandir.

El maniaco foco en Rusia no es un accidente. Las prioridades de política exterior de Trump están centradas, como se sabe bien, en enfrentar a China. Su supuesta promoción de un “acuerdo” con Rusia es incompatible con el plan estratégico respaldado por secciones dominantes de la cúpula militar, de inteligencia y política exterior. La destrucción de la habilidad de Rusia para frustrar las operaciones militares estadounidenses es visto como algo crucial para controlar Eurasia, algo que se considera imprescindible para una victoria estadounidense en el conflicto a largo plazo con China.

No hay una facción de “paz” dentro de la élite política estadounidense. No se le puede dar credibilidad alguna a ninguno de los partidos del imperialismo estadounidense, que por décadas presidieron el derrocamiento de docenas de Gobiernos, el lanzamiento de un sinfín de guerras y la muerte de millones.

Es imperativo que la clase obrera articule su propio punto de visa hacia esta crisis. Como lo indicó el World Socialist Web Site el mes pasado, “La lucha contra el Gobierno de Trump y la defensa de los derechos democráticos más básicos es una lucha contra el capitalismo y el imperialismo estadounidense que debe ser emprendida de manera completamente independiente de y en oposición al Partido Demócrata”.

El autor también recomienda:

Un golpe palaciego la lucha de clases: la crisis política en Washington y la estrategia de la clase obrera
[17 junio 2017]

(Publicado originalmente en inglés el 23 de noviembre de 2019)

Andre Damon