Las fotos con la “cara negra” de Trudeau: cómo y cómo no oponerse al Gobierno liberal de Canadá

21 septiembre 2019

El primer ministro canadiense Justin Trudeau organizó una rueda de prensa de emergencia para su campaña electoral liberal el miércoles por la noche en respuesta a la publicación de la revista Time de una fotografía que lo muestra con un disfraz de Aladín y maquillaje para oscurecerse su tez. La fotografía de 2001 fue tomada del anuario de una escuela donde Trudeau daba clases.

Un arrepentido Trudeau dijo quererse disculpar a los canadienses porque en ese entonces no consideraba, pero ahora reconoce que fue una “acción racista”. También admitió que hay una segunda fotografía de cuando era adolescente en la que aparece con la cara pintada de negro participando en un show de talentos en el colegio.

Las fotografías han provocado un furor político y mediático. Ayer, Trudeau suspendió su campaña para la elección federal del 21 de octubre.

El presidente Donald J. Trump y el primer ministro canadiense, Justin Trudeau, junto a sus delegados participan en una reunión bilateral en el Centro del Congrés Bellevue el domingo 25 de agosto de 2019 (Foto oficial de la Casa Blanca de Shealah Craighead)

En otra improvisada conferencia de prensa en una pista de aterrizaje el miércoles por la noche, Andrew Scheer, líder del Partido Conservador y principal oponente de Trudeau, dijo estar “extremadamente sorprendido y decepcionado” y proclamó que Trudeau “no es apto para manejar este país”. Ignorando los lazos de su propio partido con fuerzas ultraderechistas y la virulenta campaña contra los refugiados que intentan escapar de la cacería de brujas antiinmigrante de Trump, Scheer declaró de forma moralista, “Ponerse la cara marrón… era tan racista en 2001 como lo es en 2019”.

Scheer emprendió nuevamente ayer contra Trudeau por “mentir” después de que Global News publicara un corto video de principios de los años noventa que muestra nuevamente a Trudeau con la cara pintada de negro. Subsecuentemente, Scheer admitió cuando fue cuestionado que su Partido Conservador fue el que le pasó el video a Global News la semana pasada.

La prensa corporativa se ha lanzado con toda fuerza a denunciar a Trudeau por no “ser honesto” y reconocer la existencia de estas imágenes antes del miércoles, acusándolo de plena hipocresía. Muchos de los que habían elogiado a Trudeau como el primer ministro “de la diversidad” en Canadá, ahora dicen estar escandalizados por su comportamiento.

La clase obrera tiene toda razón de oponerse a Trudeau y su Gobierno del Partido Liberal, respaldado por los sindicatos. Es un Gobierno derechista y proempresarial que ha impuesto austeridad, recortando decenas de miles de millones de dólares en salud mientras ordena un aumento del 70 por ciento en el gasto militar para 2026. Además, ha integrado aún más estrechamente a Canadá en las provocativas ofensivas militares-estratégicas de Washington contra China, Rusia y en la región rica en petróleo de Oriente Próximo. Cualquiera podría resultar en una guerra mundial catastrófica.

Sin embargo, la clase obrera debe oponerse al Gobierno de Trudeau desde su punto de vista de clase, sin verse enredada en las intrigas y provocaciones de los oponentes políticos y patronales de Trudeau.

El “escándalo de la cara negra” es una provocación política manufacturada y calculada. Fue fabricada de incidentes hace décadas y buscan promover la política de identidades raciales cultivada diligentemente por la facción “liberal-izquierdista” de la clase gobernante, así como el ambiente sensacionalista y absolutista fomentado por la campaña reaccionaria de #MeToo (#Amítambién).

Este pseudoescándalo está siendo convertido en un arma por una sección sustancial de la burguesía desencantada con Trudeau. Esto es porque lo consideran lo insuficientemente despiadado en su implementación de la agenda de la guerra de clases. En un intento paralelo para utilizar el alarmismo para desestabilizar al Gobierno y presionar la política más hacia la derecha, esta facción también ha buscado enmarcar la elección como un referéndum sobre la corrupción de los liberales, citando los esfuerzos de Trudeau para reescribir y manipular la ley para detener el enjuiciamiento penal de la empresa gigante de ingeniería SNC-Lavalin, cuya sede está en Quebec.

Ya, en los últimos 15 meses, la élite gobernante canadiense ha impulsado al poder en tres de las cuatro provincias más pobladas —Ontario, Quebec y Alberta— a Gobiernos encabezados por populistas derechistas que están eviscerando los servicios públicos y los derechos de los trabajadores y, en caso del Gobierno del CAQ en Quebec, ha aprobado leyes chauvinistas contra musulmanes y otras minorías religiosas.

La intensidad política del “escándalo de la cara negra” está vinculado a la promoción intransigente de la política de identidades por parte de Trudeau. Mientras hace valer los dictados del empresariado, Trudeau ha presumido sobre el compromiso del Gobierno a la “diversidad” de género, racial y étnica de su gabinete, el ejército y otras instituciones del Estado capitalista, la academia y las cúpulas empresariales. Su canciller, la militarista Chrystia Freeland, implementa una “política exterior feminista” en la que confabula con figuras como el vicepresidente estadounidense Mike Pence y el secretario de Estado Mike Pompeo, para planificar el derrocamiento del Gobierno electo en Venezuela.

La agenda supuestamente progresista de la política de identidades de los liberales busca cultivar una base de apoyo en la clase media-alta que busca un acceso mayor al poder y privilegios dentro del 1 y 10 por ciento más ricos. Pero va dirigido ante todo contra la clase obrera, buscando dividir a los trabajadores en condiciones en que, tanto en Canadá como en el resto del mundo, están reafirmando cada vez más sus propios intereses de clases en luchas sociales de masas.

Los trabajadores deben cuidarse. El escándalo fabricado contra Trudeau también está siendo utilizado para trivializar los lazos de los conservadores con las fuerzas ultraderechistas. Los liberales han estado resaltando, para efectos propios y cínicos, las publicaciones viejas xenofóbicas, antiaborto y racistas de los candidatos conservadores. Ahora la prensa empresarial, o al menos gran parte de esta, está argumentando que todo esto se puede olvidar ya que Trudeau tiene sus propios “pecados”.

Sin embargo, la realidad es que, en Canadá, así como en todos los países capitalistas avanzados, las fuerzas ultraderechistas están emergiendo desde adentro de los partidos tradicionales establecidos. El director nacional de campaña de ellos conservadores y exorganizador de la campaña de Scheer en 2017 en busca de la dirección del partido, Hamish Marshall, fue previamente el director del medio ultraderechista Rebel Media, con sede en Calgary, el cual promueve al neofascista británico, Tommy Robinson. Maxime Bernier, quien le ganó a Scheer en todas las contiendas hasta la última y decimotercera votación para dirigir el Partido Conservador, está ahora buscando una reelección como líder del nuevo Partido Popular de Canadá, el cual denuncia la “migración masiva” como una amenaza para la sociedad canadiense. En otoño del año pasado, el mentor de Scheer, el ex primer ministro conservador Stephen Harper, publicó un libro en el que pide un “diálogo” con los partidos ultraderechistas para combatir lo que describió como la verdadera amenaza: “el socialismo”.

Trudeau dice oponerse al populismo derechista. Sin embargo, el ala “liberal” de la élite gobernante ha allanado el camino para su crecimiento con las guerras y los ataques interminables contra la clase trabajadora. Más allá, está girando similarmente a métodos autoritarios de gobierno.

Trudeau ha hecho todo lo posible para trabajar de la mano de Trump, mientras que sus aliados más cercanos en defender el “orden liberal democrático” son el presidente francés, Emmanuel Macron, y la canciller alemana, Angela Merkel. Macron ha normalizado el uso de “poderes de emergencia” y utilizado la violencia policial masiva para imponer ataques amplios contra los trabajadores. Merkel, por su parte, está implementando las políticas antiinmigrantes del partido neofascista AfD y ha revivido la política de “potencia mundial” del imperialismo alemán que ya llevó a los crímenes más horrendos del último siglo.

Bajo condiciones de un resquebrajamiento cada vez más profundo del capitalismo mundial, un Gobierno reelecto de Trudeau entraría inmediatamente en un conflicto directo con la clase trabajadora. Como ya lo demostró la criminalización de la huelga de los trabajadores postales en 2018 y la expansión de los poderes de las agencias de inteligencia, los liberales recurrirán a la represión si sus aliados sindicales se muestran incapaces de contener la oposición de la clase obrera.

Los sindicatos y el socialdemócrata Partido Nuevo Democrático (NDP) están profundamente desacreditados, después de suprimir sistemáticamente la lucha de clases por décadas, imponer recortes salariales y de empleos enormes y conspirado para desmantelar los servicios públicos.

Las luchas están iniciando cada vez más fuera de su control, incluyendo numerosas protestas contra el Gobierno de Ford en Ontario, la huelga de operadores de grúas en Quebec de 2018, también declarada “ilegal”, y los paros laborales organizados en desafío a Unifor ante el cierre programado de la planta armadora de GM en Oshawa.

La tarea vital es impartirle una perspectiva socialista-internacionalista a este resurgimiento inicial de la clase obrera. Las distintas luchas de los trabajadores y jóvenes contra la austeridad, las concesiones y la guerra deben integrarse en una ofensiva industrial y política de la clase obrera. Esta ofensiva debe ir dirigida a llevar al poder a un Gobierno obrero comprometido con políticas sociales y a unir las luchas de los trabajadores canadienses con el resurgimiento global de la clase obrera, incluyendo la huelga en marcha de casi 50.000 trabajadores estadounidenses de GM.

Para avanzar esta lucha, se debe construir un partido revolucionario de la clase obrera, como una sección del Comité Internacional de la Cuarta Internacional: el Partido Socialista por la Igualdad (Canadá).

(Publicado originalmente en inglés el 20 de septiembre de 2019)

Keith Jones