“Esta es una ciudad cárcel”

Inmigrantes realizan cuatro días de protestas afuera de centro de detención mexicano

por Alex González
27 agosto 2019

Cientos de inmigrantes de África, Asia, y Haití mantuvieron cuatro días de protestas afuera de un centro de detención en el estado sureño de Chiapas. Las protestas surgieron por la negativa del gobierno de otorgar visas de tránsito humanitarias, tras el acuerdo del presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador en servicio al fascistoide Donald Trump. Las protestas pacíficas fueron reprimidas de manera violenta por el ejército.

Las protestas ocurrieron en Tapachula, un municipio que comparte frontera con Guatemala y recibe la mitad de los inmigrantes indocumentados que viajan a México. A pesar de que la mayoría de los inmigrantes provienen de Centro América, Tapachula también recibe una gran cantidad de inmigrantes caribeños y africanos que viajan a México para tratar de llegar a los Estados Unidos.

Alrededor de 200 inmigrantes se manifestaron afuera de la Estación Migratoria Siglo XXI [Crédito: @CuartoPoderMX]

En Tapachula, más de 2.000 inmigrantes se encuentran detenidos en instalaciones con el nombre orwelliano “Estación Migratoria Siglo XXI”. Los manifestantes denuncian que se les ha rehusado su derecho a iniciar procedimientos para recibir su estatus de refugiado, o que se les ha negado un permiso para viajar por el país durante 20 días sin ser detenidos —como es su derecho bajo la ley mexicana.

En cambio, solo se les ha otorgado permisos para permanecer en el empobrecido estado de Chiapas, donde tienen oportunidades económicas y sociales extremadamente limitadas. Los inmigrantes declaran que han esperado su visa de tránsito durante cinco meses pero no se les ha otorgado tan siquiera la posibilidad de llenar una solicitud. Ya que todo el municipio está siendo utilizado como una prisión de aire abierto, entre la población local ha adquirido el nombre infame de “ciudad cárcel”.

A más del doble por encima de su capacidad, el campo de concentración en Tapachula ya ha sido el sito de varias protestas este año. El 6 de agosto, un inmigrante haitiano falleció en la Estación Migratoria Siglo XXI después de 20 días de detención. Testigos reportaron que se encontraba en confinamiento solitario a pesar de que estaba enfermo. “Los guardias lo dejaron agonizar hasta morir durante toda la noche”, denunciaron testigos a organizaciones locales.

En otro evento desgarrador, un v ídeo de una madre haitiana en la estación de Tapachula se volvió viral en las redes sociales hace menos de dos meses. La madre puede ser vista hablando con reporteros por debajo de la cerca de las instalaciones: “Por favor, algo de comida. Mi hijo se está muriendo. Todos los días no tenemos agua que beber. ¡Ayúdame!”

Bajo estas condiciones imposibles, atrapados entre la Guardia Nacional mexicana y el Gestapo estadounidense, los trabajadores y campesinos inmigrantes se han movilizado valientemente para defender sus derechos democráticos.

El lunes, alrededor de 200 migrantes afuera de las instalaciones —hombres, mujeres, y niños— mantuvieron un plantón para bloquear las entradas y salidas del centro. Para prevenir la deportación de inmigrantes, los manifestantes rodearon camiones que son usados para cargar y transportar a individuos de las instalaciones.

Las protestas pacíficas fueron recibidas con represión estatal el martes, cuando soldados de la Guardia Nacional mexicana fueron despachados para desalojar a los inmigrantes a la fuerza. Los manifestantes resistieron las medidas policiacas y los soldados se retiraron temporalmente de las instalaciones después de arrestar a cuatro individuos.

Más tarde este mismo día, la policía y los militares llevaron a cabo “fuertes redadas” como represalia, según la organización sin fines de lucro local Gente Sin Fronteras. "Numerosos miembros de la Guardia Nacional, uniformados con vestimenta militar, portando armas largas recorren junto con agentes de migración el centro de la ciudad, los parques y las calles, llevando a cabo una verdadera cacería de migrantes", señaló la organización.

Esta muestra de fuerza fue repetida el miércoles con un segundo intento de desalojo. Uno de los manifestantes, una mujer africana embarazada, se colapsó por un golpe de calor. Fue llevada a una instalación médica pero se informa que perdió a su bebé.

Las protestas continuaron el jueves con cientos de inmigrantes cantando “¡Liberad!” y “¡Sin barreras!” mientras que fueron rodeados por militares con equipo antimotines. Los manifestantes declararon que seguirán bloqueando las instalaciones hasta que se les otorgue su visa de tránsito garantizada constitucionalmente.

Las historias de terror descritas por los inmigrantes en Tapachula se reproducen a lo largo del país. Las ciudades en el lado sur de la frontera con Estados Unidos, desde Tijuana en el oeste a Matamoros en el este, están siendo transformadas en zonas de desesperación donde decenas de miles de refugiados se encuentran desamparados indefinidamente.

Casi 58.000 inmigrantes están en una “tierra de nadie” social y legal, huyendo de sus empobrecidos y violentos países de origen solo para ser atosigados, abusados, y detenidos por las autoridades mexicanas bajo órdenes del imperialismo estadounidense. Pero inclusive los que, a pesar de todo, logran pasar por el sistema son abrumadoramente negados y deportados por los jueces migratorios estadounidenses.

Tan solo en la ciudad de Tijuana, Baja California, alrededor de 9.900 refugiados se encuentran en la lista de espera de los agentes migratorios mexicanos. En promedio, tan solo 34 personas pueden cruzar la frontera cada día bajo el programa de “medición” implementado por la Administración de Trump.

La lista para una entrevista de asilo actualmente se extiende a mediados del año 2020. Durante seis a nueve meses, estos inmigrantes, la mayoría mujeres y niños, vivirán en barrios con pocas o ninguna posibilidad de ganar un ingreso o recibir servicios sociales.

Incluso el pretexto de “esperar en línea” está siendo violado por el gobierno. Según informes, la policía y el ejército mexicano han comenzado a transportar a refugiados del norte al sur de México, dejando a cientos sin la habilidad de asistir sus citas migratorias cientos de millas al norte.

Para defender sus derechos, los inmigrantes y sus millones de simpatizantes deben entrar en un conflicto abierto con el sistema de lucro Estado-nación, cuyas irreconciliables contradicciones han producido las catastróficas guerras y niveles históricos de desigualdad de los cuales los inmigrantes y refugiados escapan a lo largo del mundo. La respuesta a la militarización y los ataques contra los inmigrantes de la élite dirigente es la movilización política de la clase obrera para expropiar las ganancias ilícitas de la aristocracia financiera y reconstruir la sociedad bajo el principio de igualdad.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 26 de agosto de 2019)