Jeremy Corbyn y la llegada al poder de Boris Johnson

31 julio 2019

Es común escuchar entre los trabajadores, ante la llegada de Boris Johnson a la cúpula del Partido Conservador y al cargo de primer ministro, “¿cómo pasó eso?”.

Johnson encabeza el Gobierno más derechista en la historia británica, dedicado a una salida “sin acuerdo” de la Unión Europea que tendrá un impacto devastador sobre empleos, salarios y las condiciones laborales. Un viejo graduado de la Universidad Eton que no puede esconder su odio hacia los “estamentos bajos”, es odiado por millones de trabajadores. Sin embargo, ahora asumió el máximo cargo y se reporta que está contemplando convocar una elección general adelantada para asegurar, con alguna posibilidad de éxito, un mandato para dejar la Unión Europea el 31 de octubre y luego implementar su agenda de recortes fiscales a instancias de los grandes empresarios y los ricos.

El primer ministro Boris Johnson llega a Downing Street [crédito: Flickr- Number 10 Downing Street]

La responsabilidad política de la elevación de Johnson y su gabinete de ideólogos thatcheristas recae en Jeremy Corbyn, quien actuó como el partero político de un Gobierno de Johnson, gracias a que suprimió todos los intentos de los trabajadores para librar una lucha contra la patronal y sus defensores políticos.

Los cuatro años de Corbyn como líder del Partido Laborista son una experiencia estratégica para la clase obrera británica e internacional. Confirman el papel crucial de la supuesta “izquierda” en prevenir todo desafío político al laborismo y la burocracia sindical, que actúan como la policía de la lucha de clases en defensa de la clase gobernante.

Fue electo líder del partido en septiembre de 2015 por un voto abrumador de 59,5 por ciento en los votos de preferencia, constituyendo un contragolpe político contra sus tres oponentes blairistas y su política de una “austeridad lite” y militarismo imperialista. Cuando los blairistas tomaron pasos para deponerlo con un voto de no confianza en junio de 2016, por parte de 172 parlamentarios, esto repercutió en su contra. Corbyn obtuvo 61,8 por ciento del voto, 62.000 más que en 2015. Cientos de miles de trabajadores y jóvenes se unieron y para 2017 el laborismo contaba con más de medio millón de miembros y se había convertido en el mayor partido de Europa.

En 2017, la primera ministra Theresa May llamó a una elección general anticipada (“snap”), calculando que podría conseguir apoyo prometiendo que garantizaría un acuerdo de salida de la Unión Europea favorable. En cambio, el voto para los laboristas aumentó a 40 por ciento —un cambio de 10 por ciento y el mayor auge desde Clement Atlee en 1947—. Los conservadores vieron su voto caer a un Gobierno de minoría que depende del respaldo de 10 parlamentarios del Partido Unionista Democrático.

La situación no pudo haber sido más favorable para un líder del Partido Laborista respecto a librar una lucha contra la derecha blairista y luego contra los conservadores. Corbyn se encontraba al frente de una ola izquierdista de oposición a la austeridad y el militarismo que lo podría haber llevado al poder. Sin embargo, el objetivo central de Corbyn fue frenar todo intento para expulsar a los blairistas, según adoptaba poco a poco su programa, permitiendo un voto libre sobre la guerra en Siria, aceptando la membresía en la OTAN y el sistema Trident de misiles nucleares, e insistiendo en que las autoridades locales controladas por laboristas impusieran los recortes dictados por los conservadores.

En la cúspide de su popularidad, Corbyn procedió a suprimir toda oposición a los blairistas. En 2018, unió fuerzas con la burocracia sindical para oponerse a las demandas de reselección obligatoria de los parlamentarios blairistas, mientras que el canciller de la oposición, John McDonnell, avanzó una ofensiva con “té y galletas” para ganar el apoyo de la City de Londres.

Cuando la crisis conservadora en torno al brexit amenazaba con tumbar a May en abril de este año, Corbyn intervino para salvar su Gobierno. Abandonó los llamados a una elección general y comenzó sus negociaciones con May en nombre del “interés nacional”. Quedó en manos de la facción pro- brexit más agresiva de su propio partido darle el golpe de gracia a May, culminando en la llegada de Johnson al poder como el segundo primer ministro conservador no elegido desde 2016.

Johnson encabeza un Gobierno aún profundamente dividido sobre el brexit, con una mayoría de tan solo tres. Sin embargo, Corbyn les ha entregado la iniciativa en su partido a los blairistas, quienes se han dedicado a una caza de bruja contra los laboristas que tienden a la izquierda bajo acusaciones de antisemitismo y a perseguir la deposición de Corbyn.

Los parlamentarios laboristas le comentaron “en privado” al Sun, un diario de propiedad de Rupert Murdoch, que “la mudanza del Sr. Johnson al Número 10 [oficina del primer ministro] acelerará casi con certeza los intentos de un golpe para cambiar al dirigente del laborismo. Uno dijo: ‘Tener a Boris es algo bueno para nosotros ya que acelerará lo que tiene que ocurrir’”.

Los blairistas están insistiendo en que el laborismo se comprometa a mantenerse dentro de la UE. Su perspectiva es la de un Gobierno de unidad nacional con los Liberal Demócratas, el Partido Nacional Escocés y Plaid Cymru, el Partido de Gales. Esto permitiría que los conservadores consigan una victoria en una elección snap en el otoño en alianza con el Partido Brexit de Nigel Farage, avanzando una campaña nacionalista centrada en la hostilidad a la traición de la “élite de Westminster” tras el referéndum de 2016.

A pesar de que la mayoría de los simpatizantes del laborismo votaron por permanecer en la UE, entre 26 y 34 por ciento votaron a favor del brexit, principalmente en los centros obreros al norte que el Partido Brexit tendrá en la mira. La combinación de la confusión y desorientación generados por Corbyn fue puesta de manifiesto en las elecciones europeas del 26 de mayo que vieron el voto laborista derrumbarse a 15 por ciento, debido a que sus previos votantes que apoyaron quedarse en la UE se volcaron a favor de los Liberal Demócratas y los que apoyaron el brexit votaron a favor del partido xenofóbico de Farage.

Johnson incluso podría evitar convocar las elecciones si se cumple la afirmación de Caroline Flint de que más de 40 otros parlamentarios laboristas que apoyan el brexit apoyarían el Gobierno de Johnson en un voto parlamentario sobre dejar la UE. Lo que excluye la dirección de Corbyn es la intervención de la clase obrera en interés propio en la mayor crisis de gobierno del imperialismo británico desde la Segunda Guerra Mundial.

No hay nada único en el papel de Cobyn. Él sigue los pasos políticos de Syriza en Grecia, la cual llegó al poder en enero de 2015 prometiendo luchar contra la austeridad respaldada por la UE solo para imponer recortes aún más profundos que los de sus predecesores derechistas de la Nueva Democracia. En todas partes, la “izquierda” oficial, sea Corbyn en Reino Unido o Bernie Sanders en EUA, busca la supresión de la lucha de clases y la victoria política de la derecha, de modo que ahora Reino Unido tiene el equivalente político de Donald Trump en el número 10 de Downing Street.

Todo depende de que la clase obrera extraiga las conclusiones políticas necesarias.

El Partido Laborista es un partido de gobierno imperialista y no puede ser transformado por medio de la presión de las bases en un instrumento para oponerse a la austeridad, el militarismo y la guerra. Los “izquierdistas” como Corbyn son defensores leales de la clase capitalista. Preferirían organizar la expulsión de sus propios simpatizantes que arriesgar ser el desencadenante de un movimiento de la clase obrera que podría salirse de su control.

Ninguna pálida panacea reformista defendida por Corbyn, ni el apoyo al brexit o permanecer en la UE , pueden responder a la desesperada crisis social que enfrenta la clase obrera. El conflicto en círculos gobernantes en torno al brexit se trata de la cuestión de aliarse con EUA o con Alemania y Francia en una guerra comercial cada vez más intensa que atenta con hundir el mundo entero en un conflicto militar. El precio será pagado por una austeridad an más profunda en nombre de la competitividad global y el crecimiento de la ultraderecha.

Solo un movimiento unificado de la clase obrera británica, europea e internacional por el socialismo ofrece el camino al frente. Tras décadas en que la lucha de clases se ha visto suprimida, el mundo es testigo de la expresión inicial de una rebelión política contra los desacreditados partidos socialdemócratas y los sindicatos en una ola de huelgas en un país tras otro. La exposición de la afirmación de Corbyn, de que representa una alternativa izquierdista, abre la puerta para que los trabajadores en Reino Unido se integren como un contingente de este movimiento emergente bajo la dirección del Partido Socialista por la Igualdad.

(Publicado originalmente en inglés el 30 de julio de 2019)

Chris Marsden