El Acuerdo de Bretton Woods en su 75 aniversario

23 julio 2019

Hoy día marca el 75 aniversario de la conclusión de la conferencia de Bretton Woods, el cual desempeñó un papel clave en sentar las bases para una reestabilización de la economía capitalista mundial tras la devastación de dos guerras mundiales y la Gran Depresión de los años treinta, dando paso así al auge capitalista de la posguerra.

Tres cuartos de siglo después, el sistema capitalista mundial se enfrenta al estallido de los propios desastres que estremecieron sus cimientos y generaron luchas revolucionarias de la clase obrera, comenzando por la revolución de octubre de 1917 en Rusia.

Los participantes de la conferencia, los representantes de los poderes aliados que aún encaraban las últimas etapas de la guerra contra Alemania y Japón, estaban agudamente conscientes de que lo que estaba en juego en sus discusiones sobre establecer un nuevo orden económico mundial era la supervivencia misma de su gobierno.

En su intervención en la reunión, el secretario del Tesoro de EUA, Henry Morgenthau resumió sus conclusiones: “Tenemos que reconocer que la forma más sabia y efectiva de proteger nuestro interés nacional es por medio de la cooperación internacional, es decir, por medio de un esfuerzo unido por alcanzar metas comunes”.

Los temores que impulsaban esta orientación fueron articulados en marzo de 1945 en un discurso ante el congreso del subsecretario de Estado para Asuntos Económicos de EUA, William Clayton. Dirigiendo sus comentarios en oposición a los promotores de altos aranceles, advirtió que “la paz mundial siempre estará en grave peligro por el tipo de guerra económica internacional que fue librada tan amargamente entre las dos guerras” y que “la democracia y la libre empresa no sobrevivirán otra guerra mundial”.

Eso describe precisamente el camino sobre el cual se dirige el mundo, el recrudecimiento de conflictos económicos y guerras encabezadas por el imperialismo estadounidense bajo la Presidencia de Donald Trump.

En su discurso inaugural, Trump declaró: “Debemos proteger nuestras fronteras de los excesos de otros países que hacen nuestros productos, roban nuestras compañías y destruyen nuestros empleos. La protección conllevará gran prosperidad y fuerza”. En los más de dos años desde entonces, EUA ha llevado a cabo medidas cada vez más intensas de guerra económica, dirigidas tanto contra aliados como rivales según impone aranceles o amenaza con hacerlo en el nombre de la “seguridad nacional”.

Pero nadie debería ceder ante la ilusión de que las políticas sobre las cuales advirtieron los arquitectos del acuerdo de Bretton Woods que llevarían al desastre son simplemente el producto de la Casa Blanca de Trump. De hecho, los demócratas son incluso más militaristas. Han dado su apoyo a una resolución contra la gigante firma de telecomunicaciones china de Huawei que prevendría que Trump, como parte de cualquier acuerdo comercial, levante las debilitantes sanciones estadounidenses sobre la empresa.

Este apoyo bipartidista pone de manifiesto que la recrudecida guerra comercial y la amenaza de una guerra mundial no son el producto de la psicología o la mentalidad de algún grupo en particular de políticos capitalistas que pueda ser superada por medio de algún tipo de “corrección de curso”. En cambio, estos procesos están enraizados en la crisis profundamente arraigada e irresoluble del imperialismo estadounidense, a su vez el producto de la evolución histórica del sistema capitalista mundial en los tres cuartos de siglo desde el Bretton Woods.

Hubo dos pilares del acuerdo de Bretton Woods, uno político y el otro económico.

La fundación política que hizo posible que los líderes del capitalismo mundial alcanzaran un acuerdo para construir un nuevo orden económico mundial fue la traición por parte de la burocracia estalinista en la Unión Soviética y los Partidos Comunistas estalinistas en todo el mundo de las luchas revolucionarias de la clase obrera que estallaron en los años veinte y treinta, así como de la reanudación de luchas anticapitalistas de los trabajadores en Europa y en gran parte de Asia cuando la guerra llegaba a su sangrienta conclusión.

En el periodo previo a la guerra, el programa estalinista del frente popular, una alianza con supuestas secciones democráticas de las clases gobernantes, llevó a la traición en 1936 de la clase obrera francesa y la decapitación de la clase obrera española en la guerra civil de 1936-39. La burocracia estalinista, la cual había emergido como resultado de las derrotas sufridas por la clase obrera europea y el aislamiento subsecuente del primer Estado obrero tras la revolución de 1917, se había convertido en el principal soporte del imperialismo mundial.

En 1943, la burocracia estalinista le dio garantías al imperialismo mundial sobre el papel que desempeñaría en el periodo de posguerra en forma de la disolución de la Internacional Comunista. Esto fue subrayado en la cumbre de Yalta en febrero de 1945 con el primer ministro británico Churchill y el presidente Roosevelt de EUA. Stalin les dejó claro que la Unión Soviética apoyaría el retorno a Gobiernos capitalistas en Europa Occidental después de la guerra, una promesa que fue honrada cuando los partidos estalinistas ingresaron en Gobiernos burgueses en Francia e Italia tras la derrota de los nazis y suprimieron la marcha de la clase obrera hacia la revolución socialista.

La fundación económica fue la fuerza del capitalismo estadounidense, cuyas capacidades industriales habían crecido en el curso de la guerra a tal grado que para 1945 producía aproximadamente 50 por ciento de la manufactura mundial.

Tras asegurar la colaboración de los partidos estalinistas, que contaban con un apoyo masivo en la clase obrera porque eran vistos erróneamente como continuadores de la Revolución de octubre y por el papel esencial del Ejército Rojo en derrotar a la Alemania nazi, EUA fue capaz de utilizar su fuerza económica para reconstruir el capitalismo mundial.

Sin embargo, esto no lo hizo por altruismo, sino porque la reestabilización del capitalismo en la Europa y Asia devastadas por la guerra servía los intereses del imperialismo estadounidense. Se reconoció en los círculos gobernantes estadounidenses de que, si Europa y el resto del mundo regresaban a las condiciones de los años treinta, la economía estadounidense, dependiente de la expansión del mercado mundial, se enfrentaría al desastre. Además, independientemente del papel del estalinismo, el resultado sería el estallido de las luchas revolucionarias en Europa y en EUA.

Desde el principio de la Primera Guerra Mundial en 1914, el movimiento marxista había analizado el estallido de que el estallido de la guerra mundial había resultado de la contradicción entre el desarrollo de la economía mundial y la división del mundo en Estados nación rivales, lo que gestaba conflictos violentos entre las potencias imperialistas. Para defender sus propios intereses, involucrando centralmente la lucha por mercados, ganancias y recursos, cada una de estas potencias buscó resolver la contradicción entre la economía mundial y el Estado nación estableciéndose como la potencia mundial prominente, llevando a una guerra de todos contra todos.

Esta contradicción halló su expresión en el sistema monetario de Bretton Woods, el cual buscaba minimizar los conflictos entre las principales potencias mundiales. A instancias del imperialismo británico, John Maynard Keynes propuso el establecimiento de una divisa internacional, el “bancor”, para financiar las transacciones del comercio global e inversiones. La esencia del plan de Keynes fue hacer a EUA someterse a la misma disciplina que las otras potencias mundiales, minimizando así su dominio.

El plan “bancor” fue totalmente rechazado y el dólar estadounidense fue convertido en la base del nuevo sistema monetario internacional. Pese a toda la retórica sobre la necesidad de colaboración internacional, la hegemonía estadounidense estaba encarnada en el acuerdo de Bretton Woods. El único límite era que el dólar tenía que ser intercambiable por oro a una tasa de $35 por onza.

La contradicción entre la economía mundial y el sistema nacional no fue superada, sino suprimida, bajo el sistema de Bretton Woods. Volvería a la superficie.

El acuerdo monetario de Bretton Woods, junto con otras medidas como el Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio (GATT, por sus siglas en inglés) y la reconstrucción de la economía mundial por medio del uso más avanzado de tecnologías de producción estadounidenses, abrió el paso a una expansión económica en las principales economías capitalista. Durante el periodo de auge tras la guerra, la creencia popular era que el capitalismo había superado los desastres del último medio siglo y que la economía global podía ser administrada.

Sin embargo, el sistema monetario de Bretton Woods contenía una contradicción inherente. Tanto más promovía la expansión del mercado mundial y el desarrollo de otras economías capitalistas —Alemania, Francia, Reino Unido y Japón— más socavaba tanto la supremacía económica relativa y absoluta de Estados Unidos en la cual se basaba el sistema.

Esta contradicción, la cual ya había sido identificada para principios de los años sesenta, erupcionó a la superficie el 15 de agosto de 1971, cuando el presidente Nixon, enfrentando una fuga de oro, anunció unilateralmente en una transmisión vespertina el domingo que, a partir de ese momento, Estados Unidos no intercambiaría dólares por oro.

Las acciones de Nixon, las cuales también incluyeron un congelamiento salarial para los trabajadores estadounidenses y un cobro de 10 por ciento sobre las importaciones, buscaron mantener el dominio del imperialismo estadounidense sobre la economía mundial y su sistema financiero. Sin embargo, el declive de la supremacía económica estadounidense, tanto relativa como absolutamente, solo se aceleró en los años posteriores. El establecimiento de una moneda fiduciaria, libre de cualquier respaldo en oro, fue uno de los principales factores detrás del surgimiento continuo del capital financiero durante las últimas cuatro décadas.

La prominencia estadounidense en la producción industrial se erosionó gradualmente, en la medida en que ahora es menor que la de China y la Unión Europea, mientras que la acumulación de ganancias se ha vuelto cada vez más dependiente en la especulación y las operaciones en el mercado financiero.

El caso de Huawei, uno de los principales blancos del Gobierno de Trump y la cúpula militar y de inteligencia estadounidense, es una expresión gráfica de este proceso. Ha sido puesta en la mira porque está en el frente del desarrollo de la tecnología 5G de móviles, la cual tendrá un importante impacto en el desarrollo de la capacidad industrial por medio del internet.

Huawei es considerado ahora una amenaza existencial para un país que sentó las bases de avances enormes en la tecnología remontándose hasta los últimos años del siglo diecinueve porque no hay ninguna firma comparable de EUA. La razón de esta ausencia es que la generación de ganancias en EUA se ha vuelto cada vez más dependiente de las ganancias y manipulaciones financieras de corto plazo, a expensas de las inversiones y el desarrollo de las fuerzas productivas.

Tres cuartos de siglo después del Acuerdo de Bretton Woods, todas las contradicciones del sistema capitalista mundial que buscaba suprimir han salido a la superficie nuevamente. Han asumido su forma más explosiva en la marcha del imperialismo estadounidense para reafirmar su hegemonía al implementar el tipo de aranceles y medidas protecciones que conllevaron los desastres en los años treinta, agravados ahora por los bloqueos tecnológicos, así como por los medios de guerra.

El problema que enfrenta a la clase obrera mundial es el establecido por León Trotsky en los primeros años de la época imperialista, con el estallido de la Primera Guerra Mundial. En 1915, escribió que la perspectiva de la revolución socialista mundial y la organización socialista de la economía debía convertirse el programa práctico del día guiando las luchas de la clase obrera. Este análisis es más verdadero que nunca, conforme las contradicciones del sistema capitalista se dirigen hacia otra conflagración mundial.

(Publicado originalmente en inglés el 22 de julio de 2019)

Nick Beams