Huelga nacional contra el Gobierno de Ecuador exige liberar a Assange

por Andrea Lobo
18 julio 2019

Los trabajadores, campesinos y jóvenes en Ecuador comenzaron una huelga de cinco días el lunes contra las políticas draconianas del Gobierno de Lenín Moreno que busca fortalecer sus lazos con Washington y su aparato militar y de inteligencia.

La huelga constituye la primera gran acción industrial en el mundo que exige la liberación de Julian Assange. La demanda está siendo presentada en el contexto de una creciente oposición contra los derechos sociales y democráticos vinculados a la política totalmente servil de la Administración de Moreno ante el imperialismo estadounidense.

Manifestantes en Ecuador [crédito: Twitter @KolectiVOZ]

Mientras la prensa corporativa y los propios organizadores han buscado enterrar el tema durante la huelga misma, uno de los pocos puntos específicos en la convocatoria oficial a la huelga protesta “la entrega del fundador de WikiLeaks, Julian Assange, a los Estados Unidos, lo que pone en riesgo su vida”.

Esto se refiere a la anulación del asilo de Assange en la embajada ecuatoriana en Londres, donde buscó refugio de los esfuerzos de EUA para capturarlo y enjuiciarlo bajo cargos de espionaje que conllevan potencialmente la pena de muerte, esto por publicar cientos de miles de cables diplomáticos y documentos que exponen los crímenes de guerra de EUA y la OTAN, su espionaje masivo y conspiraciones diplomáticas en todo el mundo.

Conforme millones de trabajadores entran en la lucha de clases a nivel global para oponerse al recrudecimiento de la austeridad social, los ataques contra los niveles de vida, las guerras imperialistas y el bandazo hacia la dictadura, la bandera y el ejemplo avanzados por los trabajadores ecuatorianos por la liberación del periodista perseguido necesitan ser acogidos en cada lucha por la igualdad social y contra el imperialismo.

Más allá de la traición inmediata de la clase gobernante ecuatoriana, la persecución de Assange y la denunciante Chelsea Manning constituye una batalla crucial para los trabajadores, a medida que Washington y sus socios emplean su campaña vengativa como la punta de lanza para silenciar toda oposición y exposición futuras de sus crímenes de guerra, represión masiva y autoritarismo en cada país —a su vez, la única respuesta del imperialismo a la profundización de la crisis del capitalismo global—.

Los organizadores de la huelga incluyen el Movimiento Nacional Campesino (FECAOL), la Federación Unitaria de Trabajadores (FUT), las docenas de organizaciones activistas agrupadas en la Asamblea Nacional de Ciudadanos (ANC) y Compromiso Social, el nuevo partido del expresidente Rafael Correa. Afirman que es la huelga más grande en 14 años.

El martes, el principal día para las movilizaciones planeadas, los manifestantes colocaron docenas de bloqueos de ruta —desde las carreteras costeñas en Manabí, Guayas y El Oro, rodeando la ciudad porteña de Guayaquil, a la capital de Quito y al este sobre la carretera panamericana hacia Colombia y hasta el sur en la provincia de Morona Santiago hacia Perú sobre las sierras andinas— efectivamente deteniendo el país.

La mayoría de los carteles de los manifestantes estaban hechos a mano y, en las ciudades, se enfocaban en los despidos masivos, los recortes sociales y el papel del “Fondo de Miseria Internacional”, según las siglas del Fondo Monetario Internacional (FMI), y, en las zonas rurales, en los derechos a la tierra y al agua y en oposición a las concesiones mineras. Grupos de migrantes ecuatorianos en Bolivia, España, Estados Unidos y otros países llevaron a cabo mítines en apoyo a la huelga.

Aproximadamente 11.800 empleados públicos, la mayoría en el sector de salud, fueron despedidos durante el primer año del Gobierno de Moreno, como parte de los requisitos de austeridad para un préstamo de $4,2 mil millones aprobado por el FMI en marzo.

Otra problemática planteada en la convocatoria a la huelga es “en rechazo a la entrega de las Islas Galápagos para intereses del imperialismo norteamericano”, refiriéndose al reciente acuerdo para que el Pentágono utilice el archipiélago ecuatoriano, designado por la ONU como una reserva de biósfera y un sitio de patrimonio a la humanidad, como una base aérea.

Las fuerzas nacionalistas pequeñoburguesas y burguesas que están encabezando las manifestaciones, principalmente Correa y sus partidarios, han abandonado cada vez más toda mención de Assange, reconociendo que una explosión social de masas podría catapultarlos al poder y a tener que alcanzar su propio “Compromiso Social” con el imperialismo estadounidense.

Sin embargo, la prominencia continua de la defensa de Assange en las manifestaciones refleja un profundo enojo social hacia este hito histórico en el dominio del imperialismo sobre Ecuador y América Latina en su conjunto.

Cuando el Gobierno de Moreno abrió las puertas de su embajada en abril para que un escuadrón de secuestros británico arrestara a Assange, infringiendo en el proceso las leyes internacionales de asilo y las protecciones en la Constitución ecuatoriana, hasta 20.000 manifestantes, marcharon en Quito bajo carteles de “vergüenza mundial” para exigir la libertad del fundador de WikiLeaks. La protesta se topó con las porras, perros de ataque, gases lacrimógenos de la policía antidisturbios.

Moreno ha respondido desde entonces a la continua indignación popular por su rendición de Assange al imperialismo criminalizando WikiLeaks, atacando los derechos democráticos y encubriendo la corrupción de su Gobierno.

En abril, Moreno acusó absurdamente a Assange, pese al régimen de aislamiento al que estaba siendo sometido, con hackear las comunicaciones del presidente ecuatoriano y filtrar documentos que exponían la participación de su familia en el lavado de millones de dólares en sobornos y su estilo de vida personal lujoso. Más allá, sin presentar cargos formales o evidencia, el Gobierno arrestó por 70 días al amigo de Assange, Ola Bini, un programador sueco que vive en Quito, basándose en acusaciones indefinidas de que estaba involucrado en generar el escándalo de corrupción.

El lunes, CNN realizó un reporte difamatorio basado en documentos provistos por el Gobierno de Moreno y recolectados por la firma española contratada por la embajada ecuatoriana en Londres. Nuevamente, sin presentar ninguna evidencia y pese a negaciones consistentes por parte de WikiLeaks, acusan a Assange de colaborar con el Gobierno ruso en filtrar correos electrónicos del Partido Demócrata durante las elecciones estadounidenses de 2016.

El mes pasado, el Comité Internacional de la Cuarta Internacional y el World Socialist Web Site lanzaron una campaña global para “levantar y movilizar a la clase obrera internacional —la gran mayoría de la población y la fuerza social más poderosa del planeta— en defensa de Julian Assange y, de hecho, de los derechos democráticos y sociales de todos los trabajadores”.

Como lo demuestran las protestas y la huelga en marcha en Ecuador, la única base social para la defensa de Assange, la libre expresión y todos los derechos democráticos es la clase obrera internacional. Todos los que estén seriamente comprometidos con esta lucha deberían registrarse para construir un Comité Global de Defensa.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 17 de julio de 2019)