Múltiples estudios demuestran que el calentamiento global está acelerando el derretimiento de los polos

por Philip Guelpa
26 junio 2019

Varios estudios científicos recientemente publicados claramente demuestran que el derretimiento de los polos alrededor del planeta está acelerándose debido al cambio climático inducido por la actividad humana. Un sondeo mundial realizado por un equipo de la Universidad de Zurich, publicado en la revista Nature (18 de abril del 2019), reporta que en promedio el derretimiento glacial está ocurriendo un 18% más rápido de lo que fue estimado seis años antes, y cinco veces más rápido que en la década de 1960. En conjunto, esto representa una pérdida de 369 billones de toneladas de nieve y hielo por año.

El estudio fue mucho más exhaustivo que cualquier estudio previamente realizado, examinando información terrestre y satelital de 19,000 glaciares. El estudio no incluye las inmensas capas de hielo del Antártico y Groenlandia.

La tasa de derretimiento varia por región, con el derretimiento más rápido produciéndose en Europa Central, la región del caucásico, Canadá occidental, los 48 estados más bajos de los Estados Unidos, Nueva Zelanda y cerca a los trópicos, donde la tasa supera el 1% anual. De las 19 regiones estudiadas, solo una —Asia sur occidental— no mostró una reducción glacial significante.

A pesar de esta variación, la distribución casi planetaria de este proceso demuestra que un fenómeno global, el cambio climático, es el culpable, en lugar de factores locales.

Las masivas cantidades de agua derretida de los glaciales son un contribuyente significante al aumento del nivel del mar, representando aproximadamente del 25 al 30% del total anual, junto con el incremento en volumen de los océanos debido a las altas temperaturas (el agua se expande cuando se calienta) y el derretimiento concurrente de Groenlandia y las capas de hielo del Antártico. La sustancial entrada de agua de los glaciares en derretimiento representa una grave amenaza a billones de personas viviendo en las áreas de la costa debido a inundaciones y surgimiento de tormentas.

Además, a medida que los glaciares retroceden, en muchas de las regiones donde grandes poblaciones dependen del agua de ríos alimentados por glaciares (ejemplo, el Ganges), las cantidades de agua serán probablemente menos fiables. Solo en la región del Himalaya, 1.6 millones de personas dependen del agua derretida de los glaciares.

Corroborando el sondeo global, un estudio regional dirigido por el estudiante Joshua Maurer, graduado de la Universidad de Columbia, uso imágenes declasificadas de satélites espiá para examinar el derretimiento de los glaciares del Himalaya. El estudio encontró que la tasa de derretimiento de los 650 glaciares más grandes en toda India, China, Nepal y Bhutan, representando el 55 por ciento del volumen de hielo de la región, se ha duplicado en las últimas dos décadas en comparación a la tasa de derretimiento durante el último cuarto del siglo veinte. Usando información de temperatura de estaciones terrestres, el autor encontró que el derretimiento era mayor en los puntos más calientes, y era mucho menos correlacionado con otros factores. El estudio concluyo que el calentamiento global era el principal responsable del aceleramiento del derretimiento de los glaciares en el Himalaya.

Otro estudio publicado recientemente predijo que incluso si el aumento de la temperatura global se mantenía en 1.5 Celsius, el Himalaya perdería un tercio de su hielo glacial, pero si la tendencia actual continua la perdida podría duplicarse. En cualquier caso, habrá terribles consecuencias para las poblaciones río abajo en lo que se refiere a agricultura, ecología y energía hidroeléctrica.

Los crecientes efectos del calentamiento global están siendo vistos en el Ártico. El observatorio terrestre Lamont-Doherty de la Universidad de Columbia reporta que el deshielo de primavera de las capas de hielo, así como la pérdida de hielo marítimo, está ocurriendo varias semanas antes de lo normal. El derretimiento es el más amplio que ha sido observado desde que las mediciones satelitales empezaron en 1979. Han sido filmadas temperaturas del aire 40 Fahrenheit (4.4 Celsius) por encima de lo normal.

A mitad de mayo, la temperatura atmosférica en el noroeste de Rusia, cerca la entrada al Océano Ártico, se elevó a 84 Fahrenheit (29 Celsius). La temperatura promedio más alta en ese tiempo del año es 54F. Similarmente, temperaturas inusualmente altas fueron detectadas en otros puntos al norte en Rusia, Kazajistán y Finlandia. Varios ríos en Alaska experimentaron la más temprana ruptura de hielo hasta el momento.

Efectos del cambio climático en Alaska (crédito: NASA)

En general, el calentamiento de la atmósfera en el Ártico está ocurriendo dos veces más rápido que el promedio global. Estudios recientes demuestran que la capa de hielo de Groenlandia se está derritiendo a una tasa muchísimo más alta de lo previamente pensado. Si se derritiera por completo, el agua liberada de solo Groenlandia incrementaría los niveles del mar cerca de 20 pies de longitud (6 metros), inundando grandes áreas costeras, incluyendo muchas grandes ciudades, alrededor del mundo.

El hielo marino del Ártico también se está derritiendo a una tasa más rápida. La extensión media del hielo marino, en mayo, está en casi la mitad de un millón de millas cuadradas (800,000 kilómetros aproximadamente) debajo del promedio de 1981–2010. El mar abierto es más oscuro que el hielo y por lo tanto absorbe mucha luz solar. Esto crea un ciclo de retroalimentación positiva: entre más caliente el agua, más rápido se derrite el hielo restante, abriendo más superficie oceánica, incrementando aún más el porcentaje de derretimiento, y así sucesivamente.

Un océano más cálido resulta en una atmósfera más caliente, impulsando el derretimiento del hielo terrestre. Si la tendencia actual continua, eventualmente no habrá hielo marítimo de verano en el Ártico, afectando significativamente el clima en el hemisferio norte.

Una consecuencia de una atmósfera calentándose en el Ártico es el rápido descongelamiento del permafrost. Una investigación de campo por un equipo de la Universidad de Alaska Fairbanks ha revelado que el permafrost observado en ciertos puntos del Ártico Canadiense se está descongelando 70 años antes de lo previamente pronosticado.

El permafrost contiene grandes cantidades de materia orgánica que aísla carbón, congelado en el lugar por miles de años. Un rápido descongelamiento con la consecuente descomposición de esta materia orgánica liberaría grandes cantidades de metano, contribuyendo significativamente al efecto invernadero, calentando la atmósfera que ya viene calentándose por la incineración de combustibles fósiles. Esto añade otro ciclo de retroalimentación positiva: el incremento en el efecto invernadero conlleva a un derretimiento más rápido y extenso del permafrost, liberando más metano, el cual intensifica el efecto invernadero, conllevando a una aceleración del derretimiento del permafrost, y así sucesivamente.

La concentración de dióxido de carbono en la atmósfera, un importante gas invernadero, recientemente supero las 415 partes por millón, la más alta concentración en la historia humana. Los niveles de dióxido de carbono han aumentado cerca al 50 por ciento desde la Revolución Industrial, y la tasa de incremento está acelerándose, con el consecuente aumento de la temperatura atmosférica. Según la Agencia Meteorológica Japonesa, este abril fue el segundo más cálido globalmente, hasta el momento.

Mas significativo aún, 18 de los 19 años más cálidos para el planeta hasta la fecha han ocurrido desde el 2000.

El aceleramiento de la tasa de derretimiento del hielo en diferentes partes del mundo, ya sea de glaciares, de capas de hielo, de hielo marítimo, o de permafrost, es una grave advertencia de que el cambio climático esta rápidamente llegando a un punto en el que sus catastróficas consecuencias serán sentidas por billones de personas, amenazando la existencia de la civilización misma.

Un esfuerzo masivo, mundial es necesario para detener este nefasto proceso. Capitalismo, dividido entre distintas naciones-estados, cada una dominada por una pequeña clase dominante motivada por sus propios e inmediatos intereses financieros, precipitándose hacia una guerra mundial, es incapaz de movilizar los recursos necesarios para efectivamente solucionar este problema. Los esfuerzos hasta el momento, como el Acuerdo de París de 2015, son patéticamente inadecuados a la tarea.

En los Estados Unidos, la administración de Trump esta activamente revirtiendo incluso las más modestas medidas previamente decretadas para tratar el problema del cambio climático, y está tomando pasos para paralizar y amordazar agencias como la NASA y el EPA de realizar investigaciones y de transmitirle información al público. Muchos demócratas, buscando explotar la genuina preocupación de la población respecto al cambio climático, han hecho propuestas, como el Green New Deal, las cuales son completamente inadecuadas incluso en el altamente improbable evento de que sean implementadas.

Solo la reorganización socialista de la sociedad, en la que los vastos recursos científicos, tecnológicos y sociales de la humanidad sean movilizados en una escala coordinada y global para enfrentar este desafió, puede evitar esta catástrofe en curso.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 24 de junio de 2019)