El ataque abortado contra Irán: diez minutos para la Tercera Guerra Mundial

24 junio 2019

El jueves por la noche, una serie de eventos confusos y altamente peligrosos en torno a órdenes y su anulación por parte del Gobierno de Trump sobre ataques aéreos contra Irán han expuesto lo cerca que está el mundo de una nueva guerra catastrófica que amenaza todo el planeta.

Según la versión del propio Trump, canceló el bombardeo de instalaciones de misiles y radares iraníes apenas 10 minutos antes de que EUA lanzara misiles de crucero Tomahawk.

En una ráfaga de tuits apenas coherentes e internamente contradictorios el viernes, el presidente estadounidense afirmó que ordenó los bombardeos como represalia por el derribo el jueves de un dron espía RQ-4 Global Hawk de la Armada que Teherán acusó de violar su espacio aéreo.

Mientras Washington alegaba que el dron estaba volando sobre aguas internacionales y que el ataque de misil “no fue provocado”, Irán respaldó su caso el viernes exhibiendo partes destruidas del dron —cuyo precio se estima en hasta $200 millones— que habían caído en su territorio.

“Estábamos preparados y con las cargas listas para responder anoche contra 3 diferentes objetivos cuando pregunté cuántas personas morirían”, tuiteó Trump. “150 personas, señor, fue la respuesta de un general. 10 minutos antes del ataque, lo detuve”.

Grupo de ataque con portaaviones de Estados Unidos [crédito: Armada estadounidense]

El mandatario estadounidense luego afirmó que tenía preocupaciones de que tal cifra de muertos, “no era proporcional al derribamiento de un dron sin tripulantes”.

A parte de su retórica de “preparados y con las cargas listas”, un malapropismo militarista que provocó una ola de burlas en Twitter, la afirmación de Trump de que estaba preocupado sobre un número desproporcional de muertes iraníes no es nada creíble.

El Gobierno de Trump continuó y escaló las guerras estadounidenses en Irak y la de Siria que fue iniciada bajo Obama, presidiendo sangrientos sitios que asolaron las ciudades de Mosul y Raqqa, matando a decenas de miles con bombas y proyectiles estadounidenses en batallas que cobraron un total de dos fatalidades estadounidenses.

Más allá, ha armado a la monarquía saudita hasta los dientes y ha compartido apoyo logístico y militar en una guerra cuasigenocida contra Yemen, el país más pobre del mundo árabe, reclamando las vidas de hasta 80.000 civiles y dejando a millones al borde de morir por inanición.

El concepto de proporcionalidad no ha sido operativo en ninguna de las guerras libradas por el imperialismo estadounidense en Oriente Próximo, desde la Primera Guerra del Golfo hace casi tres décadas.

Trump no canceló los ataques aéreos por su preocupación sobre las vidas de iraníes, sino porque los asesores militares le advirtieron que el número de muertes en Irán inevitablemente conllevaría represalias que podrían resultar en la muerte de incluso más tropas estadounidenses, desencadenando un espiral de escaladas militares. Esto culminaría en una guerra de plena escala que haría ver las intervenciones estadounidenses en Irak y Afganistán como juegos de niños en comparación.

Mientras que EUA ha enviado un grupo de batalla encabezado por un portaaviones y un grupo de ataque de bombarderos encabezado por los B-52 de capacidad nuclear, además de otras 2.500 tropas estadounidenses que se unieron a los 20.000 soldados ya desplegados en la región, no está preparado para tal guerra.

Ahora se llevarán a cabo los preparativos. Como tuiteó Trump el viernes, “No estoy apurado, nuestro ejército está reconstruido, es nuevo y está listo para ir, por mucho el mejor del mundo. Las sanciones son punzantes y se añadieron más anoche”.

La Casa Blanca ha indicado repetidamente que pretende utilizar las sanciones que impuso hace más de un año, destruyendo el acuerdo nuclear iraní de 2015 con seis potencias mundiales, para convencer al Gobierno iraní a que acepte otra ronda de negociaciones.

Lo que Washington está exigiendo de dichas conversaciones es que Irán acabe su programa nuclear civil en su conjunto, entregue sus misiles balísticos y corte todos sus lazos e influencia en Oriente Próximo más ampliamente. Esencialmente, su objetivo es reducir Irán al estatus de una semicolonia que esté incluso más sometida al imperialismo estadounidense que la dictadura respaldada por EUA del sha, la cual fue derrocada por una revolución popular hace 40 años.

Tales objetivos no se pueden lograr de forma pacífica; llevan inexorablemente a la guerra. La “diplomacia” propuesta por los oficiales estadounidense rememora la practicada por Adolf Hitler en la marcha de los nazis hacia la Segunda Guerra Mundial.

Por medio de su asalto contra Irán, el imperialismo estadounidense está intentando revertir los desastres que ha causado en Oriente Próximo y Asia central por medio de guerras e intervenciones de cambio de régimen que cobraron más de un millón de vidas pero que fracasaron miserablemente en alcanzar el objetivo de establecer regímenes títeres de EUA y estables. Al contrario, resultaron en el aumento de la influencia de sus rivales en la región, incluyendo Irán, Rusia y China.

Una guerra contra Irán, un país con tres veces la población de Irak en el momento de la invasión de 2003 y cuatro veces su territorio, inevitablemente involucraría toda la región. El miércoles, las Fuerzas de Defensa de Israel completaron ensayos militares con miles de tropas para preparar una confrontación con Hezbolá, el movimiento de base chiita en Líbano que está alineado con Irán.

Además, una guerra contra Irán inevitablemente escalaría la confrontación estadounidense con China, la cual no puede ceder al imperialismo estadounidense el control para estrangular los recursos petroleros de Oriente Próximo que sostienen su economía. China también ve Irán como un eslabón estratégico de su estrategia del Cinturón y Ruta para profundizar su integración con el resto de Eurasia.

En una indicación inequívoca de que el ejército estadounidense está preparándose para un conflicto “impensable” que involucre EUA y las “grandes potencias” rivales, el Estado Mayor Conjunto del Pentágono publicó la semana pasada una nueva doctrina de Operaciones Nucleares por primera vez en 14 años, planteando el uso de armas nucleares como un medio para crear “las condiciones para resultados decisivos y la restauración de la estabilidad estratégica” y para poner fin a conflictos “en los mejores términos alcanzables para EUA, sus aliados y socios”.

El documento cita a Herman Kahn, el teórico de la Guerra Fría que sugirió en los años sesenta una guerra nuclear “ganable” y constituyó una de las inspiraciones para la película “Dr. Strangelove” de Stanley Kubrick.

El gran peligro que enfrenta la clase obrera en Estados Unidos e internacionalmente es que se están tomando decisiones con implicancias catastróficas completamente detrás de sus espaldas. Los preparativos de guerra y sus consecuencias exceden por mucho lo que se ha dado a conocer públicamente.

No existe ninguna oposición a las guerras imperialistas dentro de la élite política existente. Las diferencias de los demócratas con Trump sobre su política hacia Irán son de un carácter totalmente táctico. Obama sentó las bases para esto con sus propias sanciones punitivas y amenazas de guerra. En cuanto a las organizaciones pseudoizquierdistas cuyos orígenes se remontan a las protestas contra la guerra de Vietnam, todas se han acomodado al imperialismo estadounidense, promoviendo las agresiones estadounidenses en nombre de los “derechos humanos”.

Una nueva y catastrófica guerra solo se puede detener por medio de la intervención independiente de la clase obrera. Esto exige acciones políticas conscientes por parte de los trabajadores, estudiantes y jóvenes para arrancar la cuestión de la guerra fuera de las manos de la clase gobernante y sus representantes políticos, convirtiéndola en un foco central de la creciente lucha de clases tanto en EUA como en todos los países.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 22 de junio de 2019)

Bill Van Auken