Las elecciones en la India y el programa revolucionario contra la austeridad, la guerra y la reacción comunalista

por Keith Jones
9 mayo 2019

La campaña electoral nacional de múltiples fases de la India, que culminará con la tabulación de los votos el 23 de mayo, ha sido un espectáculo degradante. Un estimado de $7 mil millones, o más de dos tercios de lo que el Estado indio gasta anualmente en atención médica para los 1,37 mil millones de personas del país, se está gastando en una campaña dominada por apelaciones comunalistas, amenazas belicosas y promesas populistas falsas.

Desde el principio, el tono de la campaña fue establecido por el primer ministro indio, Narendra Modi, y su partido supremacista hindú Bharatiya Janata (BJP, por sus siglas en inglés). El Gobierno del BJP aprovechó un ataque terrorista del 14 de febrero en el área de Cachemira controlada por los indios para fomentar una crisis de guerra, ordenando ataques aéreos en el interior de Pakistán. Lo hizo con el objetivo transparente de resaltar la personalidad política de "hombre fuerte" de Modi, reprimir la ira popular por el desempleo masivo y la prolongada crisis agraria de la India, y movilizar a su base de activistas del movimiento hindutva.

Mientras Modi se jactaba de que India podía castigar a Pakistán a voluntad, el ejército de Pakistán, que justifica sus reclamos de privilegios económicos y poder político al invocar la amenaza de la India archienemiga, se sintió obligado a responder. En los últimos días de febrero, las potencias armadas con armas nucleares del sur de Asia se acercaron a una guerra total como en ningún otro momento desde la guerra indo-pakistaní de 1971.

A medida que se desarrollaba la crisis de guerra, los partidos de oposición —el Partido del Congreso y los estalinistas Partido Comunista de la India o CPI y Partido Comunista de la India (Marxista) o CPM— compitieron con Modi en cuanto a quién podía aclamar más efusivamente a los militares. En respuesta a la implacable promoción de Modi de sus "ataques quirúrgicos" y denuncias de sus rivales electorales por apaciguar a Pakistán y socavar a los militares, la oposición posteriormente criticó al Gobierno del BJP por "politizar" los ataques aéreos.

Pero ninguno expresó tan siquiera una palabra de crítica a Modi por haber llevado a India al borde de la guerra. Esto se debe a que toda la oposición, y esto es cierto tanto para los estalinistas como para los demás, apoya las ambiciones de gran potencia de la elite gobernante india, incluida su rivalidad estratégica reaccionaria con Pakistán. Todos han apoyado el surgimiento de la India como una gran potencia militar, con el cuarto mayor presupuesto militar del mundo, y todos han sido cómplices de la transformación de la India bajo los sucesivos Gobiernos liderados por el BJP y el Congreso en un Estado de primera línea en la ofensiva militar-estratégica del imperialismo de Estados Unidos contra China.

Hace cinco años, el BJP ganó la elección con una campaña que se centró en un llamamiento demagógico a los agravios sociales arraigados, promesas de empleos y desarrollo, incluso como proyectó Modi, que llegó a la prominencia nacional por su papel en instigar y facilitar el pogromo antimusulmán de Gujarat, como candidato a primer ministro.

En esta elección, Modi y el BJP han intensificado su promoción de comunalismo hindú. No pasa un día sin alguna provocación, ya sea del presidente del BJP, Amit Shah, quien insultó a los inmigrantes musulmanes de Bangladesh como "termitas" y prometió arrojarlos a la bahía de Bengala o Modi, quien elogió a un terrorista supremacista-hindú condenado llamándolo un candidato del BJP "estrella".

El BJP se ha visto envalentonado por el apoyo del que goza en el aparato militar y de inteligencia y de las empresas de la India, que en general lo ven como la mejor apuesta para proporcionar un Gobierno "fuerte" necesario para impulsar nuevas reformas neoliberales impopulares y perseguir agresivamente sus intereses en el escenario mundial. El servilismo y la complicidad de la oposición también han actuado como un impulso. El Partido del Congreso y su líder dinástico, Rahul Gandhi, hicieron toda una serie de gestos y declaraciones comunalistas en el período previo a las elecciones, en lo que incluso los medios corporativos caracterizaron como una campaña "hindutva moderada".

Pero el giro del BJP a la reacción comunalista descarada está animado, sobre todo, por su temor a la creciente oposición social. Modi y la derecha hindú sienten que el suelo se está moviendo por debajo de ellos. En los últimos dos años y medio ha habido una ola creciente de huelgas y protestas, encabezada por una clase trabajadora cada vez más rebelde, pero que también abarca grandes sectores de trabajadores rurales y urbanos. Decenas de millones de trabajadores en toda la India se unieron a una huelga general de dos días en enero contra las medidas de austeridad y proinversionistas del Gobierno del BJP.

Las huelgas y las protestas de los agricultores que se han extendido por la India desde 2017 están impulsadas por algo más que la oposición al BJP. Están desafiando la agenda promercado y proinversionista que todos los Gobiernos, tanto a nivel nacional como estatal, han perseguido desde 1991, cuando la burguesía india, con el colapso de su desarrollo capitalista liderado por el Estado después de la independencia, forjó una nueva asociación con el imperialismo basada en la transformación de la India en un centro de producción de mano de obra barata para el capital global.

Un orden social maligno

Hasta qué punto la oposición al Gobierno de Modi encontrará expresión en la elección sigue sin estar clara.

Todos los opositores del BJP están profundamente desacreditados, habiendo defendido políticas proinversionistas, reforzando la pobreza endémica y presidiendo el crecimiento rapaz de la desigualdad social.

El Congreso, hasta hace poco tiempo el partido de gobierno preferido de la burguesía, ya no es electoralmente competitivo en vastas franjas del norte de la India. En un intento desesperado por generar entusiasmo en las elecciones e infundir "sangre fresca", el Congreso ha proclamado como su nueva estrella de campaña nada menos que a Priyanka Varda, la hermana de Rahul Gandhi, cuya madre, padre, abuela y bisabuelo lo precedieron como presidente del Partido del Congreso (los últimos tres rodos primeros ministros de la India).

Con la esperanza de sacar provecho de la ira popular contra los dos partidos de las grandes empresas nacionales, una gran cantidad de partidos regionales y basados en las castas están disputando las elecciones por separado de la Alianza Progresista Unida liderada por el Congreso y la Alianza Democrática Nacional (NDA, por sus siglas en inglés) del BJP. Todos estos partidos han participado previamente en gobiernos derechistas tanto del Congreso como el BJP. Utilizan cínicamente los llamamientos etnochovinistas y de castas para buscar poder y dinero en nombre de varias facciones burguesas y pequeñoburguesas y, sobre todo, para desviar y dividir a la clase trabajadora.

En nombre de "salvar la democracia" y "salvar a la República", los estalinistas y su Frente de Izquierda apoyan descaradamente el impulso de una sección de la burguesía para reemplazar al BJP con un Gobierno de derecha alternativo, probablemente dirigido por el Congreso. Están montando una campaña de "cualquiera menos el BJP", instando a los trabajadores a apoyar a cualquier partido o alianza electoral que esté mejor posicionado para derrotar al BJP/NDA en un estado dado, mientras alardean sobre su papel clave en participar en y apoyar una sucesión de “Gobiernos sin el BJP” entre 1989 y 2008.

Todos estos Gobiernos, pero especialmente los Gobiernos encabezados por el Congreso de Narasimha Rao (1991–96) y Manmohan Singh (2004–14) abrieron el camino para el Gobierno de Modi. El primero implementó la primera ola de políticas proinversionistas del "big bang", mientras que el segundo siguió adelante con la privatización, la desregulación y la comercialización, mientras forjaba una "asociación estratégica global" con el imperialismo estadounidense.

Cualquiera que sea el resultado de la elección y la composición precisa del próximo Gobierno de la India, ya sea liderado por el BJP, el Congreso o un "Frente Federal" de partidos más pequeños, será un Gobierno de austeridad y reacción. La agenda de la burguesía se resumió brevemente en un reciente editorial del Times of India, intitulado "Después de los comicios: las reformas económicas y cultivar amigos son cruciales para el peso estratégico de la India". El artículo exigió "reformas resueltas" y un fortalecimiento de la alianza indo-estadounidense, incluso mediante “poniendo a trabajar al Quad", una alianza antichina al estilo de la OTAN conformada por los Estados Unidos, Japón, Australia e India.

Un inevitable choque entre la incipiente rebelión de los trabajadores contra el impacto ruinoso de décadas de reformas neoliberales y proinversoras y el próximo Gobierno de la India es inevitable.

Para prepararse para ello, los trabajadores y jóvenes con mayor conciencia de clase deben emprender la lucha para movilizar a la clase trabajadora como una fuerza política independiente, reuniendo a los trabajadores rurales y todos los oprimidos detrás de ella en la lucha por un Gobierno obrero.

La historia de más de siete décadas de una India "independiente" constituye una acusación condenatoria de la burguesía y una confirmación negativa del programa que animó la Revolución rusa de 1917 y que será para siempre sinónimo con el nombre de León Trotsky: la Revolución Permanente. En los países históricamente oprimidos por el imperialismo, las tareas básicas de la revolución democrática solo pueden resolverse a través de una revolución socialista dirigida por la clase obrera y como parte integral de la lucha mundial por el socialismo.

La India capitalista contemporánea es una sociedad maligna, en la que las castas, el latifundismo, el trabajo en condiciones de servidumbre y otros vestigios feudales están entrelazados con las fuerzas más avanzadas de la explotación capitalista organizada globalmente. En el apogeo de la sociedad, reina la criminalidad. La nueva generación de 130 multimillonarios de la India y el resto de la élite capitalista se han adueñado de una riqueza obscena al tiempo que emplean la violencia estatal y la política de dividir y conquistar, de castas y comunalista iniciada por los antiguos señores coloniales británicos de la India para reprimir a toda la oposición social.

La desigualdad social en la India ahora rivaliza con la del Raj británico. El 1 por ciento superior acapara el 71 por ciento de la riqueza de la India, mientras que cientos de millones sobreviven con menos de $2 por día y Modi recorre el escenario mundial buscando aumentar la inversión jactándose de que los salarios en la India son una cuarta parte de los de China.

En condiciones de crisis capitalista mundial, guerra comercial y crecientes tensiones geopolíticas, la elite gobernante de la India está desempeñando un papel especialmente vil e incendiario. Está alentando al imperialismo estadounidense en su campaña de guerra contra China al alinearse diplomática y militarmente cada vez más estrechamente con Washington. Al mismo tiempo, Nueva Delhi está tratando de aprovechar los favores estratégicos que Washington otorga a la India para montar su propia campaña de agresión, intriga y guerra y para imponerse como un poder hegemónico regional.

El entrelazamiento de los reaccionarios conflictos indo-pakistaníes e indo-chinos con la confrontación estratégica entre Estados Unidos y China representa una enorme amenaza para los trabajadores de Asia y el mundo. Esto ya ha sido destacado por las tres crisis de guerra, dos con Pakistán y el enfrentamiento militar de diez semanas con las tropas chinas por el control de una meseta del Himalaya en el verano de 2017, en el que la India ha estado involucrada solo desde septiembre de 2016.

El estalinismo y el surgimiento de la derecha hindú

La lucha por armar políticamente a la clase obrera con el programa del socialismo internacional requiere un ajuste de cuentas con el estalinismo.

El CPM, el CPI y sus afiliados sindicales han funcionado durante décadas como parte integral de los grupos de poder burgueses. Son los principales responsables de la ardiente contradicción que se encuentra en el corazón de la vida social y política de la India. Las últimas tres décadas de expansión capitalista han resultado en un crecimiento masivo en el tamaño y el poder social de la clase trabajadora. Sin embargo, la burguesía ha podido apropiarse de una proporción cada vez mayor de la riqueza producida por los trabajadores, quienes están completamente marginados políticamente.

Esto no es porque la ofensiva de la clase dominante no haya sido desafiada. Pero los estalinistas han suprimido sistemáticamente la lucha de clases y han hecho cumplir la agenda neoliberal de la burguesía. Esto incluye respaldar a una serie de Gobiernos nacionales de derecha, bajo el pretexto de bloquear el poder del BJP, e implementar lo que ellos mismos denominan políticas "proinversores" en los estados donde han ocupado cargos: Bengala Occidental, Kerala y Tripura.

Como resultado, la burguesía ha podido implementar su agenda socialmente regresiva. Y con los estalinistas paralizando políticamente a la clase trabajadora, impidiéndoles avanzar su propia solución socialista a la crisis social y apoyando e implementando medidas de derecha, la derecha hindú ha podido desviar la frustración y los temores populares sobre la profundización de la inseguridad económica.

Después de tres décadas en las que el principal objetivo del CPM y el CPI ha sido contrarrestar el BJP, la amenaza de la supremacía hindú es más fuerte que nunca.

Hoy, en respuesta a la profundización de la lucha de clases en la India y al resurgimiento de la oposición de la clase obrera en todo el mundo, los estalinistas están redoblando sus esfuerzos para atar la clase obrera a la burguesía, sus partidos y su estado.

La actitud de los estalinistas hacia el creciente movimiento de la clase trabajadora se resume en su virulenta oposición a la lucha para movilizar a la clase trabajadora en defensa de los 13 trabajadores de Maruti Suzuki encarcelados de por vida por cargos fraudulentos por su oposición principal a los salarios de pobreza y precariedad empleo en el mayor fabricante de automóviles de la India. Para el CPM, el CPI y sus afiliados sindicales, el Centro de Sindicatos de la India (CITU, por sus siglas en inglés) y el Congreso Sindical de la India (AITUC, por sus siglas en inglés), los trabajadores de Maruti Suzuki son innombrables porque la lucha por su libertad se opone a sus relaciones cómodas con el Partido del Congreso, el cual inició su incriminación falsa, y con los patronos. Más aún, desmentiría sus afirmaciones de que el Estado indio es un baluarte "democrático" en el que los trabajadores deben confiar para oponerse a la reacción comunalista.

El World Socialist Web Site hace un llamamiento a los trabajadores, jóvenes y profesionales con convicciones socialistas en India a que luchen por la movilización política independiente y la unificación internacional de la clase obrera bajo una dirección revolucionaria. Un elemento clave es la movilización de las masas en el sur de Asia por encima de las fronteras estatales reaccionarias y etnocomunalistas que fueron dibujadas por los señores coloniales británicos al acabarse el Raj y por facciones rivales de la burguesía nativa en 1947–48, a fin de montar una lucha unida contra las guerras y el imperialismo y emprender la lucha por los Estados Unidos Socialistas del Sur de Asia.

Esta estrategia, la Revolución Permanente, está encarnada en y anima el trabajo político de la Cuarta Internacional, el Partido Mundial de la Revolución Socialista, fundado por León Trotsky en 1938 en la lucha contra la traición estalinista de la Revolución rusa de 1917 y liderado desde 1953 por Comité Internacional de la Cuarta Internacional. Su realización requiere la urgente construcción de una sección india del CICI.

(Publicado originalmente en inglés el 8 de mayo de 2019)