El “giro” de la Reserva Federal aumenta precios de la bolsa de valores

por Nick Beams
27 abril 2019

El martes pasado, dos índices clave de la bolsa de Wall Street, el S&P 500 y el Nasdaq Composite, alcanzaron récords. El índice Dow, con menos empresas, no logró alcanzar un nuevo pico debido a los problemas experimentados por Boeing.

A pesar de las caídas en los últimos dos días, el aumento en los mercados en los últimos cuatro meses es un cambio importante respecto del final del año pasado, cuando Wall Street experimentó su peor diciembre desde las profundidades de la Gran Depresión en 1931.

En lo que va del año, el S&P 500 ha subido alrededor de un 17 por ciento, habiéndose recuperado en un 25 por ciento desde un punto bajo el 24 de diciembre. El Nasdaq ha subido un 22 por ciento en 2019.

El factor clave en el aumento no es la posibilidad de crecimiento económico, ni en los Estados Unidos ni en la economía global. De hecho, la perspectiva ha empeorado en medio de los crecientes signos de una desaceleración, especialmente en Alemania, que está al borde del crecimiento cero o incluso de una recesión.

En su Perspectiva de la Economía M undial, emitida a principios de este mes, el Fondo Monetario Internacional informó que el 70 por ciento de la economía mundial, es decir, las economías avanzadas, estaban experimentando una desaceleración en el crecimiento, luego de un repunte en 2017.

Tal fue la desaceleración que el FMI dijo que las perspectivas de crecimiento global para 2020 dependían de las economías emergentes y en desarrollo, específicamente citando como crucial a Turquía y Argentina, ambas con problemas en sus divisas y deudas.

El factor clave en la variación del mercado ha sido el “giro” de 180 grados por parte de la Reserva Federal o “Fed” de los Estados Unidos, junto con el Banco Central Europeo (BCE) y otros, que pasaron de buscar una “normalización” gradual de su política monetaria elevando las tasas de interés a iniciar una nueva ronda de estímulos financieros.

En 2018, en respuesta al aumento del crecimiento de EUA y lo que parecía ser un repunte mundial, la Fed de EUA realizó cuatro alzas en las tasas de interés de 0,5 puntos porcentuales cada una. También indicó que reduciría sus tenencias de activos financieros, acumulados durante el programa de flexibilización cuantitativa tras la crisis financiera de 2008, a razón de $50 mil millones al mes.

Esto produjo una reacción furiosa en los mercados financieros en diciembre, después del cuarto aumento de la tasa de interés, y una ofensiva sostenida contra la Fed en los medios corporativos, encabezada por el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, pero de ninguna manera limitada a él.

La Fed rápidamente se puso en línea. Su presidente, Jerome Powell dejó en claro en un discurso de enero que las alzas de la tasa previstas para 2019 estaban fuera de la mesa. En su reunión de marzo, el comité de mercado abierto de la Fed descartó aumentos para el resto del año y decidió dejar de reducir sus activos a fines de septiembre, dejándolos en alrededor de $3,5 billones, en comparación con los $800 mil millones antes de 2008.

Desde entonces, se ha planteado la posibilidad de que la Reserva Federal incluso pueda recortar las tasas de interés para fines de año. La Administración de Trump está pidiendo una reducción del 0,5 por ciento, así como una reanudación de las compras de activos. Los datos de los mercados de derivados indican una probabilidad del 56 por ciento de un recorte de tasas para fin de año.

El segundo banco central más importante del mundo, el BCE, se está moviendo en la misma dirección, brindando un mayor estímulo financiero en su última reunión en respuesta a la desaceleración de la zona euro.

El Banco de Japón se comprometió a mantener las tasas de interés en mínimos este año después de una revisión a la baja de las perspectivas de crecimiento de Japón por primera vez en tres años. Esto fue el resultado de la desaceleración del consumo interno, el debilitamiento de las exportaciones y el aumento de los riesgos del comercio internacional. El banco advirtió de "altas incertidumbres" e indicó que no espera alcanzar su meta de inflación al menos hasta marzo de 2020, nueve años después de sus movimientos iniciales para elevar los precios.

Corea del Sur, dependiente de las exportaciones, es considerada como un referente para la tecnología. Ayer informó la mayor contracción de su economía en una década. El producto interno bruto cayó un 0,3 por ciento en el primer trimestre.

El Banco de la Reserva de Australia también está considerando una reducción de la tasa de interés en su reunión del 7 de mayo, luego de los datos que muestran una inflación cero para el trimestre de marzo y solo el 1.3 por ciento del año pasado, muy por debajo de la tasa objetivo del banco del 2–3 por ciento.

El alza en el mercado de los Estados Unidos ha sido provocada por el giro de la Reserva Federal y la posibilidad de un nuevo estímulo por venir. Sin embargo, apunta a un cambio estructural de mayor alcance en los cimientos de los Estados Unidos y el sistema financiero global.

El columnista del Financial Times, Michael Mackenzie, señaló el mes pasado que, en medio de todos los giros y revueltas, la última década ha sido gratificante para quienes poseen los activos estadounidenses.

Más ganancias se han registrado desde entonces. En marzo de 2009, el S&P 500 llegó a un nivel tan bajo como 666. El martes, llegó a casi 3.000, un aumento de alrededor del 470 por ciento.

Mackenzie señaló: "El papel de los bancos centrales en fomentar la sólida recuperación de las acciones y otros activos de riesgo ha sido tan importante que hace que los años previos a 2009 parezcan otra era para los mercados".

La esencia de la era posterior a 2009 es que los bancos centrales ahora proporcionan la base para la acumulación de ganancias a través de las operaciones del mercado financiero y la especulación. Nada de esto se ha visto nunca en la historia del capitalismo global. Lejos de representar una fortaleza, muestra que la enfermedad que condujo al desplome de 2008 no se ha curado. Simplemente ha mutado para asumir formas aún más peligrosas.

La estructura precaria de todo el sistema fue resaltada por Steve Blitz, analista de la firma de investigación financiera TS Lombard, citado por Mackenzie. Según Blitz, la confusión de diciembre se podría considerar como un "ensayo general" y "nos queda una economía que no puede permitirse la pérdida de riqueza de un mercado bajista y las estructuras de mercado no pueden manejar una inversión masiva en el flujo de los fondos de inversión".

Además del apuntalamiento de los mercados financieros por parte de la Fed y otros bancos centrales, el otro factor principal en el alza de los precios de las acciones es el creciente uso de las recompras de acciones. En una época pasada, tales medidas se consideraron una manipulación del mercado. Ahora son procedimientos estándar de operación.

Según los cálculos del economista William Lazonick, entre 2007 y 2016, las compañías del S&P 500 gastaron el 96 por ciento de sus ganancias para financiar recompras de acciones y pagar dividendos, un proceso que ha continuado desde entonces. Esto desmiente la afirmación de que los recortes de impuestos corporativos de la Administración de Trump conducirían a mayores inversiones, mayor producción y salarios más altos.

El resultado de las medidas implementadas desde 2008 es el establecimiento de un mecanismo financiero mediante el cual la riqueza creada por el trabajo de la clase trabajadora es absorbida y depositada en manos de los bancos, fondos de cobertura, casas financieras y sus propietarios.

El análisis de Karl Marx de que la lógica inherente del sistema capitalista era la creación de riqueza en un polo de la sociedad y la pobreza y la miseria en el otro una vez fue denunciado como una exageración salvaje, refutada por el curso de los acontecimientos.

Hoy es una realidad viva.

La mayoría de los trabajadores estadounidenses no han experimentado un aumento en sus salarios reales en más de tres décadas. Al mismo tiempo, los ejecutivos de las grandes empresas estadounidenses el año pasado recibieron más de 254 veces la compensación promedio de sus empleados, y uno de cada diez ganaba 1.000 veces más. Hace cuarenta años, la proporción era inferior a 30.

Las tan publicitadas cifras bajas de desempleo en los Estados Unidos revelan la misma tendencia. Un estudio realizado por el economista de Harvard, Lawrence Katz, y el economista de Princeton, Alan Krueger, a fines de 2016 encontró que el 94 por ciento de los 10 millones de empleos creados durante la Administración de Obama eran temporales, por contrato o a medio tiempo. Como resultado, tales trabajadores constituían casi el 16 por ciento de la fuerza laboral.

El auge y la subida del mercado de valores no son un indicio de salud económica. Es más bien un gráfico de fiebre de una crisis financiera y económica venidera que será acompañada por una explosión de la lucha de clases.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 26 de abril de 2019)