El régimen argelino intensifica la violencia policial contra protestas cada vez más grandes

por Will Morrow
19 abril 2019

El régimen militar de Argelia está respondiendo a la escalada de protestas masivas antigubernamentales contra su “transición” política fraudulenta con un giro hacia una represión policial cada vez más violenta.

En un discurso televisado a nivel nacional el martes por la tarde, el general Ahmed Gaed Salah lanzó amenazas contra los trabajadores y jóvenes que protestaban. Declarando que la “decisión del ejército de proteger a la gente” era “irreversible”, continuó, “No obstante, esperamos que la gente evite recurrir a la violencia, preserve la propiedad pública y privada y no afecte los intereses de los ciudadanos”.

Salah también se refirió sin especificar a “reuniones sospechosas que tienen lugar en la sombra para conspirar detrás de las demandas de la gente e inhibir las soluciones del Ejército Popular Nacional y las propuestas para salir de la crisis”.

Estas declaraciones son una advertencia de que el ejército se está preparando para intensificar enormemente la represión desatada en las protestas del viernes pasado. Si bien el Gobierno había intentado hasta ahora limitar las confrontaciones de la policía con los manifestantes durante las ocho semanas anteriores, temerosos de que tales acciones solo intensificarían la ira popular, se ordenó a la policía disparar gases lacrimógenos y balas de goma contra los manifestantes pacíficos, incluyendo mujeres y niños, en Argel.

“Hubo disparos de gas lacrimógeno contra los manifestantes que estaban dentro del túnel o que estaban saliendo de él”, dijo un manifestante a El Watan, refiriéndose al Túnel de las Facultades en la capital. El periódico informó: “De repente, un recipiente de gas lacrimógeno aterrizó justo en el centro de la Plaza Audin. Sería seguido por docenas de otros. Luego comenzó el pánico entre miles de manifestantes que salían del Túnel de las Facultades ... Mujeres viejas, niños, se cayeron. Algunos se enfermaron, especialmente los asmáticos”. Tout sur lAlgérie informó de que estaban presentes policías antiterroristas fuertemente armados en toda la ciudad en un intento de intimidar a los manifestantes. El sábado por la mañana, un grupo de mujeres manifestantes fueron arrestadas por la policía en un café fuera de la oficina nacional de correos y fueron detenidas en la estación de policía de Baraki. Allí se vieron obligadas a desnudarse y las registraron físicamente.

La referencia de Salah al “respeto a la propiedad” es particularmente ominosa, dados los informes generalizados de que el Gobierno contrató matones para una provocación contra la policía como pretexto para atacar las protestas pacíficas del viernes. Un solo vehículo policial, estacionado sin oficiales cercanos, fue incendiado en el transcurso del día.

El uso del ejército de una represión más abierta es su respuesta a la escalada continua de protestas tras el anuncio del proceso de transición respaldado por el ejército anunciado a principios de mes. El discurso de Salah se produjo el mismo día en que decenas de miles de estudiantes universitarios protestaron en la capital, Argel. Fue la más grande de todas las manifestaciones fuera de un viernes.

En un intento por contener el creciente movimiento huelguístico en la clase obrera y las manifestaciones de millones de trabajadores y jóvenes desde el 22 de febrero, los militares exigieron la renuncia del presidente Abdelaziz Bouteflika y convocaron nuevas elecciones para preservar el mismo régimen sin su figura decorativa.

El martes, el régimen anunció la renuncia del jefe del Consejo Constitucional, Tayib Belaiz, un antiguo aliado de Bouteflika que había estado a cargo de supervisar las elecciones programadas para el 4 de julio.

El movimiento continuo en la clase obrera y los estudiantes argelinos es parte de un creciente movimiento de huelgas y otras muestras de oposición de la clase obrera a nivel internacional. En el vecino Marruecos, decenas de miles de maestros que trabajan por contrato están en huelga desde el 3 de marzo. El lunes, los sindicatos de educación desconvocaron la huelga y ordenaron a 55.000 maestros que volvieran a trabajar sin satisfacer su demanda de puestos permanentes, afirmando que el retorno al trabajo era solo “temporal”. Los maestros se rebelaron el lunes cuando regresaron al trabajo y se les pidió que rellenaran y firmaran documentos que explicaran sus ausencias durante la huelga.

En Polonia, cientos de miles de maestros llevan desde el 8 de abril en huelga nacional, la primera desde 1993, en oposición a décadas de austeridad impuestas desde la restauración del capitalismo en 1989.

En Sudán, el ejército derrocó al presidente Omar al-Bashir el jueves pasado en un golpe de Estado preventivo destinado a poner fin a los meses de intensas huelgas y protestas que exigían la caída del régimen. En menos de 48 horas, el régimen anunció la renuncia de Awad Mohamed Ahmed Ibn Auf, el jefe militar que había dirigido su destitución, en un esfuerzo por poner fin a las continuas protestas en masa. Una serie de otros funcionarios del régimen han sido retirados en un intento por poner fin al movimiento de protesta.

Las señales crecientes de que el ejército argelino está preparando una represión sangrienta subrayan las políticas traicioneras y desastrosas defendidas por los pseudoizquierdistas Partido de los Trabajadores de Louise Hanoune y Partido Socialista de los Trabajadores, afiliado al proimperialista Nuevo Partido Anticapitalista de Francia.

Mientras emitía llamamientos vacíos para que los militares se abstuvieran de intervenir en asuntos políticos, Hanoune, quien estaba haciendo de oposición leal a Bouteflika durante décadas, ha buscado promover las ilusiones de que los militares pueden funcionar como una herramienta para la democracia. Hanoune hizo una declaración la semana pasada en la que decía que el ejército “no debe ser político”, antes de agregar, “es responsabilidad del ejército proteger nuestra seguridad nacional, nuestras fronteras, y también, responder con toda la vigilancia posible a la interferencia extranjera”.

El PST publicó una declaración el 5 de abril declarando que el papel del ejército “es defender a la gente, sus derechos sociales y de bienestar, su soberanía nacional, sus fronteras y su soberanía política”. Estos partidos luchan por suprimir la concepción marxista de que los militares y los aparatos estatales son los instrumentos de la clase capitalista y responderán sin piedad para proteger sus bienes e intereses contra un movimiento en la clase obrera.

Detrás de estas afirmaciones se encuentra la perspectiva nacionalista y antisocialista a través de la cual la pseudoizquierda ha promovido el régimen del Frente de Liberación Nacional durante décadas. Rechazando la lucha por construir partidos socialistas independientes basados en la clase trabajadora, basados en la teoría trotskista de la Revolución Permanente, las organizaciones pablistas que se separaron del trotskismo declararon que el FLN y otros movimientos nacionalistas burgueses representaban internacionalmente un nuevo camino hacia el socialismo.

Hoy, el PT y el PST hablan en nombre de los sectores privilegiados de la clase media ligados al régimen, incluso a través de sus posiciones en la dirección de varios sindicatos nacionales. Son hostiles a cualquier lucha de la clase trabajadora contra el capitalismo y los niveles aplastantes de desigualdad social y pobreza. Promueven la ilusión de que el régimen será presionado para hacer concesiones y democratizarse.

El camino a seguir para la clase obrera en Argelia no radica en los llamamientos a la dictadura militar para que realicen reformas democráticas, que nunca se concederán, sino en la lucha por derrocar al sistema capitalista y establecer el socialismo, mediante la toma del poder en sus propias manos y la extensión de su lucha revolucionaria a nivel internacional.

(Publicado originalmente en inglés el 18 de abril de 2019)