La lucha de clases y el socialismo son la única respuesta a la crisis del brexit

2 abril 2019

La posibilidad de dejar la Unión Europea ha provocado la crisis de gobierno más profunda del imperialismo británico en la historia de la posguerra. Sin embargo, el gran peligro es que una intervención de la clase obrera a favor de sus propios intereses se está viendo prevenida, sino que los trabajadores están siendo divididos y subordinados políticamente a una u otra de ambas facciones derechistas y procapitalistas.

Ante las tres veces que la primera ministra Theresa May ha fracaso en obtener la aprobación del Parlamento en los acuerdos alcanzados con la UE sobre las relaciones comerciales post-brexit, las discusiones sobre una disputa por la dirección del Partido Conservador se han visto opacadas por especulaciones sobre una segunda elección general anticipada después de la que se llevó a cabo en 2017.

Se espera que, de convocarse otra elección, los conservadores pierdan el poder ante los laboristas, quienes mantienen una ventaja de cinco puntos porcentuales en las encuestas y que podrían formar un Gobierno de minoría. Los parlamentarios conservadores a favor y en contra del brexit están en contra de tal acción, temiendo que dé paso a demandas imparables de la clase obrera de poner fin a las medidas de austeridad, a pesar del objetivo manifiesto del líder laborista, Jeremy Corbyn, de que defenderá el “interés nacional”.

Corbyn ha indicado que presentará una moción de censura esta semana si el acuerdo de May vuelve a ser rechazado. Esto suscita directamente ante la clase obrera cuestiones críticas de perspectiva y dirección política.

En la medida en que la clase gobernante tenga la posibilidad de resolver sus conflictos internos es solo gracias a la negativa de Corbyn de honrar el mandato que recibió al ganar en dos elecciones la conducción del partido: poner fin a las décadas de austeridad, militarismo y guerras coloniales, comenzando por sacar el ala blairista y derechista del Partido Laborista.

En cambio, los miembros de las bases laboristas que lo eligieron han sido sometidos a tres años de repliegues políticos en sus políticas, incluyendo sobre su membresía a la OTAN, mantener el uso de las armas nucleares y la insistencia de Corbyn en que las autoridades locales laboristas impongan recortes sociales como los conservadores, además de su consentimiento a la caza de brujas contra la “izquierda” con base en acusaciones falsas de antisemitismo.

Mientras tanto, el líder adjunto laborista, Tom Watson, ha dejado en claro que los blairistas harán todo lo posible para prevenir cualquier desafío político contra el capital británico. Le comentó al centro de pensamiento Prospect que estaba listo para servir junto a los conservadores pro-UE en un Gobierno multipartidista de “unidad nacional”. Watson encabeza un grupo de 80 parlamentarios laboristas llamado “Reino Unido del Futuro”, conformado por una tercera parte de los parlamentarios del Partido Laborista.

Asimismo, los sindicatos tampoco ofrecen ninguna alternativa para los trabajadores. La secretaria general del Congreso de Sindicatos, Frances O’Grady, y la directora general de la Confederación de la Industria Británica, Carolyn Fairbairn, emitieron una carta conjunta a May declarando que “Nuestro país se enfrenta a una emergencia nacional” y exigiendo un “Plan B”.

Hay razones auténticas y validas por las cuales los trabajadores han apoyado el brexit que no reflejan el racismo y el nacionalismo atizados por la facción pro-brexit de la burguesía, incluyendo su hostilidad a la imposición de austeridad por parte de la UE y esperanzas de que dejar la UE conlleve un fin a la devastación social que han traído los sucesivos Gobiernos laboristas y conservadores. Lo mismo aplica para aquellos que apoyan quedarse en la UE, cuya oposición al b rexit no es señal de un apoyo acrítico de la UE, sino un temor hacia el impacto económico de una salida de la UE y hostilidad hacia la promoción deliberada de nacionalismo y hacia las exigencias de acabar con la inmigración y la libre movilización de la fuerza laboral, en la que muchos jóvenes dependen.

Ante la ausencia de una alternativa socialista, incluso una elección general no permitirá ninguna resolución. Se disputaría casi exclusivamente en torno a la cuestión de estar a favor o en contra del b rexit, dividiendo a la clase obrera y previniendo una lucha unida contra la ofensiva en marcha contra los empleos, los salarios y las condiciones sociales. Independientemente de cuál bando gane, las divisiones políticas continuarían y habría secciones de la clase gobernante que utilizarían la mayor desafección popular para promover un Estado más fuerte y un gobierno autoritario.

La historia ofrece una advertencia.

El apoyo de Watson hacia un Gobierno nacional rememora la decisión tomada por el líder laborista en 1931, Ramsay MacDonald, de formar junto a los conservadores un Gobierno Nacional. La clase obrera pagó el precio en forma de millones de desempleados y en medidas salvajes de austeridad impuestas durante los “Hambrientos Años Treinta”, junto a la aparición de la Unión Británica de Fascistas liderada por Oswald Mosley, haciendo eco al surgimiento de los regímenes fascistas en Alemania e Italia.

Los trabajadores pagarán el mismo precio amargo hoy por las traiciones combinadas tanto de la derecha como la izquierda del laborismo.

Independientemente de la forma que asuma la lucha por la competitividad global, dentro o fuera de la UE, exigirá un ataque aún más salvaje contra los niveles de vida de los trabajadores. Es por esto por lo que el plan por la movilización interna de 50.000 soldados en Reino Unido en caso de una salida de la UE “sin trato” encuentra su eco dentro de la UE con la declaración de un estado de emergencia por parte del mandatario francés, Emmanuel Macron, y el despliegue del ejército contra las protestas de los “chalecos amarillos” en Francia.

El Partido Socialista por la Igualdad avanzó una perspectiva durante el referendo sobre el brexit en 2016 que articulaba los intereses de los trabajadores y jóvenes, tanto en Reino Unido como en Europa e internacionalmente. Hoy día, ofrece la única salida a la trampa política que toma la forma del “a favor o en contra del brexit”.

Al llamar a un boicot activo sobre el referendo, el PSI rechazó la perspectiva reaccionaria del desarrollo económico nacional que estaba en el corazón de la agenda del brexit, así como cualquier apoyo por la UE. Explicamos que tanto los promotores de salir como de quedarse en la UE representaban fuerzas capitalistas de derecha que estaban unidas en su hostilidad hacia la clase obrera y que su única diferencia es si perseguir o no los intereses estratégicos del imperialismo dentro o fuera del bloque comercial europeo.

El PSI escribió:

Un boicot sienta las bases para el desarrollo de una lucha política independiente de la clase obrera británica contra estas fuerzas. Tal movimiento se debe desarrollar como parte de una contraofensiva continental de la clase obrera que expondrá al referendo como solo un episodio en la crisis existencial cada vez más profunda de la burguesía británica y europea.

El brexit es el producto del estallido de antagonismos interimperialistas, los cuales se han visto reflejados de la forma más clara en la llegada al poder de Donald Trump en EUA y su invocación fascistizante de “EUA ante todo”. Esta es la manifestación más avanzada del rompimiento de la UE, la cual se enfrenta a caer en el abismo de las guerras comerciales, el militarismo y el recrudecimiento de los antagonismos de clase provocados por los niveles sin precedentes de la desigualdad social entre una oligarquía superrica y las masas obreras.

Por toda Europa, la respuesta de los Gobiernos hacia la profundización de la crisis del capitalismo global ha sido profundizar la austeridad, atizar el nacionalismo y la xenofobia antiinmigrante y la cultivación de la derecha fascista. Sin embargo, la clase obrera está comenzando a luchar de vuelta a través de una ola expansiva de huelgas y protestas sociales por toda Europa, en Argelia y Sudán, en México, Estados Unidos, China e internacionalmente. Es precisamente hacia este movimiento en auge de la clase obrera europea e internacional al que se debe orientar la clase obrera británica.

La respuesta a la crisis del Brexit no es la unidad con la UE, sino la unidad de clase con los millones de trabajadores que están entrando en lucha contra los Gobiernos de Europa. Los trabajadores deben formar organizaciones de base para la lucha de clases que sean independientes del laborismo y la burocracia sindical para derrocar a los conservadores y establecer un Gobierno obrero como parte de una lucha continental por los Estados Unidos Socialistas de Europa.

(Publicado originalmente en inglés el 1 de abril de 2019)

Chris Marsden