La huelga de los docentes argentinos

por Rafael Azul
18 marzo 2019

Además del desmoronamiento de Venezuela, bajo amenazas de intervención imperialistas yanqui, y en un entorno de violenta rivalidad geopolítica entre EUA, Rusia y China, otros países sudamericanos, incluyendo a Chile, Brasil, Ecuador y Argentina, encaran duras recesiones económicas, falta de estabilidad y una explosión de luchas obreras.

El 6 de marzo, los docentes argentinos lanzaron una huelga de tres días, posponiendo el comienzo del año escolar. La huelga obtuvo gran apoyo en todo el país. La principal demanda de esta medida de fuerza es un aumento de sueldo que compense por pasados aumentos de precios. Una tasa de inflación anual de cerca del cincuenta por ciento socava cada día el poder de compra del sueldo de los maestros. Los maestros exigen un salario mensual de veinte seis mil pesos argentinos (630 dólares EUA).

Según el Instituto Marine Vilte, un grupo de investigación educativa, una familia típica argentina requiere 644 dólares para estar por encima de la línea de la pobreza; el sueldo docente inicial equivale a 309 dólares.

En la huelga de la semana pasada se unieron a los trabajadores de educación, empleados de los tribunales, médicos y otros empleados públicos. La huelga, que no solucionó nada, demostró que todas las fuerzas políticas argentinas se han puesto en contra de los trabajadores de educación y de toda la clase obrera.

El sindicato docente argentino, CTERA, que organizó la huelga de protesta de 72 horas, y que opera con el mismo guion que los sindicatos de maestros de todo el mundo, negociando en secreto con gobiernos provinciales y con el gobierno del presidente Mauricio Macri, aisló y limitó la duración de esta huelga a tres días; la usó como herramienta para exigir que los maestros apoyen los partidos populistas y corporatistas del Peronismo.

Jugando un papel criminal y de apoyo a la conspiración contra la lucha docente e intentando de mantener a los trabajadores atados a sus sindicatos, al peronismo y al gobierno de Macri son los seudotrotskistas del Frente de Izquierda de los Trabajadores (FIT), cuyo propósito en presionar a los sindicatos hacia la izquierda. Sus demandas nacionalistas, a favor de un gran frente electoral de todos los grupos de izquierda, a favor de asambleas de base (de todos los miembros) para presionar a sus propios sindicatos y coordinar con otros sindicatos supuestamente más combativos, tienen el propósito de alejar a la clase obrera lejos de una lucha independiente por el poder político.

Este año la huelga de tres días fue una débil repetición de la huelga de dos días del 2018, en que los docentes también exigieron aumentos salariales para compensar por la inflación. En ese año, los docentes se movilizaron durante muchos días en el centro de Buenos Aires. Los docentes también llevaron a cabo muchas y muy combativas huelgas y protestas en el 2017 y 2018.

Al mantener los salarios de obreros de educación debajo de la tasa de inflación, y destripar las finanzas de la educación pública, el gobierno de Macri utiliza a los maestros como palanca de disciplina para toda la clase obrers, basándose en acuerdos entreguistas con la federación sindical CGT del 2016, para mantener dividida a la clase obrera y encarrilar la reacción de los obreros a luchas de protesta aisladas e impotentes.

Contando con el apoyo de sindicatos y de legisladores peronistas, en el 2018 el presidente Macri suprimió unilateralmente las negociaciones sobre salarios, programas de entrenamiento, apoyo federal a la educación en provincias pobres, medidas para prevenir el fracaso escolar y otras cuestiones educativas.

Esta vez María Eugenia Vidal, gobernadora derechista de la Provincia de Buenos Aires, amenazó no pagarle el sueldo a los docentes en huelga. La provincia ha prometido un aumento equivalente a la tasa de inflación de este año, con un cinco por ciento adicional; que no se pagará hasta enero del 2020. No existe ninguna oferta para compensar por la pérdida de poder de compra en el 2018.

Al igual que con la depresión económica del 2001 y 2002 (con tasas de desempleo superiores al veinticinco por ciento), Argentina ahora está al borde de una explosión social. Aun las estadísticas del gobierno de Macri, notorias por ser poco fiables y estar manipuladas políticamente, señalan niveles depresivos de desempleo y subempleo, combinado con una aceleración del desempleo entre la juventud. Escondidas detrás de las tasas oficiales de desempleo nacional —diez por ciento— y de desempleo juvenil —16 por ciento— está la baja tasa de participación laboral, a medida que los obreros dejan de buscar empleos y abandonan la fuerza laboral. La participación laboral argentina, del cuarenta y nueve por ciento, es diez puntos menos de la de Brasil (59 por ciento).

La crisis de deuda argentina y su acuerdo con el FMI por un rescate de 57 mil millones de dólares, condicionado en un enorme aumento de la pobreza, más enriquece a la élite financiera y a los buitres de Wall Street, a la vez que amplía la grieta entre las élites adineradas, y las oligarquías latifundistas, que el gobierno de Macri representa, y el resto de la población.

La deuda pública argentina, de más de 300 mil millones de dólares, es impagable. En verdad no existe ninguna salida, ninguna manera de cumplir con el acuerdo con el FMI, sin una guerra sin cuartel contra la clase obrera argentina. Al mismo tiempo las consecuencias de no pagar la deuda también serían desastrosas; aislaría al país de los mercados internacionales de crédito y del comercio exterior.

Paralelamente al empobrecimiento de la clase obrera y de la clase media baja se ha abierto una enorme grieta en términos de riquezas. En verdad, a medida que se acumulan asquerosas fortunas en la capa social más alta, más aumenta la pobreza; los dos van de la mano en Argentina, al igual que en todos los otros países.

Gane quien gane en las elecciones presidenciales en octubre, los bancos y los intereses financieros seguirán imponiendo austeridad y medidas neoliberales, mientras que muchos pasan hambre; y los más marginalizados se convierte en un residuo de miseria.

La agencia de prensa Telesur hace poco informó que 3,4 millones de argentinos, el 7,9 por ciento de los habitantes, se limita a un plato diario de comida, esto en un país que produce una abundancia de alimentos, capaz de alimentar a cuatrocientos millones de gente. Continúan en aumento las tasas de pobreza; en la actualidad casi una cuarta parte de los argentinos vive en la pobreza.

(Publicado originalmente en inglés el 15 de marzo de 2019)