Cómo el WRP traicionó al trotskismo:1973-1985

33. Programa de adiestramiento para la juventud: una aventura fabiana

Declaración del Comité Internacional de la Cuarta Internacional
18 febrero 2019

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Este es el trigésimo tercer de 43 capítulos que se publicarán diariamente. Originalmente fueron publicados como el Volumen 13, no. 1, de la revista Fourth International en el verano de 1986.

En 1985, después de un proceso prolongado de degeneración, el Workers Revolutionary Party, la sección británica del CICI, rompió en definitiva con el trotskismo. En mayo y junio de 1986, el Comité Internacional de la Cuarta Internacional se reunió y realizó un exhaustivo análisis de las cuestiones teóricas, políticas e históricas involucradas en el colapso del WRP. “Cómo el WRP traicionó al trotskismo: 1973-1985” fue una labor clave en rearmar al movimiento y prepararlo para las batallas políticas en torno a la construcción de una dirección revolucionaria en la clase obrera. Estas lecciones son vitales para el desarrollo de nuevas secciones del CICI internacionalmente.

Como consecuencia de las críticas de la Workers League, el WRP realizó varios arreglos cosméticos para fortalecer sus credenciales trotskistas dentro del Comité Internacional y apartar las flaquezas más obvias con tal de que no sufrieran mayores ataques. El nombre de Healy virtualmente desapareció del News Line y, con la excepción de un pequeño artículo (que más bien era un texto sin ninguna coherencia extrañamente titulado “Cómo Hegel logró caer en el pozo intelectual de los conservadores”), Healy no escribió nada más sobre filosofía. Para neutralizar el alegato de que el WRP estaba abandonando el trotskismo, el News Line publicó anuncios prominentes de una serie de charlas sobre la teoría de la Revolución Permanente que se iban a llevar a cabo en el Centro de Educación del partido. Los cambios de esta naturaleza, sin embargo, no significaban ningún abandono del rumbo oportunista del WRP. De hecho, el pequeño cambio que se observó en cuanto a la Revolución Permanente fue permitido por Healy únicamente porque los cambios políticos en Oriente Próximo habían descarrilado sus viejas alianzas. De este modo, Irak y Zimbabue podían usarse como ejemplos para reivindicar a Trotsky y su caracterización de la duplicidad nacionalista burguesa. Al mismo tiempo, Healy trabajaba con S. Michael para cultivar nuevas relaciones con el régimen iraní.

De ninguna manera representaba esto un cambio fundamental en la línea política. Es más, los varios zigzags de las actitudes políticas constituían el reflejo público de las maniobras que tenían lugar entre bastidores. Healy en realidad estaba trabajando más que nunca para profundizar sus relaciones sin principios con la burocracia sindical y secciones del Partido Laborista.

Healy reconoció la oportunidad de ganarse el apoyo de la burocracia sindical a través de un proyecto reformista que no tenía otra meta que alejar a la juventud de la lucha revolucionaria. La idea de adiestrar a la juventud en oficios había estado germinando en el cerebro de Healy durante bastante tiempo, desde su gira por los centros juveniles controlados por el Estado en Irak. Valiéndose de lo que había visto en un Irak “socialista”, Healy comenzó en 1981 a liquidar la Juventud Socialista en su proyecto mimado, el “Programa para el adiestramiento de la juventud”, el cual empezó a cobrar fuerza después de los motines de esa primavera y verano.

La justificación pública de este esquema era que la juventud desempleada representaba una amenaza contra el movimiento obrero y que la Juventud Socialista tenía la responsabilidad de brindar a esta juventud, por medio de un entrenamiento semanal mínimo, habilidades rudimentarias. Healy proclamó que la JS estaba dando un ejemplo que todo el movimiento sindical debería seguir. Es decir, proponía que la responsabilidad y los gastos para adiestrar a la juventud con habilidades básicas eran la responsabilidad del movimiento obrero con la ayuda amigable, siempre que fuera posible, de la patronal y los liberales dóciles.

Los burócratas de los sindicatos naturalmente quedaron encantados al oír que a Healy ya no le interesaba movilizar a la juventud en contra suya y de los reformistas del Partido Laborista. Estaban más que felices en donar algo de dinero, piezas de maquinaria vieja, vestigios de computadores de primera generación y tableros de circuitos sobrantes, secadores de pelo para aprendices de peluquería, madejas de hilo para modistas potenciales, bujías para la futura generación de mecánicos de motores, y guantes de boxeo gastados para los pugilistas del mañana. Esta última contribución le causó cierta consternación a la dirigencia del partido; Vanessa Redgrave sugirió que peleas en los locales de los centros de adiestramiento podrían ahuyentar a potenciales donantes entre los pacifistas liberales y otros observadores de aves. El boxeo y las clases de karate, pues, se prohibieron. Y fracasaron los esfuerzos para detener la pérdida inmediata de miembros con clases de teatro en inglés y español. Parece que la juventud estaba mucho más interesada en perfeccionar sus talentos en las artes marciales —y así prepararse para su próximo encuentro con la policía de Brixton— que en prepararse para irse de vacaciones a la Costa del Sol o ver funciones teatrales en el Old Vic.

Clase de mecánica en el primer Centro de Educación Juvenil establecido por el WRP en Reino Unido

Con sus nobles esfuerzos para llevar la luz resplandeciente de la cultura a la juventud de barrios sumidos en la ignorancia, los líderes del WRP completaron su abandono del Programa de transición. El contenido político del programa de adiestramiento para la juventud era totalmente reaccionario, pues desviaba a los jóvenes de la lucha contra el capitalismo y sus servidores en la burocracia sindical.

En primer lugar, Trotsky responsabilizaba totalmente al sistema capitalista por el desempleo. Sugerir que la clase trabajadora y sus organizaciones debían asumir el costo del desempleo significaba aceptar las afirmaciones del Estado capitalista y de los patrones de estar en bancarrota y no poder ofrecer empleos y formación laboral. En la resolución de 1938 sobre la juventud, que fue adoptada en su conferencia fundacional, la Cuarta Internacional declaró:

En la lucha contra el desempleo, las consignas Alcen la edad escolar, Organicen programas de aprendices tienen sentido solo si los grandes capitalistas —y no la clase trabajadora— pagan el costo. Por lo tanto, los bolcheviques-leninistas deben formular las demandas de la juventud de clase trabajadora de la manera que sigue:

Prolongar la edad escolar hasta los dieciséis años, con una subvención para ayudar a las familias obreras y de pequeños agricultores.

Reorganizar las escuelas en cooperación con las fábricas: las escuelas deberían preparar a los niños para la vida y el trabajo; deberían unir a la juventud con las generaciones mayores. Por lo tanto, exigimos que las organizaciones obreras tengan la educación técnica bajo su control.

Reducir el período de aprendizaje a un máximo de dos años.

Prohibir toda labor no conectada a programas para aprendices.

Establecer, a expensas de los patronos (y en conexión con todos los negocios o grupos de negocios asociados con la manufactura, la minería, u otro tipo de oficio), escuelas de aprendizaje que tengan una asistencia de por lo menos un tres por ciento del personal empleado por tal negocio o grupo de negocios.

Dar a los sindicatos la responsabilidad de escoger a los instructores.

El control de dichas escuelas debe pertenecer a una comisión compuesta por delegados obreros y delegados de los propios aprendices (Documents of the Fourth International, Pathfinder, págs. 279-80).

Mientras Trotsky desarrollaba estas demandas transicionales para movilizar a la juventud junta a la clase trabajadora contra el capitalismo, Healy proponía a su vez una desmovilización reformista de la juventud en línea con los requisitos del capitalismo y la burocracia sindical.

No solo era el programa de adiestramiento para la juventud insostenible desde el punto de vista trotskista, sino que también se basaba en conceptos teóricos totalmente antimarxistas. Healy desarrolló la idea de que no se podía ganar a la juventud, mientras que fuera víctima del desempleo, a la lucha revolucionaria. En realidad, Healy había derivado esta idea de un serio malentendido de los Manuscritos económicos y filosóficos de 1844 de Marx. Es decir, según Healy, la incorporación de la juventud a la lucha revolucionaria dependía de una tasa de empleo del cien por ciento, una variante bastante curiosa de la teoría de la revolución en dos etapas en la que la realización de la primera haría imposible la segunda.

A finales de 1982, el WRP publicó una declaración titulada “Seis razones por las que debería hacerse miembro del WRP” —que tendría que haberse llamado “Seis razones por las que el WRP es una organización centrista”—. En la tercera razón, el WRP proclamaba con orgullo que su movimiento juvenil concentraba sus esfuerzos en alejar a los jóvenes de la política.

El WRP asignó más de una tercera parte de su presupuesto financiero al desarrollo de su sección juvenil, la Juventud Socialista. Apoyamos las metas no políticas del movimiento de adiestramiento para jóvenes, el cual impulsa la Juventud Socialista para darles habilidades a los estudiantes que dejan la escuela y no tienen trabajo y también a los jóvenes desempleados forzados a inscribirse en los programas YOP del gobierno, cuyo fin es rebajar los salarios.

Creemos que los jóvenes sin empleo, sin oficios, y que se encuentran fuera de los sindicatos, han sido separados de la clase trabajadora y no se pueden desarrollar como participantes conscientes en la vida política. Nosotros, por lo tanto, consideramos que esta tarea de aprender un oficio no está por encima de la política (subrayado nuestro).

Una renuncia más completa a la lucha revolucionaria no pudo haber salido de la pluma del ministro de educación conservador.

Como en todos los proyectos favoritos de Healy, detrás de la muestra pública de un altruismo nobilísimo, se estaban poniendo a la venta los principios revolucionarios. Bill Sirs, quien había ayudado a los conservadores a desemplear a decenas de miles de obreros siderúrgicos, era uno de los patrocinadores más entusiastas del programa de formación para la juventud y hasta llegó a celebrar la apertura de uno de sus centros. A fin de cultivar relaciones amistosas con todos los niveles de la burocracia, el WRP atenuó sus críticas a estos traidores profesionales. Tanto así que la razón número cuatro para entrar en el partido solo decía lo siguiente en cuanto a la política del WRP sobre los sindicatos:

Todo militante del WRP está bajo la obligación de pertenecer a su sindicato apropiado. El partido apoya la decisión del TUC de organizar a los obreros y a los jóvenes desempleados en los sindicatos que dirigen sus oficios como si ellos todavía estuvieran trabajando.

Pero es otra cosa hacerle campaña e implementarlo. La TUC no lo está poniendo en práctica y debe hacerse todo el esfuerzo posible para forzarla a que lo lleve a cabo.

¡Esta declaración pública, supuestamente dirigida a reclutar a obreros a un partido revolucionario, no contenía ni una sola referencia a las traiciones históricas de la TUC y su colaboración sin tregua con el gobierno conservador! El WRP ahora estaba compitiendo con los estalinistas para ver quién era más servil a la burocracia sindical.

Y, hablando de los estalinistas, el tono con el que el WRP se refería a ellos era extrañamente mudo. En la razón número uno de la famosa declaración, el WRP describía su actitud hacia los gánsteres estalinistas del Kremlin de esta manera: “El WRP tiene diferencias políticas fundamentales con los líderes burocráticos del Partido Comunista soviético, sobre todo con su orientación nacionalista basada en la política del ‘socialismo en un solo país’”. Es decir, el “río de sangre” que separa al estalinismo del trotskismo ahora había sido reducido a “diferencias políticas”.

La declaración continuaba con una descripción de la “coexistencia pacífica” y “la vía pacífica al socialismo” como “una política que amenaza las conquistas de la clase trabajadora internacional y que, de no ser contrarrestada, ha de llevar a la clase trabajadora a derrotas desastrosas”.

Como si la política del estalinismo no hubiera ya resultado en derrotas desastrosas y como si todavía existiera la posibilidad de que estas políticas, que surgen de las necesidades más profundas del imperialismo y se basan en una burocracia parasitaria y contrarrevolucionaria, pudieran ser “contrarrestadas”.