Fascistas marchan en Auschwitz

1 febrero 2019

El 27 de enero, durante el 74º aniversario de la liberación del campo de exterminio de Auschwitz por parte del Ejército Rojo soviético, entre 50 y 100 fascistas polacos marcharon por los portones del campo, donde los nazis mataron a más de un millón de judíos europeos con gas durante la Segunda Guerra Mundial. Los fascistas cantaron el himno nacional polaco y gritaron consignas antisemitas. El líder de la manifestación, Piotr Rybak, quien obtuvo fama por quemar una efigie que representaba a un judío en 2015, declaró, “¡Es hora de luchar contra los judíos y librar a Polonia de ellos!”.

El portón en Auschwitz con la inscripción, "El trabajo te libra"

Tal muestra de antisemitismo ultraderechista en el sitio conmemorativo de Auschwitz, el cual es visto universalmente como un símbolo de los horrendos crímenes perpetrados por el fascismo, no tiene precedente histórico. Este indignante evento es el resultado de procesos políticos que se han desarrollado en Polonia y toda Europa del Este desde la disolución de los regímenes estalinistas y la restauración del capitalismo.

Este año será el 30º aniversario de la disolución de los regímenes de Europa del Este por parte de sus burocracias estalinistas en 1989. Poco después, en diciembre de 1991, la burocracia estalinista destruiría la Unión Soviética y restauraría completamente el capitalismo en Rusia.

La destrucción de los Estados obreros deformados en Europa del Este, los cuales fueron establecidos en las secuelas de la Segunda Guerra Mundial, y la disolución de la URSS fueron posibles por las décadas de estalinismo, el cual traicionó los principios internacionalistas y socialistas de la Revolución de Octubre y desorientó a la clase obrera. Como lo advirtió León Trotsky, a menos que fueran derrocadas por medio de una revolución política de la clase obrera, las burocracias estalinistas se transformarían en una clase gobernante. Eso es exactamente lo que ocurrió.

Este proceso contrarrevolucionario fue celebrado y justificado por los ideólogos burgueses, retratándolo como una “revolución democrática”. Su resultado, les dijeron a los trabajadores, sería democracia, paz y prosperidad para todos. Ocurrió lo contrario.

La restauración del capitalismo dio lugar a niveles obscenos de desigualdad social por toda Europa del Este y la antigua Unión Soviética y condiciones miserables para decenas de millones de trabajadores. También transformó la región en un foco de los preparativos sistemáticos del imperialismo para otra guerra mundial. Prácticamente todos estos países están siendo ahora gobernados por regímenes rabiosamente nacionalistas que se preparan para la guerra, promoviendo el antisemitismo e implementando medidas policiales-estatales.

Los manifestantes fascistas reflejan la política oficial del Estado polaco. A principios de 2018, el Gobierno polaco, encabezado por el ultraderechista Partido Ley y Justicia (PiS, por sus siglas en polaco), hizo ilegal cualquier mención de los crímenes perpetrados por polacos contra los judíos durante el Holocausto. Desde entonces, muchos historiadores que investigan el antisemitismo y los pogromos antijudíos en Polonia han sido despedidos de sus trabajos.

En noviembre, varios altos oficiales estatales, incluido el primer ministro polaco, Mateusz Morawiecki, quien participó en la ceremonia conmemorativa oficial en Auschwitz el 27 de enero, marcharon junto a fascistas de Polonia y otros países europeos durante el día de independencia de Polonia.

El resurgimiento del fascismo en Polonia y otros países de Europa del Este es una expresión particularmente marcada de lo que constituye un proceso internacional.

En Alemania, la Gran Coalición oficialista ha convertido calculadamente a Alternativa para Alemania (AfD, por sus siglas en alemán), el principal partido de oposición y ha adoptado partes clave de sus políticas y retórica. Mientras que cientos de miles se han manifestado contra la ultraderecha durante el último año, Jörg Baberowski, el académico de la Universidad Humboldt que declaró públicamente que “Hitler no era vicioso” puede relativizar los crímenes del nazismo con el respaldo de los principales partidos políticos y la prensa en esta prestigiosa universidad de Berlín.

En Francia, el presidente Emmanuel Macron, quien ha presidido una violenta represión del movimiento de los chalecos amarillos, recientemente rindió homenaje al dictador fascista, Philippe Pétain, llamándolo un “gran soldado”.

En Ucrania, la celebración del líder fascista ucraniano, Stepan Bandera y su movimiento, el cual participó en el asesinato masivo de ciudadanos polacos, judíos y ucranianos durante la Segunda Guerra Mundial, se ha vuelto la política estatal oficial desde el golpe de Estado ultraderechista respaldado por Estado en febrero de 2014.

En Estados Unidos, el Gobierno de Trump ha realizado agitaciones fascistizantes, una política que ya resultó en el mayor ataque contra judíos en suelo estadounidense —el tiroteo en la sinagoga en Pittsburgh en octubre del año pasado—.

La promoción estatal de las fuerzas fascistas es la respuesta de la burguesía a la crisis del capitalismo mundial. Al enfrentarse a una crisis económica y la creciente militancia en la clase obrera internacional, los Gobiernos burgueses en todas partes están recurriendo a la promoción del nacionalismo y de la extrema derecha para dividir a la clase obrera y preparar las condiciones y las fuerzas para la guerra y la contrarrevolución. Históricamente, la promoción del antisemitismo en particular ha sido la herramienta ideológica central de la burguesía para contrarrestar el surgimiento del movimiento socialista obrero.

El hecho de que la marcha fascista en Auschwitz, así como la rehabilitación de Hitler por parte de académicos líderes y el crecimiento de la ultraderecha en Alemania reciban una cobertura casi nula refleja la complicidad de la prensa capitalista en este proceso.

El Comité Internacional de la Cuarta Internacional advirtió en su reciente documento de perspectivas, “La estrategia de la lucha de clases internacional y la batalla política contra la reacción capitalista en 2019”:

A diferencia de los años treinta, el fascismo todavía no es un movimiento de masas. Pero ignorar el creciente peligro sería políticamente irresponsable. Con el apoyo de secciones de la clase gobernante y el Estado, los movimientos derechistas han podido explotar demagógicamente la frustración y el enojo sentidos por amplias capas de la población. En esta situación, la lucha contra el resurgimiento de movimientos ultraderechistas y fascistizantes es una tarea política urgente.

La imagen de una muchedumbre de basura nazi profanando la memoria de los fallecidos en Auschwitz es enfermo y merece una respuesta. Pero debe ser una respuesta que conlleve un entendimiento del vínculo inseparable entre el capitalismo, la crisis de la democracia burguesa y la reacción fascista. El fascismo no puede ser derrotado a través de denuncias meramente morales o apelaciones a los partidos políticos capitalistas para que defiendan la democracia. La lucha contra el fascismo es una lucha política que exige la movilización de la clase obrera con base en un programa inflexiblemente internacionalista y socialista.

La base social para dicha lucha está emergiendo: en Matamoros, México, 70.000 trabajadores automotores están realizando la mayor huelga en el continente norteamericano en dos décadas.

También han emergido huelgas de trabajadores automotores en Hungría. Los maestros en Estados Unidos han realizado varios paros contra los ataques a la educación pública, desafiando a los sindicatos. En India, decenas de millones de trabajadores participaron en una huelga general de dos días y decenas de miles siguen en huelga en Tamil Nadu. Estas luchas necesitan ser expandidas, aunadas y armadas con un programa marxista para convertirlas en un movimiento revolucionario consciente de la clase obrera contra la reacción capitalista. Esto es por lo que el Comité Internacional de la Cuarta Internacional lucha.

(Artículo publicado originalmente el 31 de enero de 2019)

Clara Weiss