El rol político de Alexandria Ocasio-Cortez

por Genevieve Leigh
1 febrero 2019

Alexandria Ocasio-Cortez, miembro de los Democratic Socialists of America (Socialistas democráticos de Estados Unidos, DSA) y la más joven mujer elegida al congreso estadounidense, rápidamente se ha convertido en la protagonista política de Washington con más caché.

Es objeto de cientos de artículos en los principales medios de difusión. Aparece en los programas de charlas nocturnas. Se la premió con un segmento especial 60 Minutes (Sesenta Minutos, programa de entrevistas y discusión política). Su cuenta Twitter cuenta con más intercambios —reenvíos y aprobaciones— que líderes del Partido Demócrata como Barack Obama, Nancy Pelosi (líder de la cámara de representantes) y Chuck Schumer (líder del Partido Demócrata en el Senado); entre todos los actores políticos estadounidenses, sólo el presidente Donald Trump cuenta con más.

Dos elementos explican el súbito ascenso de Ocasio-Cortez al prestigio político. Recibe el apoyo de mucha gente por estar ligada al socialismo. Los dos más populares personajes del Partido Demócrata, el senador Bernie Sanders y Ocasio-Cortez, pretenden ser socialistas.

Teniendo en cuenta que las masas son inundadas sin cesar con opiniones políticas reaccionarias y derechistas, todos los que hablen de lo que tenga que ver con la desigualdad social rápidamente atraen el apoyo general.

El segundo elemento, que es el más decisivo, consiste en la manera en que el Partido Demócrata y la prensa enfocan la atención del público sobre Ocasio-Cortez, y la elevan. En verdad, Ocasio-Cortez juega un crucial rol político —él de presentar una fachada izquierda para encubrir a este partido derechista, para mejor impedir la formación de un movimiento genuino contra la desigualdad social y el capitalismo.

La propuesta de aumento de impuestos de Ocasio-Cortez y el “modelo escandinavo”

Los medios de difusión dan mucha atención a Ocasio-Cortez por su propuesta de aumentar a un máximo del setenta por ciento el impuesto marginal sobre los ingresos de los muy ricos (nivel que existía en los años 1960 y 1970). Por eso la alaban organizaciones que se autodenominan socialistas y que orbitan alrededor de Partido Demócrata, como la revista Jacobin, asociada con el DSA. Jacobin comentó sobre su plan: “es sólo una modesta cláusula impositiva necesaria para amortiguar el poder social y político de los ricos”.

Sobre su plan impositivo, Ocasio-Cortez alega que la medida es “radical”. “Ser radical”, dijo en una ocasión Karl Marx, “es aprehender la raíz de la materia”. En contraste, esencialmente las propuestas de Ocasio-Cortez son para esconder la raíz de la materia, el capitalismo. Nunca trata de llegar a los fundamentos históricos y sociales de lo que critica. En todas las situaciones se quedan en la superficie su retórica y las medidas que propone.

Hablemos, por ejemplo, de cuando hace referencia al “modelo escandinavo”. Contestando una pregunta en su más reciente entrevista en 60 M inutes sobre lo que para ella era el socialismo, Ocasio-Cortez dijo: “mis medidas se parecen a lo que vemos actualmente en el Reino Unido, Noruega, Finlandia y Suecia”.

Para ella el Reino Unido es un ejemplo del “socialismo”. Pues, ¿cuál es la existente realidad social de Gran Bretaña? Es el lugar donde viven parásitos financieros tales como los lores de Windsor y de la bolsa de Londres. Es el país con más desigualdad en Europa. Una quinta parte de sus habitantes viven en la pobreza.

Por cierto, en Suecia, Dinamarca, Noruega y Finlandia después de la Segunda Guerra Mundial se le concedió más a la clase obrera que en otros países. Eso se debió a excepcionales condiciones económicas y políticas (además de un gran temor a revoluciones socialistas siguiendo los pasos de la Revolución de Octubre de 1917 en Rusia).

Una marea de militancia industrial obrera ocurrió en todo el mundo como consecuencia de la Revolución de Octubre. De esas luchas de clases resultaron las reformas sociales de Suecia; programas de obras públicas, la reducción de las horas de trabajo y seguro de desempleo, por ejemplo. Las grandes reformas de 1932 ocurren justo después de la violenta represión que tuvo lugar en la ciudad de Ådalen en mayo 1931; cinco obreros fueron muertos cuando los trabajadores madereros convocaron una huelga general.

Similares circunstancias provocaron el programa del New Deal (Nuevo Trato) del presidente Roosevelt en Estados Unidos y de las medidas impositivas del periodo de posguerra. Nunca se trató de dádivas del cielo, de una clase de poder bondadosa. Resultaron de amargas batallas de clase como la huelga de camioneros de Mineápolis ,la huelga Auto-Lite de Toledo y la huelga general de San Francisco. Bien sabía Roosevelt que sus medidas reformistas eran necesarias para impedir la revolución.

Nunca le perdonó la burguesía a la clase obrera las conquistas de ese periodo, que están siendo despiadadamente eliminadas desde los 1980, causando una devastadora crisis social; lo mismo ocurre en los países nórdicos. Por ejemplo, el gobierno socialdemócrata de Suecia condujo entre 1994 y el 2006 grandes privatizaciones en los sistemas de educación y salud, junto con enormes recortes de presupuesto para los programas de beneficios a los pobres. Como ha señalado, un artículo del WSWS, “En Suecia ocurrió uno de los más rápidos aumentos de desigualdad social en el mundo; mientras en Dinamarca, según un estudio del 2014, el un porciento más adinerado es dueño de casi la tercera parte de toda la riqueza”.

La globalización de la producción capitalista le quita el piso a todos proyectos de reforma nacional. En Estados Unidos, la clase de poder responde al declive del capitalismo yanqui con medidas despiadadas de contrarrevolución social.

Para nada menciona el “socialismo” de Ocasio-Cortez la lucha de clases, ni hablar de un movimiento revolucionario para destruir el capitalismo.

Piensen que implica imponer un aumento impositivo del setenta por ciento sobre los estadounidenses más ricos. Requiere que la misma oligarquía financiera que durante décadas ha recortado impuestos, apoderándose de una montaña de riqueza inusitada en la historia humana, voluntariamente rinda parte de su fortuna. Es más, requiera que los partidos Demócrata y Republicano que representan esta aristocracia financiera, los mismos que les dieron billones a los bancos luego del crac del 2008, hagan posible adoptar esa medida.

Fue muy deliberada la transferencia de riqueza desde abajo para arriba durante décadas por gobiernos tanto del Partido Demócrata como del Partido Republicano. El recorte de las más tasas impositivas sobres los ingresos comienza bajo el presidente Kennedy. En verdad, fue el gobierno de Obama que logro la transferencia más grande de riqueza en la historia durante sus dos cuadrienios en el poder.

Para luchar por medidas contra la desigualdad social (no sólo impuestos a los ingresos, sino a la riqueza) es necesario atacar de frente a la supremacía de la clase de poder, ligada a su autoridad sobre los bancos y las grandes empresas y a su control del Estado. Por lo tanto, aun esas reformas requieren de la movilización de la clase obrera en una lucha revolucionaria contra la clase de poder capitalista y su sistema político.

Ocasio-Cortez y el Partido Demócrata

El cuento de hadas político central de Ocasio-Cortez y de todos sus promotores es que todo lo que es progresivo puede lograrse en el marco del Partido Demócrata, el más antiguo partido político de Estados Unidos, durante una época en que sus dirigentes se mueven agresivamente hacia la derecha.

La campaña de prensa a favor de Ocasio-Cortez repite la maniobra del 2016 a favor de la campaña de Sanders, que fue usada par a promover la mentira de que s e podía reformar el Partido Demócrata. El rol de Sanders fue re orientar la oposición hacia Hillary Clinton, la candidata de los militares y del Wall Street.

Lo mismo ocurre ahora con Ocasi o -Cortez. En contraste con el cuento de una humilde bartender que, orientándose a las bases populares, se erige contra e l liderazgo del Partido Demócrata, el verdadero origen de la campaña de Ocasio-Cortez es muy diferente. Un nuevo Comité de Acción Polític a (CAP) , el Justice Democrats (Partido Demócrata por la Justicia) , orquestó la campaña de Ocasio- Cortez ; CAP que tiene sus orígenes con Cent Uygur de los Young Turks (Jóvenes Turcos) y con Kyle Kulinsky del grupo Secular Talk (Discurso Secular, red social liberal ); los dos, ex dirigentes de la campaña del 2016 a favor de Sanders, ya no pertenecen a esas organizaciones.

Se escogió a Ocasio-Cortez entre un grupo de miles de candidatos. Muchos de los personajes que administraron su campaña y que ahora trabajan para ella están íntimamente ligados a los grupos de poder. Por ejemplo, Saikat Chakrabarti, uno de los fundadores de Justice Democrats , comienza su carrera inmediatamente de Harvard trabajando por un tiempo para un fondo de especulación financiera antes de mudarse al Valle de Silicona en California . Allí, con un compañero , funda Mockin g bird empresa de diseño de páginas web, donde gana millones de dólares. Sale de allí para trabajar para Stripe , empresa que maneja pagos, antes de unirse a la campaña de Sanders en el 2015.

Chakrabarti y sus socios explican en su página de web que fundaron Justice Democrats como movimiento populista de izquierda de apoyo a candidatos del Partido Demócrata “ideológicamente alineados” a sus valores esenciales; léase que tenían el fin de crear candidatos que le d a n una nueva cara al Partido Demócrata, sin cambiar el fundamento político de ese partido. Se eleva a personajes como Ocasio-Cortez para darle un maquillaje izquierdista a un partido que en realidad se mueve más y más hacia la derecha.

Desde que triunfó Donald Trump, se acelera el movimiento hacia la derecha del Partido Demócrata. Su rabiosa reacción al anuncio de Trump que va a sacar de Siria a las tropas estadounidenses y que reducirá su número en Afganistán resume e l fundamento guerrerista y antidemocrático de su oposición , al igual que sus alabanzas para James Mattis, el ex general de los marines y criminal de guerra que renunció a la s ecretaría de d efensa como protesta contra esas mismas propuestas de Trump.

A n inguno de los expertos de los medios de difusión les interesa explicar como un giro supuestamente progresista y “hacia la izquierda” del Partido Demócrata concuerda con que la conferencia de los miembros del Partido Demócrata dentro la Cámara de Representantes han elegido el mismo liderazgo, con Nancy Pelosi a la cabeza; ésta ha estado en frente de todas las medidas derechistas de su partido. La misma Ocasio-Cortez votó por ella, comunicando a los grupos de poder del Partido Demócrata, que ella está muy deseosa de jugar el rol que le han asignado.

Por más significativas sean las declaraciones de Ocasio-Cortez, mucho más significativo es todo lo que no ha dicho desde las elecciones —específicamente nada que tenga que ver con la política exterior o con la guerra. Nada ha dicho sobre la campaña anti r rusa, sobre la postración de los del Partido Demócrata a la CIA, sobre la interminable carnicería militar del gobierno de Obama y sobre casi ninguno de todos los otros crímenes del imperialismo yanqui.

Su silencio no nace de su ignorancia, sino de que esencialmente está de acuerdo. En las raras ocasiones en que sí se refiere a estos tópicos, es para confirmar esa crónica, cosa que quedó claro en su comentario en torno a la muerte de ese infame guerrerista “el legado de John McCain representa un ejemplo sin precedente de decencia humana” (ver Ocasio-Cortez y Sanders elogian a McCain: una lección objetiva en la política de la pseudoizquierda) .

Ese comentario tiene un enorme significado. Al igual que la promesa de Sanders de apoyar a los “drones, y mucho más” devela la esencia de su política, el silencio de Ocasio-Cortez sobre la guerra y el belicismo del Partido Demócrata devela también la esencia de la política de ella.

Sacerdotes de la verdad a medias

En marzo 1938, Trostky escribía de los “sacerdotes de la verdad a medias”, refiriendo así a la prensa liberal:

Sus filosofías reflejan sus mundos. Por su naturaleza social no son más que intelectuales semiburgueses. Se alimentan de un cincuenta por ciento de pensamientos y un cincuenta por ciento de sentimientos. Desean curar a la sociedad con paños tibios. Respecto al proceso histórico, como fenómeno demasiado inestable, rehusan comprometerse más de un cincuenta por ciento.

De este modo esta gente al vivir de semiverdades, es decir, la peor forma de la falsedad, es un verdadero freno al pensamiento progresivo, es decir, revolucionario”.

Esas palabras bien le quedan a las actuales posiciones políticas de Ocasio-Cortez. Sin embargo han ocurrido muchas cosas en los últimos 80 años. Ahora se trata de sacerdotes y sacerdotisas de cuartas verdades, de octavos de verdad.

Los de Ocasio-Cortez son medios pensamientos; ella critica la desigualdad social, el calentamiento global, etcétera; a la vez que nada dice ni de las condiciones sociales e históricas que producen estos males ni de las fuerzas políticas culpables. Propone curar la desigualdad apoyando al Partido Demócrata, uno de los dos partidos que la sostienen. Propone atacar la riqueza de los muy adinerados sin atacar el sistema social en que se fundamenta.

Esas verdades a medias son, como dice Trotsky, las peores falsedades; su propósito es cloroformizar y dirigir mal. Por lo tanto su servicio es imprescindible y esencial para la clase de poder. Todos los que la favorecen a ella, los que anteriormente favorecieron a Sanders, y a Obama antes de él, son cómplices en este montaje político.

Sus perspectivas politicas reflejan intereses sociales. Corrientes seudoizquierdistas, como Democratic Socialists of America, la International Socialist Organization (Organización Socialista Internacional, ISO) y Socialist Alternative, promotoras de los Ocasio-Cortez y Bernie Sanders de este mundo, utilizan estribillos populistas para enmascarar cuestiones de clase más fundamentales, subordinar a la clase obrera al Partido Demócrata, y promover los intereses sociales de las capas más privilegiadas de la clase media alta.

El sistema capitalista mundial es la causa raiz de los problemas que encara la humanidad en el 2019 —guerras sin fin, desigualdad inusitada, represión de derechos democráticos, catástrofes ambientales, la crisis de refugiados más grande en la historia humana, el ascenso de la extrema derecha, entre tantos otros.

Las posiciones políticas de Ocasio-Cortez, de Sanders y de los que inevitablemente les seguirán de nada sirven para derrocar este sistema social. Para eso se requiere la movilización independiente de la clase obrera, a nivel internacional, en una lucha socialista revolucionaria.

(Publicado originalmente en inglés el 31 de enero de 2019)