El presidente francés Macron visita al verdugo de El Cairo

31 enero 2019

El viaje del presidente Emmanuel Macron a El Cairo el domingo para reunirse con el sanguinario dictador militar egipcio, el mariscal Abdelfatah el Sisi, fue una amenaza poco sutil y respaldada tácitamente por Gobiernos de todo el mundo contra la clase obrera.

Por once semanas, cientos de miles de manifestantes de los “chalecos amarillos” en Francia han marchado cada fin de semana para exigir mejores niveles de vida, aumentos de impuestos a los ricos y un fin a la represión y el militarismo. Sin embargo, la aristocracia financiera no hará concesiones a las demandas sociales y políticas de los trabajadores. Por el contrario, está preparando una intensificación drástica de la represión contra las protestas sociales, en medio de un giro universal de la clase capitalista por todo el mundo hacia formas autoritarias de gobierno.

El significado de la visita de Macron a Sisi es inequívoco. Sisi se volvió famoso por su uso de matanzas masivas para ahogar en sangre las luchas revolucionarias de la clase obrera que estallaron en Egipto en 2011. Durante el golpe de Estado de 2013 contra el presidente islamista, Mohamed Morsi, sus tropas les dispararon a miles en plena luz del día en las calles de las ciudades egipcias. Desde entonces, más de 60.000 personas han sido encarceladas, mientras que la junta de Sisi lleva a cabo juicios fraudulentos masivos de sus opositores y emplea sistemáticamente la tortura contra miles de sus prisioneros políticos, algo documentado por grupos de derechos humanos.

La afirmación de Macron el domingo en la noche de que su visita al verdugo del Cairo era para “hablar más abiertamente” con él sobre “derechos humanos” es absurda. Sisi prohibió la venta de chalecos amarillos en Egipto el año pasado por temor de que se reprodujeran en Egipto las protestas de masas que han sacudido Francia. La reunión de Macron con Sisi sin duda se enfocará en una discusión febril sobre la represión.

Ante una oligarquía financiera parasítica que no es capaz ni quiere dar concesiones, la clase obrera se enfrenta a una lucha política con solo dos resultados posibles: la revolución o la contrarrevolución.

En El Cairo, Macron dejó en claro que Francia seguiría armando hasta los dientes al régimen de Sisi en contra de los trabajadores egipcios. Las ventas francesas de aviones de caza Rafale y otros equipos militares a Sisi seguirán a pesar de los blanduchos comentarios de Macron sobre los derechos humanos. “Diferenciaría estas dos cuestiones”, dijo, “No están conectadas para nosotros y nunca lo han estado”.

Cuando le preguntaron sobre el reporte de Amnistía Internacional de que fueron utilizados vehículos acorazados franceses en la represión de 2013 en Egipto, Macron dijo que Francia, “previó que serían utilizados para propósitos militares”. Señaló que “no hay ninguna ambigüedad” en las ventas de armas francesas, ya que su propósito es la “defensa del territorio egipcio contra enemigos extranjeros”, no contra el pueblo egipcio.

¿A quién cree que está engañando Macron? Los vehículos blindados de combate sirven para reprimir a los trabajadores tanto en Egipto como en Francia. Macron ya tomó la decisión sin precedentes de desplegar vehículos acorazados contra los “chalecos amarillos”. A medida que Macron escala la represión en Francia y provee montañas de armas a El Cairo, Sisi puede interpretar las desdentadas declaraciones de Macron como una luz verde para utilizar las armas francesas para represiones futuras en Egipto.

Los regímenes autoritarios y las políticas policiales-estatales de la clase capitalista están ahora enfrentándose a un desafío de la clase obrera. Después de un cuarto de siglo de guerras imperialistas en Oriente Próximo desde la disolución estalinista de la Unión Soviética en 1991, y una década de austeridad de la Unión Europea después del derrumbe de 2008, los mecanismos utilizados para suprimir la lucha de clases están colapsando. Ahora, está en marcha un resurgimiento global de la lucha de clases, respecto al cual el levantamiento egipcio de 2011 fue un precursor.

El comienzo de 2019 ha sido testigo de una rebelión espontánea o “salvaje” de 70.000 trabajadores automotores en Matamoros, México, la mayor huelga en el continente norteamericano en 20 años, así como las huelgas y protestas contra la austeridad en toda Europa y la continuación de las manifestaciones de masas de los “chalecos amarillos” en Francia.

El 14 de enero, después de manifestaciones nacionales en diciembre, una huelga general de 700.000 trabajadores del sector público de Túnez frenó el país, mientras decenas de miles cantaban en la capital, “El pueblo quiere la caída del régimen”. La semana pasada, Sisi se reunió con el presidente sudanés, Omar al-Bashir, cuyo Gobierno ha arrestado a cientos y asesinado a docenas de participantes en protestas que iniciaron el mes pasado contra el aumento en el costo del pan y otros bienes básicos.

A medida que las masas obreras y los jóvenes internacionalmente están asumiendo luchas, es crítico extraer las lecciones del viaje de Macron a El Cairo. No fueron meros accidentes que el año pasado Macron rindiera honor al dictador francés, Philippe Pétain, o que el ministro del Interior alemán, Horst Seehofer diera su aprobación de las turbas neonazis en ciudades alemanas. Al enfrentarse a un desafío desde abajo, la clase capitalista responderá con los métodos más brutales.

La respuesta de la élite gobernante francesa a las protestas de los “chalecos amarillos” ha consistido en arrestos masivos y represión a una escala no vista en las áreas metropolitanas de Francia desde la ocupación nazi. Más de 5.000 manifestantes han sido arrestados, incluyendo a más de 1.700 en un solo día, el 8 de diciembre. Al menos cuatro manifestantes han perdido sus manos por las granadas de concusión policiales. Otros 20 han perdido ojos por los proyectiles empacados con frijoles y otra persona quedó permanentemente sorda.

Han circulado imágenes de policías antidisturbios en Paris con rifles de asalto Heckler & Koch G36 con municiones reales. Asimismo, se está librando un feroz debate en la clase gobernante francesa sobre implementar las políticas represivas desarrolladas por Sisi en Egipto contra los “chalecos amarillos”.

El 7 de enero, Luc Ferry, un exministro de educación y “filósofo” autoproclamado, emprendió contra los “chalecos amarillos” en la radio, exigiendo que el ejército los ataque con municiones reales: “Tenemos el cuarto mayor ejército del mundo y es capaz de acabar con estos hijos de p—a”, dijo. “Este tipo de matones… desde la extrema derecha, la extrema izquierda y de las urbanizaciones cerradas que vienen a golpear a la policía —¡basta!”.

Esta declaración resume los sentimientos que prevalecen tanto en la burguesía francesa como en el resto del mundo, que ven el giro a la dictadura y la represión como la única forma para defender un sistema capitalista cada vez más odiado.

Las necesidades más básicas de la clase obrera hoy día, incluyendo la defensa de los derechos democráticos fundamentales, no pueden ser atendidas fuera de un asalto frontal contra las fortunas y las prerrogativas de la clase capitalista: una lucha de la clase obrera internacional por la expropiación de la clase gobernante y la construcción del socialismo.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 30 de enero de 2019)

Will Morrow y Alex Lantier