¿Quién escribirá nuestra historia?: Emanuel Ringelblum y el archivo del gueto de Varsovia en la pantalla

por Clara Weiss
28 enero 2019

Escrito, dirigido y producido por Roberta Grossman

¿Quién escribirá nuestra historia?, un filme sobre “Óneg Shabat” (Oyneg Shabes), el histórico archivo del gueto de Varsovia encabezado por el historiador judío y polaco Emanuel Ringelblum (1900-1944), fue exhibido recientemente como parte del Festival de Cine Judío de Nueva York en el Lincoln Center.

El filme de Roberta Grossman también se mostrará en cines selectos de Nueva York y Los Ángeles durante las próximas dos semanas. Arte, el canal de televisión franco-alemán, y la emisora pública alemana ARD también están transmitiendo este trabajo.

¿Quién escribirá nuestra historia? está basado en el notable libro del mismo título del profesor Samuel Kassow, que enseña historia en Trinity College, en Hartford, Connecticut.

Jowita Budnik en ¿Quién escribirá nuestra historia?

En medio de un resurgimiento internacional de la extrema derecha, este filme sobre la lucha valiente de Óneg Shabat para preservar la verdad histórica sobre las tradiciones políticas y culturales de los judíos polacos y su aniquilación a manos de los nazis es de gran importancia.

El archivo Óneg Shabat [Alegría del Shabat], fundado por Ringelblum y compilado en el gueto de Varsovia (que existió de octubre de 1940 a mayo de 1943) ante la constante amenaza de la detección y la muerte, incluye una variedad extraordinaria de materiales históricos (los documentos fueron escondidos en recipientes de leche y cajas de metal, y enterrados en tres lugares en el gueto).

Entre los materiales hay diarios escritos por periodistas profesionales e historiadores como Rachel Auerbach y Ringelblum, así como los guardados por gente común y niños que escribieron en el gueto para documentar los crímenes de los nazis; objetos y documentos de la vida cotidiana en el gueto; documentos sobre la matanza de judíos polacos en los campos de exterminio y en tiroteos en masa; docenas de periódicos, entre ellos los únicos documentos recuperados de los trotskistas en el gueto de Varsovia y otras tendencias políticas, así como diversos documentos sobre la vida religiosa y cultural en el gueto.

¿Quién escribirá nuestra historia?

El filme narra la historia del archivo del gueto a través de los ojos de Auerbach, una periodista brillante, una de las tres sobrevivientes de una plantilla de 60 personas.

Se mezcla la recreación del período con imágenes históricas y entrevistas a destacados historiadores en la materia, incluyendo a Kassow, Barbara Kirshenblatt-Gimblett y Karolina Szymaniak.

Los espectadores se informan sobre los primeros meses de la guerra en Polonia, el establecimiento del gueto de Varsovia, justificado por la propaganda nazi a la población polaca como una forma de protegerla de la población judía supuestamente enferma; las condiciones horribles en el gueto, las deportaciones masivas a Treblinka en el verano de 1942, y la rebelión del gueto de Varsovia y la masacre final de los nazis en 1943.

Rachel Auerbach

¿Quién escribirá nuestra historia? desarrolla la mayor parte de su historia basándose en los documentos y diarios recogidos a través del Óneg Shabat. Se leen pasajes de los documentos sobre las representaciones de escenas del gueto. Junto con los diarios y las notas de Ringelblum sobre el gueto, escuchamos la voz de Auerbach, que trabajaba en un comedor para la población hambrienta del gueto y anotaba cuidadosamente sus observaciones para Ringelblum; también oímos a Hersh Wasser, que luchaba contra el hambre severo mientras seguía recolectando documentos como uno de los secretarios ejecutivos de Ringelblum, y a Abraham Lewin, quien, junto con su familia, fue víctima de las deportaciones en el verano de 1942.

Las recreaciones están bien hechas, con actores polacos en los roles de Ringelblum (Piotr Glowacki) y su esposa (Karolina Gruszka), Auerbach (Jowita Budnik), Wasser (Piotr Jankowski), Lewin (Wojciech Zielinski) y Rabbi Shimon Huberband (Gera Sandler). Los intérpretes hablan tanto polaco como yiddish, la lengua nativa de muchos judíos polacos en ese momento, para recrear la atmósfera del período y destacar el compromiso de los protagonistas con la lengua y cultura yiddish. Los pasajes citados en el filme para ilustrar el significado del archivo y los horrores del gueto son poderosos y conmovedores.

Piotr Głowacki como Emanuel Ringelblum

Sin embargo, ¿Quién escribirá nuestra historia? tiene serias limitaciones relacionadas con la orientación política y social de los realizadores. Tanto artísticamente como en términos de los documentos seleccionados, el filme se centra en apelar principalmente a los sentimientos y emociones morales de los espectadores, sin desafiar sus suposiciones y prejuicios políticos e ideológicos más convencionales (y generalmente desinformados). Apenas se aborda el contexto histórico del Holocausto en su conjunto, y se mencionan sólo algunos de los hechos y fechas más básicos. Esto se combina con una omisión casi completa de las políticas y tradiciones representadas por Óneg Shabat y Ringelblum.

Óneg Shabat no surgió en un vacío intelectual y político. Surgió de una rica cultura política e historiográfica que nació en el período de entreguerras, bajo el impacto combinado de la Revolución Rusa de 1917 y el auge del nacionalismo judío y la cultura yiddish.

Básicamente, la película no aborda la tradición dentro de la intelectualidad judía y polaca de combatir el antisemitismo a través de la investigación y escritura sobre la historia de los judíos polacos—una tradición que el libro de Kassow exploró en gran detalle y que enriqueció el trabajo de Óneg Shabat (hay sólo unos pocos minutos dedicados a este tema en el comienzo de ¿Quién escribirá nuestra historia? y un breve comentario sobre el Instituto YIVO, Instituto de Investigación Científica Judía, que fue fundado en Vilna en 1925, y al que pertenecían Ringelblum y muchos de sus compañeros de trabajo).

Ringelblum buscó incluir a representantes de todas las tendencias políticas y culturales en el trabajo de Óneg Shabat para preservar la verdad histórica, pero no hay duda de que él y varias de las otras figuras destacadas eran socialistas y marxistas. En el filme, Kassow menciona brevemente que Ringelblum y Wasser eran miembros de Left Poalei Zion (LPZ), un partido socialista sionista, y que Ringelblum era “muy, muy marxista”, pero no se discute ni el contenido de esos puntos de vista políticos y teóricos ni su relación con las actividades de los archivistas en el gueto.

Emanuel Ringelblum

En general, tres de las cinco figuras que el filme cita extensamente—Ringelblum, Lewin y Wasser—eran socialistas convencidos, pero no se menciona el término “socialista” una sola vez. En cambio, se presenta su proyecto implícitamente como algo sólo orientado hacia la preservación de la memoria nacional judía. Esto es históricamente inexacto.

Ringelblum y otros socialistas sionistas eran partidarios de una tendencia específica del nacionalismo cultural y político, pero estaban a kilómetros de distancia de las líneas de derecha actuales del sionismo y en contra de ver la historia de los judíos a través de un lente puramente nacional. La orientación de Ringelblum hacia las masas judías fue estimulada por la poderosa influencia del socialismo y la Revolución Rusa—que para los judíos de Europa del Este, desde 1905, estuvo estrechamente entrelazada con la lucha por la emancipación nacional, política y social de los judíos—como lo estuvo por el nacionalismo cultural (su partido, el LPZ, apoyó la Revolución de Octubre en Rusia y muchos de sus miembros lucharon en las filas del Ejército Rojo).

Como Kassow reconoce en su libro, Ringelblum nunca renunció a su dedicación a la revolución socialista y declaró explícitamente sobre el trabajo de Óneg Shabat, “No veo nuestro trabajo como un proyecto separado, como algo que incluye sólo a los judíos, que trata sólo de los judíos, y que sólo les interesará a los judíos. Todo mi ser se rebela contra eso. No puedo estar de acuerdo con ese enfoque, como judío, como socialista, o como historiador. Debido a la enorme complejidad de los procesos sociales, donde todo es interdependiente, no tendría sentido vernos aislados. El sufrimiento judío y la liberación y redención judías son parte integrante de la calamidad general [ umglik ] y el impulso universal para deshacerse del odiado yugo [nazi]” (citado en Kassow, ¿Quién escribirá nuestra historia?, Indiana University Press, 2007, página 387).

Polonia, 1930s (de izquierda a derecha) Emanuel Ringelblum, poeta de yiddish Itsik Manger, periodista y autor Rachel Auerbach, historiador Yankev Shatzky, poeta de yiddish Ber Horovits, historiador Raphael Mahler, y compositor M. Weinberg (YIVO)

Uno puede imaginar que los cineastas estaban bajo una presión considerable, tanto financiera como política, para restarle importancia a este aspecto del trabajo de Óneg Shabat y Ringelblum. Sin embargo, la omisión de las políticas marxistas y socialistas de la discusión de Ringelblum y Óneg Shabat tiene un costo importante. No sólo distorsiona el retrato histórico del archivo, sino que disminuye las lecciones que los espectadores de ¿Quién escribirá nuestra historia? pueden extraer del trabajo de Óneg Shabat para la lucha contemporánea contra la extrema derecha.

El resurgimiento actual del fascismo y el antisemitismo ha sido facilitado por la indiferencia casi voluntaria de la comunidad académica en Europa y Estados Unidos a los esfuerzos en curso de destacados profesores alemanes, sobre todo Jörg Baberowski, de la prestigiosa Universidad Humboldt de Berlín, para justificar los crímenes de Hitler y el régimen nazi. Bajo el silencio está el temor de que la oposición abierta a la justificación fascista conlleva una connotación de simpatía por la izquierda y el socialismo que, a menudo, los académicos están muy ansiosos por evitar.

A pesar de esta debilidad, ¿Quién escribirá nuestra historia? de Grossman es una contribución importante para dar a conocer el trabajo histórico de Óneg Shabat a una audiencia masiva. Debería ser visto ampliamente y ayudará, cabe esperar, a generar un mayor interés en el libro de Kassow y, más importante aún, una discusión más general sobre el significado de la verdad histórica en la lucha contra los peligros del fascismo.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 24 de enero de 2019)