El informe del FEM para Davos revela crecientes contradicciones del capitalismo mundial

por Nick Beams
25 enero 2019

El informe preparado por el Foro Económico Mundial (FEM) para la conferencia anual que tiene lugar en Davos Suiza esta semana pinta un cuadro de desintegración de todas las estructuras —económicas, políticas e ideológicas— que han sostenido el capitalismo mundial desde la Segunda Guerra Mundial.

Børge Brende, presidente del FEM, escribe en el prefacio del informe que el mundo encara “una creciente serie de complejos e interconectados retos —desde la desceleración del crecimiento mundial y la persistente desigualdad global hasta el cambio climático y las tensiones geopolíticas”, como también los cambios que resultan de transformaciones tecnológicas, que para el FEM constituyen la Cuarta Revolución Industrial.

El FEM, institución dedicada a la preservación del sistema capitalista y el beneficio de los megamillonarios y élites del mundo, está muy al tanto de la aceleración de las luchas de clases en todo el planeta; el informe señala que la “ira social” aumenta más y más.

“Crece la polarización en muchos países”, dice Brende. En algunos casos se deshilachan los contratos sociales que sostienen el orden social”.

Esta época de “inusitados recursos y avances tecnológicos”; es, para mucha gente, una época de inseguridad económica. El informe declara que hay que desarrollar “nuevas formas de globalización” para responder a este fenómeno.

Aun así, el mismo informe señala que justo cuando se necesita una respuesta coordinada de las principales potencias capitalistas, se agravan los conflictos entre ellas.

El resumen ejecutivo comienza con la pregunta: “¿Sonambulea el mundo hacia una crisis? Se intensifican los riesgos globales, pero falta la colectividad mundial que los solucione; todo lo contrario, las divisiones se endurecen”.

El resumen pone el dedo en lo que considera “el movimiento mundial hacia una nueva fase de medidas centradas en el estado” (la aceleración de los nacionalismos), que como antes había dicho el FEM, han continuado a lo largo del año 2018.

“Las energías, ahora malgastadas, para consolidar controles nacionales pone en riesgo respuestas colectivas a los crecientes retos mundiales. Estamos a la deriva en un mar de problemas mundiales; debemos esforzarnos y luchar para salirnos de ellos”.

En el terreno económico, los riesgos macroeconómicos se han definido; hay indicios de un declive en las economías más importantes y en China. Al mismo tiempo que el endeudamiento mundial sube al el 225 por ciento del producto bruto mundial, más o menos (mucho más alto que durante la crisis financiera del 2008). “Grietas más profundas” en el sistema financiero internacional demuestran que crecen los “riesgos sistémicos”.

“De ocurrir otra crisis mundial, ¿existirán todos los niveles necesarios de cooperación y apoyo?” exige saber el resumen. “Probablemente que sí, pero las crecientes tensiones entre la globalización de la economía mundial y el nacionalismo de la política internacional más agravan los peligros.”

En una conferencia de prensa el miércoles 16 de enero, donde se lanzó el informe, Brende se refirió a lo que implica el declive del crecimiento económico mundial.

“La verdad es que carecemos de los recursos con que encarar la magnitud de declive que sugiere la actual dinámica”, declaró. Medidas económicas que en tiempos pasados lograban que rivales económicos obtuvieran beneficios mutuos, ahora “con más frecuencia son consideradas armas de competencia estratégica”.

El comercio internacional había sido la “locomotora del crecimiento”. Esa tendencia ahora declina. Los meses venideros serán de gran importancia para la creación de confianza”, declaró Brende. “El principal peligro es la falta de voluntad para colaborar; no estamos disminuyendo ese riesgo”.

Como símbolo del creciente nacionalismo económico, el informe pone como ejemplo el plan estratégico 2018-2022 del Departamento de Comercio estadounidense, que dice que “la seguridad nacional es la seguridad económica”.

Esa perspectiva no existe sólo en el gobierno de Trump. El informe señala que “medidas de inversión directa en otros países en recientes años son más significativas que tensiones en el comercio exterior”. Varios gobiernos europeos han impuesto barreras a inversiones extranjeras.

“Gobiernos occidentales, particularmente, están afilando sus capacidades para imponer controles sobre inversiones en sectores estratégicos, particularmente en nuevas tecnologías, creando el peligro de frenar la globalización de inversiones, a la vez que se frena el comercio exterior”.

Poniendo el dedo lo que considera amenazas a multilateralismo, el informe también indica: “los líderes políticos ponen mayor hincapié en el estado nacional dentro del sistema internacional. Buscan debilitar las barreras a la autonomía nacional impuestas por acuerdos internacionales e instituciones multilaterales”.

Para cuantificar las tensiones sociales y políticas, el informe se refiere a “preocupantes” datos del Barómetro de Confianza Edelman, que indica que, de 28 países encuestados, los habitantes de veinte de ellos “desconfían” (no confían en los actuales “grupos de poder”).

“Más allá del impacto económico, la erosión de la confianza crea un entorno general que amenaza corroer el contrato social de muchos países. Estamos en un periodo de medidas fuertes de estado, acompañadas de comunidades nacionales cada vez más débiles”.

Tanto el FEM como otras instituciones parecidas rechazan el uso de la frase “conflictos de clases”. El uso de “comunidades nacionales cada vez más débiles” expresa la aceleración de las luchas sociales contra las clases de poder de cada nación.

El informe subraya que, en su encuesta de las élites empresariales y políticas, alrededor del 59 por ciento comparte la expectativa de que “aumentará la furia pública contra las élites” en el 2019.

El FEM cautela que esa furia puede traer consigo serias consecuencias políticas. “Posiblemente ocurra un círculo vicioso en que la menguante cohesión social cause más tensión en las instituciones políticas, socavando su capacidad de anticipar o responder a los retos sociales”.

El informe dice que ahora se acepta que hubiera sido preferente hacer más en términos de “protección o remedios a los que sufrieron daños a causa de la globalización” y que reconocer esa verdad “no tendría que haber sido a través de una crisis”.

Una cosa es darse cuenta del problema; otra es resolverlo. El informe del FEM no es capaz de referirse a ninguna instancia donde se actuó en base a esas lecciones. Todo lo contrario, es obvio que las mismas causas de la crisis financiera del 2008: el fomento de la especulación y acumulación de fabulosas riquezas en la cima social a costillas de la gran mayoría de la gente, se han convertido en una característica enraizada y permanente de la economía capitalista mundial y el modus operandi en todos los países.

La creciente polarización social, añade el informe, “complicará todos los intentos de crear consenso en torno a audaces propuestas para renovar el capitalismo mundial”, a lo que el FEM se dedicará.

Esos intentos llevan las de perder; se podrían comparar a los intentos de la alquimia medieval de transformar el plomo en oro, por las mismas razones que menciona el mismo informe cuando contrasta la naturaleza mundial de toda la transformación económica con el endurecimiento de las divisiones nacionales.

Esas contradicciones, que por vez primera aparecieron en 1914 con la detonación de la Primera Guerra Mundial, nuevamente desgarran la economía mundial y amenazan con consecuencias aún más devastadoras. No se pueden solucionar con nuevas “propuestas”; se requiere la unidad de las luchas internacionales de la clase obrera para barrer con el control y el dominio de las mismas élites que el FEM representa en sus conferencias anuales.

(Publicado originalmente en inglés el 18 de enero de 2018)