Cómo el WRP traicionó al trotskismo:1973-1985

8. El juicio con el Observer

Declaración del Comité Internacional de la Cuarta Internacional
16 enero 2019

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Este es el octavo de 43 capítulos que se publicarán diariamente. Originalmente fueron publicados como el Volumen 13, no. 1, de la revista Fourth International en el verano de 1986.

En 1985, después de un proceso prolongado de degeneración, el Workers Revolutionary Party, la sección británica del CICI, rompió en definitiva con el trotskismo. En mayo y junio de 1986, el Comité Internacional de la Cuarta Internacional se reunió y realizó un exhaustivo análisis de las cuestiones teóricas, políticas e históricas involucradas en el colapso del WRP. “Cómo el WRP traicionó al trotskismo: 1973-1985” fue una labor clave en rearmar al movimiento y prepararlo para las batallas políticas en torno a la construcción de una dirección revolucionaria en la clase obrera. Estas lecciones son vitales para el desarrollo de nuevas secciones del CICI internacionalmente.

Desde el punto de vista de conocer la degeneración política del Workers Revolutionary Party, hubo un acontecimiento políticamente revelador que ocurrió durante los días menguantes del gobierno laborista —el juicio iniciado por el WRP contra el periódico Observer —. En septiembre de 1975, tres años antes del juicio, la policía condujo una redada en el centro de educación del WRP después de que apareciera un artículo difamatorio publicado en el Observer que sugería que había armas escondidas en el terreno de la escuela. El WRP correctamente se querelló por difamación, y el caso finalmente llegó al tribunal en octubre-noviembre de 1978.

La portada de 'The Observer' con el ataque propio de una caza de brujas contra el Colegio de Educación Marxista del WRP

Ni Banda ni Healy testificaron por el WRP. En cambio, dejaron la elaboración de los principios del partido a otros tres miembros del Comité Central —Corin Redgrave, Vanessa Redgrave y Roy Battersby— y al abogado del WRP. Dada la naturaleza de los alegatos hechos por el Observer, el abogado del periódico inevitablemente intentó enfocar la atención del jurado a lo largo del juicio en la actitud del WRP hacia la violencia. Esta no era una situación sin precedentes para los revolucionarios marxistas, quienes frecuentemente han combinado una defensa irreconciliable del derecho de las masas a emplear violencia revolucionaria contra la violencia organizada del Estado de la clase gobernante, con un rechazo claro del terrorismo individual.

Sin embargo, el comportamiento del WRP fue una vergonzosa capitulación a la opinión pública burguesa. Los testigos del WRP —quienes eran demandantes en el caso y no había cargos en su contra— hicieron todo lo posible para presentarse como respetables damas y caballeros, miembros de un excelente club de discusión pequeñoburgués obediente a la ley. Para ser justos con la dama Vanessa y sir Corin, hay que decir que Healy escribió el guion que estos talentosos actores interpretaron. Se les advirtió que no usaran el juicio como un medio de agitación y propaganda revolucionarias. Sus discursos estaban dirigidos a su señoría, el juez, y al jurado de clase media. Cuando se les preguntó su actitud hacia la violencia, contestaron como si los principios revolucionarios del marxismo fueran totalmente compatibles con la teología pacifista.

Violando todos los principios revolucionarios, el WRP permitió que el tono del juicio fuera dictado por su abogado, el señor John Wilmers, consejero de la reina, quien cuidadosamente elaboró su presentación para complacer al tribunal y a sus prejuicios. El News Line del 25 de octubre de 1978 reportó en su declaración de apertura:

Los demandantes “creen fervientemente en el marxismo”, continuó el Sr. Wilmers.

“Ellos quieren lograr una revolución en este país, pero una revolución en el sentido de un cambio fundamental, no en el de disparar en las calles.

“Ellos hablan de movilizar a la clase trabajadora para derrocar el capitalismo y para la construcción de una sociedad socialista.

“Pero ellos están fundamentalmente opuestos a la violencia y a la fuerza.

“Piensan que pueden lograr sus fines educando al pueblo con sus ideas y usando la propaganda”.

Esta declaración de apertura, que fue seguida al pie de la letra por los testigos del WRP en las siguientes semanas, fue un repudio total del marxismo. El jueves 26 de octubre de 1978, el News Line reportó acerca de los testimonios del día anterior de Corin Redgrave. Fue una parodia de los principios trotskistas.

Durante la tarde, el Sr. Redgrave fue cuestionado por el Sr. Colin Ross Munro, consejero real de los acusados, acerca de las políticas del Workers Revolutionary Party.

Ante la pregunta de la lucha por el poder obrero, el Sr. Redgrave contestó que se trataba de conseguir por medios pacíficos, legales y constitucionales.

“¿No con una insurrección armada dirigida por el WRP?”, preguntó el defensor.

“No en lo que se refiere a nuestros fines”, respondió el Sr. Redgrave.

El Sr. Redgrave le dijo al tribunal que el partido consideraría la posibilidad de recurrir a las armas para “responder a la fuerza con la fuerza” —en una situación de un Estado fascista en Reino Unido—.

Esta sería una situación en la cual todas las formas de democracia habrían sido abolidas y la mayoría de las personas habrían perdido sus derechos democráticos.

Esta declaración fue un cobarde repudio de todas las principales lecciones del marxismo sobre la naturaleza de clase de la democracia burguesa. La posibilidad de recurrir a las armas se limitaba a una lucha contra un Estado fascista —esto es, no antes de la derrota del proletariado—. La declaración después se puso peor.

Ante la pregunta de dónde obtendría la clase obrera armas para un levantamiento, el Sr. Redgrave dijo que sería posible que vinieran de sectores de las fuerzas armadas que quisieran defender los derechos democráticos.

“Esa ha sido la historia de esos derechos democráticos en el pasado y eso es lo que sucedió en Portugal”.

Debemos tener presente que este testimonio se daba justo cuando la agitación del WRP para el derrocamiento del gobierno laborista estaba en su punto álgido y cuando el partido había declarado que estaba en la lucha por el poder. Pero, hablando públicamente y dirigiéndose a un público obrero de masas, Redgrave no solo renunció a la violencia revolucionaria, sino que además declaró su confianza en las fuerzas armadas del imperialismo británico y su Estado, y su apoyo a estas. Si algo reveló este testimonio es que, a pesar de toda su pompa política de traerse abajo al gobierno y luchar por el poder, el WRP estaba aterrado por el Estado capitalista. Una y otra vez, midiendo cuidadosamente cada frase para proteger al WRP de cualquier acción legal en su contra, los testigos del partido se la pasaron apaciguando al Estado, dando declaraciones voluntarias que servían solamente para embaucar a las masas y debilitar su consciencia política.

¡Redgrave hasta llegó a sugerir que las milicias obreras de defensa solo eran necesarias donde no hubiera suficientes patrullas policiales para patrullar las áreas!

El sábado 28 de octubre de 1978, el News Line publicó más declaraciones nauseabundas de Corin Redgrave, quien había sido asignado la función de portavoz principal del WRP: “‘Yo nunca he predicado la violencia, me opongo a la violencia, y esta es la línea que mi partido siempre ha adoptado’, dijo”.

Al final del juicio, después de que el jurado votara a favor de los demandantes y declarara que el Observer había escrito mentiras, el juez les negó a los Redgrave y a los otros demandantes del WRP lo único que anhelaban —respetabilidad—. Sin embargo, la ironía del caso es que la conducta de los demandantes del WRP le hizo más daño a la reputación de este que las acusaciones del Observer .