“Esta reunión es una poderosa expresión de la creciente oposición de la clase obrera”

Reporte a la reunión de Detroit para combatir los cierres de plantas de GM

por Jerry White
14 diciembre 2018

El siguiente es el informe introductorio presentado por Jerry White, editor de asuntos laborales del World Socialist Web Site en la reunión de emergencia del 9 de diciembre para combatir los cierres de plantas de GM, organizada por el Partido Socialista por la Igualdad y el Boletín informativo de los Trabajadores Automotores del WSWS.

Me gustaría dar la bienvenida a todos los trabajadores y jóvenes que han asistido a esta reunión crítica. Esta es la primera respuesta políticamente consciente de la clase obrera al anuncio del cierre de plantas en General Motors. Hemos convocado esta reunión para discutir una estrategia y organizar una lucha contra esos cierres. El propósito de mi informe es presentar la resolución “¡No a los cierres de plantas de GM! ¡Movilizar a la clase obrera para detener los despidos y las concesiones!”.

El 26 de noviembre, GM anunció que cerraría cinco plantas en los Estados Unidos y Canadá a principios de 2019 y eliminaría los empleos de casi 15.000 trabajadores asalariados en América del Norte. En la mira de la corporación hay tres plantas de ensamblaje principales (Detroit-Hamtramck, Lordstown, Ohio y Oshawa, Ontario) y dos plantas de transmisión, una en el suburbio de Warren en Detroit y otra en White Marsh, Maryland, en las afueras de Baltimore.

Los recortes de empleos también afectarán la planta de baterías de GM en Brownstown, Michigan. GM, que ya llevó a cabo el cierre de su planta en Gunsan, Corea, dijo que cerrará otras dos plantas fuera de América del Norte, que aún no se han nombrado.

En las próximas semanas y meses, políticos como Trump y demócratas de Ohio y Michigan, junto con funcionarios de los sindicatos automotores UAW en EUA y Unifor en Canadá, intentarán enfrentar a los trabajadores de estas plantas unos contra otros en una pelea sobre quién tendrá que conceder más para "salvar" su planta a costa de otras plantas. GM y el UAW no han ocultado que tal amenaza formará parte de las negociaciones contractuales el próximo año y que tienen como objetivo intimidar a los trabajadores y obligarlos a aceptar una nueva y más grande ronda de concesiones en salarios y prestaciones.

No hemos convocado esta reunión para discutir algún tipo de compromiso miserable, sino para discutir una estrategia para detener todos los cierres y despidos, y para oponernos a los planes en marcha del UAW y Unifor de chantajear a los trabajadores para que sacrifiquen más a cambio de promesas sin valor de seguridad laboral.

Hemos propuesto para su votación en esta reunión una resolución que resumen tanto la situación que enfrentan los trabajadores automotores y todos los otros sectores como las tareas que creemos que se deben llevar a cabo a raíz de esta situación.

Me gustaría desarrollar algunos de los puntos específicos en la resolución para que podamos discutirla y llegar a un acuerdo sobre cómo luchar. Primero, la resolución establece que los cierres y despidos de plantas "tendrán consecuencias devastadoras para decenas de miles de trabajadores, sus familias y todos los trabajadores que dependen de la industria automotriz".

El cierre de estas plantas constituiría una sentencia de muerte para las comunidades obreras en Detroit, la ciudad de Youngstown, Ohio, a la par de la planta de Lordstown, y Oshawa, Ontario. Todas estas ciudades se han visto afectadas por décadas de desindustrialización. Mil quinientos trabajadores perderían sus empleos en la planta de Detroit-Hamtramck, a pocas millas de aquí, después de haberse eliminado ya un turno de 1,500 trabajadores en marzo de 2017. Cerca de 500 obreros en la planta de transmisiones de Warren y miles de ingenieros, diseñadores y otros empleados y trabajadores perderán sus empleos en el Centro Técnico de GM y en otras ubicaciones.

La planta de Lordstown, construida en 1966, representa el ancla de la región del valle de Mahoning, a medio camino entre Cleveland y Pittsburgh. Ya ha perdido dos turnos y perderá otros 1.500 empleos. La vecina Youngstown, una antigua ciudad siderúrgica, tiene un índice de pobreza infantil del 59 por ciento. En Oshawa, donde antes había 24.000 trabajadores de GM en uno de los complejos de automóviles más grandes del mundo, ahora hay apenas 2.000 trabajadores. En escenas que recuerdan a la Gran Depresión, las personas sin hogar han establecido una ciudad de carpas en las afueras de Oshawa.

Sin embargo, el impacto se extenderá mucho más allá de los trabajadores más inmediatamente afectados. Los expertos estiman que el efecto dominó de los cierres será de siete a nueve veces el número de trabajadores despedidos. Esto se debe a los recortes de empleos en las plantas proveedoras, empresas de camiones, restaurantes y otras industrias de servicios vinculadas a las fábricas. Esto significa que entre 42.000 a 54.000 empleos serán eliminados.

Y los efectos no son solo económicos. La analista de políticas públicas de la Universidad de Duke, Elizabeth Ananat, quien estudia el impacto de los cierres de plantas en los estudiantes y las escuelas, los comparó con los huracanes que causan "traumas a nivel de la comunidad", lo que lleva a problemas sociales y psicológicos, depresión y aumentos de la ansiedad y la violencia entre los niños.

Si se permite que cierren estas plantas: ¿Cuántas escuelas más cerrarán? ¿Cuántos trabajadores más tendrán sus casas embargadas? ¿Cuántas familias más se separarán? ¿Cuántas más muertes por opioides y suicidios ocurrirán?

Para responder a estas preguntas, solo hay que mirar a Flint, Dayton y otras ciudades donde GM no dejó nada más que desastres económicos, sociales y ecológicos. Me enorgullece decir que tenemos trabajadores de Flint que pueden arrojar luz sobre las condiciones devastadoras en esa ciudad, incluida la intoxicación por plomo.

El segundo punto de la resolución señala que, "Las acciones de GM son parte de una reestructuración global de la industria automotriz y un ataque contra la clase obrera internacional que responden a las demandas de Wall Street de aumentar sus ganancias y recrudecerán los niveles sin precedentes de desigualdad social".

Una semana después de que GM anunciara sus planes, un analista del banco de Wall Street, Morgan Stanley, en una nota a los inversionistas, dijo que Ford probablemente despedirá a más trabajadores, pronosticando que la cifra sería de 25.000. Estos recortes no solo afectarían a los trabajadores asalariados en EUA y Canadá, sino que, según él, la mayor parte de ellos sucedería en Europa.

El 8 de noviembre, Ford anunció que cerraría su sede de fabricación británica en Brentwood, con sus cerca de 1.700 empleos, y se filtraron los planes de que la planta en Blanquefort, Francia, se cerraría a fines del próximo año, recortando 900 empleos. Los trabajadores de Ford en Blanquefort participaron en las protestas de los "chalecos amarillos" en toda Francia para oponerse a la destrucción de sus empleos.

En todo el mundo, las corporaciones globales están recortando cientos de miles de puestos de trabajo. A principios de esta semana, la compañía farmacéutica alemana Bayer anunció un recorte de 12.000 empleos, principalmente en Alemania. El fabricante francés de tubos de acero Vallourec, que posee una fábrica siderúrgica en Youngstown, anunció la semana pasada planes para eliminar 1.800 puestos en Francia y Alemania. El mes pasado, Bombardier, el fabricante de trenes y aeronaves con sede en Montreal anunció el despido de 5.000 trabajadores en Quebec, Ontario y Belfast, Irlanda.

Ganancias de GM en miles de millones de dólares ($135 mil millones entre 2010-2017)

La ofensiva contra los puestos de trabajo durante un supuesto auge económico y ante un desempleo —se nos dice a cada rato— en los niveles presuntamente más bajos en 50 años, está siendo impulsado completamente por las demandas de los inversionistas ricos y Wall Street para obtener mayores rendimientos en sus inversiones. Cuando GM anunció sus planes de cerrar estas plantas, los precios de sus acciones aumentaron más del 6 por ciento. Esta no es una empresa en quiebra. Con base en las concesiones que GM y UAW han impuesto a los trabajadores durante años, las ganancias de la compañía en el tercer trimestre en América del Norte aumentaron un 38 por ciento y GM está en camino de obtener $10 mil millones en ganancias este año.

Los $6,5 mil millones de dólares anuales que la compañía está ahorrando al arrojar trabajadores a las calles no se están reinvirtiendo en producción. La mayor parte de este dinero se destina a recompras de acciones y pagos de dividendos a los inversionistas adinerados de GM. Solo en los últimos cinco años, GM ha entregado $25 mil millones, robados de los salarios, las prestaciones y las condiciones de los trabajadores, a sus accionistas más ricos.

Arriba presentamos una diapositiva con las ganancias de GM desde 2010. La reestructuración de la industria por parte del Gobierno de Obama se llevó a cabo un año después de la crisis financiera mundial de 2008. En 2009, el UAW aceptó concesiones masivas, incluyendo la reducción a la mitad de los salarios de los nuevos trabajadores y la abolición del día de ocho horas, y en los nueve años transcurridos desde entonces GM tuvo un año rentable tras otro.

Lo que les está pasando a los trabajadores de GM es parte de un proceso en todo Estados Unidos y, de hecho, en toda la economía global. Durante décadas, los trabajadores han enfrentado un ataque implacable a sus salarios y condiciones.

El siguiente gráfico muestra el aumento constante en la participación del producto interno bruto que se destina a las ganancias corporativas y la disminución en la participación que se destina a los salarios. Para 2014, los salarios y los ingresos salariales representaron solo el 43 por ciento del PIB, el más bajo desde 1929. Las ganancias corporativas después de impuestos representaron un récord del 11 por ciento del PIB, el más alto desde 1929. El poder adquisitivo de un salario promedio hoy en día no es más de lo que era en 1978. No hemos dado un paso adelante en los niveles de vida en 40 años.

Ganancias corporativas (azul) y salarios (rojo) como porcentaje del PIB. Recesiones en gris.

El tercer punto de la resolución dice: "Los cierres de plantas de GM exponen aún más las mentiras que han vendido los sindicatos UAW y Unifor de que los contratos entreguistas ‘salvarán puestos de trabajo’. Estas organizaciones han funcionado por mucho tiempo como herramientas de la gerencia empresarial para bloquear cualquier lucha de los trabajadores".

Han pasado 40 años desde que el UAW comenzó su política de concesiones masivas, comenzando con el rescate de Chrysler en 1979. El resultado han sido 40 años de un desastre interminable para los trabajadores.

Durante el primer rescate de Chrysler en 1979, el vicepresidente del UAW, Marc Stepp, declaró infamemente: "Creo que la compañía tendrá que recortar sus operaciones. Tenemos la libre empresa en este país. Las corporaciones tienen derecho a obtener ganancias”.

El UAW fue puesto en la junta directiva de la empresa y procedió a imponer concesiones en salarios y prestaciones en una magnitud que en dólares actuales equivaldría a $15.000 por trabajador, al tiempo que colaboraron en la eliminación de 57.000 empleos de Chrysler, incluyendo 30.000 en Detroit. Se cerraron decenas de plantas, incluyendo la Dodge Main en Hamtramck.

Durante la década de 1980, los sindicatos de la central AFL-CIO se dedicaron a aislar y derrotar todas las luchas de los trabajadores, comenzando con la huelga de 13.000 controladores aéreos de PATCO y su despido por parte de la Administración de Reagan.

Los sindicatos adoptaron oficialmente la política de "corporativismo", que afirma que de alguna manera los dueños de las empresas, los explotadores capitalistas y los trabajadores tenían intereses idénticos. Es decir, se habían acabado los días en que los trabajadores luchaban contra los empleadores por aumentar su parte de la riqueza creada por los mismos trabajadores. Según el UAW, había que colaborar con los patrones para reducir los salarios y hacer que las corporaciones estadounidenses fueran más competitivas respecto a sus rivales japoneses y alemanes.

Puestos asalariados en miles entre 1973 y 2015 (una caída de 80 por ciento en las Big 3 en este periodo)

¿Cuál fue el resultado de esta política? Una disminución del 80 por ciento en el número de trabajos automotores en las Big 3, las tres mayores empresas automotrices de Detroit. Desde 1978, el número de trabajadores de GM, Ford y Chrysler en los Estados Unidos ha disminuido de 750.000 a apenas 141.000, mientras que los salarios, beneficios y condiciones laborales de los trabajadores automotores se han visto diezmados.

Como se muestra en esta diapositiva, la supresión de la resistencia de la clase trabajadora por parte de los sindicatos allanó el camino para una enorme transferencia de riqueza a los superricos, quienes extrajeron inversiones de la industria y se involucraron en formas cada vez más grotescas en la especulación financiera, donde podían obtener ganancias mucho mayores y más rápido.

Huelgas de gran escala (rojo, eje izquierdo) y proporción del ingreso que absorbe el 1 por ciento más rico (azul, eje derecho). En 2015, el 1 por ciento más rico acaparó 20 por ciento del ingreso nacional.

Como muestra este gráfico, en nombre de la "asociación sindical-patronal", los sindicatos prohibieron las huelgas. La última huelga nacional de la industria fue en 1976 contra Ford. Justo después de la Segunda Guerra Mundial, unos tres millones de trabajadores se declararon en huelga, incluidos los trabajadores automotores. Nuevamente, en la década de 1970, hubo cientos de huelgas, incluidas las huelgas salvajes de los trabajadores del automóvil en Lordstown y Detroit. El año pasado, hubo un total de siete grandes paros laborales que involucraron a 1.000 o más trabajadores, el segundo número más bajo registrado, en comparación con más de 400 huelgas por año a mediados de los años setenta.

La supresión de las huelgas por parte de los sindicatos dio una mano libre a la oligarquía corporativa y financiera, el uno por ciento más rico, a realizar un gran aumento de su riqueza.

Hace diez años se produjo una crisis financiera mundial causada por la especulación y la criminalidad de los mismos banqueros de Wall Street que están detrás de los cierres de industria tras industria. La economía se derrumbó y la clase trabajadora pagó por esa crisis.

Hace casi diez años, el jefe de personal de Obama, Rahm Emanuel, un banquero de inversiones, se reunió con un grupo de ejecutivos corporativos. Esto es lo que tenía que decir:

"Esta crisis nos brinda la oportunidad de hacer cosas que antes no podíamos hacer", dijo. En otras palabras, sí, hubo recortes de salarios y cierres de plantas, pero todavía quedaban algunos asuntos pendientes que atender. Había que ir detrás de la educación y la salud, había que desregular más las empresas y, sobre todo, había que emprender contra las secciones restantes de trabajadores que disfrutaban de ciertos derechos sociales. Eso significaba arremeter contra los trabajadores automotores, quienes, después de generaciones de luchas, habían ganado algunos derechos sociales básicos.

Durante la reestructuración de bancarrota en 2009 de GM y Chrysler, Obama reclutó a exinversionistas de capital privado como Steven Rattner y otros saqueadores de activos empresariales para su Mesa de Trabajo Automotriz. Como condición para aprobar un préstamo federal para GM y Chrysler, exigieron concesiones radicales a los trabajadores automotores, que el UAW estaba feliz de otorgar.

El presidente del UAW, Ron Gettlefinger, accedió a reabrir los contratos en 2009 y acordó a que todos los trabajadores nuevos recibieran la mitad de la paga como una segunda escala salarial con beneficios mucho más bajos de los que reciben los llamados trabajadores legendarios, contratados antes de 2007. Aunque el "Banco de Empleo" se había erosionado durante años, la Mesa de Trabajo Automotriz insistió en su eliminación completa, denunciando como absurda la idea de que los trabajadores deberían tener algún tipo de seguridad de ingresos después del cierre de las plantas y los despidos.

Tales fueron las declaraciones de Obama en 2009. A cambio de la imposición de "concesiones dolorosas" para los trabajadores, el UAW recibió el control de un fondo multimillonario para la cobertura médica de los jubilado o VEBA (por su sigla en inglés), junto con millones en acciones de General Motors y Chrysler. Cuando GM anunció el cierre de la planta hace dos semanas, el valor de las acciones de GM controladas por el UAW aumentó en $214 millones.

El UAW aceptó más concesiones en 2011 y 2015, incluida la eliminación de la jornada de ocho horas, el establecimiento del Programa de horarios alternativos (AWS, por su sigla en inglés) y una amplia expansión de los puestos para trabajadores temporales y a tiempo parcial, quienes pagan cuotas a los sindicatos, pero no tienen ningún derecho. En 2015, los trabajadores estallaron en oposición a un contrato respaldado por el UAW que mantenía el odiado sistema de dos niveles salariales y el AWS, y trataba de expandir el VEBA convirtiéndolo en un sistema de seguro médico administrado por el sindicato para los empleados asalariados actuales.

El UAW solo pudo implementar los convenios con Fiat Chrysler y los otros fabricantes de automóviles a través de una campaña de mentiras, amenazas e intimidación, amenazando a los trabajadores con el cierre de plantas y la pérdida de empleos si rechazaban tal traición. En Ford, el UAW afirmó que el contrato había sido aprobado por un pelo, con 51 por ciento de los votos, pero hubo reclamos generalizados de trabajadores de un fraude directo en la votación.

Todos los que afirman que el UAW y los otros sindicatos pueden ser descritos como "organizaciones obreras" están mintiendo. Como todo trabajador automotor sabe, el UAW es un negocio. Es un contratista de mano de obra barata y una policía industrial para la gerencia.

Si se necesitaban más pruebas de este hecho, las ofrece el escándalo de corrupción que envolvió a la organización y puesto de manifiesto el hecho de que los altos ejecutivos del UAW recibieron sobornos de Fiat Chrysler por millones de dólares a cambio de hacer cumplir los contratos entreguistas.

¿Qué es el UAW? Solo hay que mirar sus declaraciones financieras.

De acuerdo con su declaración de 2017 ante el Departamento de Trabajo de EUA, el UAW tiene activos por un valor de $1,06 mil millones, sin incluir el VEBA de miles de millones de dólares. Invierte activos valorados en $684 millones en fondos de capital privado y otras empresas de Wall Street y paga $75 millones a sus ejecutivos y cientos de miembros del personal, incluyendo a parientes que trabajan en cómodos trabajos de taquígrafos. Gasta casi $100 millones en "actividades de representación", $57 millones en "gastos generales, de administración sindical y beneficios no detallados". Funciona como una corporación.

En contraste, el UAW gastó solo $2 millones o 1 por ciento del total en pagos de su fondo de huelga, que tiene un valor de $760 millones.

Desembolso del UAW para sus altos ejecutivos en 2017: $2,4 millones

Los ejecutivos de UAW están al otro lado de la división de clases. Su riqueza aumenta a medida que disminuye la riqueza de la clase trabajadora. Las lujosas vidas que llevan los líderes sindicales son posibles gracias a los recortes y concesiones que han impuesto a los trabajadores, a quienes cada vez les resulta más difícil llegar a fin de mes.

Mayores salarios de ejecutivos del UAW

Los sindicatos no unen a los trabajadores, los dividen, por niveles salariales, plantas y países. No atienden los agravios de los trabajadores, los desechan a la basura. No combaten las aceleraciones en el trabajo, ni los cierres y despidos de plantas, los facilitan. Funcionan como herramientas y socios de la gerencia, compartiendo las ganancias del sudor de los trabajadores.

Otros salarios de ejecutivos sindicales en Estados Unidos

Cada sindicato es lo mismo. Randi Weingarten, presidenta de la Federación Estadounidense de Maestros, recibe $513.000 por año. No cabe duda de que estas personas son millonarias y pertenecen al grupo de ingresos del uno o dos por ciento superior. Sería una locura creer que estas organizaciones defenderán a los trabajadores.

Depende de nosotros, los trabajadores, movilizar nuestra fuerza para luchar contra el cierre de las plantas y contra los esfuerzos para chantajearnos para aceptar más concesiones. Corresponde a los trabajadores defender el derecho de todo trabajador al trabajo. Insistimos en que un trabajo bien remunerado y seguro no es un lujo que nos conceden, es un derecho social por el que todos los trabajadores deben luchar. En tal lucha, nuestros aliados son los trabajadores en todo Estados Unidos y el mundo.

La clase trabajadora está empezando a contraatacar y esta reunión en sí es una indicación de eso. El hecho de que tengamos trabajadores de todo Michigan, Indiana y otros estados, un minero de carbón de Pennsylvania y Shannon Allen, que ha liderado la lucha de los trabajadores de Amazon, muestra que la clase obrera está comenzando a afirmar sus intereses en contra de la rapacidad de los bancos y corporaciones.

La resolución dice: “La oposición entre los trabajadores automotores a los cierres de planta, los recortes salariales y el empeoramiento de las condiciones laborales es parte de un resurgimiento de la lucha de clases por todo Estados Unidos e internacionalmente”.

En todo el mundo, los trabajadores están empezando a contraatacar. Este año ha habido protestas de masas contra la austeridad en Irán, huelgas masivas en Alemania, la movilización de trabajadores en Francia contra las reformas laborales derechistas y huelgas de maestros y profesores en toda América Latina y Oriente Próximo. En los Estados Unidos, hubo una serie de huelgas de maestros, que se desarrollaron en oposición a los sindicatos. Los sindicatos se dedicaron a aislar cada lucha por separado e imponer derrotas. Un cuarto de millón de trabajadores de UPS rechazó un contrato de concesiones respaldado por el sindicato Teamsters, solo para que el sindicato lo impusiera de todos modos.

El año llega a su fin con luchas explosivas en Francia, donde las protestas de los "chalecos amarillos" contra los impuestos regresivos se están convirtiendo en una lucha más amplia de los trabajadores y los jóvenes contra la desigualdad social y las políticas de derecha del exbanquero de inversiones, Emmanuel Macon, apodado el “presidente de los ricos”. Los trabajadores de las plantaciones de té en Sri Lanka están organizando una huelga por encima de la oposición del sindicato. Además hay huelgas de cientos de miles de trabajadores que están sacudiendo Corea del Sur, Chile y otros países.

Para llevar adelante su lucha, los trabajadores deben confiar en su propia fuerza y no caer en las trampas de los embusteros profesionales de ninguna facción de la élite política.

Se están dibujando los frentes de la batalla. Todos los grupos de poder se está alineando contra los trabajadores automotores.

Cuando ven que Trump y los demócratas lamentan los cierres de plantas, deben preguntarse:

¿Quién miente más? ¿Quién es el mayor hipócrita? ¿Trump, el multimillonario que dijo que los neonazis eran "buenas personas" e hizo su fortuna aumentando las rentas de los trabajadores de la ciudad de Nueva York en desarrollos de viviendas como arrendador de barrios pobres?

¿O son los demócratas quienes, junto con los republicanos, han presidido 40 años de cierres de plantas en Michigan, Ohio, Indiana, Missouri, Pennsylvania y en todo el país?

Es difícil saber quién es peor, pero no debemos confiar en ninguno de estos partidos controlados por las empresas. Ambos son enemigos jurados de los trabajadores.

El alcance internacional del ataque a la clase trabajadora expone las mentiras del UAW, el presidente Trump y los demócratas, quienes culpan a los trabajadores chinos y mexicanos por la destrucción de empleos y niveles de vida. Estos trabajos no están siendo eliminados por otros trabajadores, quienes también enfrentan ataques incesantes, sino por corporaciones gigantes y bancos de Wall Street. La causa de esto no es el comercio exterior injusto, y mucho menos la inmigración, sino el capitalismo, un sistema que subordina las necesidades más básicas de la población a las ganancias y los apetitos insaciables de la aristocracia corporativa y financiera.

Sobre la base de estas consideraciones, se derivan las siguientes conclusiones. "Consecuentemente, esta reunión decide formar comités de acción de las bases, independientes del UAW, Unifor y los otros sindicatos, en todos los centros de trabajo, fábricas y barrios afectados, para organizar la oposición a los cierres de plantas, incluyendo preparativos para una manifestación enero".

Estos comités, señala la resolución más adelante, "avanzarán los intereses de los trabajadores en oposición a la gerencia de la empresa. Movilizarán a los trabajadores con base en sus propias demandas, incluyendo la abolición del sistema salarial y de prestaciones de dos escalas, la transformación de todos los trabajadores temporales en trabajadores de tiempo completo, la recontratación de todos los trabajadores despedidos y victimizados y la lucha por la democracia industrial".

Exigirán que los trabajadores tengan un acceso irrestricto a todos los registros financieros de las empresas y los sindicatos, y que presidan todas las negociaciones y los votos contractuales. Y finalmente, estos comités establecerán “líneas de comunicación y colaboración con todos los trabajadores —incluyendo los trabajadores de partes automotrices, el magisterio, los trabajadores de Amazon, los trabajadores del sector de servicios, entre otros— y lucharán por la unidad de los trabajadores estadounidenses con sus hermanos y hermanas de clase en Canadá, México y el resto del mundo”.

La clase obrera solo es tan fuerte como es unificada internacionalmente. Ninguna sección de los trabajadores puede enfrentarse a las corporaciones internacionales de un solo país. Esta es una lucha de clases. Pero hay que darle una conducción y un norte organizacional y político. Los comités de base darán voz a los trabajadores, les darán un megáfono, les brindarán un medio para educarse políticamente y les darán un lugar para debatir y establecer estrategias democráticas con sus compañeros de trabajo sin temor a represalias.

Esta reunión es en sí misma una expresión poderosa de la creciente oposición y conciencia de la clase trabajadora. Quiero iniciar esta reunión ahora para discutir la resolución como la base para desarrollar un movimiento poderoso de la clase trabajadora.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 13 de diciembre de 2018)

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