1937: Cuando los trabajadores automotores canadienses y estadounidenses lucharon juntos

por Roger Jordan
10 diciembre 2018

El anuncio de GM de que está cerrando fábricas en Ohio, Michigan y Ontario, así como otras dos plantas internacionales aún no nombradas, ha desencadenado el habitual veneno nacionalista de políticos y dirigentes sindicales en EUA y Canadá.

Esto sucede cada vez que hay una crisis en la producción de automóviles. Los dirigentes sindicales y políticos capitalistas de todas las tendencias declaran solemnemente que ellos van a proteger los trabajados “estadounidenses”, o “canadienses”, cada uno a expensas del otro—así como trabajadores mexicanos, japoneses, chinos, surcoreanos, alemanes, italianos, franceses, etc.

Ellos nunca pueden admitir el hecho más elemental sobre la industria automotriz: es una industria global, por lo que la defensa de trabajos en cualquier parte requiere la colaboración de trabajadores en todas partes.

Este ABC de la lucha de clases es algo que se entendió y vivió en 1937, cuando las sentadas de Flint, lideradas por trabajadores socialistas, encabezaron un resurgimiento masivo de la clase trabajadora en ambos lados de la frontera entre EUA y Canadá. Volvemos a publicar aquí un artículo de octubre de 2016 sobre esa lucha.

Más de 20,000 trabajadores automotrices canadienses en Ford, GM y Chrysler están comprometidos ahora en una lucha amarga para defender sus trabajos y condiciones laborales, mientras los “Tres Grandes de Detroit”, con el apoyo total de la burocracia de Unifor, buscan pasar otra ronda de concesiones en nombre de garantizar la “inversión” y la “seguridad laboral”.

Durante más de tres décadas, Unifor y su predecesor, Trabajadores Automotores Canadienses, al igual que Trabajadores Automotores Unidos (UAW, United Auto Workers) en EUA, han saboteados todos los intentos de los obreros de luchar contra una ola tras otra de recortes salariales y beneficios, cierre de plantas, el vaciado de reglas laborales y beneficios de pensión, y el establecimiento de una mano de obra con bajos salarios y múltiples niveles.

Montar una contraofensiva contra los jefes de los automóviles y sus lacayos sindicales exige que los trabajadores aprovechen las experiencias de décadas de luchas. Estas no sólo incluyen derrotas y traiciones amargas, sino también heroicas batallas de clase conducidas por los impulsos rebeldes, e incluso revolucionarios, de manera incipiente, en los años 1930, de los trabajadores de base. Una de esas luchas, que contiene lecciones críticas para hoy, fue la huelga de trabajadores de GM en Oshawa en 1937, que marcó un punto de inflexión en el desarrollo del sindicalismo industrial en Canadá.

Huelga de General Motors, Oshawa, Ontario, 1937 [Biblioteca Walter P. Reuther - Wayne State University]

La huelga, que estalló en las instalaciones de GM en Oshawa el 8 de abril de 1937, fue impulsada por, y fue parte de, un resurgimiento internacional de la clase trabajadora. Los trabajadores de GM Canadá se inspiraron en las acciones de sus hermanos y hermanas en los Estados Unidos, que en los meses anteriores a la huelga de Oshawa habían liderado la famosa sentada de 44 días en el centro de las operaciones de GM en Flint, Michigan. La victoria de Flint precipitó una erupción de luchas obreras en todo EUA y un rápido crecimiento en las filas de la recientemente creada UAW.

Sólo en 1937 hubo 477 sentadas en EUA, que involucraron a unos 500,000 trabajadores. El primer local de la UAW en Canadá, Local 195 de Kelsey Wheel en Windsor, fue legalmente constituido el 9 de diciembre de 1936, luego de que los obreros realizaran la primera sentada registrada de Canadá.

Las sentadas, a su vez, fueron el resultado de un resurgimiento sin precedentes de la clase obrera estadounidense, comenzando con tres huelgas generales en Minéapolis, San Francisco y Toledo en 1934, y una radicalización de los trabajadores a nivel internacional que encontró expresión en la revolución española de 1936 y la huelga general francesa del mismo año. Trabajadores de mentalidad socialista, incluyendo a los miembros del Partido Socialista y Partido Comunista y al movimiento trotskista, jugaron el papel principal en estas batallas obreras. El resurgimiento de la clase trabajadora en EE.UU. y Canadá sólo se pudo desarrollar mediante una rebelión contra la conservadora y artesanal Federación Estadounidense del Trabajo (AFL) y su homóloga canadiense, the Trades and Labour Congress (TLC, Congreso de Oficios y Trabajo), y la fundación de una nueva organización en 1935, el Congreso de Organizaciones Industriales (CIO).

De Flint a Oshawa

El 15 de febrero de 1937, en medio de este clima, 200 trabajadores de láminas metálicas dejaron sus herramientas en las instalaciones de GM en Oshawa, en respuesta a la decisión de GM de aumentar la producción de 27 a 32 unidades. La campaña de aceleración de GM fue probablemente un intento de compensar algunas de las pérdidas de producción debido a la sentada de Flint. Si bien ese fue el detonante inmediato de la disputa, los trabajadores también se indignaron por los recortes salariales que la compañía impuso a fines de 1936, a pesar de que estaba acumulando ganancias récord, por no mencionar las condiciones laborales generalmente miserables y la constante amenaza de despidos. Los salarios reales fueron un 20 por ciento más bajos en 1937 que en la década de 1920.

Huelguistas vigilando la entrada de la ventana a la planta del cuerpo Fisher número tres. Flint, Michigan

Los huelguistas pidieron apoyo a la UAW en Detroit, y en los días siguientes Hugh Thompson, organizador de la UAW, fue enviado a Oshawa para ayudar en la conducción de la lucha. En principio, los obreros regresaron a sus trabajos debido al consejo de Thompson, quien empezó a afiliar trabajadores a la UAW. La campaña de organización se extendió rápidamente a otros negocios en la ciudad, uniéndose también trabajadores de fuera de la industria automotriz.

La solicitud de apoyo a la UAW en Detroit no fue una mera decisión táctica. Fue motivada por la antigua y extendida convicción de que los obreros canadienses y estadounidenses tenían intereses comunes. Desde la aparición de los Caballeros del Trabajo en la década de 1870, los movimientos obreros militantes habían cruzado rápidamente la frontera entre Canadá y EUA. Eso ocurrió con IWW (Trabajadores Industriales del Mundo) a principios del siglo XX, y con los sindicatos industriales que surgieron en los años 1930.

A principios de abril de 1937, cuando GM se negó a reconocer a la UAW y el gobierno provincial liberal de Mitch Hepburn respaldó totalmente a la compañía, los 4,000 obreros de GM Oshawa votaron a favor de la huelga. Sus demandas incluyeron el reconocimiento de la UAW como el agente oficial de negociación, un día laboral de 8 horas, una semana laboral de 40 horas, derechos de antigüedad y un comité de representantes y reclamos.

Huelga de General Motors, Oshawa, Ontario, 1937 [Biblioteca Walter P. Reuther - Wayne State University]

Ante una lucha militante en un importante centro industrial a poca distancia de Toronto, y la creciente amenaza de un resurgimiento de la clase obrera en toda América del Norte, GM y los liberales de Ontario intentaron sembrar divisiones avivando el reaccionario nacionalismo canadiense. GM justificó su negativa a reconocer la UAW describiendo a sus líderes como “agitadores pagados en el extranjero”, una descripción secundada por el primer ministro liberal Hepburn, quien arremetió contra el sindicato por ser dominado por extranjeros y por no ser canadiense.

En diciembre de 1936, apenas meses antes de la huelga, Hepburn había denunciado a CIO por “dominar y dictar a la industria canadiense”, añadiendo, “Después de revisar las actividades de esos agitadores extranjeros y el caos creado por ellos en Estados Unidos, estoy convencido de que la política dictada por ellos será de demandas cada vez mayores e imposibles, culminando con el tiempo en la pérdida total del tremendo y creciente comercio de exportación del que ahora disfruta la industria automotriz de Ontario”.

El gobierno liberal provincial también tomó medidas para reprimir la huelga de forma despiadada. Hepburn organizó una fuerza policial voluntaria y antihuelga de unos 300 a 400 miembros, compuesta por oficiales de policía, veteranos de guerra y estudiantes universitarios con el propósito explícito de romper la huelga violentamente. El despliegue de esta fuerza, apodada burlonamente por los huelguistas como “los húsares de Hepburn”, fue impedido por la solidaridad de los trabajadores en huelga en Oshawa, el amplio apoyo de los trabajadores en Oshawa y Toronto, y el temor de la clase dominante de que un choque directo provocaría una rebelión obrera mucho más grande.

Se celebraron reuniones masivas y mítines en Oshawa, incluyendo una manifestación de 5,000 personas en la ciudad, que tenía una población total de apenas 25,000 en ese momento. Los agricultores y dueños de pequeños negocios proporcionaron comida y crédito a los huelguistas.

El éxito de la huelga de 1937, que hizo que los obreros de GM aseguraran sus principales demandas tras una lucha de dos semanas, emanó del espíritu revolucionario y la militancia de los trabajadores, guiados por un internacionalismo instintivo que intentó vincular las batallas libradas por los obreros en Canadá contra los patrones capitalistas y su Estado con luchas similares en EUA y más allá. Aunque GM se negó a reconocer formalmente a la UAW en el acuerdo que puso fin a la huelga el 23 de abril, en la práctica el local de la UAW negoció en nombre de la fuerza laboral.

Huelgistas en Oshawa, Ontario, 1937 [The Thomas Bouckley Collection]

El masivo resurgimiento de los trabajadores en EUA y Canadá a mediados de los años 1930 fue suprimido políticamente por las direcciones de los sindicatos industriales, ayudadas e instigadas por los partidos comunistas estalinistas. El CIO mantuvo la subordinación de la clase trabajadora a los representantes políticos de las grandes empresas, a Roosevelt y el Partido Demócrata en Estados Unidos y a los liberales en Canadá. Con su política del “Frente Popular”, que afirmó que, en aras de luchar contra el fascismo, los obreros tenían que apoyar a los “capitalistas progresistas”, los partidos comunistas estalinistas ayudaron a los sindicatos a evitar que el resurgimiento de la clase trabajadora se convirtiera en una lucha política contra el capitalismo en su conjunto.

En las décadas siguientes, los sindicatos giraron bruscamente a la derecha. Aferrada completamente al sistema de ganancias capitalista, la UAW se convirtió en un baluarte del Partido Demócrata y en Canadá mantuvo la subordinación política de la clase obrera a los liberales y la reformista Federación de la Mancomunidad Cooperativa (CCF) y su sucesor, el Nuevo Partido Democrático (NDP).

En tándem con la burocracia sindical en EUA, los sindicatos hicieron una purga feroz de socialistas y militantes de izquierda al comienzo de la Guerra Fría y promovieron un nacionalismo y anticomunismo virulentos y proimperialistas.

La ruptura de la UAW sobre bases nacionalistas

Durante el auge de posguerra, los sindicatos pudieron obtener beneficios materiales limitados para los obreros, mientras vigilaban políticamente a la clase trabajadora. Pero a fines de los años 1970 estaban en una crisis cada vez mayor. No tuvieron una respuesta progresista a la globalización de la producción, que puso fin a cualquier posibilidad de asegurar mejoras limitadas para los obreros dentro del marco del estado-nación, y a la ofensiva lanzada por la élite dominante contra la clase trabajadora a través de la aparición de Reagan y Thatcher.

En los años siguientes, los sindicatos repudiaron sistemáticamente cualquier tradición de lucha obrera, adoptaron una perspectiva corporativa en la que los intereses de los trabajadores están totalmente identificados y subordinados a los de los inversores capitalistas, y procuraron asegurar sus privilegios uniéndose a los comités sindicales de gestión y sirviendo como ejecutores de concesiones y recortes de empleos.

Trabajadores Automotores Unidos encabezó este desarrollo. En EUA, la burocracia promovió el reaccionario nacionalismo “buy [compra]American” y fue cómplice en la reducción de personal y los ataques a los salarios y las condiciones laborales. Durante la quiebra de Chrysler de 1979, la UAW organizó el cierre de plantas, la destrucción de miles de empleos sindicados y recortes salariales sin precedentes, mientras el presidente de la UAW, Douglas Fraser, ocupaba un puesto en el consejo de administración de Chrysler.

Huelgistas de GM de Windsor, Ontario en 1984

En Canadá, cuando los trabajadores se rebelaron contra la política de concesiones de la dirección de la Casa de Solidaridad de la UAW, el ala canadiense de la UAW, bajo el liderazgo de Bob White, trabajó para contener y suprimir a la oposición desviándola sobre bases nacionalistas. Aunque trabajadores estadounidenses presionaron a la dirección canadiense de la UAW para lanzar un llamamiento a los obreros de aquel país con el fin de hacer una lucha conjunta contra las concesiones, White se mostró inflexible en su oposición. Insistió en que el tema era la nacionalidad, no los intereses de clase comunes de los trabajadores automotrices en ambos lados de la frontera.

Apoyándose en argumentos reaccionarios y antiobreros, que en esencia no diferían de los esgrimidos por los patrones y políticos capitalistas de los años 1930, White fomentó la afirmación fraudulenta de que los trabajadores canadienses necesitaban su propia organización y que sólo se podía defender sus trabajos y salarios sobre la base de una perspectiva nacionalista. En 1985, la dirección canadiense de la UAW dividió el sindicato internacional para formar Trabajadores Automotores Canadienses (CAW), repudiando, como lo hacía la UAW, las tradiciones militantes del nacimiento del sindicato.

Bob White

En su fundación, White afirmó que la CWA sería más militante que el sindicalismo procorporativo de la UAW al sur de la frontera. En cambio, la perspectiva nacionalista y procapitalista de la CAW allanó el camino para una ronda de concesiones detrás de otra, mientras la UAW y CAW enfrentaron a los trabajadores estadounidenses y canadienses entre sí sistemáticamente, en una carrera hasta el fondo que sigue hasta el día de hoy.

Los obreros canadienses en GM, Ford y Chrysler pueden llevar adelante su lucha contra el ataque a sus trabajos y condiciones laborales por parte de la dirección corporativa y sus cómplices sindicales sólo si repudian esta perspectiva nacionalista. Se debe revivir y desarrollar las tradiciones internacionalistas de los años 1930, cuando los trabajadores automotrices canadienses y estadounidenses vieron que sus destinos estaban unidos.

Ninguna facción de la burocracia sindical puede realizar esto; debe ser combatido por los trabajadores en una lucha irreconciliable contra la procorporativa Unifor. Sobre todo, las heroicas luchas de la década de 1930 demuestran la necesidad de los trabajadores de construir su propio partido, basado en un programa socialista, para movilizar a los obreros en la industria automotriz, unirlos con sus hermanos y hermanas de clase en Canadá y a nivel internacional, y proporcionar un liderazgo político en su lucha contra las corporaciones automovilísticos y la élite capitalista en su conjunto.

(Publicado en inglés el 6 de diciembre de 2018)

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