La visita de Bolton a Bolsonaro: una reunión de partes estadounidense con el fascistoide presidente electo de Brasil

por Bill Van Auken
1 diciembre 2018

El fascistoide presidente electo de Brasil, el e capitán del ejército Jair Bolsonaro, organizó una reunión el jueves en su casa en Barra de Tijuca, el rico barrio costero de Río de Janeiro, con el derechista asesor de seguridad nacional del presidente Donald Trump, John Bolton.

Según se informa, la discusión de una hora tocó sobre Venezuela, Cuba, la influencia china en América Latina y la propuesta de Bolsonaro de imitar a Trump con su traslado de la embajada de Brasil en Israel a Jerusalén.

Bolton organizó la breve parada en Río y un encuentro de desayuno con Bolsonaro en su camino hacia la cumbre del G20 en Buenos Aires, en dónde la cuestión principal es la guerra comercial de Estados Unidos contra China.

Bolton no hizo ninguna declaración a la prensa después de la reunión, pero tuiteó: "Disfrutamos de una discusión amplia y productiva con el presidente electo de Brasil y su equipo de seguridad".

De manera similar, Bolsonaro, quien asumirá el cargo el 1 de enero, usó su cuenta de Twitter para describir al encuentro como "una reunión muy productiva y agradable con el Asesor de Seguridad Nacional de los Estados Unidos".

Acompañando a Bolsonaro en la reunión se encontraban un grupo de nuevos miembros del gabinete que son representativos del gobierno más derechista y dominado por los militares en el poder desde el final de la dictadura militar respaldada por Estados Unidos en 1985.

Estos incluyen: el futuro ministro de defensa, Fernando Acevedo e Silva, y el jefe del Gabinete de Seguridad Institucional, Augusto Heleno Ribeiro, ambos generales retirados. También estuvo presente su ministro de Relaciones Exteriores, Ernesto Araujo, quien describió al cambio climático como un complot de "marxistas culturales" para socavar las economías occidentales e impulsar a China, y declaró que su misión será liberar a Brasil de los "globalistas" anticristianos.

La visita de Bolton viene después de discurso belicoso dado a principios de este mes en Miami, en el que presentó una agenda de cambios de regímenes contra los gobiernos de Cuba, Venezuela y Nicaragua. Los calificó de una "troika de tiranía", una obvia imitación del concepto del "eje del mal" de George W. Bush, lanzado antes de las guerras de Estados Unidos en Afganistán e Irak.

En el mismo discurso, Bolton describió a Bolsonaro, quien ha elogiado a la dictadura militar apoyada por los Estados Unidos y ha amenazado a sus oponentes con la cárcel o el exilio, como un "líder de ideas afines" y su elección como uno de los "signos positivos para el futuro de la región".

El martes pasado, Bolton hizo eco de este tema al declarar que la elección de Bolsonaro brindó una "oportunidad histórica para que Brasil y Estados Unidos trabajen juntos en varias áreas, como la economía, la seguridad y otras".

Bolsonaro indicó su alineación con Washington contra Venezuela. "Venezuela es una pregunta de larga data, tenemos que encontrar soluciones", dijo después de la reunión con Bolton. “Se deben tomar medidas”. Hasta ahora, Brasil no ha seguido el ejemplo de Washington al imponer sanciones contra Caracas.

Del mismo modo, el entrante presidente brasileño ha planteado una línea dura contra Cuba, lo que obligó a la salida de unos 8.300 médicos cubanos. Ellos trabajaban en áreas remotas y pobres de Brasil bajo un programa conocido como "Mais Médicos" (Más médicos), iniciado bajo el gobierno del Partido de los Trabajadores (PT) de la destituida presidenta Dilma Rousseff. Bolsonaro ha amenazado con cortar las relaciones diplomáticas con La Habana.

No hay duda de que, para el gobierno de Trump, la característica más atractiva del entrante presidente brasileño de extrema derecha es su postura contra China, que promovió durante la campaña electoral, repitiendo el eslogan de que China "no estaba comprando en Brasil, sino que compraba a Brasil". Bolsonaro también organizó un viaje a Taiwán en febrero pasado en una afrenta provocativa a Beijing.

Para Washington, la principal cuestión estratégica en América Latina es contrarrestar el crecimiento del comercio y la inversión de China, que está desafiando su hegemonía en una región que el imperialismo estadounidense ha considerado durante mucho tiempo como su "propio patio trasero".

La demagogia de la campaña antichina es fácil, pero cambiar las relaciones económicas de Brasil es un asunto más complicado.

China ha suplantado a Estados Unidos como el socio comercial número uno de Brasil. Entre 2003 y junio de este año, las empresas chinas han invertido casi US $54 mil millones en inversiones en alrededor de 100 proyectos en Brasil, según cifras del Ministerio de Planificación de Brasil.

El vicepresidente entrante de Bolsonaro, otro exgeneral, Hamilton Mourão, describió recientemente las declaraciones antichinas de Bolsonaro como "retórica de campaña". Mourão advirtió que, aunque Brasilia buscaría relaciones más cercanas con Washington, "no podemos dejar de lado a los otros grandes actores en el ámbito internacional, no podemos descuidar la relación con China".

Brasil ha sido un beneficiario directo de la creciente guerra comercial con China, ya que su exportación de productos agrícolas, principalmente la soja, ha aumentado dramáticamente como resultado del aumento de los aranceles entre Estados Unidos y China.

Similares intereses pragmáticos con fines de lucro surgen en relación con la promesa de Bolsonaro de cambiar la embajada de Brasil en Israel a Jerusalén, una imitación de Trump con el mismo objetivo político interno: obtener el apoyo de un poderoso bloque político cristiano evangélico.

Después de que Egipto cancelara una reunión diplomática programada como una aparente respuesta a la propuesta, Bolsonaro declaró que la medida aún no se había decidido. Los países árabes juntos constituyen el segundo mayor comprador de exportaciones de proteína animal brasileña, que asciende a unos $13.5 mil millones.

La reacción del Partido de los Trabajadores y sus satélites de pseudoizquierda a la visita de Bolton ha sido intensificar una campaña para apelar al nacionalismo brasileño y a la burguesía brasileña con el argumento de que las políticas del presidente electo amenazan los "intereses nacionales", es decir, el interés de lucro de los bancos y corporaciones brasileñas.

Estos elementos desataron un grito de indignación por los informes periodísticos de que el ex capitán del ejército saludó a Bolton con un saludo militar, que acusaron de ser un gesto humillante de la sumisión brasileña al imperialismo estadounidense. El líder de la pseudoizquierda Guilherme Boulos del Movimiento de Trabajadores sin Hogar (MTST) describió al gesto como "vergonzoso, una sumisión inaceptable", mientras exigía saber qué sucedió con el eslogan de la campaña de Bolsonaro: "Brasil por encima de todo".

El aspecto más siniestro de esta campaña es un intento cada vez mayor de retratar a las figuras militares que han sido incorporadas al gobierno entrante como los "adultos en la sala" que reducirán los excesos de la derecha de Bolsonaro. 24/7, el sitio web alineado con el PT, presentó una entrevista halagadora con el exgeneral Mourão, el vicepresidente entrante, expresando su enfoque "pragmático" a las relaciones internacionales de Brasil.

El jueves, después de la reunión Bolton-Bolsonaro, el mismo sitio web publicó los resultados de una "encuesta" realizada por sus lectores que afirmaban que el 90 por ciento estaba de acuerdo en que el "grupo militar que rodea a Bolsonaro" debería impedirle subordinar a Brasil a la política exterior de Washington.

Este llamamiento a los oficiales militares "nacionalistas" para salvar a Brasil de Bolsonaro tiene las implicaciones más reaccionarias, éstas abren la puerta a un golpe militar para salvar a la nación. Es, al mismo tiempo, un síntoma del estrato social de la clase media alta que compone el grupo principal de apoyo al Partido de los Trabajadores, que es hostil y se opone a cualquier lucha para movilizar a la clase obrera brasileña contra Bolsonaro y para unirla con los trabajadores de los Estados Unidos y todo el hemisferio en la lucha por el socialismo.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 30 de noviembre de 2018)