El asalto militar-policial en San Ysidro

¡Defiendan a los trabajadores inmigrantes de la violencia estatal!

28 noviembre 2018

El Partido Socialista por la Igualdad (Estados Unidos) condena la operación militar del Gobierno estadounidense en la frontera de EUA-México el domingo como un horrible crimen de lesa humanidad. Es altamente probable otro ataque del Gobierno. Alegando que está deteniendo una “invasión inmigrante”, el Gobierno de Trump está preparando una masacre.

Todos los trabajadores, independientemente de su estatus migratorio, deben ver el lanzamiento de gases lacrimógenos contra los inmigrantes por lo que es: un ataque contra la clase obrera internacional en su conjunto. Cualquier trabajador que se pregunte cómo responderá el Gobierno estadounidense a sus propias demandas de una vida mejor encontrará la respuesta en las grabaciones de soldados apuntando rifles de asalto a madres e hijos suplicando por asilo.

El blanco del ataque era una manifestación de clase trabajadora. El Gobierno realizó su asalto el domingo después de que cientos de trabajadores inmigrantes, con banderas de México, Honduras, Guatemala y Estados Unidos, se acercaron al cruce fronterizo o garita San Ysidro cantando la consigna, “¡No somos criminales, somos trabajadores internacionales!”.

La manifestación estaba conformada por trabajadores de diferentes países y profesiones —obreros agrícolas, de almacén de la industria manufacturera, transportistas— demasiado pobres como para costear una visa y un vuelo a EUA pero con temor de quedarse en sus países de origen o viajar al norte solos.

La revista Proceso conversó con un gran número de los trabajadores en la manifestación de la caravana el domingo. “Antonia, de 56 años, dice que salió con su familia para evitar que los pandilleros violaran a su hija adolescente; Kenneth, de 20, fue baleado por la policía durante una protesta en su colegio en demanda de útiles escolares; decenas de mujeres huyeron de los golpes de sus esposos y cientos de jóvenes buscan empleo”.

Guatemala, Honduras, Nicaragua y El Salvador—los países de donde provienen casi todos los 8.000 inmigrantes que ya están en Tijuana y en la ciudad vecina de Mexicali—se encuentran en un colapso social. Muchos de los participantes de la caravana vivieron a través de guerras civiles azuzadas por el imperialismo estadounidense entre los años setenta y noventa o sobrevivieron dictaduras respaldadas por la CIA cuyos escuadrones de la muerte masacraron a cientos de miles a fin de suprimir la oposición a la explotación de la región por parte de las corporaciones estadounidenses.

Después de viajar miles de kilómetros, dormir en parques y sobrevivir de las donaciones de los trabajadores y campesinos mexicanos, quienes mostraron en su contundente mayoría gran solidaridad, los migrantes han sido albergados en un complejo deportivo con condiciones parecidas a las del estadio Superdome de Nueva Orleans donde fueron enviadas las víctimas del huracán Katrina en 2005.

Las provisiones de medicamentos y comida escasean y el alcalde derechista de Tijuana está denunciando a los migrantes e incitando a elementos sinarquistas (fascistas) que amenazan con emplear violencia contra los “migrantes indeseables”. El Gobierno entrante del presidente electo Andrés Manuel López Obrador ha prometido ayudar a Trump a imponer sus políticas de inmigración.

Mientras los inmigrantes esperan en condiciones precarias e inciertas, el Gobierno estadounidense se rehúsa a aceptar solicitudes de asilo, procesando solo un pequeño número de peticiones cada día en un esfuerzo deliberado para provocar un estallido.

La coalición de aliados de Trump en el ejército y agencias migratorias respondió con una emoción sádica a los ataques del domingo. El coordinador de campo de la Patrulla Fronteriza, Brian Hastings, le indicó a Hill que los trabajadores inmigrantes “están tan dispuestos a emplear métodos violentos y de fuerza” que el Gobierno tendría que “aplicar ciertas consecuencias a estos individuos”.

Ronald Colburn, el presidente de la Fundación de la Patrulla Fronteriza, se burló de las víctimas del gas pimienta de la policía con un racismo casi explícito: “Podrías ponerlo en tus nachos y comértelo”.

El presentador de CNN, Chris Cuomo, quien habla de manera no oficial por la cúpula del Partido Demócrata, denunció las críticas de la represión en la frontera: “El punto no es demonizar a los hombres y mujeres en servicio por nada”, tuiteó.

El Comando Norte de EUA emitió una declaración después del ataque del domingo en la que el ejército reafirmo su apoyo a la operación. El Departamento de Defensa estaba presente el domingo “proveyendo apoyo militar al Departamento de Seguridad Nacional y protección fronteriza para asegurar la frontera sur de Estados Unidos”, indicó el comunicado.

Trump respondió con un tuit aún más incitador ayer:

“México debería llevarse a esos migrantes con sus banderas, muchos de los cuales son criminales de sangre fría, de vuelta a sus países. Háganlo por avión, háganlo por bus, háganlo como quieran, pero NO estarán entrando en EUA. Cerraremos la Frontera permanentemente si es necesario. Congreso, ¡financien el MURO!”.

El chauvinismo antiinmigrante es el principal mecanismo político por medio del cual Trump busca desarrollar un movimiento personalista de extrema derecha —en parte dentro del Estado y en parte fuera— más allá del sistema bipartidista. La xenofobia y el nacionalismo, estos males interconectados de reacción política, sirven como un puente que vincula a los reaccionarios simpatizantes de Trump a las fuerzas gubernamentales de represión interna.

A pesar del amplio rechazo popular hacia los ataques de Trump y sus pasos hacia el autoritarismo, el Partido Demócrata ha respondido al ataque del domingo confirmando su disposición a colaborar con la ofensiva antiinmigrante de Trump y reforzar el aparato represivo del Estado.

El senador Bernie Sanders se rehusó a condenar el empleo de gases lacrimógenos cuando CBS le preguntó el lunes al respecto. En cambio, llamó al Gobierno a “minimizar el nivel de fuerza siendo utilizado” en el futuro antes de cambiar el tema indicando que “también hay otros temas” aparte de la inmigración.

La senadora demócrata Amy Klobuchar dijo el domingo que su partido “ha intentado negociar con [Trump sobre inmigración] pero que ¡no acepta un sí como respuesta!”.

Por todo el mundo, los partidos liberales, centristas y socialdemócratas se están orientando a los partidos y las tradiciones de la extrema derecha. En Francia, el presidente Emmanuel Macron elogió al líder del régimen colaboracionista nazi de Vichy, el mariscal Philippe Pétain. El Gobierno de la gran coalición en Alemania está desarrollando estrechos lazos con la fascista Alternativa para Alemania (AfD, por su sigla en alemán), promoviendo a este partido como la principal oposición a medida que construye redes de escuadrones de la muerte neonazis dentro del ejército y la policía.

Esto fluye del temor paralizador de la clase gobernante al crecimiento de la oposición social desde abajo. Lo que aterra a la élite gobernante ante todo es una interrupción al constante flujo de ganancias empresariales, pagos de dividendos y recompras de acciones que han inflado las cuentas bancarias del 10 por ciento más rico en la década desde el comienzo de la Gran Recesión, mientras que todos los trabajadores de todas las nacionalidades encaran mayores dificultades.

Conforme crecen las huelgas y protestas por todo el mundo, la burguesía está recurriendo, así como en la década de 1930, a las fuerzas ultraderechistas como sus defensores para que supriman violentamente la lucha de clases.

El ataque del domingo muestra que, si la clase trabajadora no interviene, los peores horrores de los años treinta y cuarenta se repetirán. Pero, el propio fenómeno de la inmigración masiva indica que la clase obrera internacional está luchando orgánicamente por romper con el estrangulador sistema capitalista del Estado nación.

El Partido Socialista por la Igualdad (EUA) apela a todos los trabajadores en Estados Unidos: ¡defiendan a sus hermanos y hermanas inmigrantes de la violencia estatal! ¡No tomen del veneno nacionalista! ¡La consigna de la caravana migrante “somos trabajadores internacionales” es también su consigna!

Si los trabajadores son divididos, las empresas y los Gobiernos más poderosos pueden aplastar a la clase obrera una sección a la vez. Unidos a través de las fronteras nacionales con base en un programa socialista, la clase obrera internacional es la fuerza social más poderosa en la historia.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 27 de noviembre de 2018)

Eric London