La ayuda de $4,6 mil millones del gobierno a Amazon

Por qué hay que expropiar a Amazon

por Tom Carter
19 noviembre 2018

En septiembre del año pasado, Amazon anunció su intención de construir una segunda sede en los EUA, apodada “HQ2”. Este anuncio inauguró una competición para pujar entre 238 ciudades diferentes, durante la cual gobiernos locales y estatales de costa a costa compitieron entre sí para presentarle a Amazon las condiciones más favorables.

A Amazon se le ofrecieron miles de millones de dólares en la forma de rebajas de impuestos y subvenciones. Demócratas y republicanos por igual, los gobiernos de ciudades estadounidenses —Atlanta, Boston, Chicago, Los Angeles, Philadelphia, Pittsburgh— todos pujaron. El gobernador demócrata de Nueva York Andrew Cuomo se ofreció a cambiarse el nombre por “Amazon Cuomo” si ello lo ayudaba a ganar la competición. La ciudad de Stonecrest, Georgia, se ofreció a cambiarse el nombre por “Amazon, Georgia”. El alcalde de la ciudad le preguntó a Bezos, “¿Cómo podrías no querer que tu sede en el siglo XXI no estuviera situada en una ciudad llamada Amazon?”.

Esta semana, Amazon anunció la conclusión de este sórdido concurso de belleza. Amazon repartirá la nueva sede entre Queens en la ciudad de Nueva York, a dos pasos de Wall Street, y Crystal City, Virginia, enfrente del Pentágono. Con estas decisiones, las sedes de Amazon estarán posicionadas junto a (1) la sede del capital financiero global, y (2) la sede del aparato de inteligencia y militar de los EUA. Las pujas de las ciudades “perdedoras” serán utilizadas para exigir concesiones para futuros proyectos de Amazon.

Según un estudio destacado el jueves en el Intercept, el HQ2 de Amazon les costará un total de $4,6 mil millones a los gobiernos estatales y locales. Estos regalos serán pagados con fondos extraídos a la población mediante impuestos.

Amazon consiguió todo lo que quería. El contrato de la compañía con el Estado de Virginia obliga a la legislatura estatal a estar a las órdenes de Amazon hasta 2043, independientemente de los resultados de las elecciones. Pero Amazon puede abandonar sus obligaciones en cualquier momento, manteniendo todos sus beneficios al día, ofreciendo una notificación de cinco días.

La localización en Virginia sin duda facilitará los esfuerzos de Amazon para presionar en Washington, para lo cual gastó $13 millones el año pasado. También posicionará a Amazon para jugosos contratos de defensa y una mayor integración con el aparato militar y de inteligencia estadounidense. “Vamos a seguir apoyando al DoD [Departamento de Defensa]”, dijo Bezos en la reciente cumbre de Wired25, “y creo que deberíamos hacerlo”.

El acuerdo de Nueva York implica permitirle a Bezos que tenga un helipuerto encima del tejado, para que no tenga que utilizar las calles ni el transporte público.

El barullo para derivar esos recursos públicos hacia este monopolio masivo hace plenamente visible el verdadero estado de cosas de la sociedad. Los oligarcas corporativos dictan sus condiciones, y los políticos de los dos partidos capitalistas se desviven por obedecer.

Cuando de lo que se trata es de las necesidades de la población en su conjunto, tales como la educación, agua potable limpia, sanidad, transporte público, vivienda, empleo, cultura, la protección contra los incendios y los desastres naturales, y medidas para tratar con el cambio climático, a la población se le dice de manera interminable que “no hay dinero” para esos sueños utópicos. Pero cuando la persona más rica del mundo llama a la puerta, los dirigentes políticos estadounidenses le abren las bóvedas y lo llenan de dinero.

La democracia es incompatible con este estado de cosas. “Un monopolio, una vez que se forma y controla miles de millones, inevitablemente penetra en cada esfera de la vida pública, indiferentemente de la forma de gobierno y todos los otros ‘detalles’”, escribió Lenin en su famoso tratado sobre el imperialismo. Lo que era cierto cuando los imperios corporativos se medían en miles de millones de dólares es todavía más cierto hoy acerca de Amazon, que está valorada en más de un billón de dólares.

El martes, el Washington Post, que es propiedad de Bezos, publicó una columna de opinión titulada, “El HQ2 de Amazon podría ser una plataforma de lanzamiento para un futuro luminoso para la región de DC”. Este artículo elogiaba el acuerdo sobre del HQ2 como “prosperidad” y una “lluvia de empleos”.

El Washington Post es una de las voces más altas, junto con el New York Times, que apoyan la política de censurar el internet. El World Socialist Web Site ha sufrido una enorme caída en el tráfico de búsquedas como resultado de esta censura sancionada por el Estado, todo para que publicaciones como el Washington Post que es propiedad de Bezos tenga libertad para publicar propaganda favorable a Amazon sin ser contrarrestado.

Las leyes antitrust estadounidenses, como la Ley Sherman de 1890 y la Ley Clayton de 1914, fueron reformas concebidas para mantener a raya el proceso de monopolización, que en esa época se creía que socavaba y desestabilizaba las instituciones democráticas. Estas leyes, aunque formalmente vigentes, son hoy esencialmente letra muerta, que nadie está dispuesto a hacer cumplir.

Dos tercios de todos los hogares estadounidenses son hoy suscriptores privilegiados de Amazon. Pero el partido demócrata y el republicano, desviviéndose por mostrar su apoyo a Bezos, son incapaces de exigir ningún límite al poder de Amazon.

El senador “socialista” Bernie Sanders se las dio durante un tiempo de crítico de Amazon. Pero cuando Amazon anunció la introducción de una nueva paga base de $15 la hora el mes pasado, una maniobra deshonesta cancelada en muchos casos por cortes a otros beneficios e incentivos, Sanders se dio la vuelta abruptamente. “Lo que el Sr. Bezos ha hecho hoy”, tuiteó Sanders, “no es solo enormemente importante para los cientos de miles de empleados de Amazon. Bien podría ser, y creo que lo será, un disparo que se oirá en todo el mundo”. Bezos respondió con dichosa gratitud: “Gracias @SenSanders. Estamos entusiasmados por esto, y también esperamos que otros se nos unan”.

Sanders y su elogio a Bezos pertenecen a un mundo separado de los cientos de miles de trabajadores de los almacenes de Amazon, que están siendo acosados todo el tiempo para “hacer ritmo” para salarios de pobreza. El Consejo Nacional para la Seguridad y la Salud Ocupacional puso a Amazon en su lista “docena sucia” de 2018 de empleadores que mantienen lugares de trabajo inseguros. Al menos siete trabajadores han muerto en almacenes de Amazon desde 2013, incluyendo a tres trabajadores en solo cinco semanas en 2017. En los veranos, los trabajadores han descrito ambulancias haciendo fila para transportar a los que se desploman a causa del calor.

Dentro de los almacenes, Amazon ha impuesto un régimen de tiranía de alta tecnología. No se permite hablar a otros trabajadores. Tampoco sentarse. Los teléfonos están prohibidos. Se monitoriza y se controla estrictamente cada segundo del tiempo del trabajador dentro del almacén. Más de un trabajador ha descrito este régimen como “esclavitud moderna”.

Amazon está siendo pionero en la “ludificación” de sus lugares de trabajo, usando varias estrategias de manipulación psicológica para intentar hacer que los empleados trabajen más duramente y más rápido sin aumento de la paga. Como hamsters en sus ruedas, los trabajadores están siendo incitados constantemente con varios sistemas de medidas y azuzados los unos contra los otros para lograr posicionamientos y puntajes más altos.

Un trabajador que se lesiona en Amazon es descartado y reemplazado. Un régimen de compensación de los trabajadores controlado por los empleadores y las compañías de seguros funciona para negar y obstruir la atención médica. Los trabajadores lesionados reciben una pequeña fracción de sus salarios como “compensación”, si es que reciben algo en absoluto. Trabajadores sin techo duermen en sus coches en los aparcamientos de los almacenes de Amazon.

La ira entre los trabajadores de Amazon está alcanzando el punto de ruptura. Pero todas las instituciones de gobierno y los dos partidos capitalistas son impotentes para ofrecer cualquier resistencia a Amazon. No se puede resistir efectivamente a este monopolio del billón de dólares si no se aplica el poder organizado de la clase trabajadora de todo el mundo.

Hay que transformar a Amazon en una utilidad pública global bajo control obrero. Los trabajadores de Amazon se enorgullecen de su papel en una de las infraestructuras de información y logística más avanzadas que la civilización humana haya producido hasta la fecha. Los trabajadores que operan esa infraestructura tienen derecho a un estándar de vida digno y un entorno laboral seguro, sin el sonido del chasquido de los látigos encima de sus cabezas. Hay que implementar medidas para disminuir el número de lesiones, al tiempo que los trabajadores lesionados tienen que recibir la paga completa y tratamiento médico gratuito. Sobre todo, hay que poner el inmenso poder y los recursos de Amazon al servicio del beneficio público, no de la ganancia privada.

Tampoco puede la humanidad seguir permitiéndose el salario de Bezos. Sus increíbles $164 mil millones en “ganancias de Amazon”, como le gusta llamar a su fortuna sin precedentes, tienen que ser confiscados y hay que destinarlos a un uso benéfico. Para empezar, el hambre en el mundo puede resolverse con $30 mil millones al año.

Estas medidas no son un sueño utópico sino una cuestión de necesidad práctica. El Partido Socialista por la Igualdad está trabajando con obreros de Amazon para formar comités de base para dirigir y guiar esta lucha. Para unirte, contáctanos hoy.

(Publicado originalmente en inglés el 17 de noviembre de 2018)