El asedio de Hodeida: Washington intensifica su apoyo a los crímenes de guerra en Yemen

8 noviembre 2018

Uno de los eventos más sangrientos en lo que ya constituye el mayor crimen de guerra en marcha en el mundo está iniciando en Hodeida, el puerto en el mar Rojo y principal avenida de alimentos, combustible, y medicina a Yemen. Por lo menos el 70 por ciento de una población que padece de pobreza y hambre generalizadas depende del puerto para sobrevivir.

La coalición encabezada por Arabia Saudita, la cual ha librado una devastadora guerra contra la población yemení por los últimos tres años y medio, reportó que ha movilizado 30.000 tropas para encercar la ciudad. Estas fuerzas siendo concentradas en el perímetro de Hodeida incluyen soldados regulares emiratíes y sudaneses, milicianos de Al Qaeda y mercenarios yemeníes.

La ciudad es objeto de bombardeos continuos tanto desde el aire como el mar. La organización de asistencia Save the Children indicó que su contó más de 100 bombardeos aéreos durante el fin de semana, cinco veces más que en la primera semana de octubre.

Algunas de las más recientes víctimas civiles incluyen dos personas fallecidas y 24 heridas debido a un ataque contra una zona residencial, un trabajador muerto y cinco heridos por el bombardeo de una fábrica yemení, una joven herida por un ataque de artillería contra una mezquita y cinco internos heridos por el bombardeo contra la prisión central de Hodeida.

Aproximándose al hospital Al Thawra, la última instalación médica que está tratando a niños al borde de la muerte por hambre, los bombardeos han hecho casi imposible la llegada al hospital, mientras crece la inquietud de que sea el próximo blanco, al igual que la mayoría de los hospitales y clínicas por todo Yemen.

Alrededor de 570.000 personas del puerto y la provincia de Hodeida han sido desplazados y convertidos en refugiados sin hogar. Muchos huyen los ataques y la violencia con solo la ropa que andan puesta.

Es indisputable que la reimposición del sitio cuenta con la aprobación de Washington. La acumulación de tropas, el bloqueo naval y el bombardeo interminable serían todos imposibles sin la colaboración estrecha del Pentágono, que provee el reaprovisionamiento aéreo de combustible para los bombarderos saudíes, apoyo naval para el estrangulamiento de Hodeida e incluso asistencia de inteligencia para la selección de blancos en la ciudad portuaria.

Sin embargo, la escalada del asedio se produce tan solo una semana después de extensos reportes en los medios estadounidenses de que el secretario de Estado de EUA, Mike Pompeo, y el secretario de Defensa, el general James Mattis, exigieron un “cese al fuego” en Yemen y dieron un plazo de 30 días para reiniciar las negociaciones de paz.

Incluso mientras el asedio de Hodeida se intensifica, el New York Times publicó un editorial hipócrita el 5 noviembre intitulado “Pongan fin a la agonía en Yemen”, aplaudiendo a Pompeo y Mattis por “urgir a todos los bandos a detener la matanza” y proclamando que “los secretarios han tomado un paso inicial”.

Los eventos en el terreno dejan abundantemente claro que todo esto es una farsa, un encubrimiento para continuar e incrementar una masacre que está alcanzando una escala cuasigenocida.

Urgir a “todos los bandos a detener la matanza”, como si la coalición respaldada por EUA y encabezada por Arabia Saudita y sus víctimas fueran igual de responsables por el baño de sangre masivo en Yemen, está diseñado como pretexto para perpetrar crímenes de guerra.

Según el último estimado del Proyecto de Localización y Datos de Conflictos Armados, aproximadamente 56.000 yemeníes han muerto desde que comenzó el asalto saudita en 2016 con el respaldo estadounidense. Junto a las muertes en los primeros nueve meses de la guerra, la cifra de muertos se estima entre 70.000 y 80.000, siendo la vasta mayoría el resultado de bombas y misiles saudíes.

Las muertes causadas por hambre y enfermedades prevenibles debido al bloqueo saudita y la destrucción sistemática de los sistemas de agua y saneamiento, y otras infraestructuras básicas, es mucho mayor, con un estimado de 50.000 víctimas el año pasado.

Hasta 14 millones de personas, casi la mitad de la población, está al borde de la hambruna, y el asedio de Hodeida y el bloqueo de suministros de ayuda amenazan con cobrar millones de vidas.

Un examen más de cerca a las declaraciones de Pompeo y Mattis deja en claro su intención. El llamamiento de Pompeo a un “cese al fuego” decía lo siguiente: “ha llegado el momento para cesar las hostilidades, incluyendo los ataques con misiles y drones de zonas controladas por los hutíes hacia el Reino de Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos. Subsecuentemente, los ataques aéreos deben detenerse en todas las áreas pobladas en Yemen [énfasis añadido]”.

En otras palabras, ordena a los rebeldes hutíes que controlan Hodeida, la capital de Saná y la mayor parte poblada del país, a detener los ataques con misiles, que no han hecho ningún daño significativo a Arabia Saudita y los EAU. Solo “subsecuentemente”, después de este acto unilateral de rendición, se detendrán los ataques de las fuerzas sauditas apoyadas por EUA en las “áreas pobladas”, presuntamente continuándolos en las áreas que consideren que no están pobladas.

En una entrevista con Fox News el domingo, Pompeo respondió lo siguiente respecto a la declaración suya y de Mattis, “Francamente, no es nada nuevo”, alegando que la hambruna en Yemen está siendo causada por la provisión iraní de “armas y misiles a los rebeldes hutíes que están luchando ahí en Arabia Saudita”. Incluso las mentiras del Gobierno deberían tener algún sentido. Más allá de que Washington no ha presentado ninguna evidencia creíble de que Irán está armando a los rebeldes hutíes, la idea de que los hutíes estén combatiendo dentro de Arabia Saudita —retratándolos como los agresores— es una fantasía que pone al mundo de cabeza.

Ha quedado claro que la supuesta fecha límite de 30 días para un cese al fuego en Yemen fue un mensaje a los saudíes de que procedan con la masacre y captura de Hodeida lo más rápido posible, independientemente del costo humano. Si Riad fuera a necesitar una extensión para esta masiva agresión, sin duda será cedida.

Washington percibe la masacre masiva en Yemen a través del prisma de su intención de socavar la influencia de Irán en todo Oriente Próximo y cambiar el régimen en Teherán. No es un accidente de que la escalada del sitio en Hodeida coincida con la imposición de sanciones unilaterales, castigadoras e ilegales de EUA contra Irán que equivalen a un acto de guerra. Arabia Saudita es visto como una pieza clave de la reacción imperialista en Oriente Próximo, el aliado clave en el conflicto con Irán y la fuente de miles de millones en ganancias para la industria armamentística estadounidense. Para preservar estos intereses, Washington está preparado para dejar que mueran millones de personas.

En el periodo que siguió el macabro asesinato político el 2 de octubre del periodista cercano a influencias en Riad, Jamal Kashoggi, en el consulado saudí en Estambul, la prensa estadounidense, que antes había impuesto un apagón informativo sobre la matanza masiva en Yemen, proveyó una breve ventana de cobertura pareciéndole útil utilizar la crisis en torno al asesinato político como apalancamiento para que EUA negociara una relación más ventajosa con la Casa de Saúd.

Un mes después, la cobertura del asesinato de Khashoggi y la masacre en Yemen han quedado prácticamente fuera de la toma, sugiriendo que se ha llegado a un nuevo entendimiento entre Washington y Riad. Para la mayoría de la población de Estados Unidos, no existe acceso a noticias sobre el asedio de Hodeida, en el cual el ejército estadounidense es un socio pleno.

Más allá, en medio de las supuestamente decisivas elecciones de mitad de término, ningún candidato de ambos partidos corporativos incorporó el apoyo indispensable de Washington a la masacre de hombres, mujeres y niños yemeníes como un tema de campaña. Y hay una buena razón. Ambos partidos están completamente implicados en este crimen de guerra, ya que todos los instrumentos de apoyo a la guerra liderada por los saudíes —los reabastecimientos en vuelo, el intercambio de inteligencia, la asistencia en selección de blancos, el bloqueo naval y las ventas masivas de armas estadounidenses— fueron implementados bajo el Gobierno demócrata de Obama y han sido expandidos bajo la Administración republicana de Trump.

Sean cuales fueren las diferencias entre los demócratas y republicanos respecto a Yemen y la confrontación cada vez más profunda con Irán, ambos partidos capitalistas están comprometidos con una política para imponer una hegemonía incontestable de EUA en la región rica en petróleo de Oriente Próximo, una política que está cobrando vidas yemeníes como “daño colateral” a una escala indescriptiblemente horrenda.

(Publicado originalmente en inglés el 7 de noviembre de 2018)

Bill Van Auken