En víspera de las elecciones legislativas en EUA: los problemas políticos para la clase obrera

6 noviembre 2018

Las elecciones de mitad de término en Estados Unidos se producen en medio de un recrudecimiento de la crisis política. Independientemente del resultado, darán paso a un giro aún más a la derecha en la política del país.

En las semanas previas a los comicios, Trump intensificó su campaña para desarrollar un movimiento ultraderechista por medio de apelaciones de tinte fascista cada vez más explícitas. Ha pronunciado un discurso tras otro atacando a los migrantes que escapan de las consecuencias de la opresión imperialista estadounidense y la explotación capitalista en Centroamérica. Están siendo desplegadas unas 15.000 tropas en la frontera de México y EUA, infringiendo leyes estadounidenses, mientras Trump amenaza que el ejército enfrentará a los refugiados con violencia asesina.

El presidente ha declarado que su Gobierno está determinado a abolir el derecho a una ciudadanía por nacimiento garantizado en la Decimocuarta Enmienda de la Constitución, una disposición promulgada después de la Guerra Civil para garantizar derechos plenos a los esclavos liberados y sus hijos.

Los llamamientos del Gobierno de Trump a emplear violencia ya han tenido consecuencias catastróficas. Las bombas caseras enviadas por un simpatizante de Trump a demócratas prominentes y partidarios fueron seguidas hace una semana por el tiroteo masivo en una sinagoga en Pittsburgh, Pennsylvania, que dejó a 11 personas fallecidas. Este fue el peor acto de violencia contra judíos en la historia de EUA. Justificando su ataque, el asesino acusado empleó un lenguaje directamente tomado de los discursos de campaña de Trump, combinando antisemitismo y chauvinismo antiinmigrante.

Trump lleva una serie de procesos prolongados a puntos de inflexión. Su Gobierno es el resultado político de un cuarto de siglo de guerras interminables en Oriente Próximo y Asia central, incluyendo todos los crímenes asociados —tortura, rendiciones, asesinatos con drones—. Es el producto de varias décadas de aumentos en la desigualdad social, el parasitismo financiero y la criminalidad del Gobierno. Es decir, es el vómito de toda la barbarie que el capitalismo estadounidense no ha digerido.

El hecho de que Trump no es un tipo de aberración en un sistema político generalmente sano ha sido demostrado por la campaña de los demócratas: lo que dicen y no dicen, y a quiénes han postulado.

Los demócratas están esforzándose para adaptarse al Gobierno de Trump con cada giro de los acontecimientos, al tiempo en que la prensa minimiza el significado de las acciones de Trump y los peligros que entrañan. Como lo explicó la líder de la minoría demócrata en la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, quieren “demostrarles a los votantes que los demócratas somos un partido de Gobierno, no la turba izquierdista que el Sr. Trump describe, y que extenderemos nuestro brazo en cooperación con el presidente después de una reprimenda electoral”.

Tienen la esperanza, como la han tenido en los primeros dos años del término de Trump, que alcanzarán un acuerdo en política exterior con el mandatario y así perseguir una agenda básica de la clase gobernante dentro y fuera del país.

Están intentando encubrir la importancia de gran alcance a las acciones y declaraciones de Trump. Los dirigentes demócratas, de Pelosi al nominalmente “independiente Bernie Sanders, se han rehusado a decir nada sobre los ataques fascistizantes contra los inmigrantes. Sanders incluso declaró después del tiroteo en Pittsburgh: “No voy a sentarme aquí y culpar al presidente”.

Sanders, quien afirmó en 2016 que lideraba una “revolución política” contra la “clase milmillonaria”, ha estado haciendo campaña en las últimas semanas a favor de candidatos derechistas de la élite política. En lo que concierne a Alexandria Ocasio-Cortez, la miembro de los Socialistas Democráticos de Estados Unidos (DSA, por sus siglas en inglés) que ganó unas primarias del Partido Demócrata en el verano, ha abandonado su llamado de “abolir ICE (Servicio de Inmigración y Aduanas)”, acatando la línea del Partido Demócrata de no hablar sobre los pasos policiales-estatales de Trump contra los inmigrantes.

Si los demócratas obtienen una mayoría en la Cámara de Representantes, el balance del poder estará en manos de un número sin precedentes de candidatos demócratas con antecedentes en el aparato de inteligencia y militar. Si ganarán también en el Senado, su agenda sería establecida por individuos como Joe Manchin (West Virginia), quien ha dicho que apoya la construcción de “1.100 a 1.500 kilómetros” de muro en la frontera con México; Joe Donnelly (Indiana, quien apoya eliminar la ciudadanía por nacimiento; y Claire McCaskill (Missouri) quien dijo que “apoyo 100 por ciento” los ataques de Trump contra la caravana de inmigrantes centroamericanos que está cruzando México para llegar a la frontera con Estados Unidos.

Sea cual fuere la retórica que empleen y cómo se distribuyan las bancas del Senado y la Cámara de Representantes, los factores subyacentes de la política estadounidense son los mismos. Estos son:

1. La determinación de la clase gobernante de proteger la posición global del capitalismo estadounidense por medio de la fuerza militar, incluso una guerra mundial:

Esta es la estrategia central que ha dominado la política estadounidense por décadas. Los diecisiete años de la “guerra contra el terrorismo”, incluyendo los conflictos en Afganistán, Irak, Libia, Siria y Yemen, han asolado países enteros y dejado más de un millón de víctimas fatales. El Gobierno de Trump anunció oficialmente el fin de la “guerra contra el terrorismo” y ordenó que el ejército se prepare para un “conflicto de grandes potencias” contra Rusia o China.

En las semanas antes de las elecciones, el Gobierno retiró a EUA de un acuerdo clave sobre armas nucleares de la época de la Guerra Fría (el trato INF) y amenazó con realizar bombardeos preventivos contra Rusia. Al mismo tiempo, efectivamente declaró una nueva “guerra fría” contra China. Sin ninguna discusión pública, pero con apoyo bipartidista, la Administración ha iniciado la acumulación militar más grande desde la Guerra Fría.

La oposición a las guerras interminables y cada vez más amplias del imperialismo estadounidense ha sido completamente excluida de las campañas electorales de tanto los demócratas como los republicanos.

Los demócratas apoyan totalmente el objetivo estratégico de la clase gobernante estadounidense de mantener la supremacía global empleando su poderío militar. Desde el principio del Gobierno de Trump, los demócratas se han atrincherado detrás de poderosos sectores del aparato militar y de inteligencia enfocando su oposición a Trump en la inquietud de que se fuera a retirar de las guerras en Oriente Próximo y del confrontamiento con Rusia.

2. Los niveles impactantes de desigualdad social, los cuales son imposibles de cambiar por medio de elecciones y que infectan todas las instituciones del Estado capitalista:

Una década después de la crisis financiera de 2008, la desigualdad social ha alcanzado niveles históricos. Tres individuos ahora poseen más riqueza que la mitad más pobre de la población y tan solo tres familias cuentan con una fortuna combinada de $384,7 mil millones, cuatro millones de veces más que el patrimonio medio de una familia en el país. Las muchas manifestaciones de la crisis social—pérdidas salariales, alzas en los costos de salud, la epidemia de sobredosis y el decaimiento de la infraestructura social— aquejan a la vasta mayoría de la población.

Estas condiciones son el resultado de las políticas del Gobierno de Trump, quien apoyó y presidió el rescate de los bancos después del derrumbe financiero en 2008. Desde la elección de Trump, los demócratas han colaborado en la implementación de recortes fiscales masivos para los ricos, sin intención alguna de poner marcha atrás a estas políticas independientemente del resultado de las elecciones.

Los demócratas representan una alianza política de Wall Street y secciones privilegiadas de la clase media. Durante los últimos dos años, su foco principal, además de la campaña antirrusa, ha sido la promoción de la política de raza y género, particularmente por medio de la campaña #Amítambién (#MeToo). El objetivo ha sido dividir a la clase trabajadora mientras avanzan los intereses de ciertas facciones dentro del 10 por ciento más rico de la población que compiten por puestos de poder, riqueza y privilegios.

3. La crisis de las formas democráticas de gobierno y el giro al autoritarismo:

La crisis de la democracia estadounidense, siendo el Gobierno de Trump su manifestación más extrema, refleja el alineamiento de las formas políticas de la sociedad estadounidense con su carácter oligárquico.

Así como Trump persigue una estrategia de formar un movimiento autoritario, los demócratas también apoyan la destrucción de los derechos democráticos, pero de un modo diferente. Se han enfocado en exigir que las empresas que administran las redes sociales censuren el internet bajo el pretexto de combatir las “noticias falsas” y bloquear organizaciones que “siembren descontento”. En su riña con Trump, han aclamado a enemigos de los derechos democráticos como el exdirector de la CIA, John Brennan, quien fue responsable de presidir el empleo de tortura y espionaje interno.

Trump es en sí el producto de la degeneración de las formas democráticas de gobierno. Los puntos nodales a lo largo de este proceso han sido el juicio político contra Clinton en 1998, el robo de las elecciones de 2000, el inicio de la “guerra contra el terrorismo” tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, la construcción subsecuente de un aparato masivo de espionaje interno y la política de asesinato con drones del Gobierno de Obama, incluso de ciudadanos estadounidenses.

La estrategia política de la clase trabajadora

La solución de todos los grandes problemas que enfrenta la humanidad —el ensanchamiento de la desigualdad social, el ataque contra los trabajadores inmigrantes y los refugiados, la expansión de los conflictos en todo el mundo, la destrucción de los derechos democráticos— depende de la organización independiente e intervención de la clase obrera. No se logrará por medio de una redistribución de escaños en el Congreso ni con las fraudulentas pugnas entre facciones de la burguesía, sino a través de una lucha abierta entre clases sociales antagonistas.

La misma crisis capitalista que está produciendo el surgimiento del fascismo y de la ultraderecha en Estados Unidos e internacionalmente también está expandiendo la resistencia y oposición de la clase trabajadora, el grueso de la población que se encuentra excluido de la vida política oficial. En su declaración del 13 de junio de 2017, Un golpe palaciego o la lucha de clases: la crisis política en Washington y la estrategia de la clase obrera”, el Comité Político del Partido Socialista por la Igualdad (EUA) pronunció:

La interacción entre las condiciones objetivas de la crisis y la radicalización de la conciencia social de las masas está encontrando una expresión en la erupción de la lucha de clases. Las décadas en las que la lucha de clases ha sido reprimida por la burocracia sindical, el Partido Demócrata y los patrocinadores pudientes de las diversas políticas de identidad están llegando a su fin. La contrarrevolución social de las élites gobernantes está llegando a punto de tener que enfrentarse a un levantamiento de la clase obrera estadounidense.

Desde que se escribió esta declaración, ha habido muchas señales de crecimiento de las luchas de la clase obrera en Estados Unidos e internacionalmente, incluida la ola huelguística de maestros estadounidenses durante la primavera, la oposición masiva entre trabajadores de UPS al contrato entreguista respaldado por el sindicato Teamsters, y los contundentes votos de autorización de huelga por parte de los trabajadores siderúrgicos, del servicio postal y otros sectores de la clase obrera. El enojo y el malestar en todas las secciones de la clase trabajadora están en aumento.

Estas luchas deben expandirse y aunarse por medio de la construcción de nuevas organizaciones de lucha de clases de los trabajadores. Estas deben ser independientes de los sindicatos, como comités de base en las fábricas, centros de trabajo y barrios.

El Partido Socialista por la Igualdad está encabezando la lucha por armar el movimiento objetivo de los trabajadores y jóvenes con una perspectiva y un programa revolucionarios. En las elecciones de 2018, el PSI (SEP en inglés) postuló a Niles Niemuth en el 12º distrito congresional en Michigan para presentar un programa socialista a los trabajadores de la región y más allá de esta.

El futuro de la humanidad depende del derrocamiento del sistema social existente y todas sus instituciones políticas y de la reorganización democrática de la vida económica con base en la igualdad y la satisfacción de las necesidades sociales. La alternativa a una revolución internacional socialista es el retorno a las peores formas de barbarie del siglo veinte.

Pase lo que pase en la jornada del martes, la tarea elemental es la misma, unirse y construir el PSI, sus partidos hermanos del Comité Internacional de la Cuarta Internacional y su movimiento juvenil, los Jóvenes y Estudiantes Internacionales por la Igualdad Social.

(Publicado originalmente en inglés el 3 de noviembre de 2018)

Joseph Kishore