En una diatriba racista y antiinmigrante, Trump declara: “Soy un nacionalista”

por Barry Gray
25 octubre 2018

El presidente Donald Trump pronunció una diatriba antiinmigrante y de tinte fascista en un discurso de campaña en Houston el lunes a favor de la reelección del senador republicano, Ted Cruz.

En medio de insultos xenófobos contra los miles de trabajadores centroamericanos empobrecidos en la caravana que atraviesa México hasta la frontera con Estados Unidos y contra los inmigrantes en general, Trump denunció al Partido Demócrata como "globalistas" y declaró: "Soy un nacionalista".

Ante cánticos de “¡USA! ¡USA!” de la multitud de 18.000 simpatizantes en el estadio Toyota Center, instó a su audiencia a “usar esa palabra [nacionalista]”.

En una serie de discursos de campaña recientes en el período previo a las elecciones de mitad de término del 6 de noviembre, Trump ha aprovechado la caravana centroamericana para aumentar sus apelaciones a los elementos fascistizantes de la base republicana mediante la promoción del chovinismo y la xenofobia. Sus cálculos y los de sus asesores ultraderechistas, como su redactor de discursos, Stephen Miller, el exasesor de la Casa Blanca, Stephen Bannon, y el expresidente de la Cámara de Representantes, Newt Gingrich, se extienden más allá de las próximas elecciones. Buscan crear las bases para un movimiento fascista en los Estados Unidos.

Trump y compañía están explotando la cobardía, la duplicidad y la orientación derechista de sus supuestos oponentes en el Partido Demócrata. La respuesta de los demócratas a la retórica y las políticas antiinmigrantes pogromistas de Trump es alejarse lo más posible de cualquier defensa de los derechos de los inmigrantes o de los derechos democráticos en general.

En su discurso, Trump acusó a los demócratas de promover la caravana, a la que llamó "un ataque contra nuestro país". Pintó la llamada "inmigración ilegal" como una invasión que amenaza con destruir "sus vecindarios, sus hospitales, sus escuelas ... y poner en bancarrota nuestro país”.

Declarando absurdamente a los demócratas como "socialistas", declaró: "Los demócratas prefieren destruir las comunidades estadounidenses en lugar de defender las fronteras de los Estados Unidos ... El Partido Demócrata está alentando abiertamente a millones de extranjeros ilegales para que rompan nuestras leyes, violen nuestras fronteras y abrumen nuestra nación... Los demócratas han lanzado un asalto contra la soberanía de nuestro país, la seguridad de nuestra nación y la seguridad de todos los estadounidenses”.

Yendo aún más lejos en la dirección de la demagogia fascista, describió las elecciones en sí como parte de una lucha crepuscular contra los enemigos del pueblo estadounidense, declarando: "Los demócratas radicales quieren retrasar el reloj y devolver el poder a los globalistas corruptos y hambrientos de poder... Ellos tienen una palabra ... lo llaman 'nacionalista' ... No se supone que usemos esa palabra. ¿Saben lo que soy? Soy un nacionalista".

Trump mintió sobre "extranjeros ilegales" que votaron masivamente, utilizando esta mentira para exigir leyes de identificación de votantes en todos los estados. Además, se jactó de la supuesta fortaleza de la economía de los EUA y del "éxito" de su reducción de impuestos para los ricos, elogió al recién confirmado juez de la Corte Suprema, Brett Kavanaugh, y aplaudió a las "grandiosas personas" del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por su sigla en inglés) y la policía fronteriza.

El hecho de que Trump no es una aberración, sino una expresión de la crisis y la decadencia de todo el sistema político y económico y el colapso de las formas de gobierno democráticas burguesas, fue confirmado por la respuesta de los principales medios de comunicación y los demócratas al discurso de Houston.

Ninguno de los principales medios de comunicación caracterizó el discurso por lo que fue: una diatriba fascistizante. Los medios alineados con los demócratas y el propio Partido Demócrata se limitaron a quejarse de que Trump estaba difundiendo mentiras, sobre todo la afirmación de que los demócratas apoyan la caravana y las fronteras abiertas. Los demócratas se esforzaron por distanciarse de cualquier política de inmigración genuinamente humana y democrática.

El New York Times escribió en su primera plana: "Los republicanos ... ahora están vinculando a los demócratas que apoyan las reformas de inmigración con los activistas de extrema izquierda que favorecen la abolición de ICE ... Los candidatos demócratas han tendido a restarle importancia a la inmigración como tema, centrándose, en cambio, en un pequeño número de temas de interés compartido, principalmente la salud".

El Washington Post citó a Leon Fresco, un abogado de inmigración y exasesor del líder de la minoría demócrata del Senado, Charles Schumer, diciendo que los demócratas estaban "preocupados de que mostrar demasiada simpatía hacia los migrantes aleje a los votantes más conservadores". El Post continuó: "Los votantes que no se han decidido no se sienten cómodos con los políticos que defienden a las personas de la caravana", dijo.

El comentarista de CNN, Chris Cillizza, escribió desatinadamente que la aceptación de Trump de la etiqueta nacionalista "dice mucho sobre su falta de comprensión de que la Presidencia no es solo un trabajo, sino un faro de liderazgo moral tanto en el país como en el mundo".

En su discurso, Trump denunció al retador demócrata de Cruz por el escaño en el Senado, el representante Beto O'Rourke, como un "ala izquierda radical". USA Today informó que O'Rourke no respondió a su solicitud de un comentario sobre el mitin republicano.

El presidente del Partido Demócrata de Texas, Gilberto Hinojosa, evitó cuidadosamente cualquier comentario sobre la caravana, los derechos de los inmigrantes o la mención por parte de Trump del nacionalismo estadounidense, diciendo simplemente: "Los tejanos no quieren más apoyos descarados a la peligrosamente fuera de contacto y temeraria agenda de Trump. No dejaremos que Trump nos distraiga".

El congresista demócrata de Nueva York, Gregory Meeks, dijo a CNN el martes que la adopción de Trump del término "nacionalista” le “recuerda el tipo de palabras que provienen de personas como Hitler". Sin embargo, se apresuró a agregar que no veía ningún paralelo entre las palabras de Trump y las acciones de Hitler, y terminó aconsejando respetuosamente al presidente que fuera "muy cauteloso" sobre su elección de palabras.

En un mitin en Nevada el lunes, Barack Obama, cuyo Gobierno deportó a más inmigrantes que cualquier otro, reprendió a los republicanos por apelar a la "tribu" y buscar "enfrentar a un grupo contra el otro".

Existe una oposición popular masiva a las políticas de guerra, el chovinismo antiinmigrante, el autoritarismo y la austeridad de Trump. Pero no puede encontrar ninguna expresión dentro del sistema bipartidista dominado por la oligarquía empresarial-financiera estadounidense. Los demócratas no están dispuestos ni son capaces de apelar al amplio descontento y oposición en la clase obrera. Ignoran los problemas sociales y de clase fundamentales que afectan a la gran mayoría de la población y que giran en torno al inmenso crecimiento de la desigualdad social.

Los demócratas representan otra facción totalmente reaccionaria de la misma clase dominante. Su base de apoyo es Wall Street, las agencias de seguridad nacional y las capas privilegiadas de la clase media.

Los demócratas están llevando a cabo una campaña derechista en las elecciones, basándose en la política de identidades, la cual a su vez han enfocado en la caza de brujas de acusaciones sexuales de #MeToo, en las demandas de asumir una postura más agresiva contra Siria y Rusia, e intensificar la censura en Internet con el pretexto de combatir "noticias falsas”. Esto se combina con promesas fraudulentas y vacías de defender el acceso a la salud, algo en lo que los demócratas, si obtuvieran el control de la Cámara de Representantes, no harían nada al respecto.

La promoción del nacionalismo y las medidas policiales-estatales dirigidas, en primera instancia, contra los inmigrantes se deben a la crisis insoluble del capitalismo estadounidense y la intensificación de la lucha de clases. La clase dominante se está preparando para enfrentar esta oposición con violencia estatal.

El discurso de Trump debe ser tomado por la clase obrera como una advertencia. Es otro indicador sobre la urgencia de romper con los demócratas y todo el sistema bipartidista y construir el Partido Socialista por la Igualdad, como dirección de un movimiento socialista de masas.

(Publicado originalmente en inglés el 24 de octubre de 2018)