Los republicanos y demócratas preparan agenda bipartidista de recortes sociales y guerras

por Patrick Martin
24 octubre 2018

Con solo dos semanas antes de la jornada electoral del 6 de noviembre en Estados Unidos, ya han comenzado en muchos estados las votaciones tempranas. Se elegirán 435 miembros de la Cámara de Representantes, 35 gobernadores estatales y 36 senadores, así como a miles de miembros de las legislaturas estatales.

Los demócratas y los republicanos están recaudando y gastando dinero en cantidades sin precedentes, más de $5 mil millones en total, dedicados a vilipendiarse entre sí y promover la ilusión de que los votantes tienen una opción real entre ambos partidos derechistas y controlados por las corporaciones y los ricos.

La campaña electoral se ha desarrollado bajo condiciones de una enajenación cada vez mayor de la población respecto a los partidos de las grandes empresas. Los dirigentes políticos y comentarista de la prensa expresan la esperanza de que la participación en las urnas pueda elevarse al 50 por ciento del electorado.

A la inversa, al menos la mitad de la población no votará por ninguno de los partidos, en un contexto en que tanto Trump como el Partido Demócrata y el Partido Republicano están "bajo el agua": muchas más personas desaprueban que aprueban su labor, según las encuestas. El Congreso como institución tiene un índice de aprobación de apenas el diez por ciento.

Ninguna cantidad de anuncios para atacar a contendientes y propaganda de los medios puede alterar la realidad de que ambos partidos defienden el sistema de lucro, defienden los intereses de los súperricos y perciben a los pueblos trabajadores, la gran mayoría de la población, con una combinación de temor y desprecio.

El Partido Republicano, liderado por el presidente Trump, está haciendo campaña con base en un programa de racismo no disimulado dirigido a los inmigrantes, militarismo y rechazo incluso a la mención de una reforma mínima como "socialismo". Trump utilizó sus mítines de campaña la semana pasada como ocasión para hacer una serie de amenazas beligerantes: enviar tropas a la frontera de Estados Unidos y México, destruir el tratado con Rusia de Fuerzas Nucleares de Rango Intermedio e intensificar la guerra comercial con China.

El Partido Demócrata se ha replegado constantemente durante los últimos dos años ante la embestida ultraderechista de Trump, ofreciendo una oposición si acaso simbólica a medidas tales como la persecución de los inmigrantes, el recorte fiscal de $1,5 billones para los ricos y la instalación de dos jueces de extrema derecha en la Corte Suprema. Han adoptado las políticas de militarismo y guerra económica de Trump, sumándose a la aprobación casi unánime de un presupuesto militar récord de $716 mil millones, y aplaudiendo sus medidas de guerra comercial contra China y otros países.

Los demócratas incluso han tratado de ocupar espacios políticos a la derecha de la Administración de Trump, exigiendo una política exterior aún más agresiva con respecto a Rusia, utilizando la investigación de Mueller y las falsas acusaciones de interferencia rusa en las elecciones de 2016 para justificar la censura del Internet y atacar ampliamente los derechos democráticos. Al menos 30 candidatos al Congreso provenientes de las filas de la CIA, el Pentágono, el Departamento de Estado y el Consejo de Seguridad Nacional encabezan la campaña demócrata.

Detrás de las estridentes denuncias y recriminaciones entre los dos partidos capitalistas, los preparativos están bien encaminados para una nueva etapa de colaboración bipartidista contra la clase obrera una vez que la elección haya pasado.

Las encuestas actuales sugieren que el Partido Demócrata asumirá control de la Cámara de Representantes, lo que requiere una ganancia neta de 23 escaños, mientras que el Partido Republicano mantendrá el control del Senado de los Estados Unidos. Cuando el Congreso vuelva a reunirse en enero, es probable que Washington regrese a un "Gobierno dividido", con ambos partidos negociando una política bipartidista cuyos perfiles están empezando a vislumbrarse.

Las declaraciones de Trump y el líder de la mayoría en el Senado, Mitch McConnell, la semana pasada dan señal de cuáles serán las características principales de tal régimen bipartidista.

McConnell respondió el 16 de octubre a los informes de un fuerte aumento en el déficit del presupuesto federal exigiendo recortes significativos en el gasto social. Rechazó las sugerencias de que el enorme recorte de impuestos para las empresas y los ricos, aprobado en diciembre de 2017, o el gasto militar récord aprobado durante el verano, fueron responsables de alguna manera del déficit. "Es muy perturbador y está impulsado por los tres grandes programas de garantías sociales que son muy populares: Medicare, la seguridad social y Medicaid", dijo McConnell en una entrevista con Bloomberg.

El presidente Trump, hablando en un mitin de campaña el 20 de octubre, anunció que estaba abrogando el tratado de Fuerzas Nucleares de Rango Intermedio con Rusia, preparando el escenario para una nueva carrera armamentista, como parte de una política cada vez más conflictiva. Refiriéndose a misiles de alcance intermedio que permitirían a EUA atacar Rusia desde bases en Europa y a China desde Japón, Corea del Sur y Australia, Trump dijo: "Tenemos que desarrollar esas armas. Vamos a rescindir el acuerdo y vamos a retirarnos".

Estos dos comentarios sugieren cuáles serán los alineamientos de la política bipartidista que se pondrían en práctica después de las elecciones: Trump y los republicanos llevarán a cabo la política antirrusa más agresiva exigida por los demócratas; los demócratas unirán sus fuerzas en la promulgación de un ataque bipartidista contra los beneficios sociales, para que los trabajadores y los jubilados paguen el precio de la escalada militar.

Por supuesto, hasta el día de las elecciones, la mayoría de los demócratas han aprovechado el comentario de McConnell sobre la necesidad de recortar los programas de derechos para emitir declaraciones demagógicas sobre cómo defenderán intransigentemente la seguridad social, Medicare y Medicaid.

No obstante, un prominente demócrata, Phil Bredesen, el exgobernador de Tennessee que ahora busca un escaño en el Senado, declaró: "Creo que no debería haber presión para hacer nada para reducir los beneficios del seguro social de ninguna manera", pero indicó que los seguros médicos (Medicare y Medicaid) son una cuestión "más complicada", y agregó que era necesario “gestionar el costo de estos programas".

McConnell reconoció en su declaración la semana pasada que la oposición popular a los recortes a las garantías sociales los torna políticamente difíciles. "Ha habido una renuencia bipartidista a abordar los cambios en las garantías sociales debido a la popularidad de esos programas", dijo.

El líder republicano en el Senado agregó que estos programas solo podrían recortarse con la cooperación de los demócratas en el Congreso, lo que incluso podría facilitarse si los demócratas obtienen el control de la Cámara de Representantes. "Creo que es bastante seguro decir que los cambios las garantías sociales, las cuales son el verdadero impulsor de la deuda según cualquier norma objetiva, pueden ser difíciles, si no imposibles de lograr, cuando hay un Gobierno unificado", dijo a Bloomberg.

Los dos periódicos que sirven como los voceros del ala del Partido Demócrata de la clase dominante, el Washington Post y el New York Times, señalaron su apoyo a este acuerdo en desarrollo. Cada uno de los periódicos aborda una cara del trato.

El Post publicó un editorial el 18 de octubre expresando preocupación por el déficit presupuestario y criticando a Trump por haberse opuesto a la "reforma de las garantías sociales" durante la campaña presidencial de 2016 y, en cambio, optar por un "populismo fiscal".

"Las causas estructurales de los problemas de la deuda a largo plazo del Gobierno federal, la seguridad social y Medicare, permanecieron sin resolver, en consonancia con el rechazo del Sr. Trump al apoyo anterior del Partido Republicano a reformar las garantías sociales", se quejó el periódico. El editorial se alineó completamente con los comentarios de McConnell, aunque no mencionó al líder del Senado.

Por su parte, el Times transmitió sus opiniones en un editorial titulado, "Los candidatos que pueden ayudar a recuperar la Cámara de Representantes", respaldando a seis candidatos demócratas para el Congreso en el área de Nueva York y Nueva Jersey, incluidos dos candidatos de antecedentes de inteligencia militar, parte de los 30 "demócratas de la CIA" identificados y perfilados por World Socialist Web Site. El editorial comienza con una invocación del "momento aterrador" de hoy cuando, supuestamente, "un Gobierno extranjero explota metódicamente las divisiones que profundiza el presidente Trump, despertando el temor de los inmigrantes y los musulmanes, el resentimiento de las mujeres y el odio contra los afroamericanos".

En otras palabras, el Times describe las divisiones sociales en Estados Unidos como resultado de la interferencia rusa, no como el producto de la creciente desigualdad social producida por el funcionamiento del sistema capitalista.

(Publicado originalmente en inglés el 23 de octubre de 2018)