Las cuestiones políticas de la audiencia en el Senado sobre la nominación de Brett Kavanaugh a la Corte Suprema

1 octubre 2018

Después de casi nueve horas de testimonios en el Senado estadounidense del nominado a la Corte Suprema, Brett Kavanaugh, y su acusadora, Christine Blasey Ford, el público no está más cerca a saber qué aconteció o no aconteció hace más de treinta años, cuando Ford alega que Kavanaugh abusó de ella sexualmente. El futuro de Kavanaugh como nominado depende ahora del resultado de una investigación del FBI a la cual acordaron los republicanos del Senado el viernes.

Las acusaciones de agresión sexual se han convertido en el único tema de la confirmación de Kavanaugh, y tanto el Partido Demócrata como la prensa han presentado a Kavanaugh como culpable de manera preconcebida. El foco de este procedimiento refleja las prioridades políticas del Partido Demócrata y los intereses de capas sociales adineradas a las que busca atraer.

Algunas personas, pese a incomodarles la supresión del principio de la presunción de inocencia que caracteriza el trato demócrata de las acusaciones de abuso sexual, les entusiasma cualquier posibilidad para mantener a Kavanaugh fuera de la corte. El fin, como dice el refrán, justifica los medios. Hay que advertirles: es una política mala, una estrategia mala y tácticas aún peores. Tales esfuerzos para confundir y encubrir los temas que verdaderamente asedian a la clase obrera tienen consecuencias políticas.

Un objetivo central de la estrategia demócrata en torno a las audiencias de Kavanaugh ha sido ocultar las cuestiones de clase más importantes. Entonan una indignación moral falsa por acusaciones de un incidente de hace tres décadas, cuando no expresan nada similar ni desasosiego alguno por los crímenes perpetrados por la clase gobernante estadounidense en todo el mundo.

No pasa un día en que el ejército estadounidense no lance bombas o ataques con drones y aumente la cifra de más de un millón de víctimas de la “guerra contra el terrorismo”. Trece mil niños inmigrantes permanecen encerrados en campos de internamiento. Miles de trabajadores en EUA mueren cada año por accidentes industriales y enfermedades relacionadas al trabajo. Cuando el senador demócrata, Cory Brooker, se queja acerca del “patriarcado” se lleva entre piernas que la caída en la esperanza de vida en la clase trabajadora se debe en gran medida al alcoholismo, el abuso de drogas y la depresión en hombres.

El mismo Kavanaugh es cómplice en estos crímenes y el incesante énfasis en las acusaciones de conducta sexual inapropiada busca desviar la atención de esto. Hay documentos que evidencian que Kavanaugh le ayudó a Alberto Gonzales a redactar los “memorándums de tortura” durante el Gobierno de Bush. Sus declaraciones defendiendo la constitucionalidad del espionaje masivo por parte de la Agencia de Seguridad Nacional están en registro. Varios correos electrónicos comprueban que aboga por eliminar el derecho al aborto para millones de mujeres en todo el país.

La negativa del Partido Demócrata a abordar tales temas es una decisión premeditada ya que también son culpables de involucrarse en estos crímenes y quieren que continúen, independientemente de que Kavanaugh u algún otro reaccionario llegue a la corte.

Los demócratas ni siquiera son capaces de discutir el hecho de que hace veinte años, Kavanaugh protagonizó la campaña antidemocrática de escándalos sexuales con la que los republicanos intentaron tumbar el Gobierno demócrata de Bill Clinton. Traer atención a este episodio expondría el hecho de que los demócratas están empleando los mismos métodos en la actualidad.

Como parte de sus esfuerzos para centrar la oposición a Kavanaugh en acusaciones de mala conducta sexual, los demócratas están recurriendo a los métodos de #MeToo (#Yotambién), que consisten en tratar las acusaciones como hechos y la presunción de inocencia como una carga molesta que se debe dejar atrás.

El WSWS no se adhiere a ninguna posición sobre la culpabilidad de Kavanaugh respecto a las acusaciones en su contra. No obstante, como observación legal, lo único que se ha presentado a sido un conjunto de afirmaciones de una persona que no han sido corroboradas. Durante la audiencia del hueves, los senadores demócratas escenificaron un espectáculo degradante, devorando puerilmente el anuario del colegio de Kavanaugh y sus referencias de jóvenes de 16 años a tomar, flatulencias y vómito como si probaran que fue culpable de abuso sexual.

La prensa siguió el ejemplo. Una declaración de la junta editorial del New York Times publicada el jueves por la noche califica el testimonio de Kavanaugh como “volátil y beligerante”. Sin tocar las opiniones políticas de Kavanaugh, la declaración concluye que Kavanaugh es alguien “a quien cuesta creer”, “condescendiente”, “torpe”, “evasivo”, “engañoso” y probablemente un “tomador pesado”. La conclusión a la cual guían al lector es que tiene que ser culpable del presunto crimen.

La semana pasada, la senadora demócrata de Hawái, Mazie Hirono, dijo en CNN que la presunción de inocencia “es lo que torna tan difícil para las víctimas y sobrevivientes de estos eventos traumáticos presentar acusaciones.” Por su parte, el senador demócrata de Nueva York, Charles Schumer, declaró ante reporteros que “la presunción de inocencia” no es relevante en el caso de Kavanaugh porque “no es un procedimiento legal. Es una búsqueda de los hechos”.

La presunción de inocencia no es cualquier cosa prescindible y abandonarla así nomás trae consecuencias del más largo alcance. Los socialistas siempre han combatido los esfuerzos de los representantes de la burguesía para enterrar las cuestiones de clase y erosionar la consciencia democrática. Las causas con las que la izquierda ha estado asociada históricamente involucran una defensa de los principios democráticos e igualitarios establecidos por las revoluciones burguesas de fines del siglo dieciocho, que incluyen la presunción de la inocencia y el proceso legal debido.

El uso de las emociones y los prejuicios para debilitar el apoyo popular hacia estos derechos, dividir a la clase trabajadora y facilitar la represión estatal, el militarismo y la explotación corporativas son las tradiciones históricas de la política derechista. Los principios democráticos básicos siempre son los más vulnerables cuando la burguesía es capaz de aprovechar los estados de ánimo vengativos de las masas en contra de presuntos responsables de crímenes, particularmente la violencia sexual, debido a su llamado inherentemente emocional.

La estrategia de los demócratas en las audiencias de Kavanaugh tiene mucho en común con estas tradiciones. La apelación a ánimos vengativos y el fomento de odio visceral hacia los acusados son los métodos de la justicia medieval. Están siendo empleados para avanzar los intereses del Partido Demócrata de obtener una base de apoyo político en la acaudalada clase media-alta.

Los socialistas no disponen de ningún apoyo para Brett Kavanaugh. Pero las tácticas empleadas en su contra serán utilizadas con mil veces la fuerza y potencia en contra de los oprimidos y aquellos opuestos a las políticas de la élite gobernante. El caso del editor de WikiLeaks, Julian Assange, quien ha sido objeto de persecución por años con base en acusaciones sexuales fabricadas, es un claro ejemplo.

La operación de los demócratas en la confirmación de Kavanaugh no puede separarse del carácter de su oposición al Gobierno de Trump en su conjunto. El Partido Demócrata ha buscado suprimir y desviar la oposición popular a Trump detrás de una agenda reaccionaria, militarista y antidemocrática avanzada por el aparato militar y de inteligencia. En esta disputa dentro de la clase gobernante, no hay ninguna facción progresista o democrática.

Kavanaugh es un político reaccionario y un enemigo de la clase obrera. Sin embargo, en su batalla contra este republicano derechista y el Gobierno de Trump, los trabajadores no pueden permitir ser subordinados a la agenda demócrata. Esto tan solo desarmaría a la clase trabajadora, socavaría los derechos democráticos y facilitaría un desplazamiento aún más a la derecha de toda la política estadounidense.

(Publicado originalmente en inglés el 29 de septiembre de 2018)

Eric London