“He querido contarlo por mucho tiempo. No tengo nada que perder”

Otra abuela sin hogar detalla su pesadilla después de lesionarse trabajando en Amazon

por Eric London
25 septiembre 2018

Un goteo inicial de reportes de trabajadores de Amazon sobre lesiones y dificultades como consecuencia se está convirtiendo en un diluvio.

Cuando Tammy Edgar vio a la trabajadora de Amazon, Shannon Allen, contar su historia en un video en línea sobre quedarse in hogar después de su lesión laboral, se echó a llorar.

“Pensé que estaba sola hasta que vi su historia. Eso también me pasó a mí. He querido contarlo por mucho tiempo. No tengo nada que perder”.

Tammy vive en Waco, Texas, y comenzó a trabajar en un centro de distribución de Amazon en San Marcos en septiembre de 2016.

Tammy Edgar

Al igual que la mayoría de los trabajadores, nunca pensó que se quedaría sin hogar. Pero cuando una máquina suelta se le vino encima en su estación de trabajo y hacia su cabeza en diciembre de 2016, todo cambió. Se cayó para atrás y cuando tomó un respiro supo que algo no estaba bien. Notó un dolor en su espalda, su cuello y todo el costado izquierdo de su cuerpo, incluyendo su hombro, muñeca y brazo.

Estaba feliz de estar viva, pero en ese momento nunca supo que su lesión le cambiaría la vida. Dice que Amazon le negó solicitudes de asistencia e ignoró a los testigos que podían dar testimonio de su lesión.

Unos pocos meses después, dijo que estaba viviendo en su carro en una zona de camping después de quedarse con varios familiares en distintos lugares. Un desconocido escuchó su historia y le ofreció dinero para ir a un cuarto de motel. Comenzó a llorar: “Me sentí agradecida, pero fue humillante. Me sentía miserable. ¿Cómo me podía estar pasando esto? ¿Cómo llegue ahí?

La historia de Tammy muestra el impacto de las décadas de ataques contra los niveles de vida de la clase obrera.

Su padre pintaba aviones en Kansas y su madre era una enfermera registrada. Como toda familia de clase trabajadora en el periodo después de la Segunda Guerra Mundial, pasaron por periodos de dificultades y tenían que trabajar arduamente para conseguir lo que tuviesen, pero nunca soñó que algún día se quedaría sin hogar.

Creció en Oklahoma, un estado que tan solo una o dos generaciones antes de que naciera había sido devastado por la combinación de la Gran Depresión y una sequía. Cientos de miles de trabajadores y granjeros pobres escaparon al oeste en busca de una mejor vida. Su familia se quedó.

Tammy ha trabajado toda su vida. “Simplemente, trabajamos siempre. Así es como crecí”. Cuando era joven, quería cuidar a la gente y aceptó un trabajo como cuidadora en el hogar. Después de treinta años atendiendo a adultos mayores intermitentemente, quería cambiar el ritmo. Amazon estaba contratando. Estaba ganando $10,50 por hora, un poco más de lo que ganaba como cuidadora.

Describió el interior del enorme centro de distribución.

“Comencé empacando órdenes, luego me transfirieron al piso de debajo de envíos. Teníamos que cargar los tráileres del tractor con las manos, desde el suelo hasta el techo. Las cajas podían pesar 23 kilogramos y a veces más. Luego, volví a empacar”.

A Tammy siempre le dijeron que la empresa se aseguraba de que los de mantenimiento arreglaran las máquinas malas para prevenir lesiones. Como empacadora, una de las máquinas en su estación de trabajo era un dispensador con un rollo de envoltura de burbujas que utilizaba para empacar los objetos que vinieran por la línea.

Un día, notó que había basura en el suelo que el turno previo había dejado. La empresa no mantenía los pisos limpios. Tammy pensó, “necesito recoger ese tubo plástico del suelo porque podría deslizarme y caer”.

Tammy describe lo que sucedió después:

“Cuando me agaché para rejuntar el tubo, mi hombro derecho apenas rozó esta canasta que está pegada a esta mesa de tres bases. La máquina no estaba atornillada a la mesa a pesar de que debería estarlo.

La misma máquina que Tammy dice que no estaba apropiadamente atornillada

“Esta máquina, con un rollo entero de plástico todavía sin inflar, se me vino encima hacia mi cabeza. Entonces giré mi brazo izquierdo inmediatamente. Todo pasó tan rápido. Empuje la máquina con la palma de mi mano para alejarla de mi cara con ese rollo entero de plástico. Mi cuerpo rebotó hacia atrás contra mi estación de trabajo. Y me quedé como, ‘¿qué acaba de suceder?”.

Un líder del equipo y un compañero de trabajo corrieron hacia ella para asegurarse de que estuviera bien. Sabían que se había salvado por poco. El líder fue a llamar al gerente que la llevó a Amcare —una unidad especial para determinar la gravedad del paciente que creó Amazon—. El verdadero propósito de Amcare es tomar las declaraciones del trabajador sin un abogado presente para utilizarlas en su contra cuando se solicite una compensación laboral. Tammy no sabía eso de Amcare en el momento. Ahora sí.

La empleada de Amcare no le estaba prestando mucha atención a Tammy y estaba contando chismes sobre un exnovio, dice Tammy. Sentía un dolor tremendo y le dieron una bolsa con hielo. A pesar del dolor, escribió a mano un reporte sobre lo que ocurrió como lo requirió Amazon. Escribió específicamente los dos testigos que vieron su lesión. Dijeron que la apoyarían y dijo que podía contar con ellos.

Ahora, relata Tammy, “Amazon dice que no se pueden encontrar esos documentos por ninguna parte. No me dejaron sacar fotocopias de mis documentos escritos a mano a pesar de que lo solicité. Incluso fui a recursos humanos y pedí copias, pero el encargado de recursos humanos me dijo, ‘ya los procesamos y están guardados’”. Hasta la fecha, Tammy dice que no le han dado acceso a su reporte escrito a mano con los nombres de ambos testigos.

Tammy señala: “Cuando eventualmente recibí copias del reporte de Amcare sobre mi herida que hizo el doctor de compensación laboral, me impactaron las mentiras. Amazon dice que no hubo testigos y que mi lesión había ocurrido en una semana laboral de 40 horas. Era mentira. Yo apunté a los testigos y ocurrió en una semana de 60 horas y era mi sexto día de trabajo”.

Siguió trabajando después de su lesión por temor a perder el ingreso que tanto necesitaba. Amazon la transfirió a trabajos más leves y luego de vuelta a trabajo pesado menos de una semana después de su lesión.

“Sentía tanto dolor”, dijo. “Me estaba hinchando mucho. Seis días después de mi lesión, ya no me dejaban hacer trabajos más leves y me colocaron de vuelta en la estación anterior —de trabajo pesado—. Les diré qué pasó. Levanté un solo objeto y se me fue el aliento. Dije, ‘no puedo hacer esto’. Bajé las gradas para que me trataran y les dije que algo realmente no andaba bien”.

Amazon envió a Tammy a un doctor de compensación laboral que es parte de la red de doctores aprobados por la empresa. Muchos trabajadores dicen que Amazon los obliga a viajar largas distancias para llegar a ver a estos doctores que frecuentemente minimizan sus lesiones y les dicen que sufrían condiciones que existían antes de sus accidentes laborales.

En el caso de Tammy, reporta que su doctor aprobado por Amazon le dijo que solo había sufrido de un “latigazo” en el cuello y que lo [único que necesitaba era terapia física. Dice que su doctor no la envió a hacerse una resonancia magnética ni rayos x y que su terapia física empeoró su condición.

“Estaba harta a este punto porque ni siquiera podía mover mi cabeza hacia la izquierda por la inflamación y el dolor. Tengo lesiones en mi columna cervical, brazo izquierdo, daños a nervios, hombro izquierdo, un desgarro en mi muñeca izquierda. Tengo dos quistes de ganglio, uno detrás del otro, de cuando empuje esa máquina lejos de mí. Lo tuve que hacer rápido o me hubiera matado”.

Contrató a un abogado que le recomendó ir a un doctor imparcial. Tammy dice que este doctor “solo sacudía la cabeza” cuando escuchó que el doctor vinculado con Amazon le diagnosticó inicialmente un “latigazo”. Este nuevo doctor “pensó que era increíble” y le dijo que sufría “lesiones serias” que tendría que tratar el resto de su vida.

Uno de los muchos diagnósticos médicos reportando parte de las lesiones de Tammy

Dice que el asesor de Amazon, Sedgwick, luchó para negarle el derecho a ir a un cirujano ortopédico. Varios doctores se peleaban por darle una “calificación de incapacidad”, una ecuación para determinar cuán lesionada está y cuánto debe ser la compensación laboral.

Tammy llegó a la corte y se presentó ante un tribunal administrativo. Pronto se dio cuenta que la corte estaba amañada en contara de la clase obrera.

“Fui a un par de audiencias”, dijo, “y la tercera vez ni siquiera me permitieron contar mi historia o decir lo que me había pasado. No me permitieron decir nada de los documentos escritos a mano que nunca se presentaron en mi caso. Ni siquiera había un escribano.

“Le preguntaba a la jueza una y otra vez, ‘¿puedo hablar?’. ‘¿Me permite decir mi historia?’, le preguntaba. La jueza ni siquiera me volvía a ver. ‘Solo se te permite responder a las preguntas’ me dijo. Sentí como si fuera un criminal o algo más que no fuera una víctima. Soy la víctima. Fue humillante. Este sistema entero me ha quedado y a muchos otros mal.

“La abogada de Amazon seguía diciendo que yo era capaz de seguir trabajando. Se dijeron muchas mentiras ahí. No me iban a dejar volver a tareas leves y necesitaba el ingreso”.

Dice que la jueza le dio una compensación de poco más de $1.000 al mes —ni cerca de lo que se necesita para vivir—. Solo recibe $856 por mes después de pagarle al abogado. Para recibir pagos, dice que tiene que realizar cinco búsquedas de trabajo cada semana por un año. “Entonces, la jueza me dio una calificación de incapacidad de 15 por ciento, ¿pero ahora tengo que ir y ganarme el dinero? No tiene nada de sentido”.

Dice que la jueza no exigió que la compensación pagase por citas con un cirujano ortopédico para que tratara sus lesiones: “Mi abogado me dijo que tendría que conseguir un seguro y pagarlo de bolsillo. No puedo costear un seguro y ni siquiera califico para Medicaid. ¿No es terrible?”.

“Es muy difícil vivir con tan poco”, explica. “Por un tiempo, no estaba recibiendo nada. Lo que hice fue quedarme en moteles, vivir en mi auto, quedarme en parqueos de Wal-Mart. Por un tiempo me quede en un sitio de camping, sin electricidad ni agua. Me he tenido que quedar con varios familiares y amigos de vez en cuando para poder superar esto”.

Ahora, Tammy dice que paga $575 por un cuarto barato de motel, mucho más que la mitad de sus pagos de compensación.

“No como tres veces al día”, dijo. “He ido a bancos de alimentos, pero no hay mucho que se pueda hacer. No puedo guardar comida, ni tengo una estufa para cocinar”. Actualmente está en un motel. “Mi hijo que puso aquí porque estaba durmiendo en el parqueo de la sala de emergencias. Me sentía más segura ahí. Me aseguraba de parquearme cerca de una luz grande. Bajaba mis ventanas apenas un poquito, incluso cuando se ponía caliente, con las puertas cerradas con llave y mi celular en mi mano”.

La aprobaron para que manejase con el programa de transporte compartido Lyft, pero “no estaba ganando nada y solo podía manera unas cuantas horas por mi lesión. Ni siquiera podía ganar lo suficiente para pagar el alquiler del auto. Terminé durmiendo en el auto de Lyft”.

Ahora, Tammy dice que la corporación que administra los pagos de incapacidad de largo plazo está intentando obligarla a pagar $12.700 en pagos atrasados. Desde que ganó parcialmente su caso de compensación laboral, la empresa dice que perdió el derecho a pagos por discapacidad previos.

“Le dije, ‘no tengo el dinero’. Tengo cuentas que pagar. Estaba tan endeudada. Estando lesionada, ¿tenía que pagarles de vuelta? Les dije, ‘ ¿Se dan cuenta de que tuve que mudarme fuera de mi hogar y con mi familia y que luego me quedé sin techo?’ Le dije a la señora ‘Ustedes lo tienen todo resuelto, ¿no?’. Todo es parte de Amazon. No me dijo ni una palabra de vuelta”.

Tammy dice que Amazon la despidió. No sabe qué hará cuando se acaben los pagos por compensación laboral. Para hacerlo peor, Amazon dice que puede recuperar su trabajo cuando se sane completamente. Ha creado una página en Go Fund Me como un apoyo.

“Todo el sistema está diseñado para las grandes corporaciones. No es justo. Nuestras vidas son importantes. Me duele físicamente incluso sostener a mi nieta, que era tan solo una bebé cuando me lesioné. Ni siquiera podía estar cerca porque es tan linda que me tentaba querer alzarla. Me hacen sentir como una carga para mi familia, pero puedo hacer nada al respecto. Odio las mentiras. Más que todo, odio las mentiras de Amazon”.

Unas últimas palabras, le preguntamos.

“Tenemos que alzar la voz”.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 21 de septiembre de 2018)