Después de la exposición de la VITA de un almacén en Texas

Más trabajadores de Amazon alzan la voz contra sus condiciones laborales atroces

por Evan Cohen
7 agosto 2018

Después de la exposición de la Voz Internacional de los Trabajadores de Amazon (VITA) sobre las condiciones laborales en el almacén DFW-7 de Amazon en Haslet, Texas, muchos más trabajadores de Amazon han confirmado el gran resentimiento contra las indignantes condiciones laborales descritas por la denunciante Shannon Allen.

Cuando Chardé, una extrabajadora de Amazon en BOS-7 en Massachusetts, leyó sobre los abusos en DFW-7 documentados por el World Socialist Web Site, se dio cuenta de que sus experiencias eran las mismas que las de otros trabajadores de Amazon alrededor del mundo: “En realidad yo pensé que era el pueblo en el que estaba, pero aparentemente no es el caso”.

Cuando Amazon abre almacenes, se dirige a zonas que han sido devastadas económicamente y que tienen bajos ingresos y tasas de desempleo altas. Típicamente, extorsionan a los gobiernos locales para recibir incentivos de impuestos. La empresa atrae a trabajadores con promesas de horarios flexibles, oportunidades para una carrera, y hasta acciones y un seguro médico. Muchos trabajadores compartieron historias de haber sido atraídos a Amazon por sus salarios y las promesas de estabilidad —para luego quedar lesionados, despedidos u obligados a renunciar por las condiciones peligrosas y extenuantes.

Dentro del almacén BOS-7 en Fall River, Massachusetts

Chardé habló sobre las condiciones sociales en su ciudad de residencia, donde Amazon decidió construir su almacén. “El edificio fue construido en Falls River, Massachusetts en el 2016. Fall River es un pueblo mediano con un molino. Muchas personas son adictas a las drogas y el alcohol. Me mudé aquí porque la renta es barata, pero cuesta de otras formas”. Como muchos pueblos en EUA, Fall River sufrió una devastación social y económica por varias olas de desindustrialización cuando las manufactureras se reubicaron en búsqueda de una mano de obra barata, comenzando en los años 50 y acelerándose hacia los años 80 y 90. Chardé continuó: “Muchas plantas de acero y otros edificios habían cerrado. Era una ciudad industrial grande, y había personas que trabajaron en las fábricas por años, los estaban despidiendo y se quedaron sin trabajo”.

Michael Yevtuck, un trabajador de construcción toda su vida y un albañil de casas semiretirado de Cliffwood Beach, New Jersey, llenó una solicitud para trabajar en la bodega EWR-4 de Amazon por razones similares. “Pensé que ganaría dinero extra porque no estaba haciendo nada, y quería regresar al trabajo. Puedes ver todos estos trabajos con bajos sueldos y ya era octubre, y Amazon te contrataba inmediatamente”.

Yevtuck necesitaba trabajar para poder jubilarse y poder pagar la boda de su hijo: “Estaba pasando todo eso para el dinero extra y después iba a tratar de regresar al sistema de trabajo regular para ganar dinero para mi vejez. Entonces fui allí, llené la solicitud e inmediatamente fui contratado. Estaba extático —pensé, 800 dólares por semana, podría usar esto—”. Alex, quien trabaja en DFW-7, llenó una solicitud para trabajar en Amazon porque necesitaba el dinero para proveer para ella misma y su familia: “Comencé en Taco Bell —siempre había trabajado en tiendas de ropa cuando era joven. Y cuando escuché que Amazon estaba contratando y pensé que sería una buena oportunidad llenar una solicitud, que sería una buena oportunidad para mí”.

Cuando Chardé fue contratada en Fall River, su primer hijo tenía 4 años, y esperaba tener algún grado de flexibilidad para cumplir con sus necesidades como madre soltera. Pero cuando fue contratada, le dieron semanas de 60 horas en lugar a las 40 horas a la semana que se le prometió. “Abren el edificio, y estaban moviendo a a miles de personas por todo el almacén —contrataron a 2.000 personas durante el primer mes”. Una semana después de que la contrataron, le dijeron: “Vas a trabajar 60 horas a la semana hasta nuevo aviso”. Ella trabajó 60 horas a la semana durante los siguientes nueve meses. “No me dieron un descanso. Mi hijo de cuatro años pensó que yo vivía en Amazon”.

Planta del almacén en Fall River, Massachusetts

“Solo nos venden un montón de sueños”, dijo Chardé, “y resultan ser un montón de banalidades falsas solo para contratar a masas de gente”. Alex confirmó la presencia de ambulancias en DFW-7 durante el verano para recoger a trabajadores que se habían desplomado por el calor, un hecho previamente expuesto por el World Socialist Web Site. Ella dijo que los trabajadores se lesionan “probablemente una vez al día” y que las temperaturas altas son comunes en la mitad del almacén que no tiene controles de clima. “Solíamos tener ventiladores, pero los quitaron, no sé por qué. Mucha gente sufre golpes de calor. No creo que el verano pasado fuera tan malo como este —en ese entonces teníamos más ventiladores—”.

También confirmó que uno puede ver a los trabajadores durmiendo en sus coches en el estacionamiento.

Chardé describió como la gerencia contrata a informantes y espías dentro de la fuerza laboral. Recordó como un trabajador que sugirió que deberían “formar un sindicato” fue despedido el día siguiente. “Todos tienen que cuidar lo que dicen… es orwelliano”, dijo. Alex, quien trabaja como solucionadora de problemas, confirmó esta práctica.

Después de que los trabajadores de Amazon terminan su entrenamiento, son introducidos al infame sistema de puntos, el cual es parte integral de las enormes ganancias de la compañía.

Michael describió como el sistema de puntos es utilizado para presionar a los trabajadores para que se muevan más rápido y otorga pretextos para despedir a trabajadores que están en la mira de la gerencia. Él fue contratado como un “guardador”. Los guardadores reciben artículos que son enviados al almacén y los colocan en “cápsulas”, donde son almacenados. La rapidez con la que los guardadores son obligados a escanear y colocar los artículos se denomina su “ritmo”, el cual varía entre 300 y 600 por hora. Si los trabajadores no mantienen este ritmo, son hostigados por los supervisores, se les “da un aviso”, y si se les “da un aviso” un cierto número de veces son despedidos. Se les puede dar un aviso a los trabajadores por cualquier “tiempo fuera de tarea”, por artículos caídos o artículos mal contados. Según Michael, los requerimientos de ritmo son frecuentemente imposibles de cumplir porque los artículos que deben ser recogidos, contados y movidos varían de tamaño. “Fácilmente podrías mover 500, 600 o 1000 partes de computadora por hora, sin problema. Pero si me das 600 o aún 200 o 150 artículos de tamaño inusual que no caben en una caja, toma tiempo ir de arriba a abajo”.

El frenético ritmo de velocidad es tan cansado como peligroso: “Quiere decir que estás haciendo 300 a 400 sentadillas por hora o subiendo y bajando una escalera de dos pasos trescientas a cuatrocientas veces —ni siquiera se hace eso en una clase de ejercicio. Si estás haciendo 300 sentadillas por hora y trabajas más de 10 horas, estás haciendo 3.000 sentadillas y es ridículo, claro que se va a lastimar alguien”.

Los trabajadores están bajo una inmensa presión por parte de la gerencia para trabajar lo más rápido posible sin tan siquiera tomar descansos momentáneos: “Si pasa una caja que tiene espacio, estás parado por un momento y tienes que compensar el tiempo. Mientras tanto, la gente que está a cargo sale, conversa contigo, y luego tienes un reporte de lo que hiciste esa hora y te marcaron con tiempo fuera de tarea”.

Alex en DFW-7 confirmó el miedo de ser penalizado por pequeños errores, así como la práctica de despedir a trabajadores que salen heridos. Describió como un trabajador dejó caer un artículo y se lesionó mientras lo levantaba: “Lo primero que hicieron fue revisar el metraje y fue despedido ese mismo día. Entonces la gente siente que no puede ir a Amcare”. Amcare es el servicio médico de Amazon “en casa”. Se les dice a los trabajadores que no llamen a emergencias y que visiten Amcare en su lugar. Los trabajadores describieron como la función principal de Amcare parece ser generar un rastro de documentos en favor a la empresa que puede ser utilizado para negar responsabilidad por heridas.

Además de los castigos estrictos por pequeños errores, los trabajadores deben someterse a inspecciones cuando entran a la cafetería y cuando salen del almacén. Los teléfonos son confiscados cuando los trabajadores entran al almacén. “No es para nuestra seguridad, es para la suya”, dijo Alex.

En BOS-7, Chardé fue testigo de una herida cuando su compañera se desgarró su manguito rotario levantando artículos pesados de un tamaño inusual en el “pasillo arco iris, el cual es para los artículos grandes y difíciles: coches Playskool, y cosas por el estilo”. Después de que la compañera obtuvo beneficios por discapacidad, contactó a Chardé y le contó que “ellos querían luchar conmigo. Uno de los gerentes del edificio seguía diciendo que era una condición preexistente —nunca me he lastimado el brazo anteriormente—”.

La vista de Fall River, un antiguo centro industrial

Cuando la compañera por fin fue compensada por su lesión, fue sujeta a represalias. Chardé continúa: “Entonces jugaban con ella sobre cuándo regresaría, entonces estuvo sin trabajo durante aproximadamente dos meses, y tenía dos niños pequeños. Cuando finalmente le dejaron regresar, ¿qué hicieron? La pusieron otra vez en el pasillo arco iris, donde trabaja actualmente”.

Michael se desgarró los dos meniscos en sus rodillas tratando de mantener el ritmo y les pidió a sus supervisores que le dieran un trabajo ligero a largo plazo mientras que se recuperaba. Visitó a menudo la oficina de recursos humanos para solicitar atención médica, así como para reportar heridas. Cuando los trabajadores quieren atención médica para sus lesiones, Michael describió como la compañía trata de que los trabajadores resuelvan su demanda por 2.500 dólares. Cabe notar que el CEO de Amazon, Jeff Bezos, ha ganado en promedio 2.950 dólares por segundo este año.

Cada historia de lesiones que los trabajadores han compartido con la Voz Internacional de los Trabajadores de Amazon cuando se preparó este artículo —junto con muchos comentarios en las redes sociales en respuesta a nuestra cobertura— tienen un hilo en común: la respuesta de la gerencia. Después de lesionarse, los trabajadores son sometidos a sesiones de interrogación, sin tener un abogado presente, mientras que los gerentes buscan intimidar y manipular a los trabajadores para que admitan que supuestamente tenían condiciones preexistentes, renuncien a sus derechos, “negocien” sus demandas hasta aceptar montos mínimos y firmen acuerdos de confidencialidad que amordazan a los trabajadores para que no digan nada. “Hay tanta gente que firma ese pedazo de papel y no dice nada, sin decir nada sobre ser presionados al firmarlo”, dijo Michael.

Mientras que estaba en la oficina de recursos humanos, Michael habló con un inmigrante joven somalí que se había lesionado la espalda. Describió como los representantes de recursos humanos protegieron a la empresa de cualquier responsabilidad al convencer al inmigrante para que cambiara su historia “diciendo que antes hacía deportes, y estaban hablando amablemente y después dijeron ‘Bueno, estoy seguro de que te heriste tu espalda antes jugando fútbol o algo así’. Y él dijo que no”.

La interrogación continuó: “Pero siguieron con las mismas preguntas, y eventualmente dijo ‘Bueno sí, igual me lastimé jugando fútbol’, y se podía ver que solo estaba acordando con ellos. Por su estado migratorio, dice Michael “Él estaba asustado. Pienso que estaba en el país solo, y necesitaba un trabajo y estaba preocupado por su visa, entonces firmó el papel”. El joven después fue despedido del almacén: “Justo cuando firmó el papel, ellos dijeron ‘¿Nos entregas tu identificación? Y eso fue lo último de él. Se llevaron su identificación, le dijeron que estarían en contacto y lo acompañaron a la puerta”. Hablando sobre las solicitudes de los trabajadores para encargos ligeros, Chardé dijo, “Cuando el doctor te da un aviso y dice que te deberían dejar tareas fáciles, ellos no lo quieren hacer. Quieren poder usarte como un trabajador en donde quieran. No les importa”.

Chardé fue intimidada por la dirección cuando se embarazó, un hecho que trató de mantener secreto. Previamente, había tenido conflictos con la gerencia y recursos humanos después de que reportó que un guardador masculino, alentado por el comportamiento de Trump durante las elecciones de 2016, estaba acosándola sexualmente a ella y a otras compañeras.

Un supervisor del piso trató de ayudar a Chardé para que pudiera usar parte de su descanso cuando sufrió de náuseas matutinas, y “mucha gente me dijo que mejor no dijera nada”. Cuando se enteró la gerencia, cambiaron su título de “solucionadora de problemas”, lo cual implica caminar por el almacén y monitorear el inventario, el ritmo, y artículos dañados, a una guardadora y operadora de maquinaria, una posición mucho más peligrosa y exigente. Chardé trabajó en esta nueva posición por semanas, mientras tanto solicitándoles a la gerencia y recursos humanos para que le asignaran otro puesto. Les preguntó, “¿Por qué estoy haciendo esto? ¿Por qué es esta mi función? Y cuando voy con mis supervisores me dicen que hable con recursos humanos”.

Le dio miedo resultar lesionada. “Estoy 40 pies en el aire, levantando cajas de 50 libras, y colocándolas en contenedores. Y viene siendo abril, y luego mayo, y ya tengo dos o tres meses de embarazo. Pienso, no puedo hacer esto —también se tiene que usar un arnés que va alrededor del abdomen, y podría matar a mi bebé si me caigo o pasa algo”.

Luego fue a hablar con recursos humanos, y la presionaron para que aceptara una baja médica sin paga. “Recursos humanos me decía, ¿Ah, quieres irte a tu casa? Y sacaron un paquete que decía ‘Puedes tomar una baja médica y estar embarazada’. Una señora me dijo que firmara un papel para tomar una baja médica y que me fuera. Yo dije que en ninguna parte de mi contrato firmado dice que si me embarazaba o tenía que ser solucionadora de problemas que debería tomar una baja médica, o que no podía estar embarazada o que no podía lastimarme”.

Después de que presentó una solicitud a recursos humanos para cambiar su función de trabajo, fue asignada a quitar cinta adhesiva de seguridad del piso del almacén. Después de una semana de quitar cinta, ella pidió cuatro horas de vacaciones para ir a una cita médica para averiguar el sexo de su bebé. Cuando regresó de su cita, supo que la dirección la había acusado de faltar al trabajo: “Me estaban llamando, diciendo que ni había avisado ni había llamado. Y luego me dijeron que estaba en violación de mi contrato porque debía horas”.

Después de eso: “Recibí mi carta de despido. Y después ni siquiera querían enviarme mi último cheque”.

Alex, en DFW-7, quedó lesionada cuando un asistente del gerente le pegó con un montacargas de paletas. “Ella me pegó con la fuerza de una paleta llena de cosas, y las paletas pueden llegar a pesar de 300 a 600 libras, y todo ese peso llegó a mi hombro, me dolió”.

Después de que Amcare la regresó al trabajo, trabajó hasta que no pudo soportar el dolor, y presionó a recursos humanos para que revisaran el vídeo del incidente, y se rehusaron. Alex tuvo que tomar una semana sin paga para recibir atención médica por su hombro, el cual resultó ser un nervio pinzado. La violación de seguridad del asistente del gerente nunca fue investigada. “Nos lastiman y luego no nos quieren pagar. Mi hombro nunca ha sido el mismo”, dijo Alex. Como lo puso Chardé, “cuando alguien se lesiona”, tienen tres opciones: “dejar su trabajo, entregarse atado, o luchar hasta el final”. Los trabajadores que son lesionados y no aceptan la mísera oferta de Amazon como “vendidos” se enfrentan al laberinto kafkaesco a favor de las empresas de las cortes estadounidenses de indemnización por accidentes laborales, las cuales pueden retrasar demandas durante meses y años.

Jeff Smith, un extrabajador de Amazon que se lesionó en TPA-2 en Florida, describió la presión para aceptar un acuerdo extrajudicialmente por centavos sobre el dólar. “Tengo una esposa, un hijo de tres años y medio y otro que nacerá en octubre y no podemos vivir sin un ingreso...Todavía tengo problemas encontrando un nuevo puesto porque me sigo recuperando”.

Michael es uno de los pocos trabajadores que lleva su demanda a la corte de indemnización por accidentes laborales. Lo lesionaron en 2015, pero su reclamo de seguros fue rechazado a pesar de que cada doctor acordó que sus lesiones en las rodillas estaban vinculadas a su trabajo. Todavía no ha pasado el juicio. “Te quieren dar un 5 por ciento de una cifra incorrecta, te quieren dar el precio más bajo que puedan encontrar, y no te quieren dar los sueldos perdidos. Amazon es un infierno y se van con la suya por el sistema de indemnización laboral”.

En Fall River, Chardé dijo que el chiste sobre BOS-7 es que “todos en Fall River van a haber trabajado en Amazon para cuando termine el año”. Cuando BOS-7 abrió sus puertas, Chardé recién había sido contratada como “solucionadora de problemas”. Como parte de su empleo, tenía acceso a un sistema que cataloga y monitorea el ritmo de cada trabajador, así como su papel y su estatus en el almacén. Los solucionadores de problemas “se encargan de que la gente que ha sido despedida no tenga acceso a sus credenciales o computadoras”.

Para dirigir a los solucionadores de problemas para que borren las credenciales de los trabajadores despedidos, la gerencia le “enviaba correos diarios” a Chardé, “y había casi 800 personas en una lista, y estoy hablando de una vez al mes”. Amazon compensa por estos despidos con una nueva ronda de contrataciones, colocando anuncios para empleados, según Chardé, tan lejos como Providence, Rhode Island.

El almacén BOS-7 abrió sus puertas en septiembre de 2016. Estuvieron presentes el alcalde de Fall River, al igual que Charlie Baker, el gobernador de Massachusetts, y la “progresista” Elizabeth Warren. Sus discursos, al igual que los de la dirección del almacén, celebraron el número de empleos que Amazon había traído a la zona, y fueron reportados sin crítica por el Boston Globe. Escuchando los discursos, Chardé pensó, “El gobernador y senador están de pie sonriendo, ¿por qué no dicen la verdad y admiten que despidieron a 800 personas?”.

El año siguiente, cuando el New York Times y el Partido Demócrata comenzaron la campaña #MeToo, Chardé describió como le quería escribir a Elizabeth Warren para decir, “Es mucha palabrería. Están allí sonriendo y saludando frente a las cámaras, y mientras tanto a mí me estaban acosando sexualmente en este lugar”.

“Quiero que Trump salga de su puesto en noviembre, ¿pero realmente quiero votar por los demócratas? Son cómplices, también han causado estos problemas”.

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