La guerra comercial entre los EUA y China se intensifica

por Nick Beams
6 abril 2018

La guerra comercial en desarrollo entre los Estados Unidos y China aumentó significativamente esta semana con la imposición por parte de cada país de aranceles sobre productos valorados en $50 mil millones.

La primera medida llegó el martes por la tarde cuando la administración Trump anunció una lista de 1.333 bienes que podrían estar sujetos a la imposición de un arancel del 25 por ciento. Horas después, China respondió con una lista de 106 productos, principalmente productos agrícolas, que estarían sujetos a la misma tarifa si los EUA siguieran adelante.

El impacto más significativo será en la exportación de soja a China, por un valor de $12,3 mil millones el año pasado, poco menos de la décima parte de las exportaciones totales de Estados Unidos a China. En general, las medidas propuestas por Beijing apuntan a alrededor de un tercio de todas las exportaciones estadounidenses a China.

El Ministerio de Finanzas de China emitió una declaración en el sentido de que las medidas estadounidenses “han violado seriamente las reglas de la Organización Mundial del Comercio y han violado seriamente los derechos legales de China”.

En una conferencia de prensa, el viceministro de comercio chino, Wang Shouwen, dijo que China no quería una guerra comercial porque nadie ganaría. “Pero si alguien insiste en librar una guerra comercial, allí estaremos”, agregó.

Bajo las medidas de Trump, las empresas de los EUA tendrán hasta el 22 de mayo para presentar el plan, después de lo cual la administración tiene 180 días para decidir qué medida tomar.

Ayer, los funcionarios de la administración Trump salieron al aire para plantear la posibilidad de negociaciones. En un claro intento de calmar los mercados financieros, el secretario de comercio, Wilbur Ross, apareció en el canal comercial CNBC antes de abrir operaciones para afirmar que las medidas chinas no deberían haber sorprendido a nadie y que Estados Unidos no estaba entrando en la “Tercera Guerra Mundial”, dejando abierto el prospecto de negociaciones.

“Incluso las guerras a tiros terminan con negociaciones”, dijo.

Larry Kudlow, nombrado recientemente como asesor económico principal de Trump, tomó la misma línea y le dijo a Fox Business: “Estas son solo las primeras propuestas ... Dudo que haya acciones concretas durante varios meses”.

El secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, emitió una declaración en el sentido de que la administración “continuará entablando conversaciones con China para abordar estos temas de comercio recíproco”.

Además de las preocupaciones sobre las reacciones inmediatas del mercado, un objetivo de las intervenciones de los medios por parte de los miembros de la administración fue contrarrestar la oposición dentro de los círculos políticos y empresariales estadounidenses. Secciones del Partido Republicano se oponen a las medidas, lo que refleja las preocupaciones dentro de las grandes corporaciones sobre el impacto de la represalia china.

El presidente de la Asociación Estadounidense de la Soja, John Heisdorffer, dijo que el arancel chino “tendría un efecto devastador en cada agricultor de soja en los EUA”. Llamó a Trump a “involucrar a los chinos de una manera constructiva, no punitiva”.

El presidente de la Asociación Nacional de Fabricantes, Jay Timons, dijo que las prácticas comerciales desleales de China dañan la competitividad de Estados Unidos, pero que las tarifas crearían “nuevos desafíos” en la forma de mayores costos y represalias, y pidió a Trump que busque un acuerdo bilateral con China “que reestructure por completo nuestra relación económica”.

La Asociación de Fabricantes de Equipos dijo estar “muy preocupada” por el deterioro de la relación entre los EUA y China, aunque tenía que haber esfuerzos para crear un sistema más justo, “imponer impuestos al equipo utilizado por los trabajadores de la construcción y los agricultores en todo el país no es la forma de lograr esos fines”.

Trump, sin embargo, ha continuado su retórica belicosa, declarando en un tuit: “No estamos en una guerra comercial con China, esa guerra se perdió hace muchos años por las personas tontas o incompetentes que representaban a los Estados Unidos. Ahora tenemos un déficit comercial de $500 mil millones al año, con el robo de propiedad intelectual de otros $300 mil millones. ¡No podemos permitir que esto continúe!”.

Los comentarios de los funcionarios de la administración parecían tener el efecto deseado de evitar una liquidación inmediata en el mercado, con el Dow tambaleándose desde una apertura de más de 500 puntos hacia abajo para terminar el día con 200 al alza, la última de una serie de grandes oscilaciones intradía que reflejan la inestabilidad subyacente de los mercados financieros.

Sin embargo, otra cuestión es si un conflicto total puede evitarse mediante conversaciones y negociaciones.

Según señaló el Financial Times en un comentario editorial preocupado, la “buena noticia” fue que ambas partes todavía tienen tiempo de dar marcha atrás. La “mala noticia” fue que “de acuerdo con el equipo de negociación de Donald Trump, las dos partes ya estaban en la mesa de negociaciones, y supuestamente avanzando, antes de que se anunciaran las últimas escaladas”.

La amenaza de una guerra comercial intensa y cada vez más profunda surge de la naturaleza del conflicto. Mientras Trump ataca el déficit de los EUA con China, inflando regularmente la cifra de $375 mil millones a $500 mil millones, la fuerza motriz de la acción estadounidense es el intento de evitar que China desarrolle sus capacidades en sectores de alta tecnología, incluyendo comunicaciones, robótica, aviones y productos farmacéuticos.

Bajo su programa “Made in China 2025”, iniciado por el presidente Xi Jinping a fines de 2015, China ha anunciado su intención de convertirse en una “nación de innovación” para 2020, un “líder de innovación para 2030” y la “potencia mundial de científicos e innovación tecnológica para 2050”.

Las palabras están respaldadas por la acción, con cientos de miles de millones de dólares dedicados a la investigación y el desarrollo de alta tecnología en China, lo que generó temores en Estados Unidos de que su dominio tecnológico pudiera ser eclipsado.

Los objetivos arancelarios de los Estados Unidos reflejan estas preocupaciones. No están dirigidos principalmente a los bienes de relativamente baja tecnología importados en los Estados Unidos, que son los principales contribuyentes al déficit. Estas importaciones son en gran parte el resultado de las cadenas de suministro globales establecidas por las corporaciones de los EUA. Con el fin de aprovechar el trabajo chino tradicional. Las exportaciones chinas todavía se concentran en sectores tales como productos electrónicos de consumo y electrodomésticos, ropa, calzado, muebles y juguetes. El iPhone de Apple, por ejemplo, no se verá afectado.

Este punto fue subrayado por Ross en su entrevista en la CNBC. Dijo que los aranceles estaban dirigidos a aquellos productos en los que Estados Unidos no era “terriblemente dependiente” de China. Las medidas se centraron en proteger los derechos de propiedad intelectual, que Estados Unidos acusó a China de infringir a través de las llamadas transferencias de tecnología por parte de compañías que invierten en China, así como por el robo explícito.

Había que proteger la propiedad intelectual, dijo Ross, porque era “la clave de nuestro futuro”. Las reglas de la Organización Mundial del Comercio no trataban la propiedad intelectual y los chinos tenían que dejar de robarla, agregó.

Este tema estuvo en el centro de un comentario publicado en el Financial Times a principios de esta semana, antes de que se anunciaran las últimas medidas estadounidenses, por Richard Staropoli, el ex oficial jefe de información del Departamento de Seguridad Nacional de los EUA. Escribió que los nuevos aranceles no se destinarían a objetivos de “vieja economía” como el acero y el aluminio, que fueron objeto de nuevas tarifas el mes pasado, pero afectarían explícitamente a la tecnología china.

Él escribió: “La nueva ronda apuntará directamente al programa ‘Made in China 2025’ de Beijing, que Estados Unidos ve como una amenaza directa a la hegemonía estadounidense ... Estamos en una nueva guerra fría con Beijing para retener el control de la tecnología crítica para la economía moderna”.

La economía no es la única preocupación. Los avances en la tecnología de la información y las comunicaciones tienen implicaciones militares de gran alcance, incluso más que el acero, al cual Trump impuso aranceles el mes pasado, invocando la seguridad nacional y la preparación militar como justificación.

Staropoli señaló que en la tecnología de teléfonos 5G, los fabricantes de equipos chinos estaban tomando el “centro de atención”, en “marcado contraste” con un período anterior “en el que la tecnología subyacente se originaba casi exclusivamente en Europa y en los EUA”.

Si bien es imposible de predecir el resultado de los acontecimientos inmediatos en medio de los movimientos y contraataques continuos, la tendencia básica del desarrollo es clara. El sistema económico y comercial internacional posterior a la Segunda Guerra Mundial, creado por los Estados Unidos, está siendo destrozado y el mundo está descendiendo rápidamente hacia una guerra comercial a una escala potencialmente más desastrosa que la de la década de 1930, que produjo un caos económico y llevó finalmente a la Segunda Guerra Mundial.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 5 de abril de 2018)