Trump designa a un torturador para dirigir la CIA

por Bill Van Auken
15 marzo 2018

Al sustituir el martes al secretario de Estado estadounidense Rex Tillerson por el director de la CIA, Mike Pompeo, el presidente estadounidense Donald Trump recurrió a Gina Haspel, una veterana de más de 30 años en la CIA, para dirigir la principal agencia de espionaje estadounidense. Al hacerlo, intenta volver a colocar a la CIA bajo el liderazgo de un individuo que está directamente implicado en los crímenes de tortura y desaparición forzada, así como en la destrucción de la evidencia de estos crímenes.

Trump declaró la nominación de Haspel como un “hito histórico” porque sería la primera mujer en encabezar una agencia que hace mucho tiempo se ganó el epíteto de “Murder Inc.” [Asesinato S. A.].

Haspel, de 61 años, se unió a la CIA en 1985. Entre los cargos que ocupó en la agencia figura el de jefa de estación en varias capitales mundiales, gerente del Centro de Contraterrorismo y, bajo la administración Obama, subdirectora interina del Servicio Nacional Clandestino, que lleva a cabo operaciones encubiertas en todo el mundo. Sin embargo, el director de la CIA, John Brennan, la sacó del puesto. El hecho de que Haspel fuera considerada dentro de los principales círculos del gobierno como comprometida por su historial de torturas fue un factor probable en ese movimiento de personal.

Su ascenso dentro de la agencia estuvo ligado a su participación en los métodos criminales adoptados por la CIA a raíz de los ataques del 11 de septiembre de 2001, cuando miles de personas fueron detenidas ilegalmente, desaparecieron por la fuerza y fueron sometidas a horribles formas de tortura.

Haspel dirigió una de las primeras cárceles secretas establecidas por la CIA, donde presuntos sospechosos de Al Qaeda fueron incluidos en el programa de “extradición extraordinaria” de secuestro y transferencia extrajudicial de personas a terceros países para ser interrogados y torturados.

Haspel supervisó las operaciones en la prisión secreta “Ojo de Gato” en Tailandia, donde Abu Zubaydah y Abd el-Rahim al-Nashiri fueron secuestrados después de ser secuestrados por agentes de la CIA.

Los registros secretos de esta tortura fueron divulgados el año pasado como resultado de una demanda de la Ley de Libertad de Información presentada por la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU) contra la CIA. Revelan que los prisioneros fueron sometidos a un confinamiento prolongado en cajas, de apenas 21 pulgadas de ancho, 2,5 pies de profundidad y 2,5 pies de alto; walling, o que les golpeen repetidas veces la espalda y la cabeza contra una pared; y el submarino, una técnica en la cual el agua se vierte a través de un paño colocado sobre la boca y la nariz de la víctima, lo que provoca ahogamiento.

Zubaydah fue sometido al submarino 83 veces. Mientras estuvo bajo la custodia de la CIA, perdió el ojo izquierdo.

Haspel ordenó y supervisó estos actos de tortura incluso en condiciones en las que sabía que eran ilegales y sospechaba que sus víctimas no tenían información para entregar a la CIA, aunque quisieran.

Dieciséis años después, Abu Zubaydah y Abd el-Rahim al-Nashiri están detenidos en el campo de prisioneros de la Bahía de Guantánamo en Cuba. Un experto en psicología describió a al-Nashiri como “una de las víctimas de la tortura más dañadas” que haya examinado.

Uno de los abogados de Zubaydah escribió sobre su cliente hace nueve años que “está perdiendo el entendimiento. Hoy, sufre cefaleas cegadoras y tiene daño cerebral permanente. Él tiene una sensibilidad insoportable a los sonidos, y oye lo que otros no oyen. El mínimo ruido lo vuelve loco. Solo en los últimos dos años, ha experimentado aproximadamente 200 convulsiones. Ya no puede imaginarse la cara de su madre ni recordar el nombre de su padre. Poco a poco, su pasado, como su futuro, se le escapa”.

Haspel también jugó un papel central en la destrucción ilegal de cintas de vídeo hechas por la CIA de las sesiones de tortura que supervisó. En 2005, se desempeñó como jefa de gabinete de José Rodríguez, entonces el jefe del servicio clandestino de la agencia, quien ordenó la destrucción de las cintas. Según informes, fue una de las defensoras más fuertes de la destrucción de las cintas de vídeo, lo que la involucró directamente, y fue la única persona citada en el memorando en la estación de Tailandia para destruir la evidencia.

El gobierno de Obama trató de encubrir estos crímenes, ordenando que el informe completo sobre la tortura de la CIA permaneciera sellado hasta 2028, oponiéndose a todos los procesamientos de crímenes llevados a cabo por Haspel y sus secuaces y a investigar tanto la tortura como la destrucción de pruebas.

Bajo Trump, Haspel fue nombrada subdirectora de Pompeo, quien, como el presidente republicano, había hecho declaraciones públicas apoyando el submarino y las formas de tortura. Durante los debates primarios republicanos, Trump declaró: “Yo traería algo muchísimo peor que el submarino” y afirmó que los oficiales militares le habían dicho que “la tortura funciona”.

La propuesta de elevar a Haspel al cargo de director de la CIA es un indicio inconfundible de la criminalidad del gobierno de los EUA y de la creciente dominación de cada aspecto de sus actividades por parte de las agencias de inteligencia de los EUA y el ejército.

La nominación de Haspel ha sido duramente condenada por las organizaciones de libertades civiles. La ACLU exigió el martes que la CIA “desclasifique y divulgue todos los aspectos de los antecedentes de tortura de Haspel” antes de que se considere su nominación.

El Centro para los Derechos Constitucionales dijo en un comunicado que “Gina Haspel debería ser procesada y no ascendida”.

Sin embargo, no hubo tal protesta por parte de los líderes demócratas. El líder demócrata del Senado Chuck Schumer de Nueva York, quien se unió a una docena de demócratas para votar para confirmar la nominación de Pompeo como director de la CIA, anunció el martes que no pedía a los demócratas que se opongan a que Haspel sea instalado en la misma posición.

La senadora Dianne Feinstein, la demócrata de California que, como ex presidenta del Comité de Inteligencia del Senado, supervisó su investigación sobre el programa de ejecución y torturas de la CIA, expresó su apoyo a Haspel.

“Desde que me preocupo por la situación de la tortura, me he reunido con ella extensamente, hablé con ella”, dijo Feinstein al New York Times. “Ha sido, creo, una buena subdirectora. Ella parece tener la confianza de la agencia, lo cual es bueno”.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 14 de marzo de 2018)