Crisis de volatilidad en Wall Street al final una la semana turbulenta

por Nick Beams
12 febrero 2018

El mercado bursátil estadounidense cerró ayer, con el índice Dow Jones subiendo 330 puntos en un día de cambios desenfrenados al final de la semana más turbulenta desde la crisis financiera mundial que se iniciara en 2008.

En una indicación de los giros del mercado, el canal comercial CNBC calculó que el Dow se movió un total de 22.000 puntos arriba y abajo durante la semana, dentro de un rango de 2.000 puntos. Los movimientos en los precios que normalmente tendrían lugar durante horas o días ocurrieron en cuestión de minutos o incluso segundos.

El comercio de ayer fue otra expresión de esta volatilidad. El Dow abrió arriba 300 puntos antes de caer 500 puntos durante la tarde y luego volver a subir, una fluctuación de más de 800 puntos durante el día.

En un momento dado, el índice S&P 500, que tiene una base más amplia, enfrentó una pérdida del 8.3 por ciento en la semana, lo que la habría convertido en la peor semana desde noviembre de 2008, en medio de la crisis financiera. El rally al final del día redujo sus pérdidas para la semana a alrededor del 5 por ciento.

La venta masiva y los cambios bruscos en Wall Street tuvieron importantes efectos internacionales. Las acciones europeas cayeron el viernes por noveno día de los últimos 10 días. El índice Eurofirst cayó un 1.9 por ciento en el día, llevando sus pérdidas de la semana al 7.2 por ciento, la mayor caída desde la crisis financiera de la eurozona en 2011.

En Asia, el índice Hang Seng de Hong Kong cerró con una baja del 9.5 por ciento en la semana, su peor resultado en casi una década y el índice Topix de Japón cayó un 7 por ciento —su mayor caída semanal en casi dos años—.

En el transcurso de cinco días, se perdió un valor estimado de US$ 5.2 billones del valor de los mercados de acciones globales.

El desencadenante de la venta masiva fue el regreso de la volatilidad del mercado el viernes pasado con el anuncio de un pequeño aumento en los salarios de los EE. UU., un aumento del 2.9 por ciento en el año. Esto se cruzó con un movimiento alcista en las tasas de interés del bono del Tesoro estadounidense a 10 años a más del 2.8 por ciento. Esto se interpretó como una señal de que la era del dinero ultra barato, creada por las políticas de flexibilización cuantitativa de los principales bancos centrales del mundo, podría estar llegando a su fin.

El regreso de la volatilidad a los mercados tuvo un impacto inmediato el lunes cuando dio lugar a una caída en los llamados productos negociados en bolsa que permitieron a los inversores hacer apuestas sobre los niveles bajos continuos de la volatilidad, o índice VIX. Durante el transcurso de 2017, se estima que el valor de estos productos financieros se duplicó.

La caída del lunes —cuando el Dow cayó 1.157 puntos, su mayor caída de un día en la historia— obligó a dos grandes bancos a cerrar dos de esos productos. Credit Suisse anunció el martes que comenzaría a canjear anticipadamente un producto que había creado, una vez valorado en US$ 2.2 mil millones. El banco japonés Nomura dijo que cerraría un producto similar.

El Financial Times señaló que el colapso de los dos productos “y el papel central de dos bancos importantes... le dio un matiz pesimista a una industria financiera que ha sufrido en el pasado por la creación de productos financieros complejos que dañan tanto a los clientes como a la economía en su totalidad”.

Esta fue una referencia bastante discreta a la creación por los bancos y la industria financiera de una serie de derivados complejos que jugaron un papel importante en la precipitación de la crisis de 2008.

Tan pronto como estos mecanismos explotaron en 2008, sin embargo, desencadenando una crisis financiera y la recesión más profunda desde la Gran Depresión, los bancos y las casas de finanzas comenzaron a crear otras nuevas.

Otro artículo del Financial Times esta semana señaló los comentarios de Sandy Rattray, una de los involucradas en el diseño de una fórmula para vincular los contratos a los movimientos en el VIX. Dijo que el índice había creado un sistema circular en los mercados financieros, “pasar de ser una medida de algo a ser algo que influye en aquello que está tratando de observar”.

Las ventas causadas por un aumento en el VIX desencadenaron más ventas, generalmente a través de programas comerciales generados por computadora. En otras palabras, al ser un indicador de riesgo, el índice creó más riesgo para los modelos comerciales que dependían de él.

Rattray afirmó que había decidido que cualquier modelo basado en el uso del índice era demasiado arriesgado para ser utilizado.

Pero otros, incluidos algunos de los principales bancos y casas de finanzas del mundo, como Barclays, Citigroup, Credit Suisse, UBS y Nomura, colocaron una serie de productos que permitieron hacer tales apuestas. El número de contratos en productos comerciales vinculados a futuros y opciones de VIX aumentó de menos de 20.000 en 2009, cuando se lanzaron por primera vez, a más de un millón en 2016.

Si bien el creciente uso de productos arcanos basados en VIX puede haber sido el desencadenante de las caídas, no fue la causa subyacente.

La peor semana en los mercados financieros desde 2008 representa un punto de inflexión, el resultado del temor creciente de que la afluencia de dinero ultrabarato de una década, utilizado para financiar toda una serie de actividades especulativas, haya terminado.

Esto se indica por el aumento en los rendimientos del mercado de bonos que comenzó antes de la venta masiva de Wall Street y continuó, en medio de las fluctuaciones, a lo largo de la semana.

Desde su punto más bajo en marzo de 2009, el aumento y crecimiento del mercado bursátil se han visto sostenidos por la “posición de la Reserva Federal”, la creencia de que la Reserva Federal de los Estados Unidos intervendría y no permitiría una caída importante.

Sin embargo, existen límites para esa política, determinados por relaciones de clase fundamentales. Si bien ha intervenido para apoyar al mercado, la Fed también está dispuesta a aumentar las tasas de interés para contrarrestar cualquier movimiento significativo de la clase trabajadora contra la represión de los salarios durante décadas. Es por eso que el alza mayor a la esperada en los salarios en EYA anunciada el viernes pasado jugó un papel tan central en provocar la agitación del mercado.

El impacto del aumento de las tasas de interés irá más allá de los mercados financieros. Desde 2008, el crecimiento limitado que ha tenido lugar en Estados Unidos, y la economía global de manera más amplia, se ha mantenido gracias a las bajas tasas. En la última década, la relación global entre la deuda global y el producto económico mundial aumentó en aproximadamente un 40 por ciento.

Si las tasas de interés comienzan a subir, incluso en una cantidad relativamente pequeña, eso tendrá un gran impacto en la economía real, golpeando a una gran cantidad de compañías, etiquetadas como “empresas zombie”, tanto en Estados Unidos como en Europa que ya están luchando para cubrir sus intereses.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 10 de febrero de 2018)