Audiencias ante Congreso estadounidense sobre “contenidos extremistas” sentarán bases para mayores ataques contra libertad de expresión

1 noviembre 2017

Hace tres meses, el World Socialist Web Site publicó su primera revelación que documentaba que Google había colocado al WSWS y a otros sitios izquierdistas en una lista negra. Además, advirtió que las acciones de Google eran parte de una campaña más amplia coordinada por el Gobierno estadounidense, la prensa y las agencias de inteligencia para censurar al Internet.

Desde entonces, dicha campaña se ha desarrollado a una velocidad extraordinaria, con el Partido Demócrata y algunos de los principales medios de comunicación utilizando acusaciones infundadas sobre “ciberataques” rusos contra las elecciones del año pasado para legitimar la criminalización de la oposición política en Estados Unidos. Lo que estamos presenciando no es nada menos que el mayor ataque a la Primera Enmienda de la Constitución de EUA desde la Segunda Guerra Mundial.

Esta campaña alcanzará un nuevo hito con el testimonio de los funcionarios de Facebook, Twitter y Google ante la comisión de asuntos judiciales del Senado el martes y ante las comisiones de inteligencia de la Cámara de Representantes y el Senado el miércoles. El tema en cuestión son sus planes para lidiar con los “contenidos extremistas y la desinformación rusa en línea”.

Durante los últimos tres meses, los líderes demócratas de los comités de inteligencia del Senado y la Cámara de Representantes, Mark Warner y Adam Schiff, en colaboración con las agencias de inteligencia estadounidenses y la prensa, fabricaron una narrativa absurda de que unos $100 000 en anuncios rusos en las redes sociales, principalmente en noviembre del año pasado, contribuyeron a cambiar el resultado de las elecciones a favor de Donald Trump.

Tras obligar a las empresas tecnológicas a componer listas de las cuentas “asociadas con Rusia”, los legisladores se enfocarán ahora en su principal objetivo: lo que llaman “el contenido orgánico”, refiriéndose a la expresión y los diálogos políticos en el Internet.

Según The Hill, Warner y Schiff instarán a las empresas de redes sociales a admitir que, “Rusia creó ‘contenido orgánico’… para dividir e influenciar a los estadounidenses”.

“Quizás, algo más importante sea el contenido que estaban publicando que no eran anuncios”, le dijo Schiff al periódico esta semana. “Creo que probablemente eso opacará lo que hemos visto con los anuncios pagados”.

De acuerdo a un testimonio preparado que obtuvieron los medios de comunicación el lunes por la tarde, Facebook expandió su lista de actividades en línea “asociadas con Rusia” para incluir el llamado “contenido orgánico”, declarando que decenas de miles de publicaciones “incendiarias”, de cuentas “falsas” conectadas a Rusia, alcanzaron a 126 millones de usuarios estadounidenses.

Tal “contenido divisivo” sin duda incluye publicaciones de artículos de fuentes izquierdistas y de oposición, colocando a estos medios plenamente en la mira de los investigadores del Congreso. Como lo recalcó el diario New York Times este mes, ciertos contenidos “grabados, publicados o escritos por estadounidenses… terminaron alimentando a una serie de páginas de Facebook asociadas con una misteriosa compañía rusa que ha realizado campañas de propaganda para el Kremlin”.

En otro acontecimiento extraordinario el viernes pasado, Dianne Feinstein, la demócrata de rango de la comisión de asuntos judiciales del Senado, le envió una carta al CEO de Twitter demandándole que la compañía les comparta información que pueda identificar a las personas detrás de este “contenido orgánico” publicado por usuarios de Twitter. La carta pide específicamente “todo el contenido orgánico publicado por usuarios conectados a Rusia y dirigido a cualquier parte de Estados Unidos, independientemente de que el individuo o la entidad haya violado cualquier norma de Twitter”. La definición que dan de “usuarios conectados con Rusia” es extremadamente vaga: “una persona o entidad que esté conectada de cualquier manera a Rusia”.

La carta exige que, en relación con todo “el contenido orgánico descrito arriba, Twitter provea toda la información del subscriptor”, incluyendo “la información de la dirección de IP”. Esto significa que se les está requiriendo a la compañía entregar nombres completos, números telefónicos, correos electrónicos y direcciones de IP, las cuales pueden entregarles las direcciones físicas exactas de los usuarios.

Tomando en cuenta el nuevo enfoque de los investigadores legislativos en los contenidos “grabados, publicados o escritos por estadounidenses”, y divulgados por cuentas “asociadas con Rusia”, sería razonable inferir que el “contenido orgánico” al que se refiere Feinstein incluye aquel publicado por sitios web izquierdistas y sus respectivas cuentas de redes sociales. En ese caso, lo que Feinstein está demandando son listas de nombres, números telefónicos y direcciones físicas de oponentes destacados de la política oficial estadounidense.

Algo igual de problemático en la carta de Feinstein es que solicita “todo el contenido de cada Mensaje Directo [privado]” entre una cierta lista no revelada de cuentas de Twitter y las cuentas que pertenecen a WikiLeaks, Julian Assange y a la abogada de derechos civiles, Margaret Ratner Kunstler.

Kunstler, según su biografía personal, ha representado a “simpatizantes de WikiLeaks y Bradley [Chelsea] Manning en conexión con citaciones judiciales, encuentros con el FBI… y supresión gubernamental”.

La extraordinaria solicitud de la comisión de asuntos judiciales del Senado de que una empresa entregue la correspondencia privada de una abogada constituye una violación inequívoca de las protecciones de la relación entre cliente y abogado, sin hablar de su efecto inhibitorio respecto a los derechos de la Primera Enmienda.

Este enfoque de Feinstein en Assange, WikiLeaks y el llamado “contenido orgánico”, deja en claro que el verdadero blanco de la caza de brujas en marcha no son los presuntos agentes extranjeros, sino la oposición política en Estados Unidos.

Un reporte publicado el lunes en el Wall Street Journal confirma estos objetivos. Nuevamente sin ofrecer ninguna corroboración factual, indica que cuentas “asociadas con Rusia” ayudaron a organizar reuniones y demonstraciones, incluyendo protestas contra la violencia policial”. El Journal escribe: “Al menos sesenta mítines, protestas y marchas fueron anunciadas o financiadas por cuentas rusas”. Estas acusaciones expanden aún más la mira de la caza de brujas antirrusa para incluir no sólo la libertad de expresión, sino también la libertad de reunión, igualmente incorporada en la Primera Enmienda.

Esto va en línea con un artículo publicado esta semana por la agencia de noticias McClatchy, titulado “Se califica cada vez más a los protestantes como amenazas terroristas nacionales, preocupando a expertos”, donde se reporta que el FBI ha creado una categoría de agrupaciones “terroristas nacionales” llamada “extremistas de la identidad negra”, que podría incluir a participantes de las manifestaciones contra la violencia policial.

La relación de Google, la mayor y más poderosa compañía tecnológica, con la caza de brujas del Congreso ha sido mucho más sutil que la de Facebook y Twitter. Como lo indica el Financial Times, la compañía ha mantenido “un perfil bajo, reuniéndose silenciosamente y en privado con la comisión de inteligencia” y “aplicando” sigilosamente cambios en sus algoritmos de búsqueda.

De esta manera, la compañía ha tomado acciones más fulminantes que todos sus socios. En abril, Google anunció que implementaría modificaciones para promover “contenido de autoridad” por encima de “los puntos de vista alternativos”. Esto le ha asestado una caída de más del 55 por ciento al tráfico a páginas web izquierdistas proveniente de búsquedas en Google. El World Socialist Web Site ha sido un blanco especial, perdiendo el 74 por ciento de visitas provenientes de Google.

Mientras que el Gobierno de Trump procura cultivar un movimiento político autoritario y ultraderechista, la oposición oficial dentro del Estado es liderada por el Partido Demócrata y se ha centrado en avanzar una campaña histérica, militarista y basada en acusaciones infundadas de que Rusia interfirió en las elecciones estadounidenses del 2016. Tomando como referencia las cazas de brujas mccarthistas, su objetivo es asociar toda oposición política en Estados Unidos con los nefarios esfuerzos de “agitadores del exterior”, en este caso “agentes extranjeros”.

Este ataque generalizado contra la libertad de expresión, uno de los cimientos de la democracia, refleja el temor de la burguesía hacia el surgimiento de un movimiento independiente de la clase obrera contra el capitalismo. Independientemente de sus diferencias con Trump, la principal preocupación de los demócratas es prevenir que la ira social hacia los niveles de desigualdad y las guerras se salga de su control y tome forma de un movimiento socialista contra el capitalismo.

Esta organización y toda la élite gobernante en su conjunto le temen mucho más a la clase obrera internacional que a Rusia. Es por esto que el principal objetivo de los ataques de Google ha sido el WSWS.

¡Tenemos que sonar la alarma! El WSWS ha comenzado una contraofensiva agresiva. Nuestra petición contra la censura de Google ha sido firmada por miles de trabajadores en más de cien países alrededor del mundo. Sin embargo, la lucha sólo comienza.

Los trabajadores y jóvenes a nivel global tienen que ser alertados acerca de lo que ocurre. La lucha contra la censura y las listas negras y por la defensa de la libertad de expresión y del diálogo político tiene que ser llevada a cada sección de la clase obrera y conectada con la batalla contra la desigualdad social y la marcha hacia otra guerra mundial.

En el núcleo de la construcción de este movimiento se encuentra el desarrollo del World Socialist Web Site. Necesitamos el apoyo de nuestros lectores ahora más que nunca. Donen el día de hoy para ayudarle al WSWS a encarar la ofensiva del Gobierno estadounidense y de las compañías tecnológicas. ¡Involúcrense! ¡Emprendan la lucha por el socialismo!

Andre Damon