Más de 52 millones de estadounidenses viven en comunidades con dificultades económicas

por Sandy English
2 octubre 2017

Un nuevo análisis de los datos de la Oficina del Censo muestra que la llamada recuperación económica durante el gobierno de Obama fue una catástrofe absoluta para el 20 por ciento de la población estadounidense que vive en las zonas más pobres de Estados Unidos y que los incrementos de empleos e ingresos fueron abrumadoramente a las áreas más ricas del 20 por ciento superior.

El Informe de las Comunidades Afligidas de 2017”, publicado por el Grupo de Innovación Económica (GIE), analiza los datos del censo del período 2011-2015 de las personas que viven en cada uno de los casi 7.500 códigos postales estadounidenses, según varios criterios.

El Índice de Comunidades Afligidas (ICA) del GIE considera el porcentaje de población sin un diploma de colegio secundario, el porcentaje de viviendas vacantes, el porcentaje de adultos que trabajan, el porcentaje de población en la pobreza, el ratio de ingreso medio (el porcentaje de ingreso medio que un código postal tiene para su estado), el cambio en el empleo de 2011 a 2015, y el cambio en el número de negocios en el mismo período.

El informe divide las conclusiones de los códigos postales en cinco quintiles basados en estos indicadores, calificados de peor a mejor resultado: afligido, en riego, nivel medio, cómodo y próspero.

Los resultados muestran que las comunidades afligidas—52.3 millones de personas o 17 por ciento de la población estadounidense— experimentaron una caída promedio del 6 por ciento en el número de adultos que trabajan y un 6,3 por ciento de caída promedio en el número de establecimientos comerciales.

“Lejos de lograr incluso un crecimiento anémico de 2011 a 2015”, señala el informe, “las comunidades afligidas experimentaron en cambio lo que equivale a una profunda y continua recesión”.

Además, “un tercio de los aproximadamente 44 millones de estadounidenses que reciben PANS (Programa de Asistencia de Nutrición Suplementaria o cupones para alimentos) y otras prestaciones de asistencia pública en efectivo (como Asistencia Temporal para Familias Necesitadas (ATFN)) vive en comunidades afligidas”. El informe señala que la mayoría de las comunidades afligidas han visto cero crecimiento neto del empleo desde 2000.

Los residentes en estos códigos postales tienen cinco veces más probabilidades de morir que aquellos en códigos postales prósperos. Las muertes por cáncer, complicaciones de embarazo, suicidio y violencia son todavía más altas. “Los trastornos mentales y de abuso de sustancias son un 64 por ciento más altos en condados afligidos que en los prósperos, con grupos principales en Appalachia y comunidades nativas estadounidenses donde los índices superan cuatro o cinco veces el promedio nacional”, continúa el informe.

Otro hecho importante y alarmante que el informe destaca es que más de un tercio de los códigos postales afligidos contienen sitios denominados “brownfield”—áreas que están contaminadas de alguna manera. No sólo tienen repercusiones en el desarrollo inmobiliario y comercial, sino que presentan toda una serie de peligros para la salud de los estadounidenses más pobres.

Las comunidades afligidas se encuentran en todo Estados Unidos pero están concentradas en el sur: 43 por ciento de los códigos postales de Misisipi son afligidos, seguido por Alabama, Virginia Occidental, Arkansas y Luisiana. Según el informe, [el sur] “es hogar de un pasmoso 52 por ciento de todos los estadounidenses que viven en códigos postales afligidos—muy por encima de su proporción de 37,5 por ciento de la población total del país”.

Después de esto, la región del Suroeste y los Grandes Lagos tienen la proporción más grande. En el noreste, la mayoría de las comunidades afligidas tienden a encontrarse en áreas urbanas y en el sur, principalmente en áreas rurales.

Las ciudades más grandes con el mayor número de códigos postales afligidos son Cleveland, Ohio, Newark, Nueva Jersey, Búfalo, Nueva York, Detroit, Michigan y Toledo, Ohio. Las ciudades medianas con el número más alto de códigos postales afligidos incluyen a Youngstown, Ohio, Trenton, Nueva Jersey, Camden, Nueva Jersey, Gary, Indiana, Hartford, Connecticut y Flint, Michigan.

Los condados urbanos con el mayor número de códigos postales afligidos incluyen al condado de Cook en Illinois, con Chicago en su centro, el condado de Los Ángeles en California, el condado de Harris en Texas, con Houston en su centro, y el condado de Wayne en Michigan, que abarca Detroit. La mayoría de estas áreas urbanas fueron centros industriales y hogar de la clase obrera industrial.

Los códigos postales con una mayoría de minorías viviendo en ellos tienen más de dos veces más probabilidades de ser afligidos que los códigos postales con una mayoría blanca. “En total”, señala el informe, “45 por ciento de los códigos postales de mayoría minoritaria del país son afligidos y sólo el 7 por ciento de ellos son prósperos”. Al mismo tiempo hay numerosas comunidades afligidas que son casi completamente blancas. Una cuarta parte de la población afligida es menor de 18 años.

El informe descubrió que los beneficios económicos de la recuperación tras la recesión de 2008 han ido al quintil superior de los códigos postales, donde viven las capas más ricas de la población, incluyendo no sólo a los muy ricos sino a la clase media alta.

Estas áreas, que el ICA llama prósperas, y que constituyen aproximadamente 85 millones de estadounidenses o 27 por ciento de la población de EE.UU., tienen en su mayor parte los medios económicos para financiar niveles superiores de educación, tener el índice más bajo de viviendas vacantes, el porcentaje más alto de adultos que trabajan, y han tenido la parte del león en la expansión del trabajo y los negocios.

“La tasa de crecimiento del empleo en el quintil superior fue 2,6 veces más alta que la nacional de 2011 a 2015, y los establecimientos comerciales proliferaron tres veces más rápido que a nivel nacional”, señala el informe. “Los códigos postales prósperos están a mundos de distancia de sus homólogos afligidos, aparentemente aislados de muchos de los retos que otras comunidades tienen que enfrentar. La tasa de pobreza es más de 20 puntos más baja en la comunidad próspera promedio que en la afligida promedio”.

El informe hace un análisis mucho menor de los otros tres quintiles medios, las categorías en riesgo, nivel medio y cómodo, pero sí señala algunos factores que abordan las tendencias generales a nivel nacional. “Una proporción notablemente pequeña de lugares alimenta el aumento nacional de empleos y negocios en la economía actual. El alto crecimiento en estas potencias económicas locales mantiene a flote los números nacionales mientras oculta el estancamiento o la disminución de la actividad económica en otras partes del país”.

Uno de los aspectos más reveladores del informe es que la pobreza extrema en EE.UU. es presidida por los dos partidos capitalistas: políticos demócratas y republicanos tienen números iguales de comunidades afligidas en sus circunscripciones electorales. Los demócratas, de hecho, “representan a 6 de los 10 distritos del Congreso más afligidos”.

Vale la pena citar en su totalidad otra observación de los datos de votación, y uno de los pocos que mira a las condiciones más allá de los quintiles inferiores y superiores:

“El presidente Trump acumuló un liderazgo de 3,5 millones de votos en condados que cayeron en los tres quintiles inferiores de bienestar (equivalente al 9,4 por ciento de todos los votos emitidos en estos condados). Una amplia gama de factores determinó los patrones de voto en las elecciones de 2016, pero se destaca que el candidato de ‘continuidad’ obtuvo mejores resultados en los lugares que se benefician más del statu quo, mientras el candidato del ‘cambio’ tuvo mejor desempeño en los lugares en que uno esperaría encontrar más insatisfacción”.

Cifras más amplias y la visión histórica de la distribución de la riqueza en EE.UU.—que el uno por ciento de la población controla el 40 por ciento de la riqueza o el descenso de décadas en el porcentaje del ingreso nacional que va a la clase trabajadora—no aparecen en el informe pero los datos suman para un cuadro completo de las condiciones sociales en Estados Unidos, el carácter y la distribución geográfica de las condiciones sociales y económicas en un país de más de 320 millones de personas.

El retrato proporcionado por el informe del GIE no es simplemente uno de miseria y pobreza creciente para el 20 por ciento inferior, y no sólo uno en el que apenas una minoría de estadounidenses está alcanzando algo como “la prosperidad”, sino de creciente y explosiva disidencia entre decenas de millones.

Expone como una mentira descarada la afirmación que el presidente Obama hizo al final de su segundo mandato, que “las cosas nunca han sido mejores” en Estados Unidos.