Informe del gobierno revela el alcance de la crisis de vivienda en California

por Guillaume Garnier
31 agosto 2017

Un informe del Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano (HUD) publicado el 9 de agosto titulado “El peor caso de necesidades de vivienda en 2017” reveló que 8,3 millones de hogares en Estados Unidos, tuvieron “las peores necesidades de vivienda” en 2015. Estos 8,3 millones de hogares son de inquilinos de muy bajos ingresos que no reciben asistencia de vivienda del gobierno y pagaron más de la mitad de sus ingresos en renta o vivieron en “condiciones muy inadecuadas”, o ambas cosas.

La crisis de la vivienda asequible se siente agudamente en California —particularmente en las áreas metropolitanas de Los Ángeles y San Francisco. Estas regiones han experimentado un aumento histórico en los precios de alquiler y de vivienda, desde el colapso del mercado de bienes raíces subprime que desencadenó la crisis financiera mundial de 2008.

Las estadísticas oficiales revelan una desesperada realidad para los residentes de estas ciudades importantes. Según el HUD, 567.000 hogares en Los Ángeles pagaban más de la mitad de sus ingresos en renta o vivían en “condiciones severamente inadecuadas”.

En enero, un cálculo de residentes en albergues y de desamparados en la calle —que subestima en gran medida el número real de personas sin hogar— encontró que 58.000 personas carecían de vivienda segura en el condado de Los Ángeles. Esto representa un crecimiento del 23 por ciento en la población sin hogar con relación al cálculo del año anterior.

Un estudio de la compañía de base de datos de bienes raíces en línea Zillow, estimó que un aumento del 5 por ciento del alquiler en Los Ángeles durante el próximo año conduciría a otros 5.000 residentes a quedarse sin hogar. Zillow pronostica un aumento del 4,5 por ciento en los precios de los alquileres.

El aumento dramático en los precios de alquiler de Los Ángeles hace una pausa. En enero de 2010, un apartamento de una habitación en Los Ángeles era alquilado por $1.224 mensuales; en enero de 2016, el costo era de $1.935 dólares —un aumento de más del 58 por ciento. La Encuesta de la Comunidad Americana [ American Community Survey (ACS)] hecha por la Oficina del Censo de Estados Unidos, encontró que el ingreso medio de los hogares en LA aumentó sólo 10,6 por ciento entre 2010 y 2015, de $47.031 a $52.024.

El área de la bahía de San Francisco también ha sido exacerbada por una crisis de vivienda asequible de proporciones brutales. El precio de un apartamento de un dormitorio en San Francisco ha aumentado de $1.258 mensuales en enero de 2010 a $4.126 en febrero de 2016, un aumento del 328 por ciento. El ingreso promedio de la familia aumentó de $71.745 dólares en 2010 a $92.094 dólares en 2015, un aumento de 28,4 por ciento.

Los trabajadores que salen de San Francisco debido al precio de la vivienda, frecuentemente se mudan a ciudades vecinas como Oakland, pero allí los precios también han estado subiendo. Entre 2014 y hoy, el costo de una casa aumentó de un promedio de $500.000 a $700.000.

Para algunos trabajadores, la mejor opción es desplazarse aún más hacia el interior y enfrentar un desplazamiento extremo. Mientras que otros factores tales como sistemas inadecuados de las carreteras desempeñan un papel, los californianos tienen el quinto peor tiempo diario —en ir y regresar de su trabajo en los Estados Unidos. Sólo el tres por ciento de los viajeros emplea por lo menos 90 minutos en su camino a trabajar a nivel nacional, pero en el área de la bahía de San Francisco esta cifra se eleva al 5 por ciento y en Stockton al 8 por ciento.

El alto costo de la vivienda contribuye profundamente al hecho que mientras que California —el estado más rico del país más rico— alberga el 12 por ciento de los estadounidenses, posee el 22 por ciento de las personas sin hogar en Estados Unidos. Entre las 116.000 personas sin hogar que viven en el estado se encuentran unos 900 menores no acompañados.

Los salarios de los trabajadores han quedado en el polvo por el aumento frenético de los alquileres. Según el Centro Conjunto de Estudios de la Vivienda de la Universidad de Harvard, el precio medio del alquiler subió un 7 por ciento en todo el país entre 2001 y 2014. Durante este mismo período, el ingreso medio de los hogares se hundió un 9 por ciento. En 2001 en los Estados Unidos, el 41 por ciento de los inquilinos gastó el 30 por ciento o más de sus ingresos en el alquiler. Esto aumentó a 49 por ciento en 2014. En el mismo año, el 26 por ciento de la población de vivienda alquilada en todo el país gastó más de la mitad de sus ingresos en el pago del arrendamiento.

El noticiero KQED informó que actualmente, cerca de uno de cada tres californianos paga más de la mitad de sus ingresos en el alquiler. El aumento imperturbable de los alquileres y de los precios de la vivienda dan pie a la afirmación de los políticos—tanto republicanos como demócratas—que la sociedad estadounidense se ha estabilizado después de la crisis financiera de 2008 y que, según palabras del ex presidente Barack Obama, “las cosas nunca han sido mejores.” Los escasos aumentos salariales en 2013 y 2014 han sido totalmente absorbidos por los alquileres más altos y la inflación de los precios de los bienes.

Mientras que California ha sufrido de aumentos extremos del alquiler, la crisis de vivienda barata está lejos de ser un fenómeno a nivel estatal: es un proceso que se está generalizando a través de los Estados Unidos e internacionalmente.

El Índice Nacional de Precios de Vivienda de Estados Unidos S&P Corelogic Case-Shiller —un compuesto de los índices de precios de viviendas unifamiliares— demostró que los precios de la vivienda aumentaron 5,6 por ciento entre mayo de 2016 y mayo de 2017, luego de un aumento de 5,2 por ciento respecto al mismo período del año pasado. En el Reino Unido, la tasa de propiedad de la vivienda, es inferior al 64 por ciento —su nivel más bajo en más de 30 años— y el precio promedio de las casas en Londres se ha duplicado desde 2009, de unas £300.000 a £600.000.

En Australia, la investigación del profesor Roger Wilkins de la Universidad de Melbourne, ha demostrado que se espera que menos de la mitad de todos los adultos sean dueños de casas en pocos años. Las tasas de propiedad disminuyeron un 3,5 por ciento entre 2002 y 2014.

El aumento de los precios de la vivienda se entrelaza con la política monetaria de los principales bancos centrales del mundo. En respuesta a la crisis económica mundial, la Reserva Federal de Estados Unidos bajó las tasas de interés de los préstamos a casi cero, entregando en efecto a la aristocracia financiera cantidades ilimitadas de dinero en efectivo. El Banco de Inglaterra y el Banco de Japón siguieron rápidamente el ejemplo, con el Banco Central Europeo adoptando tasas de interés negativas en 2014. Esta política monetaria ha alimentado el crecimiento astronómico de los principales índices bursátiles del mundo.

Mientras que las bajas tasas de interés han impulsado la Cartera de Acciones de los financistas, esto no ha sido en beneficio de la actividad económica real. El capital distribuido por los bancos centrales a las principales instituciones financieras, ha financiado principalmente operaciones parasitarias tales como la recompra de acciones y mayores dividendos para los accionistas.

A ras con dinero en efectivo, los especuladores financieros han sido alentados a invertir en el mercado de valores y bienes raíces. Esta especulación en el sector inmobiliario ha hecho mucho para crear la crisis de la vivienda que enfrentan los trabajadores y jóvenes de todo el mundo.

Típicamente, los precios de los alquileres y de las casas suben y bajan dependiendo del movimiento de los salarios y de las tasas de interés. Los intereses más altos y los salarios más altos se utilizan para impulsar los costos de vivienda, pero hoy en día ya no es el caso. A pesar de más de una década de descenso en los salarios ajustados a la inflación y de las tasas de interés en, cerca, o incluso por debajo de cero para gran parte de la economía mundial, los precios de la vivienda están aumentando sin parar.

Mientras que el dinero parece estar cayendo del cielo para los especuladores financieros, este valor de hecho debe venir de algún sector de la economía real. En última instancia, las elevadas rentas y los precios de la vivienda son una manifestación de la redistribución ascendente de la riqueza de la clase trabajadora a la burguesía.

La respuesta de las élites políticas es de un monstruoso cinismo con el cual intentan ayudar las prácticas especulativas de los multimillonarios de bienes raíces. Ben Carson, actual director del HUD y enemigo de los programas sociales desde hace mucho tiempo, dijo el 10 de agosto en respuesta a un estudio del HUD mostrando un aumento en las condiciones de vida deficiente, “La actual crisis de vivienda asequible requiere que adoptemos un enfoque más comercial sobre cómo el sector público puede reducir las barreras regulatorias, para que los mercados privados puedan producir más viviendas para más familias”.

En otras palabras: el gobierno federal reducirá la poca ayuda de vivienda que está disponible para la clase trabajadora, al mismo tiempo que fomenta la acumulación de riqueza de los magnates inmobiliarios.

El gobierno de Trump propuso recortes presupuestarios al HUD de $7 mil millones, 15 por ciento, el 23 de mayo. Entre estos recortes se incluyen $1,8 mil millones de vivienda pública y casi $1 mil millones de cupones que permiten a los beneficiarios utilizar la ayuda en su elección de vivienda. En contraste, el presupuesto de Trump dejó los subsidios federales intactos que se pagan directamente a los dueños de viviendas, tal vez porque el año pasado Trump recibió $5 millones de uno de estos programas, debido a su participación del 4 por ciento en un complejo subsidiado de Brooklyn.

En este contexto social y político, los desastres como el infierno de la Torre Grenfell en Londres y el incendio del sitio Ghost Ship de 2016 en Oakland California son inevitables. Sólo un programa socialista e internacional de propiedad común de los medios de producción y de racionalización de la economía puede garantizar el derecho de todo hombre a una vivienda digna y segura.