El presidente alemán en Estonia: revisionismo histórico para justificar el militarismo

por Peter Schwarz
28 agosto 2017

A través de un discurso en Estonia sobre el 78 aniversario del pacto entre Hitler y Stalin, el presidente alemán Frank-Walter Steinmeier del Partido Socialdemócrata (SPD; Sozialdemokratische Partei Deutschlands) intentó agitar resentimientos nacionalistas contra Rusia.

El presidente alemán realizó una visita oficial a los tres estados bálticos de Estonia, Letonia y Lituania. Su primera parada fue la capital de Estonia, Tallin, donde dio una presentación el 23 de agosto titulada "Alemania y Estonia —una historia cambiante, un futuro común—", en la Academia de Ciencias. Ese día en 1939, los ministros de Asuntos Exteriores de Alemania y la Unión Soviética, Ribbentrop y Molotov, firmaron el pacto de no agresión germano-soviético, dándole a la Alemania nazi una luz verde para su invasión de Polonia y conduciendo a la incorporación eventual de los Estados bálticos a la Unión Soviética.

Steinmeier aprovechó el aniversario para amenazar a Rusia y estimular el nacionalismo estonio, el cual toma prestadas las tradiciones nazis.

Advirtiéndole a Moscú que Berlín nunca "reconocería la anexión ilegal de Crimea" ni "aceptaría una interferencia encubierta a través de medios híbridos o desinformación deliberada", como supuestamente ha ocurrido en Estonia, Steinmeier acusó a la dirigencia rusa de "definir al propio la imagen del país como diferente de, e incluso hostil hacia nosotros en Occidente".

Entonces, presentó falsamente a Estonia y al resto de Estados bálticos como refugios de la libertad y la justicia. "El primer mensaje que hace eco aquí en Tallin es el poder de la libertad, una fuerza que ninguna ideología inhumana ni gobierno totalitario puede restringir a largo plazo", dijo.

Steinmeier sabe muy bien que esto no es cierto. Como sucede en Europa del Este, donde los regímenes estalinistas se derrumbaron o fueron derrocados entre 1989 y 1991, los Estados bálticos no han disfrutado de tal democracia y prosperidad. En cambio, el poder se lo repartieron distintas camarillas rivales de capitalistas, cuya interpretación de "libertad" es la explotación desenfrenada de la clase obrera. Ellos han mantenido el poder principalmente fomentando el nacionalismo y el racismo.

En Estonia, por ejemplo, la minoría rusa, que representa más de una cuarta parte de los 1,3 millones de habitantes del país, es objeto de discriminación sistemática. Aproximadamente la mitad de la minoría carece de un pasaporte estonio y sólo puede adquirir uno completando una difícil prueba de lengua estonia, lo que es particularmente difícil para los ancianos. Los ingresos y las perspectivas de carrera de la minoría rusa son por consiguiente más bajos.

El crecimiento económico, basado en bajos salarios, escasas prestaciones sociales y limitados derechos de los trabajadores, sólo beneficia a una pequeña élite. El ingreso promedio de un empleado a tiempo completo es un tercio de lo que es en Alemania, y el desempleo es relativamente alto, oficialmente 7 por ciento. Alrededor de 100 000 estonios trabajan en el extranjero debido a la falta de trabajo en el país.

Sin embargo, o precisamente por esta razón, Steinmeier elogió a Estonia como un modelo a seguir para la Unión Europea. "Muchas personas en Alemania están agradecidas por el viento fresco europeo que sopla sobre el mar Báltico y los países bálticos, en un momento en que algunos europeos se están alejando de la unificación y sus valores", dijo.

La acusación de Steinmeier dirigida a los líderes rusos de "definir la imagen del país" a diferencia de otro retrato aplica más para los círculos gobernantes en Estonia, que han realizado una campaña histérica contra Rusia. Van tan lejos como glorificar a los nazis y a sus colaboradores. En el 2012, el parlamento estonio aprobó una resolución en honor a los miembros estonios voluntarios de las Waffen-SS de Hitler como "luchadores por la libertad" y "combatientes contra la dictadura comunista".

Unos 80 000 estonios se unieron a los nazis en la Segunda Guerra Mundial para luchar contra el Ejército Rojo. El 28 de agosto, día en que las Waffen-SS reclutó a miembros de la Liga de Defensa Estonia en 1942, es un feriado nacional, celebrado cada año con marchas. Los neonazis participan, incluidos algunos que viajan desde el extranjero, mientras que los principales políticos envían sus saludos. No hay tributo correspondiente para los 30 000 estonios que lucharon en el Ejército Rojo contra los nazis.

El pacto Hitler-Stalin es utilizado para argumentar que los Estados bálticos eran más oprimidos y perseguidos por el régimen soviético que por los nazis. "El 23 de agosto ha sido desde hace mucho tiempo un día de emociones antirrusas en esta intersección histórica de Oriente y Occidente", escribe el corresponsal de la Süddeutsche Zeitung en Tallin. "El recuerdo de los tiempos del comunismo está más vivo que la ocupación alemana".

Steinmeier explota este revisionismo histórico para justificar el regreso del militarismo alemán. El argumento de que el régimen soviético era peor que el régimen nazi y que el nacionalsocialismo, como una reacción justificada a los crímenes del "bolchevismo", ha sido durante mucho tiempo un arma en manos de historiadores extremistas de derecha, desde Ernst Nolte hasta Jorg Baberowski.

El pacto de Stalin con Hitler fue indudablemente criminal, dando un duro golpe a comunistas y antifascistas dedicados en todo el mundo y socavando su moral de lucha. Pero esto no significa que Hitler y Stalin persiguieron los mismos objetivos o, como dijo Steinmeier en Tallin, "hicieron de la Europa Central Oriental su presa".

Hitler representaba al imperialismo alemán, cuya hambre de mercados, materias primas y "espacio vital" en el Este sólo podía ser satisfecha mediante una expansión violenta. Para Hitler, el pacto con Stalin fue una medida táctica para ganar tiempo para sus planes de guerra contra Inglaterra y Francia, y luego atacar a la Unión Soviética.

Por su parte, Stalin representaba los intereses de una burocracia privilegiada que había usurpado el poder soviético de la clase obrera. La burocracia temía, sobre todo, que hubiesen levantamientos de trabajadores en todo el mundo que inspiraran a los trabajadores soviéticos a tomar medidas similares, amenazando así el gobierno de la camarilla en Moscú. Era incapaz de defender a la Unión Soviética como lo habían hecho Lenin y Trotsky, movilizando a la clase obrera internacional. En cambio, dependió de alianzas con varias potencias imperialistas.

Dos acontecimientos importantes precedieron al pacto Hitler-Stalin: el Terror de Stalin de 1937-1938, el cual decapitó la dirección del Ejército Rojo y del Partido Comunista y dejó a la Unión Soviética virtualmente indefensa; y el Acuerdo de Munich de 1938, con el cual Gran Bretaña y Francia entregaron a Checoslovaquia en un plato a Hitler. Stalin concluyó que ya no podía confiar en Londres ni París. Moscú había intentado llegar a una alianza con Gran Bretaña y Francia hasta el final, pero sólo estaban jugando por el tiempo hasta que Stalin finalmente llegó a un acuerdo con Hitler. A pesar del cinismo, la brutalidad y la imprudencia con que se llevó a cabo, el pacto de Moscú tenía esencialmente un carácter defensivo.

Hitler pudo cumplir su misión histórica emprendiendo el camino de la guerra. En su artículo "Las Estrellas Gemelas: Hitler-Stalin", León Trotsky escribió en 1939: "Una victoriosa guerra ofensiva aseguraría el futuro económico del capitalismo alemán y, junto con esto, el régimen nacionalsocialista. Es diferente con Stalin. Él no puede librar una guerra ofensiva con ninguna esperanza de victoria. ... Nadie lo sabe mejor que Stalin. El pensamiento fundamental de su política exterior es escapar de una gran guerra" (Writings of Leon Trotsky, 1939-1940, Pathfinder Press, pág. 115; nuestra traducción al español).

En una sección de su discurso en Tallin, Steinmeier indicó la verdadera razón de su visita. Expresó su satisfacción con sus anfitriones estonios que "aprecian nuestra cooperación y tratan de colaborar con nosotros en las cuestiones existenciales de seguridad y defensa".

Alemania, Estados Unidos y la OTAN utilizan a los regímenes de derecha y antirrussos de Tallin, Riga, Vilnius y Varsovia para rodear a Rusia militarmente. Una gran proporción de los 4000 soldados de la OTAN desplegados permanentemente en la frontera rusa como la vanguardia de una fuerza de despliegue rápido de 40 000 efectivos están estacionados en los Estados bálticos, con una población combinada de sólo 6 millones. Steinmeier luego visitó a algunas de estas tropas la OTAN en Rukla, Lituania, el viernes.

En septiembre del 2014, el presidente estadounidense Obama aseguró que la OTAN proporcionaría asistencia militar a Estonia en cualquier conflicto con Rusia. Steinmeier ha hecho eco de ese llamado. "Les aseguro a las personas en Estonia: su seguridad es nuestra seguridad", dijo. Esto significa que, en caso de una provocación por parte del gobierno derechista del pequeño Estado, Alemania sería sumergida en una guerra capaz de transformar a Europa en un campo de batalla nuclear.

No es la primera vez que Steinmeier ha trabajado con los apologistas nazis para promover el militarismo alemán. En el 2014, se involucró intensamente en la preparación del golpe de Estado en Ucrania, que derrocó al presidente electo Viktor Yanukovich y llevó al poderoso oligarca proccidental, Poroshenko. Los aliados ucranianos de Steinmeier en ese momento incluían al líder del partido fascista Swoboda, Oleh Tyahnybok. Yanukovych se vio obligado a huir del país por las milicias armadas fascistas que adoptaron las tradiciones de los colaboradores nazis en Ucrania durante la Segunda Guerra Mundial.

Poco antes del golpe de Estado en Kiev, Steinmeier había proclamado el "fin de la contención militar" en la Conferencia de Seguridad de Munich. Alemania es "demasiado grande y demasiado importante" para mantenerse al lado del mundo, dijo.

El reciente viaje de Steinmeier a Estonia confirma que el regreso del militarismo alemán está inextricablemente ligado al resurgimiento de las más viles tradiciones de la historia alemana.